Metecos y Esclavos en Grecia Antigua Vida y Derechos



METECOS Y ESCLAVOS EN ATENAS DE PERICLES

Aunque es cierto que griegos ( y también los romanos)  fueron siempre sociedades esclavistas, no fueron ellos los inventores de la esclavitud. Ésta, según parece, empezó a existir cuando el hombre abandonó la vida nómada y se hizo sedentario. Todavía en la actualidad, a pesar de que la esclavitud fue prohibida en Occidente en el siglo XIX, hay muchos países donde existen formas de esclavitud más o menos encubiertas: explotación de los inmigrantes ilegales, trata de blancas, etc. En la antigua Grecia, se llamaba meteco al extranjero que se establecía en Atenas y que no gozaba de los derechos de ciudadanía. El número que vivía en Atenas ha sido evaluado en 70.000. Los metecos eran hombres libres, extranjeros de nacimiento, pero domiciliados en el Ática.

Para los griegos, por ejemplo, todos los no griegos, los bárbaros, eran considerados esclavos por naturaleza. Por eso la mayor parte de los esclavos griegos fueron extranjeros: tracios, escitas, etc. Algo parecido ocurría en Roma. Sin embargo, aunque no estuviera bien visto, también los propios griegos y romanos podían caer en la esclavitud. La mayor parte de éstos procedían de los prisioneros de guerra, pues se consideraba posesión del vencedor todo lo conquistado en una campaña militar, incluyendo los enemigos capturados. A veces, por este medio caían en la esclavitud ciudades enteras. La expansión territorial de los romanos inundó Italia de esclavos, lo cual explica su abundancia, especialmente durante los siglos II y I a. de C.

Un tipo muy frecuente de esclavitud, al menos en ciertos momentos, fue la esclavitud por deudas. Cuando un hombre libre no podía hacer frente a sus deudas con sus bienes, porque no los tuviera, debía responder con su propia persona o con la de los suyos. Así el legislador ateniense Solón (640-558 a. de C.) prohibió en el 594 que se pudiese poner como garantía de un préstamo la propia persona del deudor o de su familia. Los romanos prohibieron esta esclavitud en el 326 a. de C.

En la esclavitud también podía caer un hombre libre si, durante un viaje, tenía la desgracia de ser apresado por piratas. Se cuenta que el gran filósofo Platón (428-357 a. de C), fue apresado por piratas y vendido como esclavo. Un amigo suyo, Anniceris de Cirene, lo compró y le dio la libertad.

También era considerado esclavo el hijo de esclavos (en latín se denomina verna o vernáculus el esclavo nacido en casa —hijo por tanto de esclavos— frente al ingeniáis que es el hombre nacido de padres libres). Finalmente niños abandonados o vendidos por sus padres, y personas condenadas a penas que comportaban la pérdida de la libertad personal podían llegar a engrosar este próspero comercio de mercancía humana.

Esta tolerancia es uno de los fenómenos más extraordinarios del mundo antiguo. Generalmente, en efecto, nada protegía al extranjero: era, en el sentido propio, un fuera de la ley; el asesinarlo no hubiera desencadenado entonces ninguna persecución. Pero, quizá porque Atenas estimaba el trabajo, acogió a los trabajadores llegados del mundo entero y les concedió la protección de la ley. Bastaba tener un padrino, para ser inscrito en un registro. Pero el extranjero estaba sometido a una doble incapacidad; primero, no podía adquirir ninguna tierra, pues ésta escaseaba demasiado para que se pudiera pensar en compartirla.

QUIENES PODÍAN SER ESCLAVOS:
• Los bárbaros o extranjeros.
• Los propios griegos y romanos.

FORMAS DE CAER EN LA ESCLAVITUD:
• Prisioneros de guerra.
• Esclavitud por deudas.
• Esclavos nacidos en casa.
• Hombres libres capturados por piratas, niños vendidos por sus padres, personas con penas que implicaban la pérdida de la libertad.

cuadro clases sociales en atenas

En la antigua Grecia, se llamaba meteco al extranjero que se establecía en Atenas y que no gozaba de los derechos de ciudadanía. El número que vivía en Atenas ha sido evaluado en 70.000. Los metecos eran hombres libres, extranjeros de nacimiento, pero domiciliados en el Ática.

Por otra parte, el meteco no podía casarse con una ciudadana y, en consecuencia, sus hijos no podían llegar a ser ciudadanos. Aparte esto, se les trataba en las mismas condiciones de igualdad. Podían, incluso, recibir concesiones de minas, encargos del Estado, participar en la vida religiosa de Atenas. Sin embargo, en el Pireo sobre todo, los metecos del mismo origen preferían agruparse en cofradías, para celebrar su culto original.

A cambio de estas ventajas, únicas en el mundo, el meteco tenía deberes importantes: pagaba los mismos impuestos, debía cumplir el servicio militar.

Esta actitud liberal de Atenas con respecto a los extranjeros, estaba ligada a los intereses de la gran ciudad. Se encontraban metecos en todas las industrias y no se mostraban descontentos con su tarea.

Se les hallaba, sobre todo, en. el trabajo de los metales. Así, un meteco, el armador Kefalos, poseía un taller que reunía 120 obreros. Los metecos ocupaban también el primer lugar en el comercio. Atenas atraía a los grandes artistas y a los grandes pensadores: así, Hipodamos de Mileto, que construyó el Pireo, el pintor Polignoto de Tasos, el médico Hipócrates de Cos fueron huéspedes de Atenas. El éxito de la ciudad se debía, en parte, a la actividad de los metecos.

Atenas había demostrado que el cosmopolitismo, al poner en contacto técnicas y opiniones diversas, favorece el progreso y realiza una promoción del hombre.

Sin embargo, es preciso limitar nuestro entusiasmo. La mayoría de la población de Atenas estaba compuesta de esclavos. Todos los griegos pensaban que una sociedad, si quería sobrevivir, no podía prescindir de los esclavos. Aristóteles, además, consideraba que éstos no tenían alma. Pero recordemos que otras civilizaciones han utilizado proletarios, nacionales o extranjeros, para efectuar las faenas ingratas.

Los esclavos permitían a los otros ciudadanos desarrollar su inteligencia y ocuparse de la política. Egoísmo que no es exclusivo de Grecia. También debemos precisar que la suerte de los esclavos no siempre era deplorable. La mayoría de ellos provenían de la guerra (¡ay de los bárbaros vencidos!); otros, habían nacido en las casas, hijos de esclavas. Los piratas no cesaban además, de abastecer el mercado.

Estos esclavos no tenían ningún derecho: eran cosas; el dueño podía venderlos, frecuentemente por menos dinero que un buey. Sin embargo, los atenienses no fueron, realmente, demasiado duros con sus esclavos.

Los amos no tenían sobre ellos derecho de vida y muerte, y, refugiándose en el templo de Teseo, el esclavo podía siempre exigir ser vendido a otro dueño. Además, los sentimientos se encargaban de limitar la dureza de su condición: los esclavos eran frecuentemente tratados como miembros de la familia. El banquero Pasión llegó hasta conceder la libertad a uno de sus esclavos y le confió la gerencia de sus negocios; en su testamento lo nombró, incluso, tutor de su hijo.

El Estado era el principal propietario de esclavos; éstos ocupaban los puestos secundarios de la administración: bedeles de las asambleas, agentes de policía, etc. Los más desgraciados de todos eran los que trabajaban en las minas y en los molinos; a estos lugares, además, se enviaba a los esclavos de los que se tenían quejas.

El precio de los esclavos variaba mucho según su edad y aptitudes. Los esclavos más apreciados y por los que se llegaban a pagar auténticas fortunas eran los gramáticos, que luego servían en las casas más nobles como tutores o profesores particulares de los hijos de la nobleza. Entre los esclavos más valorados estaban los griegos, pues no olvidemos que tras la caída de Grecia en manos romanas el año 146 a. de C. miles de griegos fueron vendidos en Italia como esclavos y entre ellos había filósofos, arquitectos, médicos, además de gente común.

También se valoraba mucho la belleza, la habilidad para determinados oficios —como los cocineros—, etc. Sin embargo, lo normal era que un esclavo no costase mucho pues, como podemos ver en las comedias latinas, hasta los más pobres tenían algún esclavo en casa. A los esclavos de poco valor se les solía rapar la cabeza.

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Para el hombre clásico la existencia de esclavos (en griego doúlos y en latín servus) era tan natural como la existencia de hombres libres. Un filósofo de la talla de Aristóteles decía a este respecto: «Tras esto hay que examinar […] si es mejor y justo para alguien ser esclavo o no, o bien si cualquier esclavitud es contraria a la naturaleza. […] pronto, desde su nacimiento, algunos están destinados a ser mandados y otros a mandar.

[…] El ser vivo está constituido, en primer lugar, por alma y cuerpo, de los cuales la una manda por naturaleza y el otro es mandado.

[…] Al referirnos de nuevo al hombre y los demás animales sucede lo mismo: los animales domesticables son mejores que los salvajes, y para todos ellos es mejor estar sometidos al hombre, ya que así obtienen seguridad. También en la relación del macho con la hembra, por naturaleza, el uno es superior, la otra inferior; por consiguiente, el uno domina; la otra es dominada.

Del mismo modo es necesario que suceda entre todos los humanos. […] Aquellos cuyo trabajo consiste en el uso de su cuerpo, y esto es lo mejor de ellos, éstos son, por naturaleza, esclavos, para los que es mejor estar sometidos al poder de otro, […]

(Aristóteles, Política, I, 5, trad. C. García Gual y A. Pérez Jiménez).

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Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX


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