Biografia de Lech Walesa Sindicalista y Politico de Polonia



Biografía de Lech Walesa Sindicalista y Politico de Polonia

Lech Walesa nació el 29 de septiembre de 1943 en Popowo,   una pequeña aldea del voivodato de Wrocíaw, un pueblo casi perdido, rodeado de abedules y de sauces. Leszek (Lech es un diminutivo) creció en aquella aldea, en compañía de su padrastro y de su madre. Su padre había muerto al concluir la guerra.

Un vecino de Popowo ha dejado un testimonio estremecedor de aquellos años, los primeros de la Polonia de posguerra, que tal vez sirvan para explicar la voluntad, la tenacidad y la capacidad de resistencia del líder sindical polaco:

«Durante el último año de la guerra —narra el testigo—, los alemanes nos llevaron lejos, cerca de Torun,  a cavar trincheras. Bolech, el padre de Lech, se negó a ir. Vinieron aquí a buscarlo, lo apresaron por el camino, le dieron una paliza y se lo llavaron a Mlynec. A nosotros nos llevaron a Golub a construir un puente; él se quedó. En Golub había estufas en las barracas, en Mlynec no. Estábamos en invierno. Bolech tenía que dormir en un catre tapado con una sola manta. El frío era intenso: su cabello, de puro helado, se le pegaba a la pared. Como consecuencia de aquella paliza y del frío, cayó enfermo y murió. Dejó cuatro hijos.»

Uno de ellos era Lech. Su madre se casó en seguida con un hermano del difunto, Stanislaw.

Biografia de Lech Walesa

En octube de 1983, el comité especial del parlamento noruego otorgó el premio Nobel de la paz a un modesto electricista polaco de 40 años, en torno a cuya figura había crecido en pocos meses, hasta agrupar a 10 millones de trabajadores, un sindicato independiente del gobierno y del partido gobernante. La simple existencia de ese sindicato, Solidaridad, constituía el más radical y audaz desafío al sistema de poder instaurado en el área de influencia soviética en el curso de la última década. A través de la prensa y la televisión, el rostro de Walesa, sus grandes bigotes, sus gestos de apacible hombre de bien, sus plegarias y sus manifestaciones en pro de la justicia, de la libertad y de la igualdad entre los hombres, se convirtieron en un símbolo de esperanza para todos aquellos que, bajo distintos regímenes, en distintas situaciones políticas, se animaban a enfrentarse al poder y luchaban por la democracia.Muchos comenzaron a preguntarse quién era aquel electricista, aquel líder sindical capaz de enfrentarse al rígido sistema inspirado por la U.R.S.S.

La infancia de Lech Walesa estuvo marcada por toda la dureza de la posguerra, en un país que había quedado devastado por la contienda. La familia de los Walesa estaba formada por campesinos, en otro tiempo acomodados, que, a costa de dividir y dividir sus pequeñas tierras entre un gran número de hijos, vivían, al comenzar los años cuarenta, en una situación casi de miseria.

El padrastro y el padre de Lech tenían que ayudarse, para sobrevivir, realizando tareas de carpintería en las granjas más cercanas.

Lech, de niño, ayudaba en trabajos de albañilería para conseguir algunos zlotys. No fue un alumno aventajado en la escuela, sino uno más, revoltoso y pendenciero, pero de buenos sentimientos; así lo define su maestro.

Walesa comenzó trabajando en una estación de servicios de tractores, donde aprendió el oficio de electricista, y muy pronto se trasladó a Gdañsk (antigua Danzig), ciudad famosa por sus importantes astilleros y por el núcleo de población obrera que aglutina. Sus compañeros le recuerdan como un obrero voluntarioso, callado y reticente a participar en cualquier tipo de reivindicación laboral o salarial.

Cuando concluyó la guerra (que se había desencadenado precisamente a consecuencia de las reivindicaciones de Hitler sobre el paso de Danzig),  Polonia, que había sido aplastada en sólo un mes por las tropas alemanas y que había sido liberada por el Ejército rojo, quedó en la zona de influencia rusa.

Las tropas soviéticas instauraron una «democracia popular» controlada por el Partido comunista.

Toda la producción polaca quedó supeditada a las necesidades de la industria pesada soviética, y esta situación tenía que producir, irremediablemente, descontento entre trabajadores y campesinos.

Las clases populares polacas se sentían utilizadas por un sistema que las reducía a condiciones cada vez más penosas de existencia y a una dictadura ideológica controlada por el partido. De hecho, las organizaciones sindicales habían quedado anuladas y reabsorbidas en el seno del partido gobernante, y de este modo los trabajadores se encontraban desarmados para defender sus intereses.

En 1956 se produjeron huelgas generales de gran importancia en Poznañ, que obligaron al Partido obrero unificado polaco (P.O.U.P.) a plantearse una flexibilización de su política, y hubo mejoras, pero sin embargo, con el paso del tiempo, las condiciones de vida y de trabajo de los polacos no mejoraron.

obreros de polonia lech walesa

Huelga en los astilleros navales Lenin de Gdañsk en 1980. Los obreros cesaron de trabajar luego del anuncio de un alza del 60% del precio de la carne. Pronto la huelga tomó un cariz político y desembocó en el primer sindicato libre.

A partir de la década de 1970, se registra en Polonia la aparición de un movimiento opositor, que culmina con la creación de varias organizaciones clandestinas, con el apoyo brindado a la famosa Carta de los 77. De ese proceso surgiría, precisamente, el sindicato Solidaridad, que rompe con las estructuras verticales del partido y establece una organización horizontal, a la manera de los tradicionales sindicatos europeos.

En diciembre de 1970, el gobierno anunció una subida en los precios de los alimentos. La tensión y el descontento que se habían gestado en los últimos años estalló súbitamente, al otro dia ,frente a la dirección de los astilleros de Gdañsk, se congregó una gran masa de trabajadores y desde allí una enorme multitud se dirigió hacia el edificio del P.O.U.P. y después hacia los astilleros del norte, para animar a los otros obreros a unirse a sus filas.

Los obreros marcharon hacia la comisaría municipal y se apoderaron de la planta baja del edificio. Lech Walesa, un obrero hasta ese momento desconocido, estaba ya a la cabeza de la manifestación. De este modo, el oscuro electricista pasaba a convertirse en representante de veinte mil hombres decididos a enfrentarse al poder político de Varsovia, ante el asombro de toda Europa.

Al mes siguiente y en lo que constituía un triunfo logrado por las movilizaciones de Gdañsk, se celebraron en los astilleros las primeras elecciones totalmente democráticas. Walesa pasó a formar parte del nuevo consejo, y al mismo tiempo, fue nombrado inspector social del trabajo. De este modo, disponía de facilidades para visitar los barcos, los talleres y los otros lugares de trabajo. El nuevo dirigente sindical comenzaba a adquirir popularidad en toda Polonia.

Walesa se había casado con la que sería después su mayor sostén, Danuta, el 8 de noviembre de 1971. Un año más tarde, la pareja cambió de domicilio y pasó a vivir a una pequeña urbanización rodeada de bosques y próxima al mar. Durante un cierto tiempo pareció haber olvidado su papel de líder, y se mostraba feliz de haber recuperado la normalidad, pero en 1976  las autoridades le acusaron de crear un ambiente de conflicto entre sus compañeros y sin que mediaran apenas otras razones, fue despedido del astillero.

Ingresó en la ZREM, en la sección de transporte el 3 de mayo de 1976, pero era controlado por las autoridades. El 31 de diciembre de 1978, Walesa volvió a ser despedido; la dirección de la empresa lo acusó de realizar actividades extralegales y adujo además necesidades de reducción de la plantilla.

Walesa consiguió un nuevo empleo, siempre como electricista prestigioso; esta vez en la empresa Elecktromontaz, dedicada a la fabricación de material eléctrico, aunque de nuevo Walesa fue despedido junto con otros compañeros. En la fábrica se constituyó una comisión obrera en defensa de los despedidos. Walesa, que no tenía trabajo, pudo dedicarse más activamente a desarrollar el movimiento sindical de base.

 En julio de 1980 el gobierno subió los precios de la carne, lo que generó una creciente ola de malestar  y una larga huelga , la mayor que se hubiera producido en la Polonia de la posguerra hasta aquel momento.

Durante los largos días de ese mes de agosto de 1980, mientras duró la huelga, los astilleros se convirtieron en un centro de decisiones políticas al margen del aparato gubernamental. De aquella huelga debería nacer una nueva estructura sindical que conectara a todas las fábricas, grandes y pequeñas, pero también a los profesionales, intelectuales y artistas.

Un sindicato que se convirtiera en un organismo de resistencia no sólo para los trabajadores sino para la conciencia nacional polaca. Lech Walesa fue nombrado presidente del comité fundador del nuevo sindicato, que en poco tiempo encuadró a unos diez millones de trabajadores.

Walesa pasó a ser, a partir de 1980, no sólo el «hombre de la esperanza» para el pueblo polaco, sino la demostración viva de que el sistema del llamado «socialismo real» estaba en crisis.

La tensión entre el gobierno y Solidaridad se acentuó de manera dramática: parecía inevitable una nueva huelga nacional. Occidente entero miraba hacia Polonia y Walesa contaba con un apoyo fundamental, el de la Iglesia polaca, fortalecida desde la llegada al papado de un polaco, Juan Pablo II.

La popularidad internacional de Walesa creció cuando, acompañado por una delegación de Solidaridad, consiguió el permiso para trasladarse a Roma, para entrevistarse con el Papa, visita que preocupó a las autoridades del gobierno polaco.

A su regreso Walesa fue detenido, ingresó en la prisión mientras su esposa Danuta esperaba su séptimo hijo. El niño nacería mientras su padre seguía detenido. El 12 de noviembre de 1982 el luchador sindical fue liberado, pero vigilado.

Walesa sabía que la liberación completa de Polonia, teniendo a su lado a la U.R.S.S., resultaba utópica. En cambio, era posible conseguir, pacientemente, cotas cada vez más altas de autoorganización y poder popular.

Esta actitud contribuyó, en parte, a que en 1983 se le concediese el premio Nobel de la paz.

Temeroso de que no lo dejaran entrar al país al regresar, Walesa envió a su mujer a recoger el galardón.

En 1984, el ejército reprimió con gran violencia nuevas manifestaciones de Solidaridad, y la policía asesinó a un gran amigo de Walesa, el sacerdote Popieluszko. La amistad entre estos dos hombres aparecía como un símbolo de la alianza entre los sindicatos clandestinos y la Iglesia.

A mediados de 1985, Walesa trabajaba nuevamente como electricista en una fábrica estatal. Su influencia, y la de Solidaridad, seguían vigentes, a pesar de la represión oficial.

Los cambios radicales que afectaron el bloque del Este a partir de 1985 no omitieron a Polonia. Lech Walesa supo entonces erigirse en moderador, favoreciendo una transición democrática sin derramamiento de sangre.

Entretanto, se acentuáronlas divisiones en el seno de Solidaridad: se le reprochaba a Walesa su ambición; siendo candidato presidencial en la elección de 1990, aplastó a su rival al obtener el 75% de los sufragios. ¡El electricista contestatario encabezó entonces el Estado polaco!.

Como presidente, Walesa fue criticado por su autoritarismo y sus tomas de posición a favor de los «valores morales» defendidos por la Iglesia católica. Polonia, que ingresó muy pronto en la era de la sociedad de consumo, afrontó una difícil adaptación a las leyes del mercado, y dudaba de su antiguo ídolo.

Al volver a presentarse como candidato presidencial en 1995, Walesa fue derrotado. Así, a pesar de una experiencia política con altibajos, sigue perteneciendo a aquellos que, en ausencia de todo signo precursor de la implosión comunista, se atrevieron a ponerse de pie en nombre de la lucha democrática.

CRONOLOGIA DE SU VIDA:

1943 Nacimiento de Lech Walesa en Popowo,  el 29 de septiembre.

1967 Trabaja como obrero electricista en Gdañsk,  en los astilleros Lenin.

1970 Amotinamientos obreros. Walesa integra el comité de huelga de los astilleros navales. Gomulka dimite; es reemplazado por Gierek.

1976 Walesa es despedido y encarcelado.

1978 Participa en la fundación de las comisiones   obreras clandestinas.

1980 Grandes huelgas de Gdañsk.

Acuerdos de Gdaysk. Comités de huelgas se transforman en un sindicato independiente, Solidarnosc.

1981 Prohibición de Solidarnosc.

1981 El general Jaruzelski proclama la ley marcial.  Lech Walesa es encarcelado.

1982 Fin de la ley marcial. Walesa es liberado.  Solidarnosc, declarado al margen de la ley.

1983 Visita de Juan Pablo II a Polonia. Se otorga a  Lech WaLesa el premio Nobel de la paz.

1984 Asesinato del padre Popieluszko.

1985 El general Jaruzelski llega a ser presidente  del Consejo de Estado.

1988 Nueva oleada de huelgas.

1989 Restablecimiento del pluralismo sindical y ; legalización de Solidarnosc. Viaje de Walesa a EE.UU. Abolición del rol dirigente del Partido comunista.

1990 Walesa, presidente del Estado polaco.

1995 Es derrotado en las elecciones presidencialespor Aleksander Kwasniewski, un antiguo I comunista, y anuncia su retiro político.

2000 Walesa opta otra vez a la presidencia; logra  el 1% de los votos.

2004 Aeropuerto de Gdañsk recibe el nombre de Lech Walesa.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo Tomo 4 Entrada: Lech Walesa  – Editorial Planeta
Hicieron Historia Tomo II Editorial Larousse – Lech Walesa


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