Precursores de la Arquitectura Moderna y sus Caracteristicas



Precursores de la Arquitectura Moderna Racionalista y sus Características

INICIADORES DE LA ARQUITECTURA MODERNA: Tres arquitectos europeos fallecidos entre 1965 y 1969 han efectuado con variadas técnicas y mediante realizaciones de distinto carácter una revolucionaria transformación de los conceptos arquitectónicos y urbanísticos en boga hasta comienzos del siglo XX, planteando alternativas a la ciudad tradicional y su modo de vida. Sus experiencias resultan plenamente transmisibles y su validez parece universal.

Pero la oposición con que frecuentemente tropezaron a lo largo de su carrera prosigue tras su muerte. Si unánimemente se reconocen sus méritos científicos y técnicos, la utilidad de sus métodos o la originalidad de sus creaciones, la aplicación práctica de todos ellos se ve obstaculizada po¡ la maraña de intereses económicos o la rutina administrativa.

Los precursores de la arquitectura moderna: Al estudiar las diversas tendencias que confluyen en la formación del movimiento moderno de la arquitectura, éstas se describen, generalmente, por su mayor facilidad de método, autónomamente y a través de sus maestros más destacados.

Racionalismo, organicismo, expresionismo, neoplasticismo, o también Gropius, Le Corbusier, Wright o Mies van der Rohe forman capítulos independientes en todos los tratados de arquitectura moderna.

Ello, a veces, puede sugerir o bien que aquellas experiencias surgen aisladas las unas de las otras, en el tiempo o en el espacio, o bien que su aparición se debe a las felices intuiciones o a las geniales intervenciones casuales de las grandes personalidades de la arquitectura.

Y ni una cosa ni otra son ciertas en realidad, pues es imposible aislar los movimientos arquitectónicos o tales personalidades creadoras del medio en que se han dado, ya sea en su aspecto cultural, ya sea en su aspecto economico.

En la sociedad industrial occidental los intercambios de influencias críticas y experiencias son tan intensos, que cualquier intento de individualizar con demasiada rigidez las fuentes o los productos de las diversas experiencias arquitectónicas contemporáneas es un intento fútil y vano.

En el mismo sentido, los llamados maestros, los «pioneros» (según expresión de Pevsner), han sido personalidades excepcionales capaces de reunir en sí mismas la formulación teórica más avanzada con la solución intuitiva más feliz, y constituyen la ilustración práctica más brillante y ajustada de lo que es la arquitectura moderna.

Sin embargo, así como es imposible imaginarse que si no hubiese existido Edison la humanidad estaría aún alumbrándose con luz de gas, así es descabellado pensar que sin un Le Corbusier no habría existido el racionalismo.

Los rasgos que caracterizan a la arquitectura moderna no responden al simple capricho de un grupo de arquitectos ávidos de innovaciones, sino que simplemente son el producto lógico e inevitable de las condiciones intelectuales, sociales y técnicas de nuestro tiempo.



La arquitectura moderna no debe interpretarse, pues, como una serie de nombres que protagonizan una serie más o menos conexa de acontecimientos o influencias, sino como el resultado de unas exigencias económicas, sociales o culturales sentidas a partir de un momento dado en países y ambientes diferentes, pero unidos por un mismo grado de desarrollo y por unos medios de comunicación cada vez más avanzados.

El Art Nouveau en el origen del funcionalismo: Un ejemplo claro de lo dicho anteriormente es la forma casi simultánea y muy coherente en que surgió en toda Europa el movimiento nacido en Gran Bretaña con el nombre de Art Nouveau, conocido luego en Francia como Modern Style y que luego también se denominaría Art Nouveau, como en Gran Bretaña.

Este movimiento tomó el nombre de Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Liberty en Italia y Modernismo en España.

«Aunque hoy sus atractivas formas recargadas, floreadas, naturalistas, puedan parecemos la antítesis del funcionalismo, es necesario considerar al Art Nouveau como la primera manifestación global de la arquitectura moderna, tras todo un siglo en que la arquitectura había perdido la brújula de la historia.

Mientras la técnica evolucionaba rápidamente, la arquitectura oficial se refugiaba en la construcción de pastiches que imitaban los estilos históricos. Fueron precisamente los ingenieros, expulsados con petulancia del campo del «arte» considerado exclusivo del arquitecto, los que actuaban de una manera más racional, lógica y, a la postre, más acorde con los presupuestos estéticos en gestación, en sus grandes construcciones.

El Art Nouveau tuvo, como dice Dorfles, «la luminosa intuición de la naturaleza del material que empleaba, el haber comprendido que con el hormigón y con el hierro se podían crear formas nuevas, formas derivadas, precisamente, de la funcionalidad de tales materiales y llenas de una singular poesía»

Víctor Horta, en Bruselas; P. H. Berlage, en Amsterdam; P. Behrens, en Munich; O. Wagner, J. Hoffman y J. M. Olbrich, en Viena; A. Gaudí y J. M. Doménech i Montaner, en Barcelona; Ch. R. Mackintosh, en Glasgow; H. Guimard, en París; etc., y, en cierta manera, L. Sullivan, en Chicago, adoptan los nuevos materiales constructivos y los nuevos procedimientos mecánicos para construir una arquitectura original que rompe con cualquier imitación de formas estilísticas pasadas.

Sin embargo, la intensa y brillante dedicación al estudio de las posibilidades que permitían los nuevos materiales, que era la principal virtud del Modernismo, se convirtió en su principal limitación al caer en el formalismo, en una búsqueda de la forma por la forma, quedando al margen de las nuevas funciones que la sociedad comenzaba a exigir de la arquitectura: la construcción a mayor escala, la edificación masiva de viviendas, etc., lo cual suponía el planteamiento radical de nuevas soluciones técnicas y formales.

Por eso fue un movimiento de breve duración, un movimiento de transición hacia el movimiento racionalista.

El racionalismo y sus creadores: El movimiento racionalista, que se desarrolla fundamentalmente durante el período comprendido entre las dos guerras mundiales, es el intento más importante de responder, mediante la adopción decidida de las teorías funcionalistas, a la pregunta de si es posible poner de acuerdo las exigencias artísticas con las necesidades prácticas y económicas.



Y el problema fundamental que aborda es el del divorcio entre arte y técnica, provocado por la llamada Revolución Industrial o, dicho de otra manera, la falta de adaptación del artista, del arquitecto, del diseñador o del artesano a los nuevos métodos de producción industrial.

Como dice L. Benévolo, «el artista, mecido en el sueño del genio y prendido en las redes de los prejuicios artísticos, llegaba a la «profesión» de la arquitectura sin una verdadera educación que le asegurara su independencia estética y económica. Su capacidad se limitaba sustancialmente a una serie de actividades independientes de la realidad de los materiales, de los procesos técnicos y de sus relaciones económicas. La falta de conexión con la vida de la comunidad lleva inevitablemente a esterilizar la actividad artística».

Y esto no sólo en el campo de la construcción de edificios o de ciudades. También en relación con el diseño industrial de objetos y utensilios de uso cotidiano, con el diseño gráfico, etc., existía este divorcio.

Cuando los imperativos del desarrollo del capitalismo fuerzan la necesidad de nuevos mercados para los productos industriales, surge una demanda de productos formalmente atrayentes, técnicamente correctos, económicos y producibles en grandes series.

El artista no está en condiciones de satisfacer esta demanda de la técnica por su inexperiencia para adaptar sus conceptos formales a los procesos prácticos de fabricación industrial.

La experiencia didáctica del Bauhaus y Walter Gropius:  Tras sus primeras creaciones antes de la Gran Guerra, como la fábrica Fagus de Alfeld an der Leine, en la que mostró sus preferencias por una arquitectura sencilla y lógica alejada de los estilos históricos, el berlinés Gropius fundó en 1919 la Bauhaus de Weimar -trasladada en 1925 a Dessau-, y cuya dirección abandonó en 1928.

 fábrica Fagus de Alfeld an der Leine

Fábrica Fagus de Alfeld an der Leine

Gropius dió respuesta más coherente, más completa y más importante a este problema la dio la escuela de arquitectura y diseño del Bauhaus fundada en 1919, en Alemania, por el arquitecto Walter Gropius. (abajo)

Walter Gropius



La enseñanza del Bauhaus insiste sobre todo en buscar la conjunción de la teoría y la práctica mediante el continuo contacto con la realidad del trabajo.

De esta manera, el nivel formal del trabajo del arquitecto o del diseñador no queda situado en una esfera independiente, origen de experiencias separadas de los intereses concretos de la sociedad, sino que se inserta decididamente en la actividad de la producción.

El trabajo artístico no tendrá ya como objetivo inventar formas nuevas porque sí, sino contribuir, por medio de estas formas, al enriquecimiento de la vida cotidiana de los hombres.

En este sentido el Bauhaus forma a sus alumnos en el conocimiento de las artes aplicadas, industriales y artesanales, produciendo paralela y realmente objetos y obras que no son concebidos como «obras de arte» singulares e irrepetibles, sino como obras producibles er; serie, industrialmente, y accesibles a toda la población.

elogios importantes para la mujer

Los presupuestos didácticos del Bauhaus, a pesar de haber desarrollado sus actividades pedagógicas y programáticas hacia los años veinte, siguen siendo plenamente válidos, aun cuando numerosas escuelas de arquitectura y diseño de nuestros días no los hayan todavía asimilado.

Walter Gropius dirigió la Escuela de Arquitectura de Harvard, en Estados Unidos, tras haber abandonado Alemania, a causa del nazismo. Pero, además de su importantísima actividad pedagógica, es uno de los grandes arquitectos del primer racionalismo, que alcanza sus más altas expresiones en la Fagus Werke, los edificios del Bauhaus y su rica producción americana.

mejores arquitectos

La Bauhaus: «La construcción completa es el objetivo final de las artes visuales… El arte no es una profesión; no hay ninguna diferencia esencial entre artista y artesano… Formamos una sola comunidad de artífices, arquitectos, escultores y pintores sin distinción de clase… Juntos concebimos y creamos el nuevo edificio del futuro que comprenderá arquitectura, escultura y pintura en una sola unidad, y que será levantado un dia hacia el cielo por las manos de millones de trabajadores.» (Del programa inicial de la Bauhaus.)

Entre sus aspectos característicos cabe destacar el trabajo en equipo y la colaboración de maestros creadores -Klee o Kandinsky entre los más conocidos-, la combinación de programas teóricos y prácticos, la producción de objetos en materiales variados (metal, madera, tejidos…) con destino a la industria, que pone a los alumnos en contacto directo con el trabajo.

Se produce una cooperación del artista con el mundo industrial a través de la formación artesanal, tratando no de inventar nuevas formas sino de modificar la vida humana a través de la forma, abarcando la habitación y su ambiente todo.

Desde las barriadas proyectadas en Alemania al dejar la Bauhaus, mostró Gropius un doble camino de soluciones: la distribución de las unidades de muchos pisos distanciadas entre sí, cuando la construcción es densa, y la prefabricación de los elementos particulares- que el arquitecto combinará libremente- para las viviendas unifamiliares.

En Inglaterra (1934-37) y luego en Estados Unidos, donde fue profesor de Harvard, más que sus proyectos y construcciones, hechos en colaboración con otros arquitectos, importa su labor aglutinadora de esfuerzos y su sentido de responsabilidad social, excluyente de la idea de genio individual.

Ludwig Mies van der Rohe: Nacido en Aquisgrán, formado en Berlín, director de la Bauhaus de 1930 a 1933, se trasladó a Estados Unidos, como Gropius, en 1937.

Fue otro gran pionero de lo que es la arquitectura de nuestro tiempo, tanto en su época europea, como en su numerosa y fundamental obra en Estados Unidos —también, como Gropius, emigró a este país a consecuencia de las dificultades de desarrollar su actividad en la Alemania nazi—, lleva a cabo un trabajo magistral mediante una arquitectura limpia, simple, donde la perfecta ordenación de la estructura produce una extraordinaria flexibilidad del espacio, no limitado sino modelado, dilatado por una hábil disposición de los elementos planos, paredes, techos y paramentos acristalados.

Ludwig Mies van der Rohe

Esta forma de concebir el espacio arquitectónico ya era evidente en una de sus más célebres y antiguas obras, como es el pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, y en otras muy importantes, como el Illinois Institute of Technology de Chicago o los imponentes rascacielos de Lake Shore Drive, también en Chicago.

Sus realizaciones en Europa muestran preocupación por los materiales y meticulosidad en la realización de los proyectos, que plantea con sencilla geometría, creando espacios limpios y elementales y ambientes continuos e ilimitados que nunca se cierran (Villa Tugendhat, de Brno, 1930).

Si sus ensayos europeos versan generalmente sobre edificios de una planta, en América logra los mayores éxitos en construcciones de rascacielos. Estos se caracterizan por un exterior formado a base de un elemento de calculadisimas nronorciones –generalmente un panel de acero y cristal– repetido a lo largo y ancho del mismo, y un interior organizado siempre de manera diversa e independiente.

En el Edificio Seagram de Nueva York (1956) crea además un espacio delantero que desvincula a aquél del agobiante trazado vial abriendo nuevas posibilidades urbanísticas, y realza la unidad volumétrica al utilizar bronce y vidrio atérmico marrón que eliminan el contraste cromático entre superficie y estructura; el mismo resultado consigue luego con materiales menos costosos: hierro negro y vidrio gris.

Edificio Seagram de Nueva York

Edificio Seagram de Nueva York

Su último edificio, la Galería Nacional de Berlín Oeste, es la culminación de otro de sus grandes temas: la gran sala, aislada tan solo por la estructura externa, en que los elementos constructivos son reducidos al máximo con paredes de vidrio.

Le Corbusier: Pero quizás el más famoso, el más conocido de todos los grandes arquitectos forjadores de la contemporánea renovación arquitectónica sea el suizo Ch. Edouard Jeanneret, conocido por Le Corbusier. Puede ser calificado como el teórico más ambicioso y revolucionario de la arquitectura contemporánea.

Sus planteamientos más grandiosos alcanzan a la construcción de la nueva ciudad que da satisfacción plena a las necesidades de la vida moderna.

Su proyecto (la Ville radieuse), perfeccionado a lo largo de su existencia, comprende largos edificios acoplados en ángulo recto, separados al menos 200 metros del más próximo; grandes autopistas cruzan el entramado urbano sobre columnas, preservando el terreno para los peatones; los centros fabriles, comerciales o administrativos se alzan en las cercanías, aislados.

Para el diseño de la vivienda, Le Corbusier parte también de premisas humanistas: las necesidades físicas, psíquicas y espirituales de la persona deben ser tenidas presentes al dar forma a cada uno de los elementos de su morada. En el límite del racionalismo propone la medida humana como base de toda construcción: el modulor.

Si en urbanismo sus ideas se hallan aún lejos de ser llevadas a la práctica con generalidad, la arquitectura del hormigón ha sido decisivamente influida por sus postulados.

le corbusier

Le Corbusier ha sido el protagonista de la divulgación de los programas e ideas generadoras del movimiento moderno. Sus tesis, a veces demasiado simplistas para el lector actual, son brillantes y sugestivas, y han servido para popularizar el movimiento y crear un lenguaje que es hoy común en muchos ámbitos.

El empleo audaz del hormigón armado en sus construcciones, interpretando la estructura como un «esqueleto», es su principal aportación: las columnas permanecen libres formando, en su conjunto, un esqueleto independiente de los muros, tanto exteriores como interiores.

De esta forma, el espacio interior del edificio se puede modelar a voluntad empleando tabiques de formas variadas, planos o curvos, lo que llama «plan libre» o «planta abierta».

El techo es plano, lo que permite incorporar, utilizar la cubierta del edificio como «terraza-jardín»; principios materializados en la Ville de Garches y en la Ville Saboye, en Poissy, Francia. Le Corbusier defiende que los elementos de la arquitectura actual deben ser reconocidos en los productos industriales: barcos, aviones, automóviles, y define la casa como «una maquina de habitar» que debe construirse en serie.

Su actividad como arquitecto, como escritor y como urbanista ha sido inagotable hasta nuestros días: La Ville Radieuse, modelo ideal de ciudad concebida como un conjunto de grandes bloques entre amplias zonas verdes; el «modulor», norma de medida o módulo constructivo, basado en las dimensiones de la figura humana en relación con el espacio en que habita; la «grille ciam» o malla geométrica, que emplea en la elaboración de esquemas de desarrollo urbano, etc., son conceptos que han sido ampliamente divulgados en sus escritos y, a veces, aplicados en sus obras de arquitectura o de urbanismo; el edificio de viviendas de la Unité d’habitation, en Marsella; Chandigard, nueva capital del Punjab en la India; el convento de la Tourette, cerca de Lyon, son algunas de sus más importantes obras.

vila savoye lecorbosier

modulor de le corbusier

El «modulor» de Le Corbusier (Ver:Proporciones Humanas, de Vitruvio)

Frank Lloyd Wright: Aunque corramos el peligro de esquematizar las cosas excesivamente, en la arquitectura contemporánea coexisten, a pesar de que sus presupuestos básicos pueden muy bien coincidir, dos tendencias diversas: una hacia lo racional y lo geométrico (ejemplificadas en gran parte en las obras de Gropius, Mies van derRohe y Le Corbusier), y otra que hace más hincapié en lo orgánico y que, en cierta manera, asume y expresa aspectos irracionales en el proceso creativo.

Frank Lloyd Wright debe citarse inevitablemente como la cuarta gran personalidad de la arquitectura moderna.

Durante su dilatada carrera arquitectónica ha sido un apasionado defensor de esta segunda tendencia, tanto a nivel propagandístico como a través de su obra arquitectónica.

Su rechazo de las formas rígidas y mecánicas, su desprecio de una excesiva estandarización y su búsqueda de formas en cierta manera acordes con las que se dan en el mundo natural, orgánico, serían las características más acusadas de su arquitectura, las cuales aparecen perfectamente demostradas, entre otras, en su famosa Falling Water (Casa de la Cascada), en BearRun, Pennsylvania; en su antigua casa Robie, en Chicago, o en la extraordinaria fábrica Johnson, en Racine, Wisconsin.

Fuentes Consultadas:
Función de la Arquitectura Moderna – Colección de Biblioteca Salvat «Grandes Temas» , Tomo 32
Maestros del Arte Aula Abierta Salvat Temas Claves Cuadernillo Nº5

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