La Vida de los Esclavos en el VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA



La Vida de los Esclavos en el Virreinato del Río de la Plata

VIDA DE LOS ESCLAVOS EN EL VIRREINATO

Esclavos en el Virreinato del Río de la PlataSegún algunos viajeros, los esclavos de Buenos Aires —la mayoría pertenecía a la familia étnica y lingüística Bantú— vivían en condiciones mucho mejores que en otras regiones de América, ya que se los empleaba, principalmente, para tareas domésticas y artesanales.

Se decía, incluso, que las criadas y criados de los jóvenes parecían amigos de éstos, porque compartían todas sus actividades sociales. Pero no hay que olvidar que eran esclavos y se vendían por 300 pesos.

Tampoco, que una de las causas más frecuentes de hospitalización era por los castigos infringidos por sus amos y que las mujeres estaban disponibles sexualmente para ellos, sus hijos y parientes.

Las africanas tenían fama de ser buenas amantes y con estas relaciones podían obtener un mejor trato, tanto para ellas como para los hijos que nacían de estos encuentros.

En 1813 se promulgó la libertad de vientres, que implicaba que los nacidos a partir del año siguiente eran libertos, es decir que obtenían la libertad luego de pasada su infancia. Hasta entonces, eran cuidados por los amos de las madres y después debían valerse por sí mismos para subsistir, en medio de los prejuicios raciales existentes. Esto los convirtió en una población sumamente vulnerable.

La población negra esclava llegó a conformar más de la mitad de la población de algunas provincias durante los siglos XVIII y XIX, y ejerció un profundo impacto sobre la cultura nacional. Aunque disminuyó marcadamente en número a lo largo del siglo XIX, por el efecto conjunto del aluvión migratorio fomentado por la Constitución de 1853 y la elevada tasa de mortalidad de los negros.

SOBRE LA ENTRADA DE ESCLAVOS AL PAÍS

Aun en momentos en que el tráfico de esclavos se legaliza, no deja de basarse en la corrupta complicidad de los funcionarios. Es así que la Compañía del Mar del Sur destina abultadas cifras para evitarse problemas con quienes ejercen el control, sumas escrupulosamente asentadas en las cuentas de los traficantes como en el caso del capitán del navío Royal George quien, en 1744, entrega a los funcionarios de Aduana del puerto de Buenos Aires ciento dieciocho mil pesos en piezas de ocho reales.

Entre 1716 y 1717 el capitán del Kingston había vendido en forma ilícita mercaderías y esclavos en el Río de la Plata a cambio de la entrega del veinticinco por ciento de los beneficios al gobernador. La maniobra llegará también a altos niveles europeos y los miembros de la Compañía sobornan al representante del Papa en Londres para que haga la vista gorda ante tan vil comercio a cambio de la entrega de mil libras esterlinas y una pensión anual de ochocientas.



El esclavismo comienza a revertirse cuando los ingleses, en franca expansión industrial, inician una vigorosa campaña para abolirlo. Es que el incipiente capitalismo tiene necesidad de evitar la competencia basada en la mano de obra gratuita, y además el sistema de trabajo asalariado genera ciudadanos con capacidad de consumo.

Ya años antes, en 1633, el promotor de la Compañía de las Indias Occidentales, Guillermo Usselink, sostenía: «Por lo mismo que en las Indias se ejecuta la mayor parte del trabajo por medio de esclavos y cuestan mucho, trabajan de mala gana y mueren pronto a causa de los malos tratos de sus amos, estamos seguros de que ha de sernos mucho más provechoso el uso de un pueblo libre; además el esclavo no deja otro provecho que su trabajo, porque yendo desnudo nada adquiere ni necesita de las industrias».

Las ganancias producidas por el comercio esclavista eran más que apreciables. Un negro «bozal», es decir recién llegado de África, se vendía en Buenos Aires a 80 pesos fuertes y en Potosí, verdadera devoradora de seres humanos en sus minas, podía ser revendido en 300 o 400 pesos. (Fuente: Héroes Málditos de Pacho O´Donnell)

Fuente Consultada Para El Contenido:
100 Historias de la Historia Argentina – Norberto Chab

PARA SABER MAS…
CIERR DEL DIARIO «EL PROLETARIO» , CUYA MISIÓN VELABA POR LOS DERECHOS DE LOS NEGROS EN ARGENTINA, Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota del Historiador César «Tito» Díaz

Sin duda alguna la presencia de los africanos en nuestra región ha dejado una enorme impronta cultural que con seguridad se prolongará en el futuro. En efecto, si bien se debe recalcar que no fue espontánea la llegada al Plata de estos «involuntarios inmigrantes», una vez ubicados en su destino, buscaron que su destierro se viera atemperado.

Y para ello instrumentaron una serie de medidas. Fue así que estos hombres y mujeres de tez oscura comenzaron a organizarse con el propósito de estar más juntos y, de esa forma, preservar sus costumbres, creencias, lenguas, etc. Por supuesto que tales intentos, si bien no fueron abortados, rápidamente fueron «controlados» por los diferentes poderes a lo largo del tiempo.

Las «cofradías», unas de las primeras organizaciones afro, agrupaban a los devotos de un santo en particular (San Baltasar, San Benito, etc.) y estuvieron vigiladas por la Iglesia. Otras, fiscalizadas por el poder político, se unieron por identidad territorial; así se originaron «las naciones» (Congo, Mina, Angola, etc.) cuya meta principal era la compra de la libertad de un esclavo, con la contraprestación de un interés del 5 por ciento sobre el monto abonado por su adquisición.

Como hemos visto, la necesidad de agruparse de los afro no sucumbió a lo largo del tiempo: sus descendientes continuaron organizándose, pero esta vez con otra característica, una agrupación en la cual sus propios miembros elegían a sus representantes, acorde a los momentos que vive el país.

Estas noveles entidades tenían objetivos mutualistas, en las cuales sus integrantes libres buscaban algún tipo de protección ante los imponderables que debían sortear, tales como la muerte del asociado o de algún familiar, así como también una gran preocupación por la educación de la comunidad. Tengamos en cuenta que en la actualidad funciona la Fraternal, dirigida por el señor Thompson y cuya creación se impulsó desde las columnas del periódico El Proletario, hoy desaparecido.



La piedra angular de esta breve experiencia periodística se halla, sin duda, en la cabal conciencia que poseían su director, Lucas Fernández, y sus colaboradores de que el camino hacia la integración de los afroargentinos se daría a través de este medio tan formidable, que no tenía precedentes ni en nuestro país ni en el mundo. De allí su recurrente prédica sobre la trascendencia de poseer un órgano propio para que el mensaje llegara a innumerables destinatarios.

Propendiendo así a que ningún afroargentino dejara de recibir instrucción con el fin de ejercer los derechos civiles que les confería la Constitución. Y, de ese modo, sumarse a la construcción de la figura identitaria de civilización que hoy impera en nuestro territorio.

Estas altruistas aspiraciones se vieron frustradas con el cierre inesperado de El Proletario. El editor explicitaba las razones por las cuales había incursionado en el azaroso mundo del periodismo: «No he tenido más móvil que me haya hecho empuñar la pluma que el bien y prosperidad de las familias de color; porque estoy profundamente convencido que ellas necesitan una mano amiga y de su propio gremio, que les ensanche el camino de la prosperidad, a que aspira todo aquel que se siente iluminado por la razón y tiene en su corazón un sentimiento de unidad, y en su mente un rayo de luz natural que Dios ha dado al hombre».

Creyó propicia la ocasión, también, para dirigirse al conjunto de la opinión pública y recalcar la importancia de la empresa en que se hallaba comprometido: «Sin envanecerme, confío en que la indulgencia de la gente ilustrada y sensata, sabrá apreciar mis esfuerzos, porque ellos tienden al bien de la humanidad, a la consolidación del edificio social, haciendo o propendiendo a que sea una efectivilidad la realidad práctica de los derechos e inmunidades del ciudadano de color. Por eso he asumido el rol de centinela de los sagrados derechos e intereses de nuestro gremio, que con el mayor sentimiento dejo temporalmente».

Esta lamentable pérdida obedece, según las propias palabras de su orientador, a la falta de un comprometido apoyo: «La moneda es una dama que se ha vuelto hoy muy coqueta y melindrosa». Como es de imaginar, la situación económica se hizo insostenible, máxime si consideramos que El Proletario carecía de publicidad y, por consiguiente, dependía casi exclusivamente de las suscripciones.

De tal modo tendremos que prescindir de las apasionadas polémicas entre los miembros de esta significativa colectividad que se ofrecían en el propio semanario. Atrás también han quedado las destempladas interpelaciones de El Nacional cuando se preguntaba: «¿Qué es eso de Proletario?», y los sugerentes pedidos de las damas de color de que el editor comentara las tertulias sociales del sector.

En fin, es de esperar que, tal como lo ha dicho su director, sea un retiro momentáneo de la arena periodística, ya que muchos descendientes de esclavos gozan hoy de un inmejorable momento económico y social, cuestión que se ve refrendada en la vida política pues tienen legisladores que los representan.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota del Historiador César «Tito» Díaz

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