Masacre de San Patricio Ataque a Curas Palotinos Asesinato de Curas



Masacre de San Patricio – Ataque a Curas Palotinos

UNA HISTORIA DE PALOTINOS:
Por Pablo Salvador Fontana. *

¿Quién diría que ese hombre que acaba de entrar, protegido del frío con una campera gris y una bufanda, alguna vez fue sacerdote?

Llega con su mujer, Ana y apenas se acomoda en la silla cuenta que nunca le gustaron las sotanas. Lo dice y se abalanza sobre el plato de facturas con un gesto que rompe cualquier pose. De quién nos referimos es Roberto Killmeatte, sobreviviente de la masacre de “San Patricio”, ocurrida el 4 de julio de 1976, cuando un grupo de tarea de la ESMA entró en la parroquia de los palotinos en el barrio de Belgrano, y asesinó a tres sacerdotes y dos seminaristas.

Los dos cineastas, Pablo Zubizarreta y Juan Pablo Young, directores del documental “4 de Julio”, que recrea aquella historia, eran muy chicos (tenían 3 y 6 años) cuando ocurrió, pero vivían muy cerca, a pocas cuadras de la iglesia ubicada en Estomba y Etcheverría.

Cómo comienza la historia…
En 1973, llegan varios seminaristas palotinos junto a Killmeatte, desde Brasil, y el ex cura recuerda: “… estudiábamos en la Universidad de Santa María, Brasil, pero con la vuelta de Perón y el clima que se vivía en la Argentina quisimos terminar de estudiar dentro del país. Aunque inicialmente pensábamos en alquilar una casa en la que instalarnos con uno de los curas, la congregación nos mandó a la iglesia de San Patricio; entonces pedimos que, ya que íbamos a quedarnos ahí, los padres (Alfredo) Nelly y (Alfredo) Leaden vinieran con nosotros, como responsables de la parroquia”.

Killmeatte y sus compañeros eran una camada novedosa dentro de la congregación palotina ; un grupo que se sentía identificado con la “Teología de la Liberación” y la opción por los pobres. Como parte de ese proyecto, había abierto una misión en Los Juríes, en la provincia de Santiago del Estero.

El grupo, era parte de la propuesta de cambio que entendía lo político-religioso como dos pedazos inseparables de la misión pastoral. Esto lo pudieron averiguar los cineastas (Zubizarreta y Young), luego de cinco años de investigación sobre la organización.

Además, la mayoría de los estudiantes o seminaristas, eran estudiantes universitarios. Por eso, no es de extrañar que cuando se mudaron a Belgrano (B.A.), trastocaran todas las costumbres de la parroquia, hasta entonces de corte tradicional. Se negaron a tener cocinera, dejaron de cobrar por los casamientos, los novicios no usaban vestimenta clerical y trabajaban afuera de la parroquia. Algunos recuerdan todavía, las homilías del padre Alfredo Kelly, de tono encendido y contenido irritante para algunos sectores de la feligresía.

4 de Julio:

Ya avanzado el ´76, después del golpe, el padre Kelly daría un sermón que reflejó uno de esos picos de tensión, cuando denunció desde el púlpito que se estaban haciendo remates de los bienes robados a los desaparecidos y que feligreses de San Patricio habían participado de ellos.



La homilía quedó en la memoria como “el sermón de las cucarachas”, calificativo que Kelly usó para describir a quienes, dijo, ya no podía seguir llamando ovejas de su rebaño. Poco después, Kelly supo que estaba circulando por el barrio una carta en la un grupo de feligreses pedía su destitución, acusándolo de “ comunista”.

El padre escribió en su diario personal sobre su preocupación sobre el tema. Hora antes de los asesinatos, durante la cena, también habló de estos movimientos, preocupado por las consecuencias que podría implicar.

La noche de los crímenes, el 4 de julio de 1976, hubo testigos que vieron a un Peugeot negro estacionado frente a la iglesia, con cuatro hombres en su interior. Entre estos testigos, jóvenes reunidos en una casa vecina, estaba el hijo de un militar, que hizo la denuncia a la comisaría, la cual, mandó a un patrullero.

Un policía habló con los del auto y les dijo después a los denunciantes que no se preocuparan. Antes de retirarse, desde el patrullero soltaron que iba a haber un operativo para “reventar unos zurdos”.

A la mañana siguiente, el organista de la iglesia encontró los cinco cuerpos, acribillados en una habitación. Los asesinados fueron Salvador Barbeito, de 29 años, profesor de filosofía y psicología y rector del colegio San Marón; Emilio Barletti, de 23 años, también profesor, que estaba por recibirse de abogado.

Entre los sacerdotes, el padre Alfredo Leaden, de 57 años, que era delegado de la congregación de los palotinos irlandeses; Alfredo Duffau, de 65 años, que era director del colegio San Vicente Palotti y Alfredo Kelly, de 40 años, que era el párroco de la iglesia San Patricio.

Al lado de los cadáveres había escrita una leyenda: “Estos zurdos murieron por se adoctrinadores de mentes vírgenes”.

El Testimonio de Roberto Killmeatte (ex cura y compañero de las víctimas):

Killmeatte estudiaba teología en Colombia cuando ocurrió la masacre. Le mandaron un telegrama con la noticia de las muertes y la orden de no regresar a Buenos Aires. El entonces seminarista volvió a los dos meses. Y cuando se le pregunta por qué, responde: “…yo ya no quería estudiar más. Ellos eran la gente con la que había compartido los años más importantes de mi vida, porque desde el ´69 estábamos estudiando juntos, y de golpe estaban todos muertos”.



Sigue diciendo: “…yo quería saber qué les había pasado, por eso volví. Pero cuando llegué me encontré con que dentro de la congregación había habido cambios importantes. Se comenzaron a poner en duda nuestras actividades: que éramos zurdos, que teníamos armas…En el fondo, la congregación había entendido que los asesinatos habían ocurrido por nuestra culpa, la de los estudiantes.”

Para Killmaette comenzaba una vida de paria, primero lo mandaron a Roma a no hacer nada. Consiguió volver, pero al poco tiempo lo mandaron de vuelta a Irlanda. Aunque ya había terminado de estudiar, se demoraba su ordenación sin razón alguna.

En 1978, luego de pasar por largos interrogatorios, le permitieron convertirse en sacerdote. Pidió como destino la parroquia de Belgrano, donde lo relegaron a un lugar secundario: ocuparse de la misa de los niños.

Solo los chicos:

Zubizarreta (el cineasta) tiene una foto de esa época: es uno de los niños que aparecen rodeando al sacerdote en una suelta de globos. Y dice: “Fue el día en que Roberto izo volar un montón de globos, que dentro, contenían papelitos con mensajes para Dios. Para un chico ¿qué más simple y gráfico que eso? Ese tipo de cosas nos hacía participar en la iglesia pero desde otro lugar. Pero más allá de Roberto estaba la sensación de que en esa parroquia había un peso muy fuerte, una carga. Ahí estaba sucediendo algo muy pesado… yo lo percibía y también percibía el miedo. Eso fue muy importante en mi infancia.”

Mientras Roberto estuvo a cargo de la misa de los niños, armó un grupo de catequistas y profesionales y destinó lo recaudado en las colectas a un proyecto de autoconstrucción de viviendas en un asentamiento, Quizás esa haya sido al razón por la que, nuevamente, le dieran la orden de cambiar de destino, esta vez Juríes, la antigua misión en Santiago del Estero.

Sin castigo:

El crimen de los palotinos nunca tuvo justicia. Hubo una carta abierta durante la dictadura militar, pero todo quedó en la nada. En 1983, el juez Néstor Blondi reabrió el caso. Las pruebas fueron recopiladas por el periodista Eduardo Rimel en su investigación “La masacre de San patricio”.

El primer elemento fuerte es que un marino de baja graduación, se presentó en el Juzgado de Biondi y manifestó que un compañero de armas, de nombre Claudio Vallejos, le había confesado que él manejó uno de los coches en el operativo, mientras otros compañeros de armas entraban. Dio algunos nombres: Antonio Pernías como quien dirigió todo, el teniente de Fragata Aristegui y el suboficial Cubalo.

Otro elemento fue la declaración que hizo Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA, que contó que Antono Pernías se jactaba de haber matado a los palotinos.



Pero la investigación no avanzaría; Vallejos, el chofer, no pudo ser ubicado por la justicia (se fugó a Brasil). Llamado a declarar Pernías negó cualquier relación con el caso.

Volver a la vida laica:

Mientras el expediente volvía a quedar congelado Killmaette organizaba en los Juríes (Sgo. del Estero) a los pequeños productores y campesinos. Y otra vez, sus superiores de la congregación le ordenaron abandonar la zona. Ese año Killmaette se retiró del sacerdocio. Hoy vive en Bariloche. Se casó y tiene dos chicos. Tiene una chacra y armó una cooperativa de pequeños productores que, en cierta forma, es la continuidad de su trabajo anterior.

Cuando se le pregunta si le costó irse del sacerdocio, Killmaette se ríe y responde: “..cuando uno deja el sacerdocio debe hacer un proceso llamado de reducción al estado laical. Yo, cabeza dura, me puse firme en que quería dejar en claro por qué me iba ¿y por qué se va usted?, me preguntaban. Me voy por cuestiones sociales, les contestaba. No, usted no puede decir eso…no me querían dar la reducción, va a ser más rápido si usted dice otra cosa, me repetían. Diez años tardaron. Y me la dieron en latín”.

elogios importantes para la mujer

Defender la Memoria:

La masacre de los palotinos fue un punto de inflexión dentro de los sectores de la Iglesia que buscaban un cambio. A partir de entonces el miedo –y en especial la complicidad de la jerarquía eclesiástica con los crímenes- paralizó cualquier acción que fuera en esa línea.

Los cineastas Young y Zubuzarreta recuerdan que al mes siguiente mataron a Angelelli; luego a las monjas francesas, a la hija de Emilio Mignone, a otros cientos de laicos que trabajaban en las villas. Su documental aborda un punto hasta ahora poco transitado del tema, el de la complicidad de los propios feligreses con la persecución a los religiosos.

Pero también refleja el trabajo de quienes sobrevivieron por defender la memoria. Y para finalizar Young dice: “Si no hubiera conocido la vida de Roberto, no hubiera terminado de entender lo que pasó en San Patricio. 4 de Julio contiene las dos historias, cada una iluminando a la otra”.


* Profesor de Historia
BIBLIOGRAFIA: Vales, Laura, Página 12, edición del 8 de julio de 2007.

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