La Educacion en los Pueblos Primitivos Características y Objetivos



La Educación en los Pueblos Primitivos y Prehistóricos
Historia  y Características

La educación, en sentido amplio, consiste en un proceso por el cual se introduce a las generaciones jóvenes en los usos, costumbres y prácticas, hábitos, ideas y creencias, formas de vida, ideales, en una palabra, en la cultura, patrimonio de un pueblo y de una época determinada. La educación existe, desde los orígenes de la humanidad, en todos los pueblos de la tierra y en todas las etapas de la vida del hombre; por eso podemos estudiarla en su evolución histórica.

La historia de la educación puede realizarse en dos sentidos : uno restringido y otro amplio.

En sentido restringido, la historia de la educación consiste en relatar los métodos, los procedimientos empleados en la enseñanza; por ejemplo, cómo se enseñaba la escritura en Babilonia, cómo se aprende a dibujar en la China, etc. En sentido amplio, la historia de la educación consiste en exponer sistemáticamente los ideales que inspiraron la formación del hombre en un momento y en un pueblo dados y compararlos con otros ideales. Así podemos hablar del humanismo griego o cristiano, del realismo o del naturalismo pedagógico, etc.

En este caso, trataremos en forma resumida la educación de las primeras civilizaciones del mundo, la prehistórica y pueblos  primitivos.

Características de la educación en los pueblos prehistóricos y primitivos:

La prehistoria: Conocemos muy poco acerca los primeros tiempos de la humanidad; los documentos escritos más antiguos son de hace cinco mil años. Pero el hombre ya existía miles de años antes de la invención de la escritura.

La ciencia que estudia la humanidad desde los primeros vestigios de su actividad hasta la aparición de los primeros documentos escritos se llama prehistoria. Para conocer este extensísimo período sólo se poseen medios de información muy incompletos.

Los hombres primitivos no nos dejaron otras huellas de su paso que sus utensilios, sus armas, sus propios huesos. Todos estos restos se han encontrado en sepulturas, en el fondo de los lagos o en las cavernas que servían de habitación. Ellos permiten conocer a nuestros remotos antepasados: su aspecto físico, sus costumbres, sus armas, etc., pero también permiten descubrir la existencia de un fenómeno totalmente nuevo: la cultura.

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La cultura originaria. El hombre prehistórico ya poseía una cultura: era capaz de realizar una actividad creadora y libre que le permitía valerse de los recursos brindados por la naturaleza para procurarse una morada, para construir sus armas, para confeccionar sus vestidos. A medida que transcurrió el tiempo, el hombre fue perfeccionando sus herramientas y útiles.

Primero empleó la piedra para hacer cuchillos, flechas o morteros. Luego, con la madera y los huesos fabricó arcos, anzuelos; con el barro hizo cacharros y lámparas. El hombre aprendió también a aprovechar el fuego, utilizó los ríos para trasladarse de un punto a otro y comenzó a practicar el comercio.

Pero el hombre prehistórico no se limitó a satisfacer sus necesidades materiales. Procuró también embellecer su vida con expresiones artístico-espirituales, y tuvo el conocimiento de otra vida. Reprodujo entonces la forma de los animales, enterró a sus muertos y usó adornos. Las pinturas polícromas del bisonte, del reno y de otros animales realizadas en cavernas como la de Altamira, en España, poseen tal sentido del movimiento y de las actitudes que nos asombran aún hoy.

Todos estos bienes, que son patrimonio común de la humanidad, reciben el nombre de «cultura originaria», y son conservados y transmitidos gracias a la educación.

La educación en la prehistoria es un aprendizaje dirigido. Se trata de un proceso para hacer que un individuo se ponga a la altura de las exigencias de la cultura a la que pertenece. Por eso podemos hablar de la educación del paleolítico, o sea del aprendizaje necesario para preparar, por ejemplo, flechas con piedras talladas; de la educación de la edad del bronce o del hierro.

Los pueblos primitivos. Se dice que un pueblo es primitivo cuando posee una cultura muy simple.

Todavía hoy existen zonas donde los hombres, las familias o los pueblos viven como vivían nuestros más lejanos antepasados, con culturas similares a las prehistóricas. A estas culturas se las denomina «primitivas».

En nuestros días hay pueblos cuyo patrimonio cultural es muy rudimentario. Algunos viven en pequeñas agrupaciones nómades y se alimentan de la recolección de los frutos que les brinda la naturaleza, o de la caza y de la pesca. Instalados en regiones poco o nada exploradas, se asientan junto a grandes ríos y construyen reparos, de ramas o de cueros, a modo de habitaciones. Los sentimientos artísticos y religiosos, muy simples, se exteriorizan con juegos y danzas, canciones y relatos. Así viven, por ejemplo, los bosquimanos o pigmeos de Borneo, y muchos indígenas del Amazonas.

Junto a estas culturas rudimentarias aparecen culturas más complejas, como ser las determinadas por el perfeccionamiento de las tareas agrícolas, por la caza organizada o por el cuidado de los rebaños. El predominio de cada una de estas tabeas determina una forma de vida distinta, un ordenamiento social apropiado.

En la cultura de los agricultores o cultivadores se impuso, en el manejo de las cosas de la tribu, la superioridad de la mujer (matriarcado) ; en la cultura de los grandes cazadores organizados domina la idea del parentesco simbólico de un animal con toda una tribu (totemismo) ; en la cultura de los cuidadores de rebaños se impone el predominio del varón como padre de una familia numerosa (patriarcado).

El matriarcado. — En las culturas primitivas es la mujer quien se dedica a recolectar los frutos, las semillas o las raíces de las plantas silvestres. De esta manera va conociendo poco a poco el desarrollo de los vegetales y su aprovechamiento. Sabe distinguir los vegetales que alimentan, los que curan y los que dañan. Cuando aprende a sembrar y a emplear la azada deja de ser recolectora y se convierte en pequeña cultivadora.

Entonces, por la espera de la cosecha, la tribu nómade se hace sedentaria. La mujer no se libera de las tareas del hogar ni de las labores agrícolas, pero adquiere predominio social.

La tribu ya no vaga por los montes, y ocupa sus tiempos libres en realizar largos festivales religiosos, bailes, músicas y canciones que imitan o describen poéticamente el crecimiento de los vegetales, la multiplicación de las abejas o la representación del ciclo solar. La tribu también procura explicar de alguna manera estos fenómenos. Para ello recurre al animismo o a las prácticas de la magia.

El primitivo cree controlar las fuerzas misteriosas que producen los fenómenos, mediante la práctica de los hechizos y encantamientos. Así, por ejemplo, las tribus que concentran su interés alrededor del cultivo de los cereales, recurren a un conjunto de ritos mágicos que les facilita el recuerdo de la época y manera en que se debe sembrar, el modo de cosechar, etc.

La cultura matriarcal termina con el empleo del arado, cuando para cultivar se requiere la tracción de un animal doméstico. Entonces las labores agrícolas pasan al hombre. Encontramos vestigios de la cultura matriarcal en algunas tribus de Arabia, de Guinea, del Congo.

El patriarcado. — El patriarcado es el predominio de un jefe de familia, generalmente un anciano, sobre los miembros de una tribu numerosa. El patriarcado aparece en pueblos nómades dedicados al pastoreo, a la cría y domesticación del ganado. Los pueblos de pastores domestican al caballo, la vaca, el reno, el camello y la oveja; aprovechan para su alimentación, vestido y habitación, la carne, la lana y el cuero de los animales que custodian.

Su vida es muy sencilla: acompañan los rebaños a través de las regiones fértiles, y donde encuentran pasto levantan sus tiendas de pieles y forman un campamento hasta que, consumidos los pastos, buscan otra zona más propicia. Poseen ricas expresiones espirituales, literarias y religiosas. Así fue primitivamente el pueblo de Israel; hoy existen culturas patriarcales entre los lapones y algunos pueblos árabes.

El totemismo. — Ciertas tribus de cazadores de animales sostienen la creencia de que existe parentesco entre ellos y un determinado animal, lobo, halcón, serpiente, chacal; una planta (el loto) o algún objeto de la naturaleza, como el sol, el agua, etc., a quienes consideran como progenitores de toda la tribu.

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El tótem puede equipararse con la patrona de ciudades , como un santo, o una advocación de la Virgen María

A estos seres los representan por un emblema, el tótem, al que veneran y reproducen en la entrada de las poblaciones para que los proteja. Ninguna cultura está tan en contacto con los animales como la totémica. Para cazar se estudian las costumbres de los animales, se levantan las ingeniosas trampas, se les sabe imitar y hasta se los representa con una perfección artística notable. La cacería, que dura a veces varios días en lugares lejanos, exige una meditada preparación. Necesitan trampas, lazos, arcos y flechas, redes y otros útiles de caza y pesca. Rastros de esta cultura los encontramos en Alas-ka, la India y Australia.

La imitación como método. La educación debe considerarse como un proceso de aprendizaje que equipa a un individuo para que ocupe un lugar como miembro adulto de una sociedad. Ello se logra entre los primitivos por un procedimiento muy simple: la imitación servil, la repetición rutinaria de las costumbres de los mayores.

La juventud crece imitando los actos de destreza de los adultos que son indispensables para vivir. Los adultos, por su parte, no se interesan por enseñar, ni le prestan mayor atención; sólo tienen en cuenta los resultados de la actividad del niño. Según el modo de vida de la tribu (la caza, la pesca, el pastoreo), el. niño se adiestra en la preparación de trampas, en el seguimiento de las huellas de los animales, en pulir y afilar herramientas, etcétera. La destreza que pueden adquirir es notable, y los sentidos llegan a poseer una maravillosa agudeza.

En los pueblos primitivos, los niños, desde sus más tiernos años, se ocupan continuamente en aprender los procedimientos que más adelante deben emplear para sostener su vida. Siempre se ha reconocido la eficacia de esta instrucción, en especial la seguridad con la cual son preparados estos niños para realizar tareas que exigen gran destreza.

En pueblos a orillas de ríos se pueden ver muchachos de seis años remando enteramente solos en sus canoas; o en aldeas indias, a niñas pequeñas prendiendo el fuego y cocinando. Los mismos juegos contribuyen a la formación práctica; se reproducen las actitudes y los instrumentos empleados por los adultos, por ejemplo pequeñas canoas, arcos, flechas o se modelan animales en arcilla.

Existen, entre los primitivos, técnicas diversas que caracterizan a cada pueblo, siendo distintas las maneras y los usos para el arar, el sembrar, el hilar. Simultáneamente con las técnicas, el niño adquiere las creencias de la comunidad presenciando las fiestas y encantamientos, que contribuyen a darle una visión espiritual de las cosas. Todas las actividades de la vida están impregnadas de religiosidad.

Las ceremonias religiosas preceden a las cacerías, a la siembra, a las expediciones militares. Todo está minuciosamente regulado; por eso, en su esencia, la formación del niño se obtiene a través de una iniciación progresiva en los ritos.

También se despierta el sentido moral, que si bien puede estar muy embotado en muchas tribus, en todas persiste una teoría de la moralidad, como el sentimiento del honor, el respeto a los padres, la fidelidad a la palabra dada, etc.

Los castigos son raros y suaves. Algunos creen que el alma del niño excesivamente reprendido se halla a disgusto en el cuerpo. En el plan formativo no hay dureza, pero sí estallidos de cólera. El niño debe aprender a obedecer, aunque no se le exige responsabilidad.

La iniciación. El paso de la adolescencia a la edad adulta está señalado en muchas culturas por un conjunto de prácticas denominadas iniciación. Los ejercicios y las ceremonias previas a la iniciación son muy variados según los pueblos, pero todas tienden a perfeccionar en el joven sus cualidades físicas, morales, religiosas o profesionales. Para obtenerlo, el joven es llevado a algún lugar aislado donde se le pone bajo la dirección de los ancianos o de expertos que poseen la sabiduría de la tribu.

Sometido a una rígida disciplina, a una ciega obediencia, comienzan las pruebas de carácter purificatorio: el silencio absoluto, la privación de alimentos, el hambre y la sed. Se le exige soportar el dolor o se le somete a duras pruebas, como ser mutilaciones en el cuerpo, perforaciones en la nariz o en el labio, tatuajes, etcétera. De esta manera se juzga el valor de los aspirantes.

A continuación sigue la enseñanza práctica de las futuras tareas. Se le enseña el arte de la caza, a aparejar el arco, o ciertos menesteres de utilidad común como encender el fuego, preparar los alimentos, levantar la habitación, actividades todas útiles a su futura familia. La formación se completa con la adquisición de las prácticas y conocimientos religiosos, con la explicación de las tradiciones históricas y del sentido de los ritos mágicos.

Superadas las pruebas, vienen luego las ceremonias públicas de la iniciación. Consisten en un largo festival, simulacro de muerte y de resurrección: se ha muerto a la infancia, ha nacido un hombre nuevo. Tales prácticas varían muchísimo de un pueblo a otro, pero es común en todos la repetición ininterrumpida de los cantos, las danzas, las procesiones, las músicas y los ritos, que al realizarse de una manera invariable, logran no se alteren y se mantengan a través de sucesivas generaciones. Todo el ceremonial es regulado por los curanderos, que conocen estas prácticas antiquísimas y las enseñan a las nuevas generaciones.

Cumplidos los ritos, el joven es admitido plenamente entre los adultos. En adelante, ya no debe convivir con las mujeres y los niños, pues ha alcanzado las prerrogativas de los adultos.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial  Itinerarium – Colección Escuela –
Todo Sobre Nuestro Mundo – Editorial Ariel – Christopher Lloyd
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

 

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