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Biografía de Ciceron Político Romano

Cicerón y su lucha política

Biografia de Ciceron Desde siempre sostenía que la naturaleza había puesto en su mente un insaciable deseo de verdad, por lo que no dudó jamás en dedicar toda su existencia a perseguir las respuestas a los enigmas más profundos de la vida. Por supuesto que seguramente al morir se sintió frustrado por no haber podido hallar la respuesta a cada una de sus preguntas.

Es que Marco Tulio Cicerón, uno de los más grandes filósofos y políticos latinos, era conciente de lo limitado del conocimiento de los hombres, por lo que solía sostener que “no saber lo que ha ocurrido antes de nosotros, es como seguir siendo niños”.

Su vida se inició en la región de Arpino, actual territorio italiano, y transcurrió entre los años 106 AC y 43 AC, en el seno de una familia plebeya.

Durante su juventud su gran apetito de conocimiento lo llevó a Roma con el fin de asistir a diversas lecciones que en aquella época brindaban los más prestigiosos oradores y jurisconsultos.

Aquello le permitió que una vez acabada la guerra civil de 82 AC comenzara a desenvolverse como abogado y en poco tiempo se convirtió en uno de los juristas más reconocidos de toda Roma, gracias a su innegable capacidad y talento.

Su destino siguiente fue Grecia, ya que Cicerón había decidido llevar a cabo allí estudios relacionados al ámbito filosófico y político, y muy pronto se convirtió en discípulo del epicúreo Fedro y del estoico Diodoto.

Con todo aquel bagaje de conocimientos, Cicerón retornó a su amada Roma, donde continúo una prolífera carrera política gracias a lo cual recibió una gran cantidad de importantes distinciones. Es que tuvo una carrera política brillante por lo que fue elegido para cubrir diferentes cargos, comenzando como Edil, siguiendo luego como Pretor, e incluso en sólo dos años logró se elegido como cónsul del Senado.

Fue precisamente en aquella época que Cicerón se dedicó a oponerse abiertamente contra la llamada conspiración de Catalina, que buscaba generar levantamientos que darían como resultado un estado de dictadura. En este sentido, según los expertos, aquellos cuatro discursos titulados “Catilinarias” que Cicerón expuso ante el Senado suelen ser considerados la más célebre muestra de su excelente oratoria.

No obstante, sus discursos que incluyeron un importante nivel emotivo no fueron suficientes, y Cicerón debió refugiarse en el exilio por el lapso de casi dos años. Cuando finalmente pudo regresar a Roma, su carrera política ya estaba acabada, sobre todo frente a la dictadura de Julio César.

Cicerón debió aguardar la llegada de la muerte de Julio César para poder regresar a la escena política, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes de la búsqueda de la restauración del régimen republicano.

No obstante, su intento de alianza con Octavio Augusto, hijo de César, contra Marco Antonio, no le permitió escapar a un destino que ya había sido delineado por aquellos que lo odiaban, por lo que Cicerón fue apresado y ejecutado poco después de que llegará la tregua entre Octavio Augusto y Marco Antonio. De todas formas, para él “el tiempo es una cierta parte de la eternidad”.

LAS OBRAS
El Epistolario, Comprende unas 800 citas, habiéndose perdido un número casi igual de epístolas. Las que han quedado se han dividido en 4 colecciones: Epístolas a Ático, a los familiares, a su hermano Quinto y a M. Bruto. Forman 37 libros. Fueron escritas desde el 68 al 43 a. de C., y reflejan la vida del escritor y los acontecimientos en que tomó parte o de los que fue espectador. En ellas encontramos confidencias, noticias, hechos vividos, descripciones de viajes, alegría y dolor.

Las cuestiones tusculanas, escritas en forma de fácil diálogo, entre el 45 y el 44 a. de C., se componen de cinco libros, cuyo diálogo se desarrolla en la villa tusculana de Cicerón. El problema tratado es el de la felicidad humana, sosteniendo el escritor, en esta obra, que la muerte es un bien, porque, tras de ella, el alma inmortal alcanzará la bienaventuranza eterna.

De la República. Es un diálogo en seis libros, en el cual se discute cómo debe ser el perfecto gobierno de un Estado. La monarquía, la aristocracia y la democracia no son perfectas en sí mismas; es necesario un gobierno que fusione estas tres formas.

El gobierno de la república romana tenía las siguientes características: el poder monárquico residía en los cónsules; el poder de la aristocracia, en el Senado; y el poder democrático, en el pueblo.


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Algunas de sus frases póstumas:

Cuanto mejor es una persona, más difícilmente sospecha de la maldad de los demás.
Maldad

En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tu mismo.
Adversidad

La vida feliz y dichosa es el objeto único de toda la filosofía.
Filosofía

Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos.
Ira

Entre el ruido de las armas las leyes no se pueden escuchar.
Armas

PARA SABER MAS…
LOS PRIMEROS PASOS EN LA VIDA PUBLICA

Marco Tullo Cicerón nació en Arpino el 13 de enero del año 106 a. de C. Estudió en Roma, donde asistió a clases de oratoria y filosofía, e inició su carrera con la defensa de Roscio, enemigo de Sila. Tuvo éxito, mas Cicerón no se dio por satisfecho: aspiraba a la perfección, y quería depurar aún más su prosa, hacerla más rica, más armoniosa.

Para llegar a ser un orador perfecto, marchó a Grecia y a Rodas, donde el retórico Molón le enseñó todos los secretos de la oratoria. Concluida su formación, comenzó su carrera política: fue cuestor de Sicilia; posteriormente, edil, pretor y, por última, cónsul; ejerció, al mismo tiempo, la profesión de abogado.

EL HOMBRE POLÍTICO Y EL LITERATO
Los cargos públicos y los procesos llenaban gran parte de la jornada de Cicerón; pero también encontró tiempo para dedicarse a la literatura. Las misiones políticas, así como la necesidad de aislarse para escribir y preparar sus discursos, le solían alejar de Roma; en esas ocasiones, lejos de sus familiares y de sus amigos, escribió cartas que han quedado como ejemplos de estilo epistolar, y que descubren su sensibilidad y su delicadeza para manifestar los afectos familiares y amistosos.

Este hombre, tranquilo y afable, se mostró, por el contrario, impulsivo e irreflexivo en su conducta política. No obstante, siempre mantuvo una firme rectitud moral y, sobre todo, se preocupó en todo momento de defender la libertad de la república. Cuando la situación política le obligó a escoger entre César y Pompeyo, Cicerón atravesó uno de los momentos más dramáticos de su vida pública. Una vez, refiriéndose a ambos rivales, dijo: “Uno no quiere amos, el otro no tolera a los hombres poderosos como él; César piensa conquistar el trono, Pompeyo quiere que se lo den”.

Se puso de parte de Pompeyo, aunque lo hizo a pesar suyo; por el contrario, no titubeó cuando tuvo que luchar contra Catilina, que había conspirado para apoderarse del poder, pronunciando, en aquella ocasión, los famosos discursos llamados “Catilinarias”.

El día de su discurso acusatorio, los senadores habían sido convocados en el templo de Júpiter, en la Vía Sacra; las escalinatas estaban repletas de gente y de soldados armados. Catilina llegó para defenderse, saludó a los amigos y conocidos, peto nadie le contestó; todos le habían abandonado. La mano de Cicerón lo señalaba a los senadores, y su voz, como un martillo, acentuaba las palabras di-aquel discurso, que tal vez fuese el único improvisado de su carrera.

Más tarde, defendió a Milón, que había matado al tribuno Claudio, enemigo personal suyo, y aunque éste fue su mejor discurso, la obra maestra de la oratoria romana, fue, al mismo tiempo, el más desafortunado, ya que el gran orador, por primera vez en su carrera, entre el tumulto de la gente incitada por los amigos de Claudio, perdió el dominio de sí mismo y no tuvo el ímpetu que Ir era habitual. Quizá por esto, Milón fue condenado y desterrado.

LENTA CAÍDA DE UN GRAN HOMBRE
Cuando César se apoderó del poder, Cicerón, que temía la dictadura, se retiró de la escena política y se marchó a Grecia. Sin embargo, el mismo César le llamó a la patria; pues, aun siendo enemigo político, lo consideraba como el mayor escritor y orador de Roma.

En el año 44 a. de C., César fue asesinado, y Antonio, su rival más peligroso, trató de ocupar su puesto. Cicerón, una vez más, no hizo cálculos políticos y enfrentó al hombre que intentaba arruinar a la república.

Cuando Cicerón pronunció la primera de sus catorce filípicas contra Antonio, éste se hallaba en la Galia; por primera vez, el gran orador no tuvo valor para hablar en presencia del acusado, quizá porque sabia que Antonio estaba decidido a todo, incluso a matarlo en el Senado. Por esto, había evitado su presencia. Mas no podría escapar a su terrible venganza. En efecto, algunos meses después de haber acusado a Antonio en su última filípica, los sicarios del triunviro lo asesinaron.

Así enmudeció para siempre el máximo orador latino, y así perdió Roma a uno de sus mayores escritores. Su prosa es tan musical, tan perfecta y elegante, que el historiador Livio escribió: “Para cantar sus alabanzas, se necesitaría otro Cicerón”.

El legado de Cicerón

Dejaba Cicerón una ingente producción, esencialmente constituida por sus numerosos discursos (a las Verrinas y Filípicas , cabe añadir, entre otros, Pro Archia, elogio de las letras en defensa del poeta Arquías, y Pro Milone, In Pisonem y Pro Ligario), tratados de retórica (entre los que destacan los titulados Brutus y Orator), obras filosóficas y algunas tentativas poéticas (traducciones del poeta griego Arato, etcétera).

Del apartado de las obras filosóficas merecen señalarse el tratado De república (del que entre otros fragmentos se conserva el titulado Sueño de Escipión, un curioso viaje a los cielos que hace el joven Escipión, texto que influyó luego en Lucano y llegó hasta Chaucer y Boccaccio), las Academicae quaestiones o Académica, y sobre todo, como los más admirados y conocidos, los dos tratados De senectute, donde la figura de Marco Porcio Catón simboliza la ancianidad e interviene en una especie de diálogo para explicar las ventajas de la vejez, y De amicitia, donde trata de definir la amistad, la fragilidad de ésta y los deberes que implica. Fue también muy divulgado el De officiis (De los deberes).

Lugar aparte ocupan las Epístolas (unas novecientas conservadas), uno de los documentos de mayor interés (psicológico, histórico, artístico) que poseemos acerca de la Antigüedad. Su estilo ha sido en general ensalzado como musical y armonioso, flexible en los cambios de tono dentro de una misma oración, claro y preciso, a la vez de una gran perfección y una gran variedad.

Nunca olvidado, el entusiasmo por la obra ciceroniana llegó a su colmo en el Renacimiento. Los ataques que le dirigió el historiador Theodor Mommsen en el siglo XIX hicieron mella en su prestigio y en la actualidad se le juzga con un mayor rigor, estando considerado una gran figura de la Antigüedad clásica.

CICERÓN, ORADOR
“Tú has descubierto y revelado todos los tesoros de la oratoria y has sido el primero en utilizarlos. Como consecuencia de ello te has abierto un crédito amplísimo ante el pueblo romano y has honrado a la patria. Has conseguido un triunfo más valioso que el de los más grandes generales. Porque es más noble ensanchar las fronteras de la inteligencia humana que las del Imperio Romano”.

Estas palabras en honor dé Cicerón fueron pronunciadas nada menos que por César, quien en la realidad había “ensanchado” las fronteras del Imperio.

Cicerón dejó 56 discursos, 864 cartas y algunas obras filosóficas. Los discursos de Cicerón gustaban mucho al pueblo romano, tanto por su estilo como por su fuerza y agudeza.

Para conocer más a fondo la intimidad del espíritu de Cicerón es necesario leer su vastísimo epistolario. Por una parte se descubren sus preocupaciones en la administración de sus cuantiosos bienes; existen también cartas de carácter familiar y por ellas se conoce que Cicerón era agradable como huésped, afectuoso padre, y marido… irascible.

La fama literaria de Cicerón está unida no sólo a sus cartas y a sus discursos, sino también a sus obras sobre filosofía. Cicerón, en estas composiciones, no expresó una idea propia, sino que se dedicó a asimilar las mejores enseñanzas de los filósofos griegos. A este método se le llamó y llama “eclecticismo” (del griego “eklekticós”, el que elige).

Cicerón no fue un filósofo genial ni, si bien lo miramos, un brillante hombre político, pero fue en verdad un gran artista de la palabra. Su lenguaje purísimo, sus sonoros períodos, su forma de exponer, clara, apremiante, aguda, constituirán siempre el modelo insuperado del hablar latino.

Libros de de Cicerón y Otros Relacionados

Fuente Consultada: Enciclopedia Universal – Ciencias Sociales de Universo Océano





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