La Revolución de Terciopelo Desintegración de la URSS Caída Muro



La Revolución de Terciopelo – Desintegración de la URSS – Caída Muro

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: ENTRE 1945 y 1970 Europa no sólo se recuperó de los devastadores efectos de la Segunda Guerra Mundial sino que también experimentó una recuperación económica que a muchas personas les pareció milagrosa. Incluso, algunos historiadores llamaron a los años de 1950 a 1973 «la edad de oro de la economía europea». El crecimiento y el prácticamente pleno empleo fueron tan prolongados, que la primera recesión de la posguerra, en 1973, llegó como un golpe para Europa Occidental.

Asimismo, para esa época —después de dos décadas de Guerra Fría— los europeos se habían acostumbrado a la nueva división de Europa entre el oeste y el este. Una próspera Europa Occidental, aliada de Estados Unidos, se mantuvo frente a una Europa Oriental que todavía forcejeaba y que en gran medida seguía bajo el control de la Unión Soviética. La división de Alemania simbolizaba el nuevo orden, el cual parecía bien.

Las políticas reformistas llevadas a cabo por Gorbachov tuvieron como resultado inmediato un relajamiento de los controles que la Unión Soviética ejercía sobre los antiguos estados satélites de Europa oriental. Así, en algunos de ellos, comenzaron a desencadenarse procesos de democratización política, que rápidamente terminaron con el monopolio de poder de los partidos comunistas.

Durante el año 1989, en rápida sucesión, los regímenes comunistas de Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Bulgaria y Rumania cayeron y fueron reemplazados por gobiernos elegidos democráticamente, donde en la mayoría hubo una transición a través de acuerdos pacíficos, conocidos como Revoluciones de Terciopelo.

En general, con la excepción del caso rumano, esta revolución en cadena se produjo en forma pacífica, por lo que se la llamó «revolución de terciopelo». En Rumania, el presidente Nicolás Ceaucescu, un dictador corrupto, había rechazado en todos sus términos la perestroika de Gorbachov.

El proceso comenzó en Polonia, donde, desde comienzos de la década de 1980, el régimen comunista del general Jaruzelski había comenzado a dialogar con el movimiento opositor Solidaridad, liderado por Lech Walesa.

Las elecciones relativamente libres, realizadas en junio de 1989, significaron una aplastante derrota del Partido Comunista en favor de Solidaridad. A través de un gobierno de coalición entre ambas fuerzas, Polonia se constituyó en el primer país de Europa oriental que entró en la era poscomunista. Casi al mismo tiempo, se produjo la caída del régimen comunista húngaro, que se hallaba en un período de franco desgaste.

La elecciones realizadas a comienzos de 1990 le dieron el triunfo a una coalición de centro-derecha. En Checoslovaquia, la oposición al régimen fue encabezada por el grupo Carta 77, liderado por Vaclav Havel.

En el caso rumano, la actitud del gobierno comunista rumano sólo logró acelerar el estallido popular  Ante las protestas, el régimen contestó con una brutal represión policial. El alineamiento del Ejército con los opositores definió la situación: Ceaucescu fue derrocado y, cuando intentaban huir del país, él y su esposa fueron apresados y fusilados.

Los sucesos de 1989 revelaron la debilidad de las bases locales de apoyo de los regímenes comunistas de Europa oriental que, en ausencia de la intervención soviética, se derrumbaron sin oponer resistencia. Además, pusieron en evidencia la profundidad de los conflictos nacionales en el seno de los estados. En este sentido, el ejemplo más dramático fue el de Yugoslavia, que se fragmentó en varios estados en medio de una terrible guerra. A fines de 1992, Checoslovaquia también se dividió en dos estados, la República Checa y la República Eslovaca, en forma pacífica.



La división de Checoslovaquia: Al igual que en otras naciones de Europa Oriental, la reacción de Checoslovaquia a las reformas promovidas por la Unión Soviética fue negativa. En 1986, y a pesar de la presión de Moscú sobre Praga, el gobierno anunció su desacuerdo a la descentralización económica.

En 1987, el presidente Gustav Husak —figura política principal de la etapa posterior a la invasión soviética— transigía proclamando la posibilidad de reformar económicamente al país, aunque se negaba a hacerlo en el ámbito político, donde se caracterizó por la mano dura, lo cual no alentaba las esperanzas de cambio. Un año después, la economía mostró un declive constante, a la vez que se incrementaron las manifestaciones contra el gobierno. Sin embargo, aún se declaraba un rotundo «no» a la perestroika y a la glasnot.

Vaclav HavelEl descontento se concretó en la formación de un partido político: el Foro Cívico, cuyo líder, Vaclav Havel (imagen) , era una de las principales figuras de la oposición al régimen. Las presiones interiores y exteriores orillaron a Husack a renunciar a la presidencia en diciembre de 1989, cuando Vaclav Havel fue elegido presidente provisional.

El fin del gobierno socialista y la inyección de flujo financiero de Occidente a las regiones de Bohemia y Moravia, así como la acelerada privatización de bienes, entre otros factores, permitieron la transición al capitalismo y la división pacífica de Checoslovaquia. El 1 de enero de 1993 se crearon las Repúblicas Checa y Eslovaca, quedando como sus respectivos presidentes Vaclav Havel y Michael Kovac.

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