Historia del Telégrafo Código Morse Resúmen de la Evolución



HISTORIA DEL TELÉGRAFO Y SU USO EN EL PERIODISMO: REUTER PAUL JULIUS

Llámanse telégrafos los aparatos destinados a comunicar con prontitud entre sí a los hombres a través de grandes distancias. Su invención se pierde en la noche de los tiempos. Los sistemas empleados fueron también muy variados. Los pueblos antiguos emplearon métodos más o menos ingeniosos para comunicarse, con relativa rapidez, las noticias u órdenes. Los griegos 400 años antes de la era cristiana encendían enormes hogueras sobre las montañas o altas torres comunicándose de esta manera las órdenes en especial las guerreras (Telégrafo óptico)

.Samuel Movse, un gran pintor estadounidense, mientras retornaba a su patria en el velero Sally, en 1832, se sintió fascinado por un juego que en una mesa desarrollaba uno de los pasajeros, quien colocaba clavos y les atraía con un electroimán. Casi inmediatamente se le ocurrió a Morse la idea de un sistema de telégrafo hasta en su más mínimo detalle.

ORIGENES:  Los romanos al conquistar la Galia, establecieron, con el citado método, una línea telegráfica de 7000 kilómetros. Los chinos usaban también las señales ígneas en la gran muralla, para avisar las invasiones de los tártaros.

Los cartagineses consiguieron con el mismo sistema comunicar las costas de África con las de Sicilia.

Los godos, trasmitían sus noticias a ciento de kilómetros por simples gritos que pasaban, de uno a otro vigía (Telegrafía acústica). Los indios peruanos se comunicaban de una a otra tribu, a grandes distancias, por medio de golpes convencionales que daban sobre unos tambores enterrados en el suelo. Por eso los españoles, al llegar a puntos distantes de su partida, se quedaban asombrados al observar que ya tenían noticias de su llegada.

En 1790, en Francia, Claudio Chappe estableció un telégrafo por medio de mástiles colocados de distancia en distancia, en alturas o torres y terminados por brazos que podían tomar distintas posiciones, ya convenidas, que indicaban las diferentes letras del alfabeto.

Por medio de este telégrafo la Convención Francesa supo a mediodía del 30 de noviembre de 1794 que el ejército de Conde se había rendido al ejército de la República ese mismo día a las 8 de la mañana en Lila. Aun ahora es usado, por el ejército especialmente, y por los exploradores, el sencillo método de las banderitas cuyas posiciones determinan las letras y signos de la escritura.

Estos fueron los principales medios de comunicación que prepararon el terreno al telégrafo eléctrico.

La telegrafía eléctrica.

El célebre físico danés Juan Cristiano Oersted, descubriendo en 1820 el poder de desviación de la corriente eléctrica sobre la brújula, proporcionó a la ciencia los medios necesarios para emplear la electricidad en la trasmisión de los signos a una gran distancia.

Otro gran físico, a la vez célebre astrónomo y matemático francés, Francisco Arago, observó que el fluido eléctrico, circulando alrededor de una barra de hierro tenía la propiedad de imantarlo pasajeramente, o sea mientras dura la corriente. El problema estaba resuelto pero faltaba la aplicación práctica. Numerosos sistemas se propusieron y muchos sabios se disputaron el honor del descubrimiento del telégrafo.



Ya anteriormente a este descubrimiento, el español Salva logró enviar un parte mediante la descarga de un condensador, siendo éste el primer telégrafo. En 1808, basado en la acción química de la corriente eléctrica, Sommering construyó un telégrafo en Munich.

Fundados en el descubrimiento de Oersted, Gauss y Weber instalaron en Gottinger un telégrafo eléctrico que comunicaba el Observatorio con la Universidad; con la combinación de dos signos, desviación de la aguja a la derecha y a la izquierda, pudieron telegrafiar todas las letras del alfabeto.

Steinheil consiguió que la aguja, al inclinarse a la derecha y a la izquierda, produjera un sonido en dos campanillas de distinto tono. Poco tiempo después se dispuso de manera que la aguja dibujara sus desviaciones en una tira de papel.

El telégrafo Morse.

La aparición del ferrocarril a principios del siglo XIX creó la necesidad de enviar mensajes con gran rapidez. La corriente eléctrica acababa de ser descubierta y el primer método para utilizarla en la transmisión de mensajes fue el telégrafo. Las señales telegráficas se envían por medio de cables, como las telefónicas.

La señal telefónica es una compleja fluctuación eléctrica que debe ser preservada para que pueda ser reconstituida en sonidos en el otro extremo.

La gloria del más perfecto telégrafo eléctrico corresponde a Samuel Morse, físico y pintor norteamericano, nacido en Charlestown en 1791 y muerto en Nueva York en 1872. Inventó Morse su sistema de telegrafía en 1837 recibiendo por él un premio de 16.000 esterlinas (200.000 pesos).

Su invento le acarreó grandes sinsabores. Cuando el sistema Morse hubo demostrado cuanto valía técnica y económicamente, fueron muchos los que lo quisieron utilizar, sin miramiento a los derechos de Morse, quien tuvo que llevar muchos procesos, en los cuales sus contrarios se esforzaron por arrancarle el fruto de sus trabajos. Estos procesos y las acusaciones que le siguieron le amargaron mucho.

Pronto se le hizo justicia. En 1871 se levantó en su honor una estatua en el Parque Central de Nueva York, costeada por suscripción entre los telegrafistas de los Estados Unidos. El 10 de junio fue descubierta con gran solemnidad.

En la velada celebrada aquel mismo día, se colocó en la sala un aparato telegráfico que estaba en comunicación con los diez mil aparatos establecidos en todo Norteamérica. Fue enviado el siguiente despacho: «Gracias a la comunidad telegrafista de todo el mundo. Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad «.Diez meses después, murió Morse.

Morse se dedicó primero a la pintura, en la que creía poder distinguirse. Pintó a industriales, gente de mundo e incluso a un presidente de la república, pero fuerza es confesar que sus cuadros son mediocres, hablando con benevolencia.



Además de cultivar este arte, había estudiado en Yale los problemas de la electricidad y, en especial, el electromagnetismo. Viajó a Europa a fin de perfeccionar sus conocimientos pictóricos, pero durante la prolongada travesía de regreso surgió entre los pasajeros del barco, el Sully, una discusión sobre el telégrafo. Corría el año de 1832. ¿Se podrían enviar mensajes a larga distancia mediante la electricidad?.

Morse desarrolló allí mismo sus primeras ideas sobre el telégrafo eléctrico, pero tardó doce años en convencer a los capitalistas norteamericanos, hasta el punto de que su invento fue patentado antes en Francia que en los Estados Unidos o Inglaterra.

Cuando le creyeron, tuvo que esperar dos años más a fin de que se reuniese el dinero suficiente para construir una línea telegráfica entre el Tribunal Supremo, en Washington, y Baltimore. Se inauguró el 24 de mayo de 1844.

Código Morse Para Transmisión en el Telégrafo: S.O.S. S.O.S. S.O.S. Esta señal de socorro es conocida universalmente. Se le han dado diversas interpretaciones. La más sencilla es la verdadera: S.O.S. se traduce en el alfabeto ideado por Samuel Finley Bréese Morse por …—…; es decir, tres puntos y tres rayas, tres sonidos cortos y tres largos, los más fáciles de emitir y, por ello, los más fáciles de descifrar y los más apropiados para situaciones de emergencia.

Las partes principales de este telégrafo son: Una pila o fuente de electricidad, un manipulador, destinado a abrir y cerrar el circuito, un receptor, basado en el electroimán, hierro dulce que vibra impelida por las ondas sonoras de la voz humana.

Con los nuevos perfeccionamientos del aparato se pueden comunicar directamente personas separadas por distancias enormes, habiéndose ya instalado líneas intercontinentales.

El telégrafo transmite pulsos más simples, que pueden ser empleados para enviar mensajes en código Morse. Los pulsos telegráficos son producidos cuando se acciona una llave que abre y cierra un circuito eléctrico y pueden ser transmitidos con ayuda de un solo cable.

Esto puede parecer raro, ya que las corrientes eléctricas requieren circuitos cerrados, pero el telégrafo no elude esta necesidad, sino que utiliza la tierra como segundo conductor. Ambos extremos del conductor están conectados a tierra (sea enterrándolos, conectándolos a una cañería que vaya a la tierra o bien al neutro de la red de provisión de electricidad).



Los electrones que constituyen los pulsos salen de la batería y vuelven por tierra. Éste es un circuito telegráfico simplex. En él sólo pueden enviarse señales en un solo sentido por vez. Para transmisiones simultáneas en ambos sentidos se requieren dos cables, uno para cada circuito. En el otro extremo los pulsos deben ser convertidos en algo que podamos ver u oír.

La señal puede accionar una chicharra (semejante a un timbre eléctrico) , o un galvanómetro sensible, con una pluma que se mueve cada vez que circula corriente por el instrumento.

Otra alternativa es que pase por un decodificador que, como la máquina conocida por teleprinter, convierte los impulsos eléctricos en letras en una especie de máquina de escribir eléctrica. Éste es el método que se emplea para enviar telegramas.

Las tiras de papel pegadas en el formulario que se nos entrega provienen directamente del teleprinter. Si la señal tuviera que recorrer muchos kilómetros de cable disponiendo, como una fuente de energía, de una batería, probablemente sería demasiado débil para accionar alguno de estos dispositivos.

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Con todo, no sería demasiado débil para hacer funcionar un relé telegráfico. Los relés fueron inventados, justamente, para resolver los problemas del telégrafo. El pulso pasa por la bobina de un electroimán, lo magnetiza, atrae una pieza de hierro dulce y cierra otro circuito que es el que suministra energía al receptor o bien a otro relé.

PARA SABER MAS…
El telégrafo
Samuel Morse, un gran pintor estadounidense, mientras retornaba a su patria en el velero Sally, en 1832, se sintió fascinado por un juego que en una mesa desarrollaba uno de los pasajeros, quien colocaba clavos y los atraía con un electroimán. Casi inmediatamente se le ocurrió a Morse la idea de un sistema de telégrafo hasta en su más mínimo detalle.

Pensó que el punto, el guión y el espacio eran tres signos que podrían adaptarse a representar las letras üel alfabeto. En el extremo receptor se podía suspender un lápiz de un pedazo de hierro, que chocaba contra un electroimán, y de ese modo marcaba puntos y rayas en un pedazo de papel movido por un mecanismo de relojería. El telégrafo podría ser automático; y el mensaje quedaba transmitido ins-neament,e desde grandes distancias.

Los esfuerzas que hacía por conseguir un telégrafo práctico recibieron un impulso enorme cuando Morse enunció a Joseph Henry, quien le enseñó su «imán intenso» conseguido con vueltas de alambre delgao cubierto de seda, y le comunicó la idea de relais intermedios que restaurasen la potencia de una corriente que desfallecía.

Cinco años más tarde, el gobierno de los EstadosUnidos proyectó construir un «telégrafo óptico» de señales iti luminosas entre Nueva York y Nueva York. Morsr! escribió al gobierno que su telégrafos seria más rápido y más seguro, y que los mensajes se transmitirían instantáneamente con cualquier clase de tiempo.

Finalmente el gobierno adelantó los fondos para que Morse pudiera construir un telégrafo desde Washington a Baltimore. Pero al cabo de veinte mlllftS, la corriente del alambre se debilitaba tanto, que no podía activar el electroimán.

Recordando lo explicado por Henry acerca de relais intermedios, Morse adoptó una sucesión de circuitos de corta distancia cada uno con su propia batería. Mediante este sistema de los relais, la corriente se reforzaba cada trecho de unas pocas millas, y Morse pudo transmitir su famoso mensaje en 1844: «¿Qué ha forjado Dios?»

UN PIONERO EN EL USO DEL TELÉGRAFO:
PAUL JULIUS REUTER

Nació en Kassel, Alemania, en 1816, pero luego adquirió la nacionalidad británica. De origen judío, su nombre original era Israel Beer Josaphat, pero a los 28 años se convirtió al cristianismo y cambió su apellido a Reuter. Su bautismo fue en la capilla luterana de San Jorge, en Londres: la conversión fue por amor, ya que mantenía una relación con una muchacha cristiana, Ida Maria Eli-zabeth Clementine Magnus, con quien se casó una semana después en el mismo lugar.

Tras la boda vivió unos meses en Londres, pero volvió a Alemania. En 1847 se convirtió en socio de Reuter y Stargardt, una pequeña empresa de publicidad que, entre otras cosas, publicó una buena cantidad de panfletos políticos. Tras la revolución del 48 volvió a mudarse, esta vez a París.

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Su trabajo como periodista y sus actividades políticas le habían ganado la hostilidad de las autoridades de la Confederación alemana por pedir libertad de prensa y una asamblea nacional en diversas manifestaciones públicas. En la Ciudad Luz consiguió trabajo como empleado de la nueva agencia periodística de Charles-Louis Havas, propiedad del publicista y traductor de ese nombre.

En los últimos meses, Reuter abrió una línea de telégrafo en la ciudad alemana de Aquisgrán. Se había interesado por el tema años antes, cuando conoció y se hizo amigo del físico y matemático Cari Friedrich Gauss, en un trabajo temporario como empleado bancario.

Gauss, un pionero en la aplicación de teorías matemáticas a la electricidad y el magnetismo, ya había estado realizando experimentos con el telégrafo eléctrico en el año 45. Lo que le sumó Reuter fue la vuelta práctica para ver de qué manera se podía utilizar esta nueva tecnología para mejorar las comunicaciones mundiales.

El periodista quiso aprovechar la tecnología que permitía la difusión de noticias de forma cada vez más rápida. Sus primeros planes fueron que la línea se conectara con Berlín, pero después cambió de opinión al encontrar una opción más redituable que la capital alemana.

Descubrió que Bruselas, uno de los centros financieros europeos más importantes del siglo XIX, era el lugar desde el cual había que difundir información para obtener más beneficios. Ahora está pensando en mudarse nuevamente a Londres para desarrollar un cable telegráfico submarino que atraviese el Canal de la Mancha y conecte Dover con Calais.

MORSE
S.O.S. S.O.S. S.O.S. Esta señal de socorro es conocida umversalmente. Se le han dado diversas interpretaciones. La más sencilla es la verdadera: S.O.S. se traduce en el alfabeto ideado por Samuel Finley Bréese Morse por …—…; es decir, tres puntos y tres rayas, tres sonidos cortos y tres largos, los más fáciles de emitir y, por ello, los más fáciles de descifrar y los más apropiados para situaciones de emergencia.

Morse se dedicó primero a la pintura, en la que creía poder distinguirse. Pintó a industriales, gente de mundo e incluso a un presidente de la república, pero fuerza es confesar que sus cuadros son mediocres, hablando con benevolencia. Además de cultivar este arte, había estudiado en Yale los problemas de la electricidad y, en especial, el electromagnetismo. Viajó a Europa a fin de perfeccionar sus conocimientos pictóricos, pero durante la prolongada travesía de regreso surgió entre los pasajeros del barco, el Sully, una discusión sobre el telégrafo.

Corría el año de 1832. ¿Se podrían enviar mensajes a larga distancia mediante la electricidad? Morse desarrolló allí mismo sus primeras ideas sobre el telégrafo eléctrico, pero tardó doce años en convencer a los capitalistas norteamericanos, hasta el punto de que su invento fue patentado antes en Francia que en los Estados Unidos o Inglaterra. Cuando le creyeron, tuvo que esperar dos años más a fin de que se reuniese el dinero suficiente para construir una línea telegráfica entre el Tribunal Supremo, en Washington, y Baltimore. Se inauguró el 24 de mayo de 1844.

El primer texto telegrafiado fue un versículo de la Biblia. Hasta conseguir en 1866 la instalación de un cable trasatlántico, tuvo que luchar contra mil tropiezos. Gracias a su tenacidad logró triunfar, y cargadc de honores y reconocido su saber por todo el mundo, murió en Nueva York en 1872. Fuente: Historias de la Historia Carlos Fisas

Fuente Consultada:
Gran Enciclopedia Universal
PIONEROS, Inventos y descubrimientos claves de la Historia – Teo Gómez
Revista Enciclopedia El Árbol de la Sabiduría Fasc. N°11 Historia del Ferrocarril.
Los Grandes Inventos de la Humanidad Beril Becker
Paul Julius Reuter El Bicentenario Fasc. N°3 Período 1850-1869

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