El Arte en el Siglo XVII Causas Antecedentes Historicos en Europa



El Arte en el Siglo XVII Causas y Antecedentes Históricos en Europa

ANTECEDENTES HISTÓRICOS EN EUROPA:
EL ARTE EN EL SIGLO XVII:
Cuando reinaban la escasez y el hambre, las epidemias de peste, las guerras, las rebeliones y aun las revoluciones, el siglo XVII presenció un notable desarrollo artístico, fruto de la reconquista católica y del deseo de los soberanos absolutistas y de las élites aristocráticas (o mercantiles en las Provincias Unidas) de mostrar su poder.

El liderazgo artístico italiano
En la primera mitad del siglo XVII , Italia había perdido su preeminencia bancaria y comercial. Políticamente dividida, estaba dominada por España, que regía el Milanesado, Nápoles, Cerdeña y Sicilia, y mantenía en su órbita la Toscana y Genova. Francia, para contrarrestar la dominación de los Habsburgo, protegía Parma, Piacenza y Mantua, e intentaba conservar su influencia sobre Saboya. Solamente Venecia y los Estados Pontificios escapaban de toda tutela.

A pesar de esta situación, la proyección cultural de Italia alcanzó su apogeo. Galileo fundó la ciencia moderna; la ópera y la commedia dell’arte seducían a toda Europa; ingenieros y decoradores, que eran maestros en las artes efímeras, organizaban las fiestas principescas.

Aun cuando Roma había afirmado entonces su preponderancia, Venecia, Genova, Bolonia, Florencia y Nápoles poseían comunidades artísticas activas que desarrollaban lenguajes autónomos.

Los fastos de una Iglesia militante
En su calidad de centro de la Contrarreforma, Roma había dado el ejemplo de un renovado estilo a partir de 1575, con la iglesia del Gesü, concebida por Vignola. La Iglesia confirió a la belleza, y por ende a las artes visuales, el carácter de un medio de seducción y de persuasión de los fieles.

Con el fin de estimular la emoción, la escenografía de la fe privilegió los retablos esculpidos y las pinturas en trampantojo para las bóvedas y las cúpulas. Obras de construcción religiosas o civiles transformaron la capital del catolicismo en un laboratorio artístico y urbanístico que propagaba las nuevas formas del barroco en Europa y hacia sus lejanas colonias.

El papado, con el acondicionamiento de la basílica de San Pedro, de palacios, plazas y fuentes, fue sin duda el mayor mecenas, pero todas las órdenes y congregaciones involucradas en la reforma tridentina hacían construir iglesias, conventos y colegios. Prelados, príncipes y embajadores, preocupados por mantener su rango, practicaban un mecenazgo activo.

Basilica de San Pedro

Basílica de San Pedro

Casi todos los artistas estimaban que el viaje a Italia era necesario para su formación. En Roma, una verdadera colonia extranjera, organizada en torno de la Academia de San Lucas, se codeaba con artistas venidos de toda la península.

El fin del Siglo de Oro Español
La decadencia política y económica de la España de los sucesores de Felipe II estaba disimulada por los fastos de la corte y por una producción artística brillante, tanto en el ámbito literario como en el pictórico. Pero el país se debilitaba: el enrarecimiento de los metales preciosos de América agravó el déficit de las finanzas reales, mientras que el dominio de territorios dispersos, la conservación de su hegemonía y la defensa del catolicismo exigían fuertes gastos militares.

El ejército sufrió reveses en la guerra contra Francia; estallaron revueltas en Cataluña, Napóles y Sicilia; Portugal recuperó su independencia. La sucesión de Carlos II desencadenó luchas encarnizadas entre las familias principescas, que, temiendo la hegemonía francesa, rehusaron reconocer a Felipe V, nieto de Luis XIV. Si el príncipe Borbón pudo finalmente, después de un conflicto ruinoso, instalarse en Madrid, ello fue a costa del desmembramiento de las posesiones españolas de Italia y de Flandes.



Alemania, desgastada por la Guerra de los Treinta Años
De 1618 a 1648, los territorios germánicos se transformaron en un campo de batalla europeo. El país fue asolado y la población diezmada. La novela satírica de Grimmelshausen Simplicius Simpllcissimus, así como los grabados de Caillot atestiguan la atrocidad de los combates, que inspiraron al jurista holandés Grotius para realizar la primera tentativa de codificación del derecho bélico.

Los tratados de Westfalia, en 1648, establecieron un compromiso religioso y redefinieron el marco político y territorial. España reconoció la independencia de las Provincias Unidas. Los Habsburgo de Austria perdieron su autoridad sobre Alemania; los príncipes lograron su autonomía frente al emperador.

Francia, Suecia y Prusia fueron favorecidas por notables ganancias territoriales. Las exacciones militares habían obligado a los artistas a partir al exilio; la paz y las reconstrucciones favorecieron una renovación. Los países protestantes del Norte fueron influidos por el arte holandés, y luego por el gusto francés; las regiones católicas adquirieron un rico patrimonio barroco de influencia italiana.

La Inglaterra de las revoluciones
La dinastía de los Estuardo, tentada por la imposición del absolutismo político y el retorno al catolicismo, fue vivamente criticada. La crisis estalló en 1640, durante el reinado de Carlos I, y se transformó en guerra civil. El rey fue vencido, juzgado y ejecutado en 1649. Cromwell impuso diez años de dictadura puritana.

Luego de su muerte, la Restauración no trajo consigo la estabilidad esperada. La «gloriosa revolución» de 1688 expulsó a Jacobo II, católico convencido, quien tuvo que dejarle el trono a su hija, esposa de Guillermo de Orange, príncipe protestante y adversario encarnizado de Francia.

La pareja real firmó el Bill of Right, que instituyó el régimen de compartir el poder con las cámaras parlamentarias. Se reafirmó el Habeas Corpus y la Iglesia Católica fue proscripta. La Inglaterra del fin del siglo, favorecida por tener el primer gobierno moderno fundado sobre el principio del contrato desarrollado por Locke, volvió a poner en marcha una política económica, comercial y colonial agresiva.

Los Países Bajos, desunidos: dos polos artísticos fecundos
Las Provincias Unidas protestantes, pero tolerantes, se vieron beneficiadas por una brillante prosperidad basada en el gran comercio colonial. Su federalismo favoreció el surgimiento de centros creativos: Leyden, Delft, Haarlem y Utrecht se resistieron a la dominación de Amsterdam.

La falta de pedidos religiosos o aristocráticos valorizó los géneros considerados en otras partes como de menor importancia. Retratos, naturalezas muertas (vanitas), escenas de género investidas de un simbolismo moral, paisajes que daban a conocer las riquezas de la nación, decoraban los interiores opulentos.

Los Países Bajos del Sur desempeñaron un papel activo en la reconquista católica y llegaron a ser el centro septentrional del barroco. El taller de Amberes de Rubens, que sabía rodearse de colaboradores talentosos, como Van Dyck y Jordaens, atendía todas las cortes europeas, y numerosos artistas flamencos se establecieron en el extranjero.

La Francia del Gran Siglo
El reinado de Luis XIV es considerado el apogeo del absolutismo. Este no se limitó a la esfera política, sino que se extendió a la religión, con la revocación del Edicto de Nantes, las persecuciones contra los hugonotes y la represión de la corriente jansenista.



Incluyó la economía, la creación de manufacturas reales y de compañías comerciales monopólicas que reforzaban el mercantilismo, y abarcó los ámbitos intelectuales y artísticos, considerados los mejores medios de propaganda del régimen: letras, teatro, música, danza, arquitectura, escultura, pintura, artes decorativas, controladas por las academias, debían estar al servicio del soberano y de su gloria.

Si el arte francés de la primera mitad del siglo se había inspirado ampliamente en las escuelas extranjeras, italiana, flamenca, lorenesa, y por lo tanto estaba marcado por influencias barrocas, el viraje decisivo correspondió al rechazo de los proyectos encargados a Bernini para el Louvre. La austera y rigurosa columnata de Perrault definió los criterios del gusto francés, una estética de la armonía y del respeto de reglas fundadas en la razón.

Durante todo su reinado, y a pesar de las vicisitudes de las derrotas militares, de los años de escasez y hambre y de las dificultades financieras, las obras de Versalles (castillo, jardines, villa, anexos del Trianon y de Marly) reunieron equipos de artistas notables (Le Vau, Le Brun, Le Nótre, y luego Mansart y su sobrino Hardouin-Mansart), tradujeron en el espacio el absolutismo de Luis XIV e instauraron el estilo francés en el que se inspiró la Europa de los príncipes.

En pintura, la Academia Real defendía la jerarquía de los géneros, que ella justificaba por la primacía concedida a la concepción de las obras sobre su realización y valorizaba la pintura histórica, el llamado «gran género», en detrimento de otros, por ejemplo, el retrato, la pintura de género, la naturaleza muerta y el paisaje.

Fuente Consultada: Historia Visual del Arte Tomo I

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