Vida de Grandes Reinas de la Historia Juana de Castilla La Loca





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BIOGRAFIAS DE DESTACADAS REINAS DE LA HISTORIA

Aspacia de Mileto (-470 a -400)
Amante de Pericles
Cleopatra (-69 a -30)
Amante de Marco Antonio
Popea (30 a 65)
Amante de Nerón
Ana Bolena (1507 a 1536)
Esposa de Enrique VIII
Maria Tudor (1516 a -1558)
Esposa de Felipe II España
Isabel de Castilla (1451 a -1504)
Esposa de Fernando de Aragón
Catalina de Rusia (1729-1796)
Esposa de Pedro III
María Antonieta (1755-1793)
Esposa de Luis XVI
Dorotea de Hannover (1687-1757)
Esposa de Federico de Prusia

VIDA DE Juana de Castilla, loca de amor por Felipe de Habsburgo, una historia de un gran amor no correspondido, que marcó la tragedia de toda su vida, a tal punto que la historia la encasilló como “la loca”. La muerte sucesiva de los distintos herederos de los Reyes Católicos hizo que la corona, finalmente, recayera sobre su hija Juana y su marido Felipe. Juana había nacido el 6 de noviembre de 1479 en Toledo y, desde el principio, se le apreció un extraordinario parecido con su abuela, la reina Juana Henríquez, hasta tal punto que se cuenta que la reina Isabel la llamaba «suegra» y Fernando, «madre».

LA INFANCIA DE JUANA:  Al nacer fue una niña robusta, con tal notable parecido físico con la madre de Fernando, Juana Henríquez, que Isabel llegó a apodarla “suegra”. Pero, por desgracia, no heredó el temperamento de esta abuela, sino el de la otra, la madre de Isabel, recluida por su inestabilidad emocional, pues en su adolescencia empezó a manifestar los síntomas de desequilibrio que las circunstancias de su vida convertirían en locura.

Niña de inteligencia despierta, Juana dominaba el latín en la infancia  y parece haber tenido vocación religiosa en sus primeros años llegando, guiada por un afán penitencial, a dormir en el suelo o incluso a flagelarse. De haber nacido en el seno de otra familia, es posible que Juana hubiera terminado siendo monja. Tal posibilidad le estaba vedada perteneciendo a la familia real y más si se tiene en cuenta la política matrimonial de los Reyes Católicos. Así, cuando cumplió los dieciséis años, sus padres concertaron su boda con el archiduque Felipe de Austria, primogénito del emperador alemán Maximiliano I y de la duquesa

SU MATRIMONIO: Para lograr la armonía europea, los Reyes Católicos, que ya habían comprometido a su hija mayor Isabel con el rey de Portugal y a Juana con el flamenco archiduque Felipe, pactaron la unión de su hija menor, Catalina, con el heredero de Inglaterra, Arturo, y la de su hijo Juan con Margarita, hermana de Felipe.

Mientras Juana partía hacia Flandes para formalizar su boda con Felipe, el Hermoso, debía partir de Flandes hacia Castilla la princesa Margarita para casarse con el príncipe Juan.

Como demostración del poderío de su remo, los monarcas españoles prepararon un majestuoso acompañamiento para la princesa: a la carabela que conduciría a Juana, preparada con suntuosidad, la escoltaban siete buques de guerra, además de otros navíos que conducían su ajuar, Joyas y mobiliario.

Se había convertido entonces la princesita en una hermosa joven, de gran cultura, buena música y excelente bailarina, que se mostraba como la más brillante de las hijas de Isabel pero su carácter era difícil y generalmente mostraba un gesto hosco. Ya era famosa por sus bruscas iras, la turbulencia de su carácter y la tosudez para obtener lo que se proponía.

Juana y Felipe, la pasión y el desenfreno

Los primeros tiempos de la vida de Juana en tierras germánicas fue para ella de placer y dicha. Tras la severidad con la que fuera conducida desde su infancia en la corte española, se hallaba en un ambiente completamente diverso. La corte de Maximiliano, el padre de su esposo Felipe, era brillante, alegre, colorida y totalmente desprejuiciada. Desde el comienzo de las relaciones conyugales de su hija, Isabel se hubiera sentido consternada.

Cuando Juana, que era una bella jovencita, y Felipe, que por algo llevaba el sobrenombre de “Hermoso”, se conocieron en la ciudad belga de Líerre, se sintieron atraídos el uno por el otro, y encendidos de tal pasión que, atrepellando las reglas del protocolo y aun las del decoro, obligaron al capellán a adelantar la bendición matrimonial, para poder consumar su unión carnal.

Y lo hicieron esa misma noche en una de las habitaciones del hotel que albergaba a la princesa. Al día siguiente la pareja volvió a casarse en una ceremonia formal, antes de partir para Bruselas.



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Los primeros tiempos de esa unión transcurrieron entre las efusiones del más ardiente de los amores. Pero pronto Felipe, aficionado a la variedad de las aventuras amorosas, y para quien Juana fue sin duda tan sólo un juguete sexual, comenzó a entregarse a amoríos con cortesanas, lo que llevó a Juana a protagonizar furiosas escenas de celos. Esa actitud comenzó a presentar a la princesa española como nerviosa e histérica, e inició la fama de loca que más tarde otros actos harían notable.

LOS HIJOS DE JUANA DE CASTILLA:  La península española en proceso de unificación, mediante el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, conocidos como los reyes católicos, había incorporado recientemente a sus riquezas las promisorias tierras del Nuevo Continente: América. Sin duda, excelente dote para los numerosos hijos del matrimonio. Muy exitoso en las negociaciones, Maximiliano casó a su hijo Felipe (llamado el Hermoso) con Juana de Castilla, y a su hija Margarita con Juan de Aragón, único hijo varón y heredero de los reyes peninsulares. Se estableció así una sólida alianza entre el Imperio Romano Germánico (o, por lo menos, entre la Casa de Austria) y los soberanos españoles.

Pero no todo ocurrió como se había previsto. Algunos meses después del casamiento, el Infante Don Juan muere. Maximiliano advierte a Felipe: “Tu hermana Margarita quedó viuda y sin hijos. Por lo tanto, cabe ahora exclusivamente a ti la responsabilidad de traer al Imperio la corona española”. El hijo Felipe, no lo decepciona: en siete años su mujer da a luz seis hijos, y el primogénito, Carlos, será el heredero del trono de España. Felipe no llega a ver el nacimiento de la última criatura, ya que muere en el año 1506.

LA PESADA HERENCIA DE LA TÍA MARGARITA, HERMANA DE JUANA

Los sucesivos casamientos entre los miembros de las familias reales europeas hacían que los lazos de parentesco se multiplicasen entre las cortes; después de algunas generaciones, los príncipes y princesas de Europa eran casi todos primos. Los casamientos diplomáticos eran en verdad uniones entre parientes, lo que provocaba frecuentemente la propagación de defectos hereditarios en un círculo restringido.

Juana de Castilla heredó, posiblemente, la “melancolía” de su abuela materna, Isabel de Portugal, madre de Isabel la Católica. También ella, después de la muerte de su marido, Felipe de Habsburgo, mostró síntomas más definidos de turbación mental, retirándose a Tordesillas. Dichos síntomas se repitieron todavía en Carlos V y en el nieto de éste, el Infante Don Carlos, hijo de Felipe II. La locura procedente de la línea portuguesa se agravó por los casamientos con sucesivas infantas del reino lusitano, y los reiterados matrimonios entre las ramas de la Casa de Austria acentuaron el peligro.

Los seis hijos de Felipe el Hermoso y  de Juana la Loca —como fue llamada— son entregados a Margarita. Corresponderá a la joven viuda una tarea muy importante: cuidar de la educación de sus sobrinos, y con especial atención, del primogénito Carlos, preparándolo para la futura tarea que habrá de desempeñar como rey de España.

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