Biografía de Francisco Quevedo Resumen de su Vida y Obra



Biografía de Francisco Quevedo
Resumen de su Vida y Obra Literaria

Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), escritor español, cultivó tanto la prosa como la poesía y es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Uno de los autores más complejos y lleno de matices del barroco español es Francisco de Quevedo y Villegas. Su obra poética forma un conjunto monumental de poesía metafísica, amorosa, satírica, religiosa y moral.

En los últimos tercetos de su soneto Amor constante más allá de la muerte, que aquí recita un actor, se expresa la paradoja del amor, que triunfa más allá de la muerte. El retrato de Quevedo es obra del pintor español Diego Velázquez.

Francisco Quevedo

Francisco de Quevedo y Villegas fue el más grande prosista del movimiento barroco español y el gran maestro del conceptismo. Está considerado por algunos críticos como el mayor escritor de todos los tiempos después de Cervantes.

Vida. Nació en Madrid (1580) y se crió en un ambiente aristocrático, pues su padre era secretario de la princesa María y su madre dama de cámara de la reina. Su infancia transcurrió así en la corte de Felipe II

Este insigne polígrafo español nació en Madrid en septiembre de 1580 y murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) el 8 de septiembre de 1645. Estaba dotado de viva imaginación, fuerte voluntad y clara y precoz inteligencia, a tal extremo que a los cuatro años sabía ya leer correctamente.

Cursó en Valladolid filosofía, artes y teología, disciplina de la que se graduó en Alcalá de Henares. Además de conocer el hebreo, dominaba las lenguas francesa e italiana a tal punto que en la conversación en cualquiera de las dos últimas hubiera podido confundirse con los naturales de uno y otro país, y en cuanto a las lenguas muertas, podía contender en ellas con los políglotas de su tiempo.

Siguió de cerca el movimiento literario de su época, en lo que no hallaba dificultad, pues podía leer las obras en sus idiomas originales.

Por el ambiente en que se crió y educó estaba al tanto de todas las interioridades de la política y de las intrigas cortesanas, cuyo conocimiento le inspiró muchos escritos satíricos.

Era además un formidable esgrimidor y de ello dio muestras fehacientes venciendo con la espada al tratadista de esgrima Luis Pacheco de Narváez. Su vida universitaria le hizo conocer el ambiente picaresco tan admirablemente reflejado en El Buscón.



De carácter caballeresco y fogoso dio muerte en duelo en el atrio de una iglesia a un rufián que molestaba a una dama devota, por cuyo lance hubo de huir a Italia, acogiéndose a la protección del duque de Osuna; de allí volvió a España a resultas del lance mentado y después acompañó a Napóles al duque, del que fue secretario, demostrando sus facultades de rectitud e ingenio para el cargo.

Pasó a Venecia en secreta misión informativa y descubierto allí, estuvo a punto de ser ejecutado.

Establecióse de nuevo en España, donde a poco sufrió prisión por motivos políticos, siendo recluido en el convento-castillo de los caballeros de Santiago, en Uclés, y después fue trasladado a la Torre de Juan Abad.

Libertado más tarde, hizo vida en la Corte, alcanzando cargos de importancia en Palacio, pero indispuesto con el conde-duque de Olivares a consecuencia de la publicación de un escrito satírico cuya paternidad se atribuyó a Quevedo, sufrió nuevamente prisión y fue encarcelado en el convento de San Marcos de León en condiciones inhumanas.

Allí estuvo cuatro años, siendo libertado después de la muerte del conde-duque. Se trasladó a su Torre de Juan Abad, y de allí a Villanueva de los Infantes, donde le sorprendió la muerte.

Había casado a los cincuenta y dos años de edad con una viuda, señora de Cetina, y el matrimonio, que no fue muy feliz, se separó pronto, enviudando Quevedo al poco tiempo.

Su obra poética es considerable. Es imposible, en breve reseña, enumerar sus muchos escritos de todo género, pero se consideran El Buscón.

En 1643 liberado de la prisión, ya era un hombre acabado y se retiró a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes, donde el 8 de septiembre de 1645 murió.

Los Sueños y Tolítica de Vios como los mejores. Era un ardiente defensor de la pureza del idioma castellano, censurando los neologismos que injustificadamente se usaban.

La fama postuma de este gran escritor y pensador de elevado espíritu nos ha presentado del mismo una versión deformada al considerarlo como una especie de bufón, cultivador del chiste y de la chocarrería.



Si fue satírico y crudo en ocasiones, lo hizo con la intención profunda de buscar por aquel procedimiento el remedio de muchos males que corroían a la sociedad de su época.

En Quevedo subyacen dos extremos, el moralista estoico y preocupado por la decadencia nacional y el satírico burlón vitalista que incluso recurre a la procacidad, al lenguaje jergal y grotesco.

La coexistencia de estos dos extremos reafirma no sólo la riqueza literaria de Quevedo sino la de un periodo, el del barroco, que redescubre la posibilidad de los múltiples puntos de vista.

Humor y escepticismo son, al fin y al cabo, dos formas complementarias del pesimismo y de la conciencia de la vanidad de las cosas del mundo, sometido a crisis periódicas y al demoledor paso del tiempo.

PARA SABER MAS…

Personalidad: burla y pesimismo. Quevedo fue hombre de compleja personalidad. Su característica principal fue la inestabilidad temperamental. Su espíritu osciló siempre entre la burla y el dolor, la risa y la preocupación filosófica.

Quizás por no poder satisfacer su vocación en una sola actividad, recorrió muchos caminos en la vida: fue político avezado y sagaz, excelente artista, esposo fracasado, lector contumaz y violento panfletista.

Arriesgó su vida en intrigas políticas europeas, participó de ambiciosas maniobras cortesanas, atacó con saña y sin piedad a los enemigos literarios, y se refugió en el estudio y la meditación <»n los momentos difíciles de su vida.

Fue uno de los pocos españoles de la época de la decadencia que puso la literatura al servicio de la protesta social, con lo cual la critica lo reconoce como un precursor.

Tuvo una visión sarcástica del mundo, aunque algo atemperada por su sincera devoción al ideal jesuíta, que guardó siempre con profunda reverencia. Algunos críticos lo han considerado poco escrupuloso en su comportamiento político, pese a su esoticismo y jesuitismo (Gerald Brenan).



El poeta. Compuso piezas en variados metros, pero la mejor parte de su obra son las letrillas, los romances y los sonetos.

Están escritos con una facilidad y fluidez características, y en general dejan trasuntar sus sentimientos de desilusión por la brevedad de la vida humana, la muerte, la fragilidad de las cosas, el estado de la sociedad y la decadencia moral de los españoles.

El dominio técnico de la poesía es casi completo, pero sobre lodo sobresale Quevedo en la maestría con que maneja el vocabulario y la sintaxis. Es por eso, fundamentalmente, un poeta verbal.

Por momento, y pese a su aversión por el estilo oscuro y recargado de los culteranos, Quevedo cede también a las tendericias de la época, y complica un poco la claridad y la fluidez de sus versos con concesiones al rebuscamiento de la expresión.

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Las obras en prosa. Compuso en prosa obras filosóficas, ascéticas, políticas, de crítica literaria, festivas, satírico-morales, cartas y una novela picaresca. En el conjunto de su obra, se manifiestan dos perfiles típicos de su arte, el satírico y el filosófico.

Casi todos los críticos coinciden en expresar que el verdadero Quevedo es el festivo y satírico-moral. Muchas de sus obras, por ser verdades amargas, corrieron al principio sólo en manuscritos.

Sacó a la luz los defectos y demasías de los médicos, boticarios, sangradores, abogados, procuradores, oficiales del gobierno, mujeres culteranas, artistas simuladores, avarientos, herejes, despenseros, astrólogos, alquimistas, sastres, eruditos pedantes y muchos otros ejemplares humanos, así como también usos, costumbres, situaciones e instituciones de su época.

En varias ocasiones, al preparar para las prensas las versiones definitivas de obras, suprimió o modificó párrafos, frases, palabras y aun títulos, que por su carácter escabrosse afectaban las buenas costumbres o el sentimiento de la gente.

Quevedo. accedió también a realizar expurgaciones injustificables para la Inquisición. El autor atribuyó estos desvíos o licencias, a «los hervores de la niñez».

En política, tomó las teorías de la Escolástica, La Patrística y los autores italianos del Renacimiento, sobre el estado ideal y el monarca (Política de Dios y gobierno de Cristo), e hizo una biografía de Marco Bruto sobre el texto del historiador antiguo Plutarco (Marco Bruto).

En ascética, se inspiró en los autores españoles de esa escuela (Vida de San Pablo), y en crítica literaria, dirigió fundamentalmente sus escritos a atacar a los culteranos (La culta latinoparla).

Las dos mejores obras en prosa de Quevedo son la novela picaresca El Buscón y la serie de visiones titulada Sueños.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

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