El Comercio de Esclavos Trata de Negros Africa America La Vida






El Comercio de Esclavos-Trata de Negros-África

EL COMERCIO DE ESCLAVO EN EL SIGLO XVIII: Una de las prácticas más abominables de la sociedad occidental premoderna fue la trata de esclavos del Atlántico, la cual alcanzó su climax en el siglo XVIII.

Los negros eran transportados en navíos sobrecargados, desde la costa occidental de África con dirección a América para venderlos como esclavos y emplearlos como mano de obra en las plantaciones.

Ya avanzado el siglo XVII un creciente coro de voces planteó serias objeciones a este tráfico de seres humanos. Este fragmento menciona la crítica que hace a la trata de esclavos un escritor anónimo francés.

comercio de esclavos“Diario de un ciudadano No bien han soltado sus anclas los barcos ante la costa de Guinea, el precio al que los capitanes han decidido comprar a los cautivos se anuncia a los negros, quienes compran prisioneros a varios príncipes y los venden a los europeos.

Se envían regalos al soberano que reina en esa parte específica de la costa, y se concede permiso para la transacción. De inmediato, los esclavos son traídos por inhumanos intermediarios como otras tantas víctimas arrastradas a un sacrificio. Los hombres blancos que codician esa parte de la raza humana los reciben en una choza pequeña que han levantado en la orilla, donde ellos se encuentran atrincherados con dos cañones y veinte guardias.

Tan pronto concluye la operación, el negro es encadenado y llevado a bordo del barco, donde se reúne con sus compañeros de sufrimiento. Aquí le vienen siniestras reflexiones a la mente; todo le azora y le asusta, y su incierto destino le produce la mayor ansiedad…

El navío iza velas con dirección a las Antillas, y los negros van encadenados a una cala del barco, una especie de lúgubre prisión donde la luz del día no penetra, y en la cual se introduce el aire por medio de una bomba. Dos veces al día se les distribuye algo de nauseabundo alimento.

La pena que los consume y el triste estado al que están reducidos los haría suicidarse si no fuera porque están privados de todo medio de atentar contra sus vidas. Sin ropa de especie alguna, les sería difícil ocultar a los ojos vigilantes de los marineros de turno algún instrumento idóneo para aliviar su desesperación.

El temor a una revuelta, como ocurre algunas veces en el viaje desde Guinea, es la base de un interés común y produce tantos guardias como hombres hay en la tripulación. El menor ruido o una conversación secreta entre dos negros se castigan con la mayor crueldad. En todo momento, el viaje se hace en continuo estado de alarma de los hombres blancos, quienes temen una revuelta, y en cruel estado de incertidumbre por parte de los negros, que no saben la suerte que les espera.

Cuando el navío llega a puerto en las Antillas, se lleva a los esclavos a una bodega, donde se les exhibe, como cualquier mercancía, a los ojos de los compradores. El dueño de la plantación paga según la edad, fuerza y salud del negro que está comprando. Hace que se lo lleven a su plantación, y allí lo recibe un supervisor que a partir de entonces se convierte en su torturador.

Para domesticarlo, al negro se le conceden algunos días de descanse» en su nuevo lugar, pero pronto se le da una azada y una hoz. T se le incorpora a un grupo de trabajo. Cesa entonces de preguntarse sobre su destino; comprende que sólo se demanda de él trabajo. Pero aún no sabe cuan excesivo será ese trabajo.

En realidad su trabajo comienza al alba y no termina antes del anochecer; se interrumpe sólo dos horas para la cena. El alimento que se le da por semana a un negro desarrollado por completo consiste en un kilogramo de carne de res o bacalao salados y dos cazos de potaje de tapioca…

A un negro de doce o trece años o menos se k da sólo un cazo de potaje de tapioca y medio kilogramo de carne de res o bacalao. En lugar de alimentos, algunos dueños de plantaciones les dan a sus negros la libertad de trabajar para sí cada sábado (y domingo); otros son menos generosos y sólo les conceden esta libertad los domingos y días festivos.”





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