Biografia de Marco Porcio Caton -El Censor- Politico Romano



Biografia de Marco Porcio Caton «El Censor»

MARCO PORCIO CATÓN, EL CENSOR (234-149 a. de J. C.):  Representante de la ideología de la democracia rural romana y encarnación de las virtudes de las antiguas costumbres frente a la pérdida de moral acarreada por la rápida edificación del imperio mediterráneo, así se nos aparece la figura de Marco Porcio Catón, el hombre en quien se ha visto al más acérrimo defensor de la constitución de Roma, tal cual había salido de las luchas políticas del siglo III, ante los dos mayores peligros que la amenazaban: la oligarquía y el poder personal.

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Marco Porcio Catón fue un político, escritor y militar romano conocido por los apodos de Censor, Mayor, Viejo, Sapiens y Prisco para distinguirlo de su bisnieto Catón el Joven

Este hombre, activo, tenaz y agresivo, de una severidad de costumbres rayana en la exageración, era natural de Túsculum y de una familia de agricultores de mediana condición.

Durante su adolescencia aró con su misma mano los campos legados por su padre y recogió de la tradición el culto hacia los héroes de la vieja Roma.

A los diecisiete años, después del desastre de Cannas, combatió contra los cartagineses de Aníbal en la Campania.

En 313 pasó con el grado de tribuno militar a Sicilia, formando parte del ejército de Marcelo.

En 207 figuró en las filas de las legiones que infligieron a Asdrúbal, el hermano de Amílcar, la dura derrota de Metauro. Entonces empezó a destacarse en el foro romano como orador de singular potencia.

A los treinta años fué elegido cuestor y adscrito al pretoriado de Sicilia.

En tal cargo contribuyó al armamento y preparativos de la expedición de Publio Cornelio Escipión a África. Es posible que se iniciara entonces la rivalidad personal entre el caudillo aristocrático e innovador y el político republicano y conservador.

Esta rivalidad, iba a trasladarse muy pronto a la arena política. Publio Cornelio Escipión, el formidable triunfador de Naraggara, representaba el primer paso hacia el poder personal y, al mismo tiempo, hacia la helenización de las costumbres romanas.

Catón supo formar un partido, que aglutinaba al viejo patriciado conservador y a la democracia rural, al objeto de poner un valladar a la política de los Escipiones.



Elegido edil de la plebe en 199, pretor en 198 y cónsul en 195, favorecido por los éxitos obtenidos en la expedición que dirigió a España para someter a los sublevados de la provincia Citerior (194), Catón pudo sostener la dura lucha política que le libraron los Escipiónidas durante más de quince años. Esta lucha tuvo fases de suerte alterna.

En 190, después del triunfo de los Escipiones sobre Antíoco III en Magnesia, el Africano impuso su voluntad en Roma.

Pero Catón no cejó en su empeño, hasta que en 187 logró envolver a Publio Cornelio en un asunto de fraude al Estado. El vencedor de Zama se retiró a su dominio de la Campania. A su muerte, en 183, Catón quedaba dueño del terreno.

Después de hundir la carrera personal de Escipión, dirigiría ahora su verbo cáustico y su enérgica acción contra los partidarios de la oligarquía.

La nueva pugna de Catón duró los últimos cuarenta años de su vida, sin lograr, en definitiva, contener el alud de lo inevitable.

El primer paso por esta senda lo dio en 185, cuando fué elegido para la censura — la magistratura más influyente de Roma en el terreno político— correspondiente al 184.

Apoyado por los votos de la democracia rural, frente a los Escipiónidas y a los oligarcas, Catón ejerció su período de censura con tal severidad y rigidez, que han pasado a la Historia como prototípicas.

Revisó la lista del Senado, expulsando de entre sus miembros a los aristócratas corruptores, a los faltos de moralidad y escrúpulos; recargó el precio de los objetos de lujo; restituyó al Estado los terrenos públicos indebidamente ocupados; y protegió a los humildes.

Desde entonces Marco Porcio fue el hombre más influyente de la ciudad. Honrado y recto, quiso salvar la Roma del pasado, aunque su acción no tuvo plan de conjunto.

También le faltó superar lo tosco de su origen, la prevención del campesino a lo aristocrático y elevado, su injusto odio contra todo lo griego, su avaricia rayana en la sordidez. Pero sus acciones políticas dejaron una huella muy fuerte.



Sus intervenciones fueron múltiples. Desde 183 favoreció el establecimiento de colonias de tipo urbano, constituidas por agricultores, viejo sueño de la democracia rural; en 180 inspiró la ley Villia Annalis, que fijaba las condiciones precisas para aspirar a los cargos públicos, medida dirigida contra la ambición política de la juventud dorada; acusó tenazmente a los hombres del partido oligárquico en sus extralimitaciones, siendo notable su diatriba contra Sulpicio Galba, el verdugo de Lusitania (149); obtuvo en 155 el despido de la embajada de los tres famosos filsósofos atenienses (Carneades, Diógenes y Critolao).

Finalmente, acaudilló con su habitual constancia el grupo que quería a toda costa la destrucción de Cartago, cuya recuperación económica había tenido ocasión de comprobar en 157 cuando la visitó como legado de Roma.

Ceteram censeo Garthaginem esse delendam —, y además, creo que Cartago debe ser destruida.

Con estas palabras acababa todas sus intervenciones en el Senado, según es fama tradicional.

Aunque la guerra contra Cartago fué declarada en 150, Catón no logró ver realizada esta última aspiración de su vida; murió un año después, a la edad de 85 años, cuando todavía su espíritu pugnaba para defender a Roma de la oligarquía y del contagio del espíritu helénico.

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