Independencia de las Colonias Inglesas en America Desarrollo



Independencia de las Colonias Inglesas – Nacimiento de los Estados Unidos

Las Cartas Políticas de las antiguas Colonias Inglesas, el movimiento emancipador, la Declaración de la Independencia y la Constitución Republicana de los Estados Unidos tuvieron notable influencia en los modernos movimientos republicanos y democráticos. Sus principios repercutieron en la transformación de los regímenes europeos, influyeron en la revolución francesa y la mayor parte de las naciones sudamericanas imitaron su constitución.

Dos fueron las causas fundamentales que determinaron la fundación de las Colonias Inglesas:

1) el interés de grandes compañías comerciales que decidieron colonizar y explotar las nuevas regiones para lo cual obtuvieron privilegios del rey, e incluso la propiedad del territorio.

2) el absolutismo de Jacobo I y otros monarcas dispuestos * imponer el anglicanismo a todos sus subditos, que determinó una violenta persecución contra católicos y otras sectas protestantes. Muchos grupos decidieron emigrar y establecerse en el nuevo mundo. Grupos puritanos dieron origen a varias colonias. Un grupo católico fundó Maryland.

Algunas colonias surgieron de la división de grupos ya establecidos en América.

En contraposición a la colonización española, la inglesa se caracteriza por no haber intentado la asimilación de los grupos aborígenes. No se da tampoco el fenómeno del mestizaje, o entrecruzamiento de razas. Los indígenas fueron exterminados. Hubo, sobre todo en el Sur, una gran importación de esclavos negros como fuerza de trabajo.

Las colonias eran grupos europeos que se habían trasladado y se adaptaban a las nuevas condiciones de vida. Es notorio el espíritu de iniciativa que se desarrolló en ellos. Los grupos puritanos tuvieron peculiar influencia en el estilo de vida y organización de las Colonias.

Las Cartas Políticas

Las Colonias no tenían una organización uniforme. Pueden señalarse tres tipos:

1) Aquellas cuya explotación había sido concedida por cédulas reales a Compañías comerciales. Eran las llamadas Colonias de Compañías. Es el caso de Connecticut, Rhode Island y Massachusetts.

2) Otras que habían sido fundadas por concesión del rey a personas o grupos privados. Eran las llamadas Colonias de Propietarios. Maryland y Pensilvania eran de este tipo.



3) Colonias fundadas en nombre de la Corona. Eran las llamadas Colonias Reales. En esta situación estaban las restantes colonias.
Cada colonia se regía por su propia Carta Política en que se establecía las relaciones con la metrópoli, la forma de gobierno, los derechos y deberes de los colonos.

El gobierno estaba generalmente constituido por un gobernador, un consejo de gobierno, y una asamblea. El gobernador y los miembros del consejo eran comúnmente designados por el Rey o la Compañía correspondiente. Connecticut, Rhode Is-land y Massachusetts podían elegir todas las autoridades.

Tampoco era uniforme la designación de los miembros de la asamblea. En algunas colonias eran nombrados por la Compañía concesionaria; en otras elegidos por los pobladores; en otras, su designación era compartida.

En varias colonias hubo «declaraciones de derechos» anteriores a la declaración francesa. En todas se daba, aunque restringida, una verdadera participación y representación popular.

Las colonias cuyo origen fueron los grupos puritanos tuvieron gran influencia en la concepción republicana. Para estas sectas protestantes todos los fieles son sacerdotes y como tales participan igualmente en el culto y en la conducción de la Iglesia y de la Comunidad.

 

Independencia EEUU

Después de la guerra de los siete años entre Inglaterra y Francia , la política británica había tratado de obtener nuevos réditos de las trece colonias norteamericanas con el fin de pagar los costos del ejército británico que las protegía. Un intento por imponer nuevos impuestos a través de la Ley del Timbre de 1675 condujo a revueltas y al rápido rechazo de la ley.

 

La Declaración de la Independencia

Los colonos norteamericanos y los británicos tenían distintas concepciones sobre lo que debía ser un imperio. Los británicos preveían un solo imperio con un parlamento como la autoridad suprema, que podía elaborar leyes para todos sus subditos, entre éstos las colonias norteamericanas. Éstas, por el contrario, tenían sus propias asambleas representativas, y creían que ni el rey ni el Parlamento tenían derecho alguno a intervenir en sus asuntos y ningún impuesto podía ser aplicado sin la aprobación de una asamblea cuyos miembros representaran al pueblo.

Los colonos se consideraban ciudadanos ingleses y reclamaban para sí todos los derechos y privilegios de que estos gozaban en la metrópoli. Como ciudadanos ingleses participaron en la guerra de Inglaterra contra Francia.



Una serie de medidas económicas y de impuestos que los colonos consideraron injustos e ilegales provocó la tensión con Inglaterra y condujo a la separación e independencia de las Colonias.

En 1764 dos leyes, la ley del azúcar y la ley monetaria colonial, motivaron quejas y protestas de las Colonias. Las protestas no fueron atendidas.
Al año siguiente fue sancionada por el Parlamento inglés la ley del timbre o del estampillado. Todo documento legal o comercial debía llevar para su validez el correspondiente estampillado. Los periódicos, almanaques, barajas, dados y otros artículos debían también llevar estampillas fiscales. La compra o venta de estos artículos sin el correspondiente impuesto era considerado delito.

Por iniciativa de la Asamblea General de Massachusetts se reunió en Nueva York un congreso en el que participaron representantes de nueve colonias, el cual envió memoriales al Rey y al Parlamento protestando contra la ley del estampillado. También redactó una declaración de derechos y libertades. Entre otras cosas negaba al rey y al parlamento el derecho de establecer impuestos sobre las colonias, puesto que las colonias no estaban representadas en él.

La Corona suprimió la ley del timbre, pero afirmó sus derechos a imponer gravámenes a las colonias.

En 1767 la Corona dictó una nueva ley que creaba impuestos de aduana al vidrio, plomo, papel, té y otras mercaderías importadas con cuyo producto se debían pagar los sueldos de los funcionarios reales en las colonias. Esta medida motivó descontento. Una reunión ciudadana en Boston decretó el «boicot» a todas las mercaderías inglesas, actitud que fue imitada en las restantes colonias.

En 1770 se suprimió la ley que imponía derechos de aduana, pero este gravamen se mantuvo sobre el té. Hubo protestas violentas en Filadelfia y Nueva York. En Boston un grupo de ciudadanos, disfrazados de indios, subieron a los barcos y arrojaron el té a la bahía. Jorge III reaccionó enérgicamente. El Parlamento inglés sancionó las llamadas cinco leyes intolerables que disponían:

— clausura del puerto de Boston hasta que se restituyese el valor del té;
— el rey nombraría a los funcionarios coloniales;
— los procesos judiciales motivados por estos incidentes se reservaban a la metrópoli;
— se enviarían tropas inglesas a Massachusetts y se anularía su constitución;
— los católicos del Canadá gozarían de libertad religiosa.

En mayo de 1774 la Asamblea de Virginia convocó un Congreso general de las colonias.

El Congreso se reunió en septiembre en Filadelfia. Asistieron delegados de todas las colonias, excepto Georgia.

El congreso redactó una declaración de derechos e injusticias, en la que proclamaban su voluntad de unión con Inglaterra, al tiempo que declaraban:
— los habitantes de las Colonias «son dueños de sus vidas, haciendas y libertades y ningún soberano puede disponer de ellas sin su consentimiento»;
— las colonias de Su Majestad deben gozar de todas las libertades y privilegios contenidos en las cartas reales;
— las colonias deben tener sus representantes en el Parlamento.



El memorial quedó sin respuesta. Las tensiones se agudizaron, Massachusetts fue declarado en rebeldía y comenzó la lucha armada que desde el principio favoreció a los colonos.

En 1775 se reunió nuevamente un Congreso en Filadelfia para hacer frente a la situación y decidió la creación de un ejército colonial a cuyo frente se puso a Jorge Washington.

El 4 de julio de 1776 el Congreso reunido en Filadelfia declaró la independencia de las colonias. El documento de la Declaración, cuya redacción fue encargada a Tomás Jéfferson, proclama como verdades evidentes los siguientes puntos:

— todos los hombres nacen iguales;
— a todos les confiere el Creador derechos inalienables, entre los cuales están el derecho a la vida, a la libertad, y a la búsqueda de la felicidad;
— para garantizar estos derechos los pueblos instituyen gobiernos, cuyos poderes derivan del consentimiento de los gobernados;
— cuando una forma de gobierno tiende a destruir estos fines el pueblo tiene derecho a reformarla o aboliría y a instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios;
— el pueblo tiene derecho a organizar sus poderes en aquella forma que garantice su felicidad.

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En noviembre de 1777 el Congreso aprueba los «Artículos de Confederación y Perpetua Unión entre los Estados», que se envía para su ratificación a los distintos Estados y por la que se establece:

— cada Estado conserva su soberanía, libertad e independencia;
— se creará entre ellos una Confederación, cuyo nombre será Estados Unidos de América;
— se reunirá un Congreso Nacional formado por representantes de todos los Estados.

LA GUERRA: En 1777 los americanos vencieron a los ingleses en la batalla de Saratoga. Entretanto había llegado un ejército francés, y España había mandado provisiones y armas procedentes de México y las Antillas.

En el año 1781 unos 8.000 soldados británicos fueron rodeados en Yorktown (Virginia) por la alianza franco norteamericana bajo las órdenes de Washington. Los británicos pidieron la paz y en el tratado de París de 1783 se reconoció por fin la independencia de los Estados Unidos. Estaban cansados de lucha y de una guerra que no era popular, pues ambos pueblos eran demasiado afines y no existía odio real que justificara la matanza.

Desde 1770 hasta 1776 se sucedieron varias crisis, por lo que los colonos decidieron declarar su independencia del Imperio Británico. El 4 de julio de 1776, el Segundo Congreso Continental aprobó la declaración de independencia escrita por Thomas Jefferson. El controvertido documento político, que afirmaba los derechos naturales de «vida, libertad y la búsqueda de la felicidad», sostenidos por la Ilustración, declaraba que las colonias «son estados libres e independientes sin obediencia alguna de la corona británica». Formalmente, la guerra por la independencia de las colonias norteamericanas había comenzado.

De gran importancia para la causa de las colonias fue la ayuda de otros países ansiosos de cobrar venganza por las derrotas infligidas por los ingleses en guerras anteriores. Los franceses proporcionaron armas y dinero a los rebeldes desde el comienzo de la guerra, e incluso oficiales y soldados franceses sirvieron en el Ejército Continental bajo las órdenes del comandante en jefe George Washington.

Cuando el ejército del general Cornwallis fue forzado a rendirse ante la combinación de fuerzas norteamericanas y francesas y una flota francesa al mando de Washington, en Yorktown en 1781, los ingleses decidieron dar por terminada la lucha. El Tratado de París, firmado en 1783, reconocía la independencia de las colonias norteamericanas y garantizaba a sus colonos el control de los territorios occidentales que comprendían desde los Apalaches hasta el río Mississippi.

En 1787 una Convención Constituyente reunida en Filadelfia, a la que asistieron delegados de todos los Estados, menos Rhode Island, sancionó la Constitución de los Estados Unidos, en la que se agrega a los artículos de la Confederación una declaración de derechos y garantías sin la cual no se obtenía la ratificación de los Estados.

Esta Constitución establece:

— la forma republicana, representativa y federal;
— separación de poderes e independencia del poder judicial;
— la soberanía del pueblo como fuente de poder;
— la igualdad ante la ley; los derechos y libertades de los ciudadanos;
— la periodicidad en el ejercicio de las funciones políticas;
— la responsabilidad de los funcionarios y la publicidad de sus actos.

Líderes tan importantes como George Washington, Benjamin Franklin y James Madison pretendieron modificar algunos de los artículos de la Confederación, sin embargo fueron unos delegados los que tuvieron la idea de redactar una nueva legislación que dio como resultado la gran Constitución de los Estados Unidos de América que finalmente fue aceptada en 1788 tras muchas reuniones.

El gobierno central o federal se dividió en tres ramas, cada una con algún poder para verificar el funcionamiento de las demás. Un presidente desempeñaría las funciones de jefe del ejecutivo, con poder de ejecutar leyes, vetar las leyes de la legislatura, supervisar los asuntos exteriores y dirigir las fuerzas militares. El poder legislativo pasó a ser la segunda rama de gobierno, una legislatura bicameral compuesta por un Senado, elegido por las legislaturas estatales, y una Cámara de Representantes, elegida directamente por el pueblo. La Suprema Corte y otros tribunales, «según se juzgara necesario», por el Congreso, constituía la tercera rama del gobierno. Ellos harían cumplir la Constitución como «ley suprema del país».

La Constitución de Estados Unidos fue aprobada por un estrecho margen por los estados en 1788. Para su éxito fue de especial importancia la promesa de agregarle una carta de derechos a esta primera pieza del ejercicio del poder.

De acuerdo con esta promesa, en marzo de 1789 el nuevo Congreso propuso doce enmiendas a la Constitución; las diez que fueron ratificadas por los estados son conocidas desde entonces como Declaración de los Derechos, que garantizan las libertades de profesión religiosa, de expresión, de prensa, de petición y de reunión, así como el derecho de portar armas, de protección contra búsquedas y arrestos, de juicio a través de un jurado, de proceso legal establecido y de protección de los derechos de propiedad.

Muchos de estos derechos derivaban de la filosofía de los derechos naturales de los filósofos del siglo XVIII, muy popular entre los colonos norteamericanos. No es de extrañar que numerosos intelectuales europeos vieran en la Revolución Estadounidense la materialización de los sueños políticos preconizados por la Ilustración.

 

Fuente Consultada
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

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