La Reunificación de las dos Alemanias Oriental y Occidental



La Reunificación de las dos Alemanias: Oriental y Occidental

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:
Construcción del Muro de Berlín. La Reunificación Alemana

Al término de la Segunda Guerra Mundial, y después de una controvertida y trascendental decisión tomada en las conferencias de Postdam y Yalta, la división de Alemania en dos Estados fue un hecho. La República Federal Alemana (RFA) se integraba al sistema capitalista, bajo la tutela de las naciones vencedoras, al ingresar a la OTAN en 1954; mientras que la República Democrática Alemana (RDA) lo hacía al bloque socialista, bajo el dominio de la Unión Soviética, al firmar el Pacto de Varsovia en 1956.

En Alemania Oriental (RDA), a la muerte de Wilheim Pieck, presidente desde 1960, comenzó el gobierno del Consejo de Estado basándose en el modelo soviético. Se colectivizaron las tierras, desaparecieron empresas de medianos y pequeños propietarios, y se levantó un Estado totalitario.

La situación económica no era nada prometedora. Gran parte de la población decidió abandonar el país por Berlín occidental. Para detener el éxodo la RDA decidió levantar un muro en la ciudad. En agosto de 1961, Alemania quedó separada físicamente con la construcción del Muro de Berlín.

La República Democrática Alemana continuó su desarrollo bajo la dirección del Estado, el cual controlaba la economía, las condiciones de trabajo de los obreros y, en general, todo lo que ocurría en el país. Las relaciones con la Unión Soviética se afianzaban a través de la adhesión a tratados como el de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua firmado en 1975. La imagen en el extranjero crecía. Alemania Oriental era capaz de obtener éxitos considerables en las contiendas deportivas; el régimen funcionaba bajo el adoctrinamiento al ejército y a la población; y se evitaba el contacto con extranjeros, enemigos clave del sistema.

Problemas del desarrollo económico: Durante las décadas de 1970 y 1980, el declive de la economía soviética se manifestó, en primer lugar, en la caída de la productividad del trabajo y la desaceleración del crecimiento, el cual con dificultades había llegado a situarse en 1% anual. La opinión de los críticos soviéticos —compartida por los expertos occidentales— es que, a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, existían en la URSS tres sectores económicos muy sensibles que frenaban el crecimiento industrial: la metalurgia, la construcción, y el transporte.

La agricultura representaba un segundo problema y su falta de eficacia se puede explicar por cuatro elementos:

1. Falta de capitales y de infraestructura;
2. Inadecuada estructura de la fuerza de trabajo agrícola causada por el abandono de los campesinos calificados;
3. Diferencia en precios y salarios entre la agricultura y los restantes sectores productivos; y
4. Excesiva centralización del sector agrario.

La URSS fue también afectada por las negativas consecuencias de una administración excesivamente centralizada y burocratizada, que afectaron no sólo al conjunto de la economía soviética sino a la de los países de Europa Central y Oriental. Esas consecuencias han sido, entre otras, la falta de incentivos, el incumplimiento de las responsabilidades, el mantenimiento de empresas ineficaces —que sobrevivían con los beneficios de las empresas rentables—, la lentitud de las transferencias tecnológicas entre empresas y sectores productivos, la inadecuación entre la oferta y la demanda.

Estos elementos, unidos al ausentismo laboral y la rigidez de la administración planificada con su enorme despilfarro de recursos, hicieron ver a un sector del partido y de la sociedad, la urgencia de un cambio estructural que corrigiese el camino.

En la década de 1980, con la muerte del líder soviético Leonid Brezhnev se inició el distanciamiento con la potencia hegemónica del bloque socialista; las necesidades financieras, comerciales y tecnológicas para soportar el desarrollo interno aumentaban y se dificultaba el abastecimiento de bienes de consumo.



Las posibilidades de esta renovación comenzaron a fortalecerse cuando Gorbachov, asumió el poder y anunció la perestroika y la glasnost. Aunque la perestroika despertaba esperanzas en las nuevas generaciones, los problemas económicos y sociales se evidenciaban a través de protestas, las cuales eran reprimidas.

En 1986, Gorbachov habló abiertamente ante el PCUS de la necesidad de glasnost (transparencia) como una de las premisas básicas para impulsar la perestroika reconstrucción de la URSS. La perestroika produjo cambios en los aspectos políticos y económico, y provocó el resurgimiento de los nacionalismos en las repúblicas soviéticas y en los países satélites en Europa Central y Oriental.

wallesa lechPor ejemplo, en Polonia en 1986, ante la imposibilidad de superar la crisis social y económica, las autoridades comunistas decidieron entablar nuevas negociaciones con el Sindicato Solidaridad, conducido por Lech Wallesa, en las que también participó la Iglesia. A partir de entonces, la presión social contra el régimen fue en aumento hasta que, en febrero de 1989, el partido renunció al monopolio del poder.

El 5 de abril siguiente se hizo público el acuerdo por el cual se legalizaba Solidaridad, se reconocía la libertad religiosa, se procedía a la reorganización de la presidencia de la República, se restablecía el Senado como Cámara Alta y se instauraba el multipartidismo.

El nuevo Estado. En junio de 1989 se celebraron elecciones cuyo resultado fue el irrefutable triunfo de Solidaridad. El nuevo gobierno, dirigido por el general August Tadeusz Mazowiecki y formado con mayoría no comunista, recuperó para el país el nombre de República de Polonia, procedió al cambio institucional y preparó la creación de una nueva Constitución; además, intentó hacer frente a la crisis con ayuda de la Comunidad Económica Europea y la aprobación de un plan de choque el 1 de enero de 1990

Cuando comenzaron los primeros signos de democratización en Polonia y Hungría, el régimen comunista encabezado por Erich Honecker endureció su política represiva y pareció terminar con las esperanzas de reformas de los alemanes orientales.

A mediados de 1989, Hungría -para entonces bajo la autoridad de un gobierno reformista- decidió abrir sus fronteras occidentales. Así, más de 200.000 alemanes orientales que se hallaban en territorio húngaro aprovecharon la ocasión y huyeron al Oeste. De inmediato, otros miles de alemanes orientales solicitaron asilo político en las embajadas de Alemania Occidental en Praga y Varsovia.

caida del muro de berlin

A partir de ese momento, comenzaron a sucederse innumerables manifestaciones multitudinarias en todas las ciudades importantes de Alemania, que terminaron por derribar el duro gobierno de Honecker, que en octubre fue sustituido por Egon Krenz. Krenz propuso algunas reformas moderadas, como permisos de viaje al exterior durante períodos más largos, que no lograron reducir la presión popular.

La revolución ya no podía ser detenida y en noviembre, los berlineses de ambos lados se lanzaron sobre el Muro y comenzaron a abrir en él las primeras brechas. Los guardias de la frontera germano-oriental abandonaron sus puestos y la gente pasó de un lado a otro del Muro en un clima de festejos. La caída del Muro se constituyó en el símbolo del fin del orden comunista en Europa oriental y del fin de la Guerra Fría.



En 1989 la situación se agravó cuando las marchas y la represión se agudizaron y provocaron que cientos de alemanes orientales trataran de refugiarse en Alemania Occidental. El 22 de diciembre de 1989, por la puerta de Brandenburgo se abrió el Muro de Berlín, en tanto que el parlamento de la República Democrática Alemana reformó la constitución, eliminando aquello que determinaba el sistema socialista. Entonces se planteó la reunificación de las dos Alemanias.

A diferencia de lo sucedido en Yugoslavia y Checoslovaquia, la caída del Muro precipitó las tendencias hacia la unidad alemana. Sin embargo, la enorme y continua entrada de orientales en Alemania Occidental planteaba problemas a la economía de esta última, que tenía que absorber a todos estos recién llegados.

En 1990 entró en vigor la unidad monetaria, la antigua RDA se transformó en Estado federal y se convocó a elecciones. Helmut Kohl, candidato del Partido Demócrata Cristiano, resultó vencedor. Se logró también la unidad política.

En julio de 1990, las economías de Alemania Occidental y Oriental fueron unificadas. La unificación política era más complicada, ya que el problema excedía a las dos Alemanias y se vinculaba con la discusión acerca del nuevo papel de la OTAN y el Pacto de Varsovia, Sin embargo, la URSS terminó por aceptar la permanencia de la Alemania reunificada en la OTAN y, en octubre de 1990, la unificación política de las dos Alemanias fue una realidad.

Sin embargo, a pesar de la unificación, la línea divisoria entre las dos Alemanias no desapareció. En la Alemania Occidental, la economía creció debido a un rápido aumento de la demanda de productos germano-occidentales. En la Alemania Oriental, en cambio, surgieron problemas a partir de la privatización de empresas no competitivas, los despidos masivos, la desaparición de subsidios para vivienda, etcétera.

La unificación social que se agrandó debido a la inmigración de europeos orientales, al aumento del desempleo y al nacimiento de un movimiento neo-nazi; sin embargo, con el compromiso ante el parlamento europeo de que Alemania no constituiría ningún peligro para Europa, el proceso de integración continuó.

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