Adriano Emperador de Roma Biografia Vida Emperadores de Roma Antigua



Adriano Emperador de Roma – Biografía – Vida de Emperadores de Roma 

Adriano: Un soberano sabio e íntegro: Seguramente al repasar la historia del emperador Publio Elio Adriano, de forma inmediata nos invadirán diversos pensamientos relacionados a todo aquello que nos indica la finitud de la vida, en las que surgen las irremediables consecuencias de una existencia que nos resulta efímera para cumplir con todos los cometidos que hemos planeado en nuestro paso por el mundo.

Al recorrer la historia de Adriano no podemos dejar de asombrarnos por su gran capacidad para volcar sus conocimientos filosóficos en función de una política antimilitarista que elevara aún más la grandeza de Roma.

Esto ha quedado demosemperador adrianotrado en aquella historia que rememora un pasado lleno de padecimiento físico debido a la grave enfermedad cardiorespiratoria que sufría el emperador, y que en un determinado momento de su vida lo condujo sin remedio a un permanente reposo.

Precisamente pertenece a aquella época una de las tantas citas del emperador que han podido rescatarse en el tiempo, oportunidad en la cual Adriano se lamentó: “Continuamente notaba en el pecho la oscura presencia del miedo, una opresión que no era todavía dolor pero sí el primer hacia él”.

No obstante, seguramente fue en ese instante en el que Adriano sintió más fuerzas para continuar con su cometido, lo que lo llevó a experimentar situaciones tales como estar presente en el Senado recostado sobre su propia litera, e incluso emitir sus últimos discursos en esta misma condición, sin poder incorporarse de aquel lecho que se convirtió en la morada de sus últimos momentos.

Su grave enfermedad no logró amedrentar su fortaleza, lo que podemos comprobar en las propias palabras de Adriano, quien entre sus citas nos ha dejado el recuerdo de aquellas experiencias: “Me hice llevar en litera al Senado y pedí permiso para pronunciar acostado mi discurso».

Si bien la historia y las obras bibliográficas en este ámbito suelen referirse al emperador por el simple nombre de Publio Elio Adriano, lo cierto es que fue conocido durante su mandato como Imperator Caesar Divi Traiani filius Traianus Hadrianus Augustus, y gozaba de un privilegiado parentesco que le valió su ingreso a la política, ya que su tío segundo era el emperador itálico Trajano.

Adriano nació un 24 de enero del año 76 en la gran ciudad de Roma, dentro del seno de una acomodada familia oriunda del Piceno, Italia, que a finales del siglo III a. C. decidió establecer sus raíces en Itálica.

La tragedia llegó a su vida cuando aún era un niño, ya que debió enfrentar la orfandad luego de perder a su padre. Sin embargo, el apoyo constante e incondicional de su madre Pompeia Plotina logró que cuando Trajano se encontraba en su lecho de muerte haya decidido adoptar al joven Adriano, y de esta manera lo convirtiera en su heredero indiscutible.

Al asumir al trono del Imperio romano en el año 117, como miembro de la Dinastía Ulpio-Aelia y tercero de los llamados Cinco Emperadores Buenos, Adriano debió enfrentar a una gran cantidad de detractores, que no estaban de acuerdo con la llegada del joven emperador.



Entre las historias que se conocen de aquella época, se ha llegado a saber que cuando Adriano asumió su mandato imperial se sucedieron una seguidilla de ejecuciones de aquellos que apoyaban las conquistas militares de Trajano. Este hecho fue rápidamente repudiado por el Senado.

Si bien durante sus primeros años de juventud Adriano se sintió especialmente atraído por la medicina, debió renunciar a una de sus máximas vocaciones para dedicarse a la política, y así fue que se mantuvo en el trono de Roma hasta el año 138, cuando la muerte le arrebató el último suspiro.

La historia nos indica que fue durante su mandato que el Imperio Romano logró conseguir su mayor extensión territorial, precisamente en el año 125, a través de una política antimilitarista, que logró llevar la paz y la prosperidad a Roma.

La política militar del mandato de Adriano se caracterizó principalmente por una serie de principios que lo distinguieron del resto de emperadores itálicos, basándose en una estrategia que se orientó hacia la transformación de los límites del imperio en una completa defensa que permitía mantener el territorio de Roma.

Los fuertes entrelazados y diseminados a través de todos los límites de Roma, que fueron parte de la estrategia defensiva del emperador, fueron conocidos como la Muralla de Adriano, y el llamado El Muro de Adriano, el cual se ubicaba en la región norte de las tierras conquistadas de Britania, es decir entre Inglaterra y Escocia.

Los ideales de Adriano se contrastaban con la política que años antes había impuesto su antecesor Trajano, en las que primaban las conquistas, por lo que uno de los primeros hechos destacados del mandato de Adriano se sucedió cuando logró un acuerdo de paz con el imperio Parto, a través del cual Roma debió abandonar las regiones conquistadas. Lo mismo se produjo con Dacia, actual Rumania.

Como consecuencia de sus actos y decisiones, durante la mayor parte de su mandato Adriano debió soportar y enfrentar el desprecio de la clase militar, incluso resistir ante complots que buscaban destituirlo de sus funciones como emperador.

Uno de los aspectos en los cuales Adriano intentó mejorar al Imperio fue a través de la cultura, y su gran admiración por el arte hizo posible que las más novedosas corrientes artísticas hallaran su lugar de expresión por todo el territorio itálico.

No es de extrañar que la mayoría de los historiadores coincidan en definir a Adriano como un verdadero humanista helenófilo, que se ocupó permanentemente de difundir y propagar el helenismo a lo largo y ancho de todas las provincias del mundo antiguo.

Durante su mandato, Adriano se ocupó de edificar bibliotecas, acueductos, termas, teatros, erigir monumentos, fundar ciudades y construir fortificaciones que elevaron el poder y el espíritu de Roma y sus ciudadanos.



Fue precisamente Adriano el responsable de la reconstrucción del Panteón de Agripa, el cual había sido destruido luego de un incendio que se produjo en el año 80, y gracias a su vuelta a la vida se convirtió en uno de los estandartes arquitectónicos de la época, sirviendo como fruto de inspiración para una larga lista de arquitectos renacentistas y barrocos.

Por otra parte, dentro de su mandato se llevaron a cabo una gran cantidad de importantes construcciones, tales como el templo Olympeion dedicado a Zeus en Atenas, por lo que los expertos se refieren a Adriano como un soberano sabio e íntegro.

En definitiva, Adriano fue uno de los emperadores romanos que permitió originar una verdadera prosperidad social y económica en el territorio itálico, gracias a su estrategia basada en la paz y la exaltación de la cultura.

Lamentablemente, si bien la muerte ya había dejado vislumbrar las primeras señales de su presencia en el momento en que Adriano comenzó a padecer de disnea, y se profundizó su insuficiencia cardiaca con el paso el tiempo, el final lo sorprendió, sin dudas, sin haber logrado cumplir por completo la misión que se había propuesto.

Durante los últimos días de su vida, y ante el inevitable desenlace del emperador, Adriano tomó la decisión de elegir a su sucesor, ya que no poseía descendencia directa, por lo que adoptó al senador conocido como Antonino Pío, que debió responder a la demanda de Adriano de adoptar a su vez a Marcus Aurelios Verus, pariente de Adriano que luego llegaría a ser el emperador Marco Aurelio.

Luego de un profundo padecimiento de una dilatada enfermedad, que en varias oportunidades lo tentó al suicidio, Adriano falleció en el año 136, cuando ya había cumplido 62 años, y dejando un importante legado para su amada Roma.

Fuente Consultada: Graciela Maker

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