Biografia de Cornelio Escipion -El Africano-



Biografia de Cornelio Escipion El Africano

PUBLIO CORNELIO ESCIPION EL AFRICANO (235-183 a, de J. C.): Para la ilustre familia patricia de los Cornelios, el año 211 antes de la Era cristiana fue importante en un doble aspecto.

De un lado, fue muy triste, puesto que en tal fecha murieron dos de sus miembros más significados: Publio y Cneo, derrotados y muertos por los hispanocartagineses en España.

De otro, por el contrario, fue esplendoroso, ya que en su transcurso empezó a alzarse el astro genial de la familia, Publio Cornelio Escipión el Africano, uno de los héroes del mundo romano.

biografia de Publio Cornelio Escipión el Africano

Heredero de las virtudes de la madre Roma, tanto del patriciado, por parte de su padre Publio, como de la plebe, por la de su madre Pomponia, el joven Escipión encarnó la voluntad de vencer en la segunda guerra púnica, cuando todavía Aníbal esgrimía la amenaza de su espada en las mismas puertas de la Ciudad Eterna.

Noble, audaz, bello, valeroso y de afable trato; confiado en su buena estrella; dotado de inteligencia bastante para unir a su persona los intereses del pueblo; hombre de elevadas miras, de superior espíritu de apreciación y de gran energía, que unía al ímpetu romano ia gracia de la educación helénica, Escipión es una figura simpática, atractiva y humana.

Indiscutiblemente fue un gran general y un buen político, a pesar de que la crítica histórica del siglo XIX pretendió rebajar esas cualidades atribuyéndolas a su fortuna excepcional.

En realidad, Escipión fue el vencedor del general más brillante de su época, Aníbal, y el político que, tanto en Occidente como en Oriente, señaló la firme ruta del imperialismo romano.

Cuando le fue otorgado el imperio proconsular en 3ti contaba veinticuatro años y no tenía la edad requerida por la ley para ejercer la jefatura del ejército de Roma en España.

Anteriormente, en 213, había ocupado la magistratura de edil curul, de escasa importancia en el juego político de la urbe.

Mereció, pues, su nombramiento y su elección unánime a la gloria atribuida a su padre y a su tío, tan valerosamente caídos en España, y a la confianza que se depositaba en sus dotes militares.



Muy pronto demostró que era capaz de honrar la designación hecha por sus conciudadanos.

En España, desde 210, condujo la campaña con brío tan poco común, que en 209, en un ataque genial, se apoderó por sorpresa de la gran base de operaciones de los cartagineses en los confines del Mediterráneo: Cártago Nova.

Al año siguiente se enfrentaba con fortuna contra el ejército de Asdrúbal, el hermano de Aníbal, en Béculo, en la Bética, y en 206 aniquilaba por completo a las tropas cartaginesas de Asdrúbal Gis-cón, Magón y Masinisa en la batalla de Hipo (Cástulo), donde remedó con rasgos originales el movimiento estratégico que había dado a Aníbal la victoria en Cannas.

El triunfo de Hipo señala el fin del dominio cartaginés en España; a poco se rendía Gades. De esta manera Escipión dio, en tres años, dos nuevas provincias a Roma.

El conquistador de España recibió en su patria los honores del triunfo. Fue elegido cónsul para el año 205, y al terminar su mandato recibió el proconsulado de Sicilia, solución de compromiso, ya que él pedía el imperio proconsular para asestar un golpe de muerte a Cártago en la misma África y no en Italia, como querían algunos al ver a Aníbal debatirse en la impotencia en el Brútium.

Ya en Sicilia (204), preparó con gran habilidad la situación diplomática para lanzarse contra Cartago, e incluso captó’ para su planes a algunos miembros influyentes de Roma. Prorrogado su imperio proconsular, Escipión se embarcó con 25.000 hombres para la costa africana, donde puso pie en la otoñada de 204.

Allí invernó, después de un ataque fracasado contra Utica, y en la primavera del 203 deshizo por sorpresa al ejército combinado de cartagineses y númidas cerca de Castra Cornelia.

Este éxito alteró por completo la situación militar, mucho más cuando, a consecuencia del mismo, Masinisa pudo adueñarse del reino de los númidas de Sífax, aliado de Cártago.

Esta ciudad, en trance muy angustioso, reclamó la presencia en África de Aníbal y sus tropas.

Pero la llegada del gran general no pudo ya cambiar la marcha de la Historia. Escipión le venció en la batalla de Naraggara en octubre de 202), después de una bella preparación estratégica y de una no menos feliz innovación táctica.



Naraggara obligó a Cártago a pedir la paz, y dio a Escipión, con el triunfo, la mayor popularidad en Roma y el título de Africano.

Durante diez años Escipión fue el hombre político más en boga en Roma. Su palabra y su partido — el de la aristocracia helenizada — se imponían en las decisiones de gobierno.

El fue quien realmente dirigió la sumisión de Oriente a Roma, basada no en la anexión territorial, sino en la reducción a la impotencia de los estados más fuertes. Pese a la oposición del partido oligarca y de la democracia rural — encarnada en Catón—, Escipión, censor en 199, logró que uno de los suyos, Flaminio, cónsul en 198, se encargara del mando de las legiones que luchaban en Macedonia.

Flaminio obtuvo el triunfo de Cinoscéfalos (197), que abatió Macedonia e inauguró la oposición entre Roma y Antíoco III de Siria.

Sin embargo, la crisis no estalló hasta 193, después del año del segundo proconsulado de Escipión, quien en previsión de tal contingencia se había hecho elegir cónsul en 195.

Para intervenir en el nuevo conflicto bélico, el Africano apoyó la candidatura de su hermano Lucio al consulado para el año 190, lo que valió a éste la jefatura del ejército que luchaba contra Antíoco.

En realidad, ejerció el mando Publio, el cual acompañó a su hermano como legado.

Fue el Africano quien dispuso los planes estratégicos que dieron el triunfo a Roma en la disputada y decisiva batalla de Magnesia (190), aunque no intervino personalmente en la contienda a causa de una enfermedad.

De regreso a Roma, donde el partido oligárquico había recobrado muchas posiciones, los Escipiones continuaron imponiendo su voluntad política, hasta que en 187 Catón logró envolverlos en un proceso sobre la distribución de las cantidades pagadas por Antíoco III después de Magnesia.

Aunque el Africano no fue condenado ni se probó su supuesta deshonestidad, Catón había triunfado al despedazar su crédito moral. Nuestro héroe se retiró a Literno, en la Campania, donde moría poco después, en 183.



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