Balsa Kon Tiki Expedicion Navegar Peru a Polinesia Sin Instrumentos



Balsa Kon Tiki Expedición Navegar Peru a Polinesia Sin Instrumentos

Balsa Kon Tiki Expedicion Navegar Peru a Polinesia Sin InstrumentosNacido en 1914, Thor Heyerdahl (imagen izr) era un noruego fascinado por las islas de los mares del sur y su cultura. Creía que en algún momento del siglo sexto de la era cristiana, los habitantes de Sudamérica habían navegado en balsas a través del océano Pacífico, estableciéndose en las islas de Pacífico Sur.

Heyerdahl y su tripulación querían navegar en una balsa a través del Pacífico, desde el Callao en Perú, hasta la Polinesia (una travesía de unos 6.500 kilómetros). Casi todo el mundo pensaba que estaban locos. «Vuestros padres lo pasarán muy mal cuando se enteren de vuestra muerte», les dijo un embajador. Los expertos pensaban que la embarcación de balsa (Kan Tiki), se hundiría como una roca, sus ocupantes naufragarían o los huracanes destrozarían la balsa como una caja de cerillas. Todo esto podría ocurrir, pero Heyerdahl estaba mucho más seguro de su propia teoría. Lo único que tenía que hacer era demostrar que el viaje era posible.

El Kon-Tiki era una réplica exacta de las antiguas embarcaciones del Perú y Ecuador. No había ni un clavo ni un alambre en todo el barco. Estaba construido con nueve grandes troncos de balsa, un mástil y una cabina de cañas de bambú con cuerdas de cáñamo y un techo de hojas de banano. El tronco más largo medía 14 metros y acababa en forma de punta en la proa. Los troncos laterales medían tan sólo 9 metros, por lo que, con las provisiones a bordo, quedaba poco espacio para moverse.

El rey sol: La balsa fue bautizada como Kon-Tiki, en honor al sumo sacerdote y rey sol del Perú pre-incaico, quien, según la leyenda fue expulsado del Perú por lo que huyó cruzando el Pacífico. A miles de kilómetros de distancia, en la isla de Fatu Hiva, Heyerdahl descubrió que los polinesios creían que Tiki, el hijo del sol, era el patriarca de su raza. Igual que Kon-Tiki, Tiki tenía la piel blanca, los ojos azules, llevaba barba y provenía del este. Heyerdahl encontró otras similitudes culturales con el Perú pre-incaico (herramientas, sistemas de cálculo y algunas leyendas).

Las enormes cabezas de la isla de Pascua y las figuras de piedra que representaban a Tiki en Fatu Hiva, eran similares a las antiguas estatuas de Sudamérica. El trabajo deHeyerdahl sobre este tema se vio interrumpido por la Segunda Guerra Mundial, pero una vez acabada la guerra, construyó la Kon-Tiki y el 28 de abril de 1947, zarpó desde el Perú.

Había tardado meses de duro esfuerzo para conseguir poner en marcha el proyecto.Heyerdahl no tenía ni dinero, ni balsa, ni tripulación. Finalmente consiguió apoyo delExplorers Club de Nueva York y ayuda financiera de inversores privados. La tripulación nórdica estaba formada por Herman Watzinger, un ingeniero de refrigeración, Bengt Danilsson, antropólogo, Knut Haugland y Torstein Raaby, miembros de la resistencia noruega y Eric Hesselberg, un pintor que había navegado alrededor del mundo en más de una ocasión. Lolita, el loro, que comenzó el viaje hablando sólo español y acabó recitando palabrotas en noruego, también se embarcó. Desgraciadamente terminó cayendo por la borda durante una tormenta.

blasa kon tiki

El Museo Kon-Tiki es un museo en Oslo, Noruega, que conserva una serie de embarcaciones y objetos culturales colectados durante las expediciones de Thor Heyerdahl. Se ubica en la península de Bygdoy.  El museo fue construido con el propósito original de albergar al Kon-Tiki, una embarcación construida con madera de balsa y basada en un modelo peruano precolombino. Esta embarcación fue empleada por Heyerdahl para navegar entre Perú y la Polinesia siguiendo las corrientes marinas en 1947.

Dificultades para navegar: A medida que aumentaba la fuerza del viento, comenzó a llenarse la vela de la balsa, ilustrada con el rostro de Kon-Tiki. Lentamente, la pesada balsa comenzó a avanzar sobre las olas. De entrada hubo algunos problemas. Al cambiar la dirección del viento, la vela entera giró, amenazando con tirar al agua a los tripulantes y la cabina; la balsa dio media vuelta y continuó avanzando con la proa por delante. Tres hombres trataron de controlar la vela mientras los otros tres hacían fuerza contra el timón hasta conseguir girar la girar la embarcación. Al aumentar los vientos alisios, comenzaron a romper las olas sobre la popa, sacudiendo a los timoneles como insectos sobre una hoja.

Al caer  la noche, oyeron el bramido de una enorme ola y vieron su cresta blanca a punto de abalanzarse sobre la cabina. Esperaron preocupados para ver si la bolsa resistiría, pero Kon-Tiki consiguió superar las El agua se escapaba por las ranuras existentes entre los troncos de balsa.



jaula kon tiki

La jaula contra los escualos – A intervalos de tiempo regulares o después de una tempestad, era necesario que uno de los hombres, provisto de un equipo para bucear, se sumergiera e inspeccionase las distintas ligaduras que mantenían unidos los troncos, y reparara los desperfectos. La operación era muy peligrosa, porque las aguas por las que navegaba la «Kon Tiki» estaban infestadas -de voracísimos escualos. Entonces inventaron un ingenioso sistema de protección: una fuerte jaula de madera sumergida juntamente con el hombre por debajo de la embarcación. Cuando se acercaba un escualo, ‘ el buceador se refugiaba en la jaula y permanecía resguardado en ella hasta que el pez se alejaba. «

La corriente de Humboldt: Los primeros días fueron agotadores. Kon-Tiki parecía 4lierer navegar contracorriente y la tripulación apenas conseguía dominar la pesada embarcación. Finalmente recogieron las velas y se metieron a dormir agotados en sus sacos de dormir. Curiosamente, la embarcación giró por sí misma. Parecía que Kon-Tiki iba a conseguir finalmente avanzar hacia el oeste, arrastrada por la corriente de Humboldt.

Tras la primera semana de travesía, el mar se calmó y comenzó a cambiar de color, de verde a azul. Las maromas gemían y chirriaban pero no se rompieron. La embarcación se movía tanto que caminar sobre cubierta era como cabalgar a lomos de un animal. Apareció un tiburón de 2,5 metros y frotó su lomo contra la popa. Los dos timoneles agarraron sendos arpones para defenderse, pero el tiburón se zambulló lo perdieron de vista. Se dedicaron a pescar para complementar sus raciones militares y la fruta fresca que transportaban. A su alrededor nadaban marsopas y doradas. Los peces voladores saltaban sobre cubierta a poca distancia de la sartén, que es donde acababan finalmente. De noche, los ojos de unos monstruos marinos brillaban en la oscuridad. Heyerdahl pensó que podían ser calamares gigantes.

¡Ballena!: Una mañana sí que apareció un monstruo marino. Una enorme cabeza con mandíbulas de un metro y medio de ancho se dirigía hacia la Kon-7liki. La tripulación miraba sorprendida cómo el enorme animal se deslizaba bajo la balsa. El monstruo giró alrededor de la embarcación permitiendo que la tripulación lo identificara como una ballena azul, el animal marino mayor del mundo. Era más largo que la Kon-Tiki; ¿no pretendería destrozar la barca?

Durante toda una hora, la ballena se mantuvo al lado de la embarcación. Como la situación se ponía muy peligrosa, Eric agarró un arpón de 2,5 metros de longitud. Cuando el monstruo pasaba por debajo de la balsa, Eric le clavó el arpón. La ballena se sumergió con tal fuerza que la cuerda del arpón tiró a tres hombres a medida que se desenroscaba. El arpón roto apareció segundos después en la superficie, pero la ballena había desaparecido.

Días Idílicos: El 11 de junio la Kon Tiki estaba ya a medio camino de las islas del  del Pacífico Sur. La tripulación no avistó ningún barco, pero de vez en cuando aparecían ballenas y o los hambres llegaron a acostumbrarse tanto a los tiburones que capturaron algunos de dos metros  de largo agarrándolos de la cola  y tirándolos sabre la borda. Pescaban, cocinaban, leían, dibujaban y, cuado no  había tiburones cerca, nadaban. Estos fueron los días idílicos.

Un día, Herman estaba en la cubierta midiendo la velocidad del viento. De pronto, un saco de dormir pasó volando por delante de él. Trató de agarrarlo pero cayó por la borda al intentarlo. Se agarra de los troncos y al timón, pero se le escaparon y la balsa siguió avanzando. La marejada lo arrastró rápidamente y gritó pidiendo socorro. Heyerdahl y Torstein lo vieron y trataron de lanzarle el cinturón salvavidas, pero el viento lo volvió a
arrojar sobre la borda. Los que estaban mirando se quedaron pálidos de terror. Herman nadaba desesperadamente sin avanzar, pero Kon-Tiki tampoco podía volverse a rescatarlo.

Knut no pudo espera más y se tiró al agua con el cinturón salvavidas en la mano, nadando hacia Herman. Se encontraron y se agarraron al salvavidas mientras los demás tiraban de la cuerda. Los que estaban sobre cubierta, podían ver una gran mancha negra y amenazante aproximándose a los dos hombres. Tiraron con-más fuerza y consiguieron alzar a los dos hombres a la balsa justo en el momento en que la silueta negra alcanzaba el saco de dormir y lo arrastraba a las profundidades.



Estatuilla polinesia – En una gruta de la isla de Pascua se encontró esta estatuilla de piedra, que representa una embarcación de juncos. El hallazgo es de gran interés científico, porque es otra prueba de que los habitantes de la Polinesia debieron llegar allí procedentes de las costas de América. En efecto, embarcaciones de junco como la que representa la estatua son originarias y típicas de las civilizaciones que florecieron a los pies de los Andes.

Tierra a la vista
Una tarde vieron a una bandada de pájaros que sobrevolaba la embarcación. La tripulación pensó que estaban llegando a tierra y cambiaron el rumbo del Kon Tiki  para aproximarse a ella. En la madrugada del 30 de julio, Herman avistó tierra. Era Pukapuka, la primera de las islas Tuamotu.

Pronto estuvieron tan cerca que podían distinguir los árboles uno por uno. Durante un cuarto de hora, Herman y yo nos aferramos al mástil, dejando que el cálido olor de las hojas , la vegetación invadiese nuestras fosas nasales , escríbió Heyerdahl más tarde.

Sin embargo, la corriente los arrastró más allá de  la isla ,hasta Fangatau, donde los isleños fletaron canoas para remolcar al Kon-Tiki hasta un hueco en el peligroso arrecife. Pero la corriente era demasiado fuerte y Kon-Tiki  fue arrastrada hasta las siguientes islas.

Arrecife mortal: Desde lo alto del mástil, podían ver un arrecife que se extendía de un extremo ál otro del horizonte. Parecía una roja dentadura contra h cual se precipitaba el Pacífico con una fue za endiablada. El naufragió era inevitable. Mientras la Kon-Tiki avanzaba a la deriva hacia el arrecife, el estruendo aumentaba.Torstein gritó un último mensaje a la radio: «Allá vamos. Adios.»

Una enorme ola los enganchó y arrastró a la Kon-Tiki como una tabla de surf hacia el arrecife. Entonces, otra ola, aún mayor que la primera subió como una gran muralla verde tras el barco, rompió y se precipitó sobre ellos. Los tripulantes seguían agarrados a las cuerdas, mientras la fuerza de la ola amenazaba con arrancarles los brazos. Una y otra vez rompieron las olas sobre ellos. El mástil se partió en pedazos, la cabina se hundió y la cubierta quedó completamente astillada. Con la mente obnubilada por los golpes y el miedo, tardaron en darse cuenta de que la balsa había acabado por detenerse en el arrecife y de que seguían aún con vida.

Fueron avanzando por las aguas poco profundas de la laguna, recogiendo los objetos que quedaban. Frente a ellos había una pequeña isla cubierta de palmeras rodeada de playas blancas. Navegaron hacia una playa, habiendo superado un peligroso viaje de 102 días de duración. Su valor y resistencia les había conducido al triunfo ya que, como los seguidores de Kon-Tiki, 1.500 años atrás, habían conseguido cruzar el Pacífico en una pequeña balsa para alcanzar el Paraíso.

escualo ballena

El encuentro mas emocionante que la Kon Tiki tuvo durante el viaje por el Pacífico, fue sin duda, el del gigantesco «walkai», el escualo ballena. Es un pez notablemente raro y se lo considera como uno de los más fuertes y feroces habitantes del mar. Con sus 15 metros de longitud y sus 15 toneladas de peso, el walkai habría podido destruir fácilmente a la balsa. Por fortuna, se limitó a dar vueltas a su alrededor y a restregar su poderoso lomo contra el remo-timón, destrozándolo casi por completo. En la reconstrucción que existe en el Museo se puede ver justamente al walkai mientras evoluciona bajo la balsa, a poca distancia de lo quilla.

LA GRAN AVENTURA HUMANA DE CRUZAR EL PACIFICO HASTA LA POLINESIA



Heyerdahl renovó puntos de vista que creíamos que iban a desaparecer. Pero lo hizo con osadía, poniendo en peligro su vida y la de sus colaboradores. ¿Cuál era su tesis?

Simplemente la de que corrientes marinas y vientos en el Pacífico favorecen la navegación desde las costas meridionales de América hacia el Pacífico occidental y que, por tanto, los polinesios serían pobladores llegados de América. Es decir, la hipótesis contraria a la que generalmente se admite. Para demostrarlo construyó una balsa con los mismos elementos que pudo hacerlo un peruano o un ecuatoriano de la época de la conquista española. Con esta simple balsa pasó tranquilamente desde las costas de América a las islas oceánicas. Tras de lo cual publicó un libro muy voluminoso en el que daba abundantes y cumplidos argumentos en favor de sus ideas.

Éstas no eran sólo innovadoras respecto a las travesías del océano Pacífico, sino que su criterio renovador quiso extenderse al Atlántico, donde sólo vagas ideas y fantasías de aficionado habían actuado.

Heyerdahl no se amedrentó ante la difícil, casi podría decirse imposible, tentativa. Reunió todos los datos que pudo acerca de navegaciones peruanas precolombinas y reprodujo hábilmente la antigua balsa de los pueblos marineros de la costa del Perú y del Ecuador y se lanzó a la aventura de remedar lo que podía haber sido una de las expediciones de que hay vagas noticias por parte de los incas.

La Kon-Tiki, que así fue bautizada la embarcación, tuvo éxito y el osado navegante pudo desembarcar en las islas polinesias, en uno de los archipiélagos que miran a levante.

Más tarde realizó algo más difícil todavía, pues construyó con haces de juncos un navío de tipo nilótico con el que quiso atravesar el Atlántico. Tras un primer fracaso, logró coronar con sus cuatro compañeros lo que parecía una empresa temeraria por la fragilidad de la embarcación utilizada.

Con ello, Heyerdahl creía haber demostrado que los polinesios y su cultura procedían de América del Sur, al contrario de lo que comúnmente se piensa. Estas hazañas causaron gran conmoción en la opinión mundial. Y no hay duda de que tras ellas la actitud del etnólogo no puede ser la misma que antes y no hay trecho de mar que no haya podido ser recorrido por embarcaciones de fortuna, lo que abre unas posibilidades inmensas al problema de la difusión cultural. Es perfectamente conocido que si bien una influencia cultural puede resistir en un ambiente distinto y vivir en él, un grupo antropológico se ve absorbido por una población indígena dominante.

Caben, pues, inmigraciones de un corto número de individuos, como podría ser el caso de naufragios y navegaciones fortuitas, que no hayan dejado un testimonio más preciso de su llegada.

Fuentes Consultadas:
True Action Aventures
Grandes Aventuras del Siglo XX Fascículo:2
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación

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