Biografía de Kim Phuc: El Símbolo de las Víctimas del Napalm en Vietnam

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¿Qué pasó con la niña del Napalm? -- Su vida en la actualidad

Datos Clave del Ícono:

  • • Protagonista: Phan Thị Kim Phúc (Nacida en 1963).
  • • El Suceso: Ataque con Napalm en la aldea de Trang Bang (8 de junio de 1972).
  • • El Fotógrafo: Nick Ut (Premio Pulitzer).
  • • El Impacto: La imagen que aceleró el fin de la intervención de EE.UU. en Vietnam.

Biografía de Phan Thị Kim Phúc: De la Tragedia a la Paz

1. El día que cambió todo (8 de junio de 1972) Kim Phuc tenía 9 años cuando aviones sudvietnamitas, en coordinación con el ejército estadounidense, lanzaron bombas de napalm sobre la aldea de Trang Bang, creyendo que allí se ocultaban fuerzas del Viet Cong. Kim corría por la carretera, desnuda, gritando "¡Nong quá, nong quá!" (¡quema, quema!). El fotógrafo Nick Ut no solo tomó la foto, sino que la llevó al hospital, salvándole la vida.

2. Una recuperación milagrosa Sufrió quemaduras de tercer grado en el 65% de su cuerpo. Pasó 14 meses en el hospital y se sometió a 17 operaciones de injerto de piel. Durante años vivió con dolores crónicos y movilidad reducida, pero su determinación la llevó a estudiar medicina en Saigón.

3. El uso político y el exilio Durante la década de 1980, el gobierno comunista de Vietnam la utilizó como un símbolo de propaganda de guerra, interrumpiendo sus estudios y controlando sus movimientos. En 1986, logró viajar a Cuba para continuar su formación, donde conoció a su esposo, Bùi Huy Toàn. En 1992, durante una escala técnica en Canadá mientras regresaban de su luna de miel en Moscú, ambos pidieron asilo político y se establecieron en Ontario.

4. El perdón como bandera En 1996, en una ceremonia por el Día de los Veteranos en EE. UU., Kim Phuc habló ante una multitud y declaró que, si pudiera hablar con el piloto que lanzó las bombas, lo perdonaría. Allí conoció a John Plummer, el capitán que coordinó el ataque, y se fundieron en un abrazo que dio la vuelta al mundo.

5. Embajadora y Madre Hoy, Kim es Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO y lidera la Fundación Kim Foundation International, que ayuda a niños víctimas de la guerra en todo el mundo. Vive en Canadá, tiene dos hijos y, tras décadas de tratamiento, logró mitigar sus dolores físicos gracias a terapias láser modernas.

Foto Nena Quemada Kim Phuc Guerra de Vietnam Gas Napalm

Kim Phuc es la niña de la foto. El 8 de junio de 1972, cuando su aldea de Tran Bang (Viet Nam del Sur) fue bombardeada, tenía 9 años. Abrasada por el napalm, se echó a correr por la carretera, aullando de miedo y dolor.

Todo el horror de la guerra quedó captado en esta fotografía de Nick Ut, reportero gráfico de la agencia Associated Press, y su difusión en el mundo entero contribuyó a poner un término al conflicto de Viet Nam.

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Kim Phuc tiene hoy 38 años y vive en Canadá con su esposo e hijos.

Aunque su cuerpo quedó marcado para siempre con los estigmas visibles e invisibles del napalm, ha perdonado a los que se los infligieron.

En un acto conmemorativo de la guerra del Vietnam celebrado en Washington dijo a los ex combatientes presentes que, si un día se encontrase cara a cara con el piloto que lanzó la bomba, le diría: “Ya que no se puede cambiar la historia, tratemos de hacer cuanto podamos por promover la paz”.

Dicho y hecho: Kim Phuc tuvo el gesto de abrazar a John Plummer, uno de los asistentes al acto que intervino en la coordinación del bombardeo de Trang Bang.

Foto Nena Quemada Kim Phuc Guerra de Vietnam Gas Napalm Simbolo HorrorKim Phuc es actualmente una de más fervientes militantes por la paz mundial, la no violencia, la tolerancia, el diálogo y la ayuda mutua.

En su calidad de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, se esfuerza sin descanso por promover el objetivo señalado en el preámbulo de la Constitución de la Organización:

"Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz ".

A pesar de sus terribles heridas, ha llegado a ser capaz de perdonar a los que se las infligieron.

"El perdón me liberó del odio. Todavía tengo las cicatrices físicas, y muchos días el dolor es intenso, pero mi corazón está en paz. El napalm es muy poderoso, pero el amor, la compasión y el perdón lo son mucho más".

¿Cómo lo ha logrado?.

Cuando me quemé en 1972, tenía 9 años.

Mi casa estaba en medio del sitio donde cayeron cuatro bombas de napalm, que alcanza una temperatura de 800ºC a 1200ºC, es decir, unas 8 a 12 veces más elevada que la del agua hirviendo.

El 65% de mi cuerpo quedó abrasado y tuvieron que practicarme injertos en el 35% de la piel, pero mi rostro y mis manos quedaron intactos, sin cicatriz alguna.

Las bombas no me destruyeron por completo como lo hicieron con familiares y amigos.

Más tarde empecé a soñar con llegar a ser médico para salvarles la vida a los demás, tal como habían hecho los que me atendieron durante los 14 meses interminables que pasé en el hospital.

Cuando salí de él, quise proseguir a toda costa mis estudios pese a las heridas y a los espantosos dolores de cabeza que padecía.

Era muy difícil. Como mis padres no tenían bastante dinero para medicinas, mi madre compraba trozos de hielo y me los ponía en la cabeza para calmar mis dolores, mientras que mi padre me daba ungüentos hechos con plantas conocidas por sus propiedades curativas.

¿Pudo acabar sus estudios?

No. Diez años más tarde, en 1982, tuve que sufrir otra prueba muy dura en mi vida.

Yo había ingresado ya en la facultad de medicina de Saigón, pero por desgracia los agentes del gobierno se enteraron un día de que yo era la niñita de la foto y vinieron a buscarme para hacerme trabajar con ellos y utilizarme como símbolo. Yo no quería y les supliqué: “¡Déjenme estudiar!

Es lo único que deseo”. Entonces, me prohibieron inmediatamente que siguiera estudiando.

Fue atroz.

No acertaba a entender por qué el destino se encarnizaba conmigo y no podía seguir estudiando como mis amigos. Tenía la impresión de haber sido siempre una víctima.

A mis 19 años había perdido toda esperanza y sólo deseaba morir.

¿Cómo recobró las ganas de vivir?

Como mis mayores me habían educado en la fe del caodaísmo, que se puede definir como una mezcla de confucianismo, taoísmo, budismo, me puse a rezar sin parar y a pasarme el tiempo con lecturas religiosas.

Sin embargo, nadie podía aliviar mis sufrimientos ni lograr que volviera a la facultad.

La duda me atenazaba: “Si Dios existe, ¿podrá ayudarme?”.

En cierta ocasión, un amigo me llevó a una iglesia cristiana de Saigón.

Aunque mi alma estaba sedienta de paz interior, me costaba mucho abrazar una nueva religión. Mi mayor deseo era encontrar una amistad, alguien a quien hablar y confiarme.

Había dibujado incluso su imagen en un papel.

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Un día que entré en la iglesia vi a una muchacha sonriente sentada en medio de la nave vacía.

Se hizo amiga mía.

¿Qué cambió ese encuentro en su vida?

Me sentí mejor enseguida, aunque todavía sintiera un vacío en mi fuero interno.

Solamente cuando encontré la fe en mí misma, se atenuó el dolor de las llagas de mi corazón.

Poco después el gobierno hizo demoler esta iglesia de Saigón y el pastor se fue.

Desde entonces, sola y sin ayuda de nadie, fui dejando que el sentimiento de perdón creciera en mi corazón hasta que empezó a embargarme una inmensa paz interior.

Esto no ocurrió de la noche a la mañana, porque no hay nada más difícil que llegar a amar a sus enemigos.

En vez de reaccionar de una manera “normal”, es decir con odio y deseo de venganza, opté por la comprensión, que por cierto no se alcanza en un día.

Desde 1997 es Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO,

¿cuál es su mensaje y cómo difunde los ideales de la Organización?.

Quiero que mi experiencia sirva a los demás.

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Fui quemada por culpa de la guerra y, hoy en día, quiero alentar a las personas a que se amen y ayuden entre sí.

Tenemos que aprender cómo ser más tolerantes, estar atentos a las personas, escucharlas, salir de ensimismamiento y ayudar a los demás, en vez de dejarnos llevar por la ira y el odio que sólo engendran deseo de venganza y violencia estériles.

La guerra sólo trae consigo padecimientos.

Por eso enseño a la niñita de la foto, porque su imagen es el relato de mi vida y de las consecuencias que en ella tuvo la guerra.

No hay padres en el mundo que quieran que vuelva a ocurrir lo que se ve en la foto.

Desearía transmitirles lo que he aprendido a valorar: He vivido la guerra y sé cuán inapreciable es la paz.

He sufrido mi dolor y sé lo que vale el amor cuando uno desea curarse.

He experimentado odio y sé cuál es la fuerza del perdón.

Hoy, como estoy en vida y vivo sin odio ni ánimo de venganza, puedo decir a los que causaron mi sufrimiento: “¡Os doy mi perdón!”.

No hay otro medio para preservar la paz y poder hablar de tolerancia y no violencia.

Esos son precisamente los ideales que defiende la UNESCO, pero es muy difícil perdonar, sobre todo en el contexto de una guerra.

Las personas siempre pueden elegir. Yo he optado por la reconciliación y mi vida se ha transformado. He dejado de ser una víctima.

Por eso digo a la gente: “Mirad, de esta manera encontré la paz. Así fue mi pasado y lo superé, y mi presente puede ser vuestro futuro si queréis.”

Los niños son los que mejor captan mi mensaje, por eso visito tantas escuelas como puedo para decirles: “Nuestro futuro está en vuestras manos, la paz es asunto vuestro. ¡Manos a la obra!”

¿Como difunde su mensaje?

En 1997 creé la Fundación Kim Phuc, que se dedica a ayuda a los niños que son víctimas de la guerra y la violencia.

En Timor Oriental y Rumania, así como en Afganistán recientemente, les prestamos asistencia médica, física y psicológica, suministrándoles prótesis cuando han perdido un miembro o ayudándoles a superar los traumas que han sufrido.

Sé lo difícil que les resulta a los niños hablar de ellos.

Estoy de todo corazón con las víctimas de las guerras que hay en este momento y, en beneficio suyo, no cejaré en mi empeño de propagar un mensaje de paz.

Bibliografía: "The girl in the picture", Denise Chong, Viking Penguin, Nueva York.
Existe una versión en francés: "La fille de la photo", Denise Chong, Belfond, París.

Fuente Consultada: Portal de la UNESCO

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