Antecedentes del Arte en el Siglo XVIII Acontecimientos Historicos



Antecedentes del Arte en el Siglo XVIII Acontecimientos Históricos

ANTECEDENTES HISTÓRICOS EN EUROPA:
EL ARTE EN EL SIGLO XVIII:

Europa vio duplicada su población y, a la par de este crecimiento demográfico, se abrió al mundo. Se organizaron expediciones al Ártico, y se inició el reconocimiento sistemático de los mares australes. Los informes de los misioneros acerca de la civilización australes atrajeron a las élites cultas que desarrollaron el gusto por lo exótico.

Mientras Europa atlántica se enriquecía gracias al comercio triangular basado en el mercado de negros africanos y en la venta de productos tropicales, la otrora floreciente Europa del sur empezaba un lento declive económico. Se iniciaría con esto la expansión ce los países escandinavos, de Alemania y de la Europa danubiana.

Desarrollo de las ciencias y las técnicas

La puesta en práctica de los descubrimientos fundamentales efectuados en el siglo anterior por Galileo, Descartes, Leibniz y Newton provocó un verdadero «despegue» tecnológico. Los científicos contaban con instrumentos ópticos que multiplicaban la percepción visual y con instrumentos de medición fiable gracias al progreso de la relojería.

En un clima cultural favorable, se desarrollaron las matemáticas y la física, y proliferaron las sociedades de pensadores y las publicaciones especializadas. Las obras de divulgación despertaron el interés público y los trabajos de las academias comenzaron a contar con el apoyo de los soberanos. Se registraron progresos notables en geografía, botánica, mineralogía, medicina, farmacia, química y física. Fue el comienzo de la Revolución Industrial.

Ciencia Siglo XVIII

Ciencia Siglo XVIII

…Nuevas ideas
La razón no sólo se aplicó a las ciencias exactas, sino también a la religión, la filosofía, la historia, la política y la economía: todas fueron abordadas desde un pensamiento crítico. Como consecuencia de esto se denunciaron prejuicios, conservadurismos, injusticias, arbitrariedades e intolerancias, lo que equivalía a cuestionar las instituciones.

Sin embargo, el movimiento filosófico, animado por una visión optimista acerca del progreso que resultaba de la Ilustración, aconsejó reformas a los gobernantes, convencido de que la felicidad de la humanidad dependía de las virtudes morales. Las artes fueron investidas de una función pedagógica y los soberanos, ante el deber de velar por el bien público, desempeñaron un papel de guías. Se encararon importantes trabajos y se desarrolló la educación, con lo que se pudieron mejorar las condiciones de vida de los súbditos. Muchos príncipes suscribieron las nuevas ideas, gracias a lo cual se vieron reforzados su imagen y su poder.

Modernidad y Especificidades Británicas
La monarquía moderada del Reino Unido, alabada en Francia por Voltaire y Montesquieu, parecía ser el sistema de gobierno más moderno. El soberano reinaba, pero el «gabinete» gobernaba, apoyándose en la mayoría parlamentaria. La situación social difería radicalmente de la del continente: la nobleza, al menos parcialmente, lejos de constituir una casta pasiva o que viviese de sus rentas, tenía un espíritu emprendedor.

Administraba sus bienes, expandía la revolución agrícola o se volcaba hacia las inversiones comerciales e industriales. El avance tecnológico y la competitividad de los productos británicos fueron el resultado de la explotación del carbón y de los progresos de la metalurgia, que se manifestaron en la construcción de los primeros puentes metálicos y en la mecanización de las industrias textiles.



El desarrollo de una poderosa marina, su gran comercio y la agresividad en la conquista colonial caracterizaron a una Gran Bretaña en pleno ascenso. Debido a su anglicanismo fue poco receptiva al barroco y la arquitectura se centró en el estilo palladiano.

Los artistas, a menudo extranjeros, fueron contratados por las élites aristocráticas o la gran burguesía; pintaron retratos, pero también escenas de caza, paisajes y marinas; el paisajismo, en tanto, se transformó en una especialidad británica, en contrapunto a un precoz crecimiento urbano, generador de vicios sociales que, con gran humor, denunciaría el pintor y caricaturista William Hogarth.

Del barroco al neoclasicismo
Aunque se difundió tardíamente, la arquitectura barroca se extendió con una vitalidad creativa excepcional desde Italia hasta Alemania del sur, por la Europa danubiana y del norte. La península itálica desempeñó un papel esencial en lo que se refiere a la preservación de las formas; su incomparable patrimonio se transformó en tema de estudio privilegiado, motivo que justificaba la misión de la Academia de Francia en Roma.

Pero a mediados de siglo, las expectativas se modificaron radicalmente; el viaje a Italia, considerado obligatorio por los anglosajones, en lo sucesivo significaría entrar en contacto con los antiguos, es decir, la posibilidad de volver a las fuentes: arte etrusco y griego, por medio de las excavaciones de las ruinas de Pompeya y de Herculano.

El entusiasmo por la arqueología explica el éxito de Piranesi. así como la fortuna de Hubert Robert. Los alemanes Winckelmann y Mengs defendieron, en nombre de «lo bello», el retorno a lo clásico, de lo que los británicos ya estaban convencidos.

El Resplandor del Modelo Francés

La alicaída Francia de 1715 volvió a ser, durante la regencia y el reinado de Luis XV, un Estado rico y potente cuyo sistema político y administrativo era envidiado por los soberanos europeos. La lengua francesa fue adoptada por las élites y la Enciclopedia, leída en todas partes, se transformó en obra de referencia. A la muerte de Luis XIV, la corte abandonó temporalmente Versalles.

El nuevo «mercado del arte» se organizó en París, de lo que da testimonio la muestra de Gersaint, pintado por Watteau. Cansados de la pompa clásica, los nuevos comitentes, aristócratas y la gran burguesía buscaron un lujo confortable y un decorado agradable.

En el interior de los palacetes y en las habitaciones de dimensiones más modestas, se reemplazó la pintura histórica por revestimientos esculpidos y pintados con colores claros, alegorías simples, fiestas galantes, naturalezas muertas y decorativas figuras chinescas.

Se puso de moda el arte del retrato, ya fuera pintado o esculpido, aunque menos protocolar y más psicológico. Sin embargo, Luis XV, al nombrar a Marigny, hermano de madame de Pompadour, como director general de Obras y Manufacturas Reales. tomó posición en favor de la revalorización del «gran género» que había caído en desuso.



En París, la iglesia Sainte-Geneviéve (actual Panteón) de Soufflot simbolizó este neoclasicismo, mientras que pinturas  a las escenas moralizadoras de Greuze les siguió el historicismo cuyo Juramento de los Horacios, pintado en Roma, y expuesto en el  Salón de 1785, tuvo un papel emblemático en la refundación del gusto.

La era de las revoluciones
La élite intelectual europea tomó el partido de los insurgentes norteamericanos, cuya declaración de independencia en 1776, en reacción a la arbitrariedad metropolitana, parecía ser una aplicación de los principios de la Ilustración. El tratado de Versalles de 1783 consagró la independencia de los Estados Unidos, cuyo primer presidente, elegido en 1789, fue George Washington.

Cuando estalló en Francia la crisis de 1789, el ejemplo norteamericano estaba presente en todas las mentes. Luis XVI se vio obligado a convocar a los Estados Generales, los que se transformaron rápidamente en Asamblea Constituyente. Esta elaboró reformas jurídicas y políticas que respondían a las aspiraciones de los burgueses «patriotas»: supresión de las órdenes y de los privilegios, monarquía constitucional y sufragio censatario. Pero la oposición del rey. que movilizó a los soberanos extranjeros, y la del clero refractario fomentada por el papa, precipitó a Francia a la guerra civil y a la guerra exterior.

Esta, presentada como una cruzada de la libertad se transformó en postres de conquista y perdió el apoyo de las élites ilustradas, que sufrían la ocupación y el saqueo. Durante diez anos. Francia se transformó en político. El arte preocupaba mucho a los revolucionarios desenfrenos anticlericales les siguió una voluntad de salvaguardar el patrimonio de la nación. Suprimida la Academia Real, fue reemplazada por las Bellas Artes, y el Museo del Louvre, de reciente creación, vio acrecentadas sus colecciones con botines de guerra.

El poder organizaba grandes fiestas que renovaron las temáticas de las artes efímeras e inauguraron el arte de la propaganda. Sin embargo, numerosos y ambiciosos proyectos fueron imposibles de realizar por causa de la inestabilidad política y de los gastos militares.

Científicos, letrados y artistas tuvieron que pagar un duro tributo al terror. Un reducido número, muy ligado a la aristocracia, como madame Vigée-Lebrun, pintora de la reina, partió al exilio; muchos sufrieron la escasez de encargos; finalmente otros, siguiendo el ejemplo de David, revolucionario convencido, se comprometieron en una producción militante. David se unió a Napoleón y adquirió renombre internacional; su influencia fue primordial en la pintura de principios del siglo XIX, marcada por el clasicismo, el romanticismo y el academicismo.

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Tomo I

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