Las Fiestas, Juegos y Los Atletas en Antigua Grecia



LOS CUATRO GRANDES JUEGOS DE GRECIA ANTIGUA

Había en Grecia cuatro de estas fiestas periódicas en las que eran admitidos todos los griegos y que daban a los helenos la idea de que constituían una sola nación.

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Los juegos olímpicos se celebraban cada cuatro años en Olimpia, en la Elida, en honor de Zeus. Eran los más antiguos e importantes, porque atraían a los griegos de las grandes ciudades griegas de Sicilia e Italia.

Los juegos píticos, en Delfos, cerca del santuario de Apolo; se repetían también cada cuatro años desde el siglo VI (a.C). Consistían primeramente en concursos de músicos que cantaban, acompañándose de la cítara o de la lira, un himno en honor de Apolo. Se añadieron carreras de caballos y luchas. Los vencedores recibían una corona del laurel sagrado de Apolo.

Los juegos ístmicos, en honor de Poseidón, se celebraban en el Istmo de Corinto cada dos años, en verano. Consistían en luchas y carreras. Los vencedores recibían una corona de hiedra o de pino.

Los juegos nemeanos se celebraban cada dos años, en estío, en un valle solitario cubierto de árboles, cerca de una pequeña ciudad de Argólida.

Estaban consagrados al héroe Arquemoro (niño muerto por una serpiente) y consistían en luchas, carreras y concursos musicales. Las coronas eran de hojas de hiedra.

LOS ATLETAS

Los luchadores que se disputaban los premios se llamaban atletas (athlon significa premio). Se preparaban con largos ejercicios y un régimen muy penoso, que consistía unas veces en no beber vino y comer poco, otras en atracarse de carne y de bebida.

Los atletas de profesión alcanzaban a veces extraordinaria fuerza.

El más célebre fue Milón de Crotona, del que se referían hechos de fuerza sorprendentes.



Entre ellos que paraba un carro lanzado a toda velocidad con una sola mano; se cargaba un toro a las espaldas; se arrollaba una cuerda al cuello y la rompía hinchando las venas.

Ya viejo, quiso un día ensayar su fuerza en un tronco de árbol hendido; pasó la mano por la raja para acabar de romper el tronco, pero no pudo conseguirlo ni sacarla, quedó preso y le devoraron los lobos, otros decían que un león, sin que pudiera defenderse.

Los ejercicios preparatorios para la lucha llegaron a formar parte de la educación de los jóvenes ciudadanos griegos.

Había en toda ciudad helénica un gimnasio. Era, por lo común, un patio rodeado de pórticos o galerías con una sala de ejercicios o palestra.

Los jóvenes acudían para formarse en la carrera de las armas. Aprendían a saltar, a correr, a trepar por la escala, a manejar las armas, a lanzar la jabalina y el disco.

Comunmente, aprendían también a luchar como atletas.

Desnudos, el cuerpo untado de aceite y espolvoreado de arena fina, luchaban agarrados o a puñetazos. Terminado el ejercicio, se frotaban el cuerpo con una almohaza para quitarse el polvo pegado al cuerpo y luego se bañaban.

Los gimnasios eran lugar de reunión, no sólo para los jóvenes, sino para los adultos, que a ellos acudían para pasearse, hablar, sentarse a la sombra de los árboles o de los pórticos y mirar a los jóvenes que se ejercitaban.

Los Juegos Olimpicos: Cada cuatro años los griegos se reunían en Olimpia para celebrar, en honor de Zeus, juegos que duraban cinco días.

La fiesta tenía lugar en el plenilunio que sigue al solsticio, durante los calores fuertes de verano. De todos los países griegos llegaban peregrinos en multitud, visitantes y mercaderes. La campiña se cubría de tiendas y barracas.



La fiesta empezaba muy de mañana con un sacrificio a Zeus. Luego, durante todo el día, las procesiones enviadas por las ciudades recorrían el recinto sagrado para depositar las ofrendas, en los santuarios.

Mientras tanto, magistrados llamados helanodices, jueces de los helenos, disponían el concurso del día siguiente.

Los competidores habían de ser helenos y hombres libres, no admitiéndose a los esclavos ni a los bárbaros. Juraban en el altar de Zeus luchar con lealtad y conforme a las reglas establecidas.

Al día siguiente, al amanecer, los espectadores Iban a sentarse en los altos taludes que rodeaban el campo de carreras. Eran todos hombres, pues a las mujeres les estaba prohibida la entrada en el recinto, so pena de muerte.

Al salir el sol, las trompetas sonaban y entraba el cortejo. Los jueces, con largas vestiduras purpúreas, se sentaban en la tribuna cerca de la meta y empezaban los concursos por varios dias…

Cuando el vencedor de los juegos olimpicos volvía a su ciudad, era recibido en triunfo.

Entraba vestido de púrpura, en un carro tirado por cuatro caballos blancos, rodeado de todo el pueblo, e iba a depositar su corona en un templo.

A veces se demolía un trozo de la muralla para hacerle entrar como triunfador. Toda su vida seguía siendo sagrado, alimentado en ei santuario de su ciudad, eximido de impuestos, ocupando en el teatro el lugar preferente.

En Esparta combatía al lado del rey, en el puesto de honor.

En memoria de su triunfo hacía erigir una estatua en el recinto sagrado de Olimpia, y si había salido vencedor tres veces, tenía derecho a que la estatua fuera retrato suyo.



Constituía para los griegos una de las mayores felicidades de la vida ser olimpiónicc o vencedor en los juegos olímpicos.

Un tal Diágoras, habiendo visto coronar en un mismo día a sus dos hijos vencedores, fue llevado por ellos en triunfo ante la multitud y el pueblo le gritaba: «Diágoras, ya no te queda más que morir, porque no te es posible llegar a ser dios». Y, en efecto, Diágoras murió de alegría.

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