Fuentes de Roma Para Visitar Historia de las Obras de Arte



Historia de las Fuentes de Roma Para Visitar

Las fuentes de Roma representan una de las grandes atracciones de la capital de Italia. En el tiempo de los emperadores romanos, desde Augusto hasta Teodosio, en la ciudad se construyeron once acueductos, cuyas imponentes ruinas podemos admirar todavía. Esos acueductos proveían de agua a un millar de baños públicos y a una enorme cantidad de fuentes, termas y juegos de agua.

Durante la Edad Media, después de las invasiones bárbaras, los problemas del abastecimiento de agua fueron seriamente estudiados en la mayoría de las ciudades de la península itálica. En Roma, gracias al Tíber, no existía ninguna preocupación sobre ese punto. Las aguas de este río cubrían suficientemente. las necesidades de la población y las de los numerosos peregrinos que concurrían a la Ciudad Eterna, en toda época del año.

En Perusa se levantó la Fontana Maggiore que continúa suscitando la admiración de todos los amantes del arte. En Aquila se construyó una fuente con noventa grifos; Viterbo se adornó con millares de fuentes y otras muchas decoraron las numerosas plazas de Siena y Florencia. Casi a mediados del siglo XVI, el Papa Julio III hizo construir nuevos baños públicos y levantar una fuente en la Via Flaminia (calle Flaminiana), que curre casi paralela al Tíber.

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Fuente: Fontana Maggiore

Sin embargo, sólo al final del siglo XVI comenzaron a erigirse las famosas fuentes de Roma. Fue entonces cuando se construyó la armoniosa Fuente de las Tortugas, magnífica obra de arte concebida por Juan Bautista della Porta (1542-1597) y ejecutada probablemente por Tadeo Landini. Algunos atribuyen al genio de Rafael la creación de sus formas tan delicadas. En ella podemos admirar a cuatro mancebos que, con una mano y un pie, sostienen a unos delfines, y, con la mano libre, a un tortuga que bebe en el pilón superior.

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Fuente de las Tortugas en Roma

Esta obra maestra de la escultura se halla ubicada en la plazoleta Mattei, rodeada de severos palacios, detras de los cuales se extiende el antiguo ghetto (barrio donde residían los judíos). Otras fuentes, fruto de la inspiración de J. B. della Porta, están diseminadas por la capital de Italia: en Santa María en Campitelli, bajo las gradas del Ara-Coeli, en Plaza Colonna, en Madonna dei Monti.

La fuente llamada del Facchino data de la misma época y representa a un mozo de cordel que lleva un tonel, del cual mana un fino chorro de agua.



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Fuente del Facchino

Entre el final del siglo XVI y el comienzo del siglo XVII, Roma se embelleció con fuentes valiosas, debidas al talento admirable del arquitecto Domingo Fontana (1543-1607). Este artista, muy estimado por el Papa Pío V, debe la fama sobre todo a dos de sus trabajos: el obelisco de la Plaza de San Pedro y la fachada lateral de San Juan de Letrán, una de las cuatro Basílicas patriarcales.

Gracias a los proyectos realizados por Fontana, fue reconstruida la Mostra dell’Acqua Felice o Fontanone dell Acqua Felice, adornada con estatuas bíblicas colocadas en tres nichos. Esta maravillosa obra de arte simboliza la adhesión de su autor a la Contrarreforma, movimiento iniciado para combatir la Reforma protestante, y es una reacción contra los temas profanos que eran elegidos generalmente para ornamentar los edificios públicos.

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Mostra dell’Acqua Felice

También debemos a un diseño de Fontana, la Fuente del Quirinal o de los Dioscuros, en la que se utilizaron elementos ya existentes. Así, el gran pilón es el mismo que estaba emplazado en el recinto del antiguo Foro y que se utilizaba para abrevar los animales. Al pie de las estatuas que coronan los dos grandes pedestales —probables copias romanas de estatuas griegas de la época imperial— puede leerse una inscripción que las atribuye a Fidias y a Praxiteles.

Los críticos modernos concuerdan en admitirlo así; sin embargo, las estatuas de los Dioscuros, a quienes la fuente debe su nombre, pertenecen a la época romana. Conviene recordar aquí, que los Dioscuros: Castor y Pólux, eran los hijos de Júpiter y Leda que, transformados en estrellas, dieron su nombre al tercer signo y constelación del Zodíaco: Géminis. Otra obra célebre de Fontana es la Mostra dell’Acqua Paola. Levantada sobre el Janículo, una de las siete colinas de Roma, es una de las más famosas fuentes romanas.

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Fuente del Quirinal



Al mismo artista se deben las Cuatro Fuentes que embellecen los cuatro ángulos de una plaza a la cual dieron su nombre, y la Fontana dell Obelisco (Fuente del Obelisco) que se halla ubicada en la Plaza de San Juan.

El primero que tuvo la idea de hacer surgir de las  fuentes eso juguetones chorros de agua que se elevan hacia el cielo fue Carlos Maderno un célebre artista ita liano 1556-1629 que se revelo como uno de los mas grandes arquitectos de su tierra en la terminación de la Basílica de San Pedro y en la construcción de diversos palacios.

Aquello significó una verdadera revolución. El agua no era ya un elemento destinado solamente a llenar necesidades colectivas o un pretexto para edificar hermosas obras arquitectónicas; a partir de ese momento fue mucho más: se transformó en un elemento decorativo que añadía a la piedra el encanto particular de su música, su vida, su luz, sus arco iris, y realzaba con sus saltos los contornos mismos del monumento.

Carlos Maderno fue también el autor del proyecto de los dos surtidores de la Plaza de San Pedro. Cada uno tiene dos pilones, el inferior orientado hacia arriba y el otro hacia abajo: de este último surge, como desafiando al cielo, un gran chorro de agua, que luego cae formando una especie de cúpula.

Todo aquél que ha podido deleitarse con la melodía de las fuentes de Maderno, se ha extasiado también ante la columnata de esa misma plaza, que parece abrirse en dos brazos para recibir y acoger a los hombres de todo el mundo. La notable columnata en herradura es una entrada digna de la basílica más importante de la cristiandad y constituye la obra maestra de Juan Lorenzo Bernini (1598-1680), pintor, arquitecto y escultor italiano llamado también el caballero Bernín.

Su columnata es una sucesión admirable de doscientas ochenta y cuatro columnas que forman un semicírculo de cuatro hileras, adornadas con sesenta y cuatro estatuas. Observada desde un disco de piedra que se encuentra en la plaza, la selva de columnas desaparece y no se ve más que la primera de las cuatro que integran la fila. Ésta es una de las tantas expresiones del genio de Juan Lorenzo Bernini, a quien debemos, además, una célebre fuente de Roma: la de Piazza Navona.

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Fuente de la Piazza Navona

Juan Lorenzo Bernini fue digno heredero del arte de su padre que, a su vez, había engalanado la Piazza di Spagna (Plaza de España) con una fuente hermosísima, la Barcaccia. Como en ese lugar la presión era insuficiente para que el agua pudiera elevarase, Pedro Bernini construyó una fuente donde representó un navío que iba a pique. Esa barcaccia medio sumergida y a punto de desaparecer en las aguas, constituye un espectáculo verdaderamente extraordinario.

Otra obra notable de Juan Lorenzo Bernini es la Fontana del Tritone (Fuente del Tritón). Tuvo que erigirla en un lugar donde el agua no abundaba y por ese motivo debió ingeniarse para conseguir un efecto grandioso. La Fuente del Tritón está en medio de la Plaza Barberini, que es uno de los nudos más complicados de la circulación y tránsito de la gran urbe. De una enorme valva, sostenida por las largas colas de cuatro delfines, se levanta un inmenso Tritón, monstruo marino que tenía el aspecto de un hombre en su parte superior y de pez en la inferior.



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Fuente: Fontana del Tritone

Esa figura representa una de las divinidades que, según las órdenes de Neptuno (Poseidón), apaciguaban o provocaban las tempestades soplando en una caracola. No obstante, aunque el tritón de la fuente parece soplar muy fuerte en la caracola, su soplo debe resultar muy débil, pues salta sólo un pequeño hilo de agua que cae muy cerca y sin elevarse mucho.

Para la erección de la Fontana Céntrale de Plaza Navona, conocida también por Fontana dei Fiumi (Fuente de los Ríos), se había llamado a concurso; pero Bernini no estaba invitado, pues había caído en desgracia ante la Corte Pontificia. El Caballero Bernín no se desanimó y logró hacer colocar el boceto de su obra en uno de los aposentos del Vaticano. Todo aconteció de acuerdo con los anhelos del gran artista.

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Fuente: Fontana Céntrale de Plaza Navona

Al ver el proyecto, el Papa Inocencio X se entusiasmó tanto que lo mandó llamar y le confió la misión de construir la fuente. Bernini tenía motivos muy especiales para desear ocuparse de la construcción de la fuente; entre ellos, había uno que lo obsesionaba: frente a la Plaza Navona donde debía emplazarse su obra se encontraba la iglesia de Santa Inés que había levantado Francisco Borromini (1599-1667), rival odiado e irreductible enemigo de Juan Lorenzo. Bernini concibió su trabajo pensando sólo en que iba a estar colocado frente a la iglesia de Borromini.

En la obra de Bernini figuran cuatro estatuas que representan los ríos más grandes del mundo: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata, que simbolizan, a su vez: África, Asia, Europa y América, respectivamente. Los tres primeros ríos desvían los ojos como si las imperfecciones arquitectónicas del santuario hirieran sus miradas. Solamente el Río de la Plata dirige la vista hacia la iglesia de Santa Inés, pero en su rostro se advierte una expresión de espanto tan evidente que, al observarlo, sólo podemos pensar que el río espera con horror la caída del campanario de la iglesia que amenaza desplomarse sobre él en cualquier momento.

Además de las cuatro estatuas dispuestas alrededor de la fuente, cuyo diámetro no mide menos de 23 metros, pueden verse otras esculturas evocadoras de los cuatro continentes entonces conocidos, sobre los cuales arrecia un viento implacable. Estas últimas figuras son: un león, algunas matas de agave, un caballo al galope y una serpiente. El conjunto está coronado por un imponente obelisco, único elemento estático entre tanta agitación, que es una imitación romana de los obeliscos egipcios. Procede del Circo de Majencio y se apoya sobre las rocas de los ríos, debajo de los cuales se abre el vacío de la cuenca.

Para vengar a su maestro de las burlas y de la crítica sobre la iglesia de Santa Inés, los partidarios de Borromini crearon la duda sobre la estabilidad del obelisco Bernini que era un fino humorista se levanto en plena noche y sujeto en la punta del obelisco cuatro débiles cordones que ató luego a las cuatro casas que estaban en los ángulos de la plaza. Quería significar con esto que había asegurado el equilibrio del obelisco; pero Borromini no entendía la ironía. . . Esos incidentes lo apenaron y atormentaron tanto, que acabó por enloquecer y darse muerte.

De las otras tres fuentes ubicadas en esa misma plaza, la que se levanta hacia el sur es también obra de Bernini. Se llama Fontana del Moro (Fuente del Moro) y debe su nombre a la figura central de la misma: un etíope que retiene a un delfín.

A fines del siglo xvn nació en Roma el escultor y arquitecto Nicolás Salvi, autor de la Fontana de Trevi, fuente a la que una leyenda ha hecho muy popular. Se dice que todo aquél que arroja en ella una moneda volverá a Roma antes de morir.

La fuente representa la fachada de un palacio de 51 m. de largo, que descansa sobre una roca y está adornada con cuatro columnas corintias con estatuas y seis pilastras del mismo orden. En el centro del palacio existe un enorme nicho, cuya bóveda semiesférica descansa sobre tres columnas jónicas y representa la morada de Neptuno, el dios del mar.

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Fuente: Fontana Di Trevi

La colosal estatua del dios se halla de pie sobre una valva, que es su carro, a la que están uncidos dos caballos, cada uno de los cuales es guiado por un tritón. Un abundante caudal de agua baja de la valva por cuatro pisos superpuestos y cae en un amplio estanque semicircular.

En orden cronológico, la última de las más famosas fuentes de Roma es la de las Náyades de la plaza Esedra. Según la mitología, las náyades eran divinidades hermosísimas que vivían en el mar. En 1901 se añadieron a la Fuente de las Náyades otras figuras femeninas debidas al escultor Rutelli. Esta fuente fue inaugurada el 10 de septiembre de 1870, exactamente días antes de los combates de Porta Pía.

Éstas son algunas de las maravillosas fuentes que engalanan la antigua Ciudad de los Césares. Sin embargo, no son todas; muchas otras, obra también de grandes artistas, alegran sus calles con la dulce y fresca canción de las aguas. Todas han inspirado al célebre compositor Ottorino Respighi, el autor de Las fuentes de Roma y Los pinos de Roma.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Las Fuentes de Roma –

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