Intereses de EE.UU. en la Guerra de Vietnam Negocio de la guerra






Intereses de EE.UU. en la Guerra de Vietnam

“Veamos cuáles serían las consecuencias de perder Indochina … el estaño y el tungsteno que provienen de esa región, y que valoramos considerablemente, cesarán de llegarnos… Por eso, cuando los Estados Unidos votan 400 millones de dólares para ayudar esa guerra no estamos votando un obsequio.

Estamos votando por el medio más barato de prevenir que acontezca algo que tendría el resultado más terrible para nosotros… la pérdida de nuestro poder y habilidad para obtener ciertos elementos que necesitamos de las riquezas del territorio indochino y del sudeste de Asia”, dijo Dwight Eisenhower, en la conferencia de gobernadores de 1953.

A fines de 1970 la Comisión de las Naciones Unidas para Asia y el Extremo Oriente informó que las mayores reservas mundiales de petróleo se encuentran en la zona que abarca Malasia, Indonesia, Vietnam, Laos, Camboya y Tailandia, excediendo en conjunto a las reservas del Medio conjunto a las reservas de Medio Oriente y alcanzando al 50 % de las reservas mundiales. Ya más de 15 compañías norteamericanas, inglesas y francesas se disputan las concesiones en Vietnam del Sur donde los yacimientos parecen ser particularmente ricos en la llanura del Bajo Menan, en el delta del Mekong y en el litoral oriental.

El dictador Thieu se ha apresurado a favorecer la entrega de las riquezas nacionales en un renglón hasta ahora inédito promulgando una ley sobre prospección y explotación del petróleo que, entre otras cláusulas, anuncia que: “cada concesión podrá alcanzar la superficie de 20.000 km2 “; “cada compañía puede obtener hasta cinco perímetros de prospección”; “las compañías recibirán la garantía de que sus bienes y derechos no serán nacionalizados y poseerán el derecho de refinado del petróleo explotado”; “los beneficios podrán ser repatriados libremente”; etc.

El Gobierno Revolucionario Provisional de Vietnam del Sur ha declarado por su parte que: “Todo compromiso contraído por la administración de Saigón con cualquier país, compañía u organización extranjera, para la prospección y explotación de los recursos petrolíferos en el sur de Vietnam no tendrá ningún valor ni ligará en nada al pueblo survietnamita ni a su representante auténtico y legal, el G. R. P.”.

En los EE.UU., para los intereses ligados a los grandes trusts petroleros la guerra de Vietnam aparece ahora como un buen negocio, y eso explica por qué en una manifestación pacifista realizada por estudiantes norteamericanos frente al edificio de la ONU, los jóvenes portaban inmensos cartelones en los que se leía: “La guerra es un buen negocio, invierta a sus hijos”.

La que los Estados Unidos de Norteamérica que libró en Vietnam, tuvo características particulares sobre las cuales es preciso insistir. No se trata siquiera de las atrocidades cometidas, con cuya enumeración podrían seguramente llenarse millares de páginas, ya que partiendo de la basede que es tan atroz el cadáver de un bebé destrozado por el napalm como el cadáver de otro bebé asesinado de cualquier manera o que es tan criminal construir y mandar usar y arrojar una sola bomba de fragmentación sobre un solo ser humano como pretender exterminar con ellas toda una población, puede prescindirse de los horrores a los que todos hemos tratado de ser “habituados” durante la última década.

Las dos características de esta guerra, las que han hecho de ella un acontecimiento mundial al cual nadie puede permanecer ajeno, son las de ser una guerra imperial y una guerra racial. Los EE. UU. compraron a Francia su guerra perdida en el sureste asiático porque habiendo sido expulsados de Corea, no tenían otro medio de continuar luchando por mantener su poderío estratégico en el Pacífico y no verse obligados a retroceder nuevamente hasta Hawai.

Los EE. UU. no tenían siquiera antecedentes coloniales en Indochina que “justificaran” una defensa de intereses aunque fuera mal adquiridos; Indochina fue para ellos simplemente el lugar posible para dejar un pie en el Asia, en tanto que imperio mundial. Por eso los “justificativos” tuvieron que ser la defensa del mundo occidental de los avances del comunismo, por muy ridículo que pudiera sonar el hablar de amenaza al mundo occidental, cuando se trataba de que el comunismo avanzara en la península indochina o de “brindar” las ventajas de la civilización occidental y cristiana a pueblos que se civilizaron antes que occidente y adoptaron, antes de la era cristiana, formas de vida y pensamiento a los que no parecen dispuestos a renunciar.

Claro está que aunque los EE. UU. no tuvieran intereses ni bien ni mal habidos que defender en el Vietnam, tenían ya una estructura de superpotencia, a cuya grandeza habían podido acceder gracias a la explotación de todos los países dependientes que integran su área de dominación. Se trataba de extender esa área y, como se ha visto, las riquezas del suelo vietnamita le confieren una atracción que excede a la de una simple base militar. Además, la guerra de Vietnam es una guerra racial.

Por las mismas razones que hicieron que en 1945 la bomba atómica se arrojara sobre Hiroshima en el Japón, mientras nadie dudaba de la imposibilidad total de que hubiera sido arrojada en Europa, precisamente porque somos “occidentales” y blancos —imbuidos de la absurda creencia de que unos pocos países del hemisferio Norte constituyen el centro del mundo, mientras el resto constituimos la periferia— en Vietnam, que es también un país asiático, puede hacerse la guerra química, usar gases tóxicos, defoliantes, armas “experimentales” del mayor poder mortífero contra conglomerados civiles. Cuando a un prisionero se le corta la cabeza —contra todas las leyes de la civilización occidental— pueden tomarse fotografías y aún exhibirlas con la condición de que la cabeza cortada sea “de color”.

El poderío de los EE. UU. es inmenso, sería grotesco establecer comparaciones entre sus fuerzas y las del Vietnam aún considerando todas las posibilidades de ayuda que el pequeño país pueda recibir de los grandes países socialistas. Pero el mundo es redondo y no tiene su centro en Washington y cada vez son más los que lo saben.

La llamada civilización occidental y cristiana ha dado hermosos frutos de cultura de los que la humanidad tiene derecho a enorgullecerse y otros muchos menos hermosos que se traducen en la inicua repartición de la riqueza, en la enfermedad, el hambre, la ignorancia y la miseria de los más sobre las que se sustenta la opulencia satisfecha de los menos.

En todo caso, es una civilización y no la única, tanto más condenada a desaparecer cuanto más sus gendarmes se empecinen en imponerla a los pueblos decididos a no abdicar de su derecho a la autodeterminación.

guerrillera vietnamita

 Guerrillera vietnamita. En el Frente Nacional de Liberación confluyen varios partidos políticos, sindicales y
profesionales, junto a grupos budistas, católicos, caoístas y protestantes.


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