Segunda Fundacion de Buenos Aires Juan de Garay Historia de Bs.As.



Segunda Fundación de Buenos Aires
Juan de Garay

Fundada por segunda vez el sábado 11 de junio de 1580 la ciudad de la Trinidad y puerto de Santa María del Buen Aire se desarrolló muy lentamente y, en principio, expuesta a desaparecer, no tanto por la hostilidad de los aborígenes como por su precaria organización para la defensa ante el asedio de los corsarios. Su emplazamiento en el extremo sur de los dominios españoles la hizo altamente vulnerable en sus posibilidades de subsistencia dado que tampoco era importante como fuente de riquezas.

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Segunda fundación de Buenos Aires: Garay salió de Asunción con sesenta y seis personas, todas armadas a su costa, de las cuales diez eran españoles y los demás nativos, además ganado, herramientas, etc., y también un clérigo conforme lo estipulaban las ordenanzas sobre población.

Iba por tierra el grupo que conducía el ganado y el resto por agua, reuniéndose todos en Santa Fe. Después de tres meses de salir de Asunción fundaron la ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires. Empezaron a trazarla el 28 de mayo de 1580 media legua al norte del lugar que ocupó la primera; el acto de fundación tuvo lugar el 11 de junio del mismo año.

Dividió la tierra en doscientas cincuenta manzanas destinadas a los pobladores, delineó un fuerte, plaza Mayor, tres conventos y un hospital; cada poblador recibió fuera de la ciudad una huerta de cuatro hectáreas; se nombraron las autoridades y se eligió patrono de la ciudad a San Martín de Tours.

Los hombres de Garay y quienes les sucedieron tuvieron que aguzar su ingenio para mantener la plaza habitada y encontrar la forma de defenderla primero, y luego de prosperar, en un medio hostil y poco promisorio.

Una agricultura de subsistencia y el aprovechamiento del ganado vacuno encaminaron sus posibilidades de permanencia. Los historiadores coinciden en subrayar que en los primeros años se produjo una merma en la población originaria: los sesenta vecinos fundadores de 1580, se redujeron a cincuenta y hubo quienes aconsejaron levantar la plaza y trasladarla a otro sitio más apropiado.

Sin embargo, los pobladores que decidieron quedarse vencieron los inconvenientes del medio y Buenos Aires comenzó un lento crecimiento hacia fines de siglo.

En su estructura edilicia creció alrededor de su plaza principal, como todas las ciudades de América hispana. Las calles que la limitaban, las actuales Defensa, Rivadavia, Hipólito Yrigoyen y Bolívar, sirvieron de ejes para el establecimiento de los principales edificios públicos y viviendas de los primeros pobladores.

Garay delimitó el solar para el Fuerte, el Cabildo y la Iglesia Mayor y distribuyó espacios para las congregaciones religiosas: Santo Domingo, en las actuales Perón, Veinticinco de Mayo, Sarmiento y Reconquista y San Francisco, en e! solar que todavía ocupan. La manzana contigua a Santo Domingo al norte se reservó para el hospital. Sin embargo, éste recién se levantó treinta años después de la fundación y ocupó el solar comprendido por las actuales México, Defensa, Chile y Balcarce.

El resto del espacio se dividió en cuadras cuadradas de 140 varas de lado (121 metros) separadas por calles de 11 varas (9,50 metros) En total se calcula que el primer núcleo comprendía unas 144 manzanas limitadas por las actuales Viamonte al norte, independencia al sur, Veinticinco de Mayo-Balcarce al borde de la barranca y Salta-Libertad al oeste.

Los solares reservados para viviendas tuvieron una superficie de un cuarto de manzana en el casco urbano. Maipú y Chacabuco marcaban el límite y el resto era espacio destinado a chacras y corrales.

Entre Balcarce y el río se levantó la Real Fortaleza de San Juan Baltasar de Austria –como se llamó el primer fuerte emplazado en el solar que hoy ocupa la Casa Rosada-, muy precaria en sus comienzos fue objeto de numerosas reconstrucciones y ampliaciones a lo largo de dos siglos. En su interior se establecieron las Cajas Reales, la Contaduría, la primera Aduana, el Cabildo y la cárcel. Para mejor defensa, se la rodeó de un foso inundable que la separaba de la ciudad a la que se accedía por un puente levadizo.

La carencia de piedra para construcción limitó las posibilidades a los materiales disponibles: tierra, maderas, cañas y cueros. Las primeras casas fueron de tamaño reducido, de una sola planta hecha de esqueletos de tronco, muros de barro, techos de paja y piso de tierra apisonada.

Para la construcción de los muros el sistema más generalizado en toda América fue el de tapia, difundido por los árabes en España. Se fabricaba una caja de madera o encofrado y se rellenaba con tierra arcillosa mezclada con paja y estiércol, se apisonaba y se dejaba fraguar. Otras variantes fueron el esqueleto de postes y ramas formando la estructura que luego contenía una mezcla de barro y haces de paja; y el uso de adobe, masa de barro mezclada a veces con paja y moldeada con forma de ladrillo.

La endeblez de los materiales de estas primeras construcciones, expuestas a periódicos desmoronamientos por los efectos de las lluvias, obligaron a los porteños a remendar, y en algunos casos volver a construir, sus primeros edificios. En esto, fueron tan pacientes y obstinados como en su idea de permanecer en estas playas.



Después Garay realizó frecuentes viajes a Santa Fe y llegó a Asunción. En febrero de 1583 arribó al Río de la Plata el gobernador de Chile, que deseaba hacer el viaje por tierra.

Garay se ofreció a acompañarlo hasta el río Carcarañá para dejarlo ya en el camino; viajó en un bergantín y se internó en una laguna para acortar distancia, pero en realidad equivocó el rumbo; decidió entonces pernoctar en sus orillas sin dejar centinelas, pues tenía la seguridad de no correr ningún peligro. Los indios que acechaban, los atacaron durante el sueño, matando a Garay y a doce hombres más y otros quedaron prisioneros.

Muerto Garay, Vera y Aragón nombró a su primo Juan de Torres Navarrete que encargó a Alonso de Vera y Aragón (“Cara de perro”) fundar una ciudad en el camino al Perú. El 15 de abril de 1585 fundó Concepción del Bermejo, en la confluencia de los ríos Paraguay y Bermejo.

Finalmente, en 1587 el Adelantado ocupó su cargo, y envió a su sobrino Alonso de Vera (“El Tupí”) a fundar una población que sirviera de escala entre Asunción y Buenos Aires. El 3 de abril de 1588, con elementos sacados de Asunción, fundó San Juan de Vera de las Siete Corrientes; en esto tuvo participación destacada Hernandarias.

El Adelantado viajé luego a España para reclamar por la resolución de la Audiencia de Charcas que le prohibía conferir mando a sus parientes, pero no tuvo éxito en sus gestiones y renuncié, aunque el título podía ser heredado y pasó más tarde a su hijo Alonso de Vera y Zárate que fue gobernador y capitán general del Tucumán.

El gobierno quedó vacante y poniéndose en práctica la Real Cédula de 1537, Hernando Arias de Saavedra resultó elegido. Fue éste el primer gobernante criollo de Asunción. Su gobierno fue bueno; pacificó gran parte de su jurisdicción, donó el producto de sus tierras para mantener el colegio de Asunción, trató tan bien a los indios que el rey lo nombré Protector. Ejerció el gobierno varias veces por titulo propio y por el de los virreyes.

La corona lo designé gobernador por última vez el 7 de septiembre de 1614, y al terminar su gobierno, en 1617, la provincia del Paraguay fue dividida en dos gobiernos por una Real Cédula del 16 de diciembre: la de Guayra con Asunción como capital y la del Río de la Plata con Buenos Aires. La capital antes de la división fue Asunción hasta 1593 en que el gobernador Hernando de Zárate la trasladó a Buenos Aires, por ser puerto para España y lugar de internación para Tucumán y Chile.

El primer gobernador del Río de la Plata fue Diego de Góngora, en 1618, y el último, Juan José de Vértiz y Salcedo, cuyo gobierno se destacó por los progresos que implantó en la colonia. En 1541, los restos de la expedición de pedro de Mendoza castigados por el hambre y por los querandíes, vaciaron los ranchos que habían construido, quemaron el fuerte y escaparon hacia Asunción del Paraguay.

Casi 40 años más tarde, el 11 de junio de 1580, los españoles insistieron. Juan de Garay, junto con su esposa y otros 63 colonos, fundó la ciudad por segunda vez. Se cree que la ceremonia de fundación (ilustración de la derecha) fue en los terrenos que hoy ocupan la Plaza de Mayo.

Como antes, los querandíes intentaron expulsar a los invasores, pero los españoles habían llegado preparados con más y mejores armas. Los querandíes fueron derrotados en varias batallas, hasta que se retiraron al interior del país. Hasta el día de hoy, uno de los partidos del Gran Buenos Aires lleva en su nombre el recuerdo de esos sangrientos combates: La Matanza.

Garay no bautizó la ciudad con su denominación actual. Le puso Ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre. Pero desde el principio, la gente se acostumbró a llamarla por el nombre del puerto, que, con los años, se acortó hasta convertirse en Buenos Aires.

LA RIQUEZA GANADERA: Favorecidos por las condiciones del suelo y del clima de las llanuras pampeanas, los caballos traídos por Mendoza y abandonados luego al despoblarse Buenos Aires, así como las vacas y toros introducidos por Garay, se reprodujeron en gran cantidad y constituyeron la más importante fuente de recursos para los habitantes del Río de la Plata en la época hispánica.

Los pobladores de Buenos Aires habían recibido en propiedad solares e indios que fueron otorgados por Garay, y también el derecho de explotar el ganado salvaje. Debido a la falta de cercados los animales cimarrones se expandieron por el centro del país, y como otros colonizadores explotaban esa riqueza los habitantes reclamaron sus derechos sobre la misma.

Las tropillas de ganados cimarronas constituían un constante peligro para los pequeños sembrados que rodeaban a las ciudades y los labradores sufrían grandes perjuicios, pues los animales pisoteaban y destruían los cultivos de las huertas. Además, el ganado cerril amenazaba la vida de los viajeros que se animaban a recorrer las desoladas llanuras.

El sacerdote jesuita Tomás Falkner cuenta que cierta vez estuvo a punto de perecer arrollado por miles y miles de baguales. Con el fin de apoderarse de la carne, y especialmente del cuero y el sebo, que se exportaban, los blancos organizaban matanzas llamadas “vaquerías”. Muertos los animales se sacaban aquellos productos y el resto se desperdiciaba.

Los indios pampas, que habían aprendido a dominar el ganado caballar y bovino y a emplear sus productos, realizaban incursiones, llevándose gran cantidad de baguales. Durante el siglo XVII los araucanos venidos del sur de Chile se sumaron a los aborígenes de nuestro suelo y los conflictos entre blancos e indios por la posesión del ganado se hicieron más frecuentes, dando origen a numerosos encuentros sangrientos.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román





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