Presidencias de Adams y Jefferson Resumen



PRIMEROS PRESIDENTES DE LOS ESTADOS UNIDOS
Washington, Adams y Jefferson

Elegido en 1789, con John Adams como vicepresidente, Washington prestó juramento en Nueva York, en el mes de abril. Sus primeros colaboradores fueron los hombres que habían desempeñado un papel decisivo en los años precedentes: Jefferson como Secretario de Estado (negocios interiores y exteriores), Hamilton en la Tesorería, Knox en la Guerra. Hamilton hizo un trabajo considerable: era el «hombre fuerte» del joven gobierno.

Independencia de los Estados Unidos

El Estado Federal reconoció por igual las deudas contraídas por los Estados, especialmente los certificados de paga entregados a los soldados durante la guerra, lo que hizo, por otra parte, la fortuna de los especuladores, que habían comprado a los interesados sus certificados, muy por debajo de su valor nominal.

Contra el parecer de Jefferson, que encontraba inconstitucional la medida, Hamilton creó un Banco Nacional (1791), con un capital de diez millones de dólares, de los que el Tesoro suscribía dos millones. El dólar se basó en el oro, cuya relación con la plata se fijó de 1 a 15, lo que después causó serios trastornos monetarios, cuando la gran producción de las minas de plata hizo bajar el precio de este metal, depreciándolo con relación al oro, que desapareció de la circulación. Filadelfia se había convertido en la capital provisional, mientras se construía una nueva ciudad en las orillas del Potomac.

La política exterior de Washington durante su presidencia puede calificarse de prudente. Deseaba un engrandecimiento progresivo, pero sin sacudidas. No quería triunfos diplomáticos que le dejaran profundos rencores y que le hicieran crearse enemigos en aquellos momentos. Los esfuerzos diplomáticos americanos habían resultado inútiles desde 1783 hasta 1789. Salvo algún éxito en París, sobre modificaciones de tarifas y en Berlín con la firma de un tratado de amistad con el rey de Prusia, Inglaterra y España no habían tomado muy en serio a los Estados Unidos.

España, dueña de las bocas del Mississippi, se negaba a permitir la navegación americana, impidiendo la expansión de la Unión más allá de los montes Apalaches. Inglaterra, a despecho de los tratados de 1783, seguía manteniendo sus puestos militares en la región de los Grandes Lagos, como garantía del cobro de los créditos que la Unión le debía.

El inicio del conflicto entre España e Inglaterra a raíz de una incursión de la marina española, provoca una situación inmejorable para los Estados Unidos. De una y otra parte comienzan a hacerse preparativos para una guerra que podría llegar a involucrar a toda Europa, ya que por el Pacto de Familia, Francia debería aliarse con España, mientras que, en virtud del Tratado de La Haya, Holanda debería hacerlo con Inglaterra. Pitt inició inmediatamente tímidos contactos para una negociación con Washington, pero éste se negó a conceder algo que no fuera una «honrosa neutralidad».

Sin embargo, con la firma del Tratado del Escorial, que restableció la armonía entre España y Gran Bretaña, Washington perdió su más importante baza en política exterior.

En el momento de estallar la Revolución Francesa, Washington, pese a toda la desconfianza que le inspiraba, se mostró conciliador, dado que continuaba viendo en Francia a su principal aliado contra Inglaterra. El 19 de febrero de 1793, la Convención decretaba abiertos los puertos franceses a los barcos americanos, equiparándolos así a los nacionales en el momento en que Inglaterra y Holanda habían ya declarado la guerra a Francia.

Pero Washington se mantuvo firme en su tesis de neutralidad, rechazando las propuestas del embajador Genet de armar en América naves corsarias para atacar a los barcos y colonias ingleses, cuando los barcos ingleses detenían a los neutrales que transportaban mercancías a los puertos franceses. Washington sabía, no obstante, que Jorge III temía ahora una guerra con los Estados Unidos y se dispuso a presionar a Gran Bretaña enviando a un delegado para negociar los siguientes puntos: indemnizaciones al comercio americano por los actos de la marina inglesa, asegurar la ejecución del tratado de 1783 y firmar un tratado de comercio.

El 19 de noviembre de 1794 John Jay y lord Grenville ponían sus firmas al pie de un tratado de amistad, de navegación y de comercio que preveía la indemnización completa, la evacuación de los Grandes Lagos antes del primero de junio de 1796, libertad de comercio americano con las Antillas inglesas y el libre comercio y navegación entre los Estados Unidos y Gran Bretaña, a cambio, entre otras cosas, de indemnizar a los subditos ingleses que hubieran sufrido las consecuencias del retraso del pago de sus créditos.



Un gran malestar se produjo al conocerse la noticia, pero pese a todo Washington ratificó el tratado, tras enfrentarse con el Congreso de mayoría demócrata. Tras ello España firmó con los Estados Unidos un tratado de libre navegación que fue ratificado por el Senado el 3 de marzo de 1796.

George Washington                    John Adams                Thomas Jefferson

JOHN ADAMS Y JEFFERSON
La vida política se organizaba, y se habían dibujado claramente dos grupos. De una parte, los Federalistas (Hamilton), partidarios de un ejecutivo fuerte, y que eran los grandes terratenientes, los ricos negociantes, los abogados y los notables. De otra, los Republicanos (Jefferson), apoyados por los pequeños granjeros y por los artesanos. La Revolución Francesa vendría a acentuar las divisiones; acogida, al principio, fervorosamente por Ids americanos, su rápida evolución hacia el radicalismo y el terror provocó ásperas discusiones.

Los Federalistas eran anglofilos, y los Republicanos apoyaban a Francia. Estos últimos se vieron perjudicados por la torpeza del ciudadano Genét, representante francés en Filadelfia, que deseaba que los Estados Unidos, en virtud del tratado de alianza de 1778, abriesen sus puertos a los navios franceses que participaban en la defensa de las Antillas, llevando corsarios contra los ingleses.

Washington quería mantener la neutralidad. Genét, llamado a Francia en 1799, se quedó en los Estados Unidos y se casó con la hija del gobernador de Nueva York, muriendo como rico propietario de tierras en las orillas del Hudson.

Jefferson se había retirado, en 1793, a su bella propiedad de Monticello, desde donde preparaba su vuelta a la política contra los Federalistas. Reelegido Presidente en 1792, Washington rehusó un tercer mandato en 1796, y fue elegido John Adams, candidato de los Federalistas, con Jefferson como vicepresidente.

Thomas Jefferson, principal autor de la Declaración de Independencia de 1776, fue nombrado embajador en Paris en 1785. Después fue elegido Presidente de los Estados Unidos. Durante toda su vida, admiró profundamente a Francia, hasta el punto de que se le han atribuido estas palabras: «Todos los hombres tienen dos patrias: la suya y Francia».

Las relaciones con Francia habían empeorado en 1798, hasta el punto de que los Federalistas hablaban de entrar en guerra contra el Directorio (el representante de los Estados Unidos, James Monroe, creyendo expresar la simpatía de su país por la Revolución, había sido censurado por su gobierno, deseoso de neutralidad). A causa de un incidente entre Talleyrand, ministro de Negocios Extranjeros del Directorio, y tres enviados americanos, los Federalistas decidieron crear una flota y organizar un ejército que intentaban confiar a Washington.

En sus filas entró la discordia, animada por la rivalidad de Hamilton y de Adams. Finalmente, en 1800, la gran victoria de Bonaparte en Marengo y la prudencia de Jefferson arreglaron las cosas, y se firmó un convenio comercial entre Francia y los Estados Unidos.

En las elecciones de 1800, Jefferson, a quien los Federalistas presentaban como peligroso revolucionario, ateo y terrorista, fue elegido Presidente contra John Adams. Washington había muerto en su propiedad de Mount Vernon, el 14 de diciembre de 1799, y empezaba una nueva era.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre



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