La Conducta Humana Conceptos Básicos y Experimentos Psicologicos



La Conducta Humana Conceptos Básicos y Experimentos Psicológicos

La conducta humana puede ser cruel, irracional y brutal; también puede mostrarse amable, afectuosa y comprensiva. ¿Por qué actúa así la gente? ¿Por qué hay quien odia, quien hace daño a los demás de manera deliberada, sin un motivo evidente?. ¿Cuáles son las fuerzas que nos controlan?. ¿Se trata de presiones sociales, de conflictos internos o de sustancias químicas que se alborotan dentro de nuestros cuerpos?.

Los psicólogos elaboran situaciones experimentadas teniendo en cuenta estas preguntas. Las respuestas que encuentran van desde la sorpresa hasta el terror. Los cinco experimentos que aquí tratamos constituyen una selección de los problemas típicos sobre los cuales se centran los investigadores, si bien sus conclusiones han provocado muchas controversias e incluso suscitado interrogantes con respecto a la moralidad de sus investigaciones.

INRODUCCIÓN: El hombre, ser inteligente y libre: Las acciones del hombre tienen un carácter trascendente. Esto quiere decir que el hombre es inmortal, que tiene un destino eterno, que todo lo que realice aquí en la Tierra tiene importancia en la vida eterna.

El hombre es un ser inteligente y libre. Estas dos facultades las debe utilizar con mucho cuidado, pues de su recto uso depende en gran parte la marcha de la sociedad. La inteligencia capacita al hombre para conocer la verdad de las cosas y el hombre debe utilizarla precisamente para la búsqueda de la verdad.

Las palabras inteligencia, intelecto, provienen del latín intus leqere, que significa “leer dentro”. El hombre es el único ser capaz de “leer dentro”, es decir, de reflexionar, meditar, “ensimismarse”, meterse dentro de sí mismo, como decía el filósofo Ortega y Gasset.

La libertad es una facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra. Como el hombre es responsable de sus actos, la libertad sólo puede ser usada para realizar el bien. Cuando se hace el mal, se abusa de la libertad y se transforma la libertad en libertinaje o desenfreno.

Es indudable que el hombre necesita de sus semejantes. Aislado de ellos no puede procurarse lo útil y necesario para vivir, ni alcanzar el perfecto desarrollo de sus facultades, ni lograr la educación de sus sentimientos. El hombre es un ser social por naturaleza y así lo ha hecho Dios.

La sociabilidad, o sea la tendencia del hombre a vivir en sociedad, no es un fenómeno casual sino que forma parte de su propia naturaleza. Por valiosas que sean, sus condiciones o facultades, el hombre no puede por sí solo cumplir los fines para los que ha sido creado sin la ayuda de la sociedad en la que le toca vivir.

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CONCEPTOS SOBRE LA CONDUCTA HUMANA:

Interesantes Conceptos Básicos:
A partir del momento en que un ser humano nace, se encuentra inserto en un medio ambiente social y en un medio ambiente natural. Desde ese momento y aun durante toda su vida, estará en constante relación con dicho medio.

conducta humana

De este modo el ambiente lo influirá, lo estimulará. Cada objeto que toque, la forma en que lo alimenten y cuiden, los seres que entren en contacto con él, le mostrarán al niño las características del mundo en que nació. Ese medio puede ser hostil o amigable, rudimentario o tecnificado, indiferente o protector.

Pero en esta relación, no se manifiesta el sujeto como elemento pasivo; no recibe las influencias sin reacción alguna. Por el contrario, el sujeto reacciona, elige cosas, rechaza otras, e incluso modifica el medio de acuerdo con sus necesidades. Es decir, se manifiesta como sujeto actuante:

Esta relación entre el sujeto y el ambiente es, entonces, bidireccional: el, medio influye sobre el hombre y éste selecciona, rechaza y aun modifica o transforma el medio. Se presenta, por lo tanto, bajo la forma de interacción.

Así, durante el transcurso de su vida, el hombre es modificado por el medio, el que a su vez, lo modifica. Esta interacción presenta dos momentos:

1. Las características que poseemos, nuestra manera de comportarnos, nuestros gustos y preferencias, dependen del ambiente en que nacimos: de haber ocurrido esto en otro tiempo o lugar, nuestra manera de pensar o de sentir serían muy distintas.Estas variaciones se dan aun dentro de las diversas zonas de nuestro país; por ejemplo: el niño de la Patagonia, que debe recorrer varias leguas a pie para llegar a la escuela, recoge influencias muy distintas a las del niño de la ciudad, que viaja en subterráneo, trenes, utiliza escaleras mecánicas, etc.

2. Por otro lado, el hombre se manifiesta como activo transformador del medio, adaptándolo a sus necesidades. Al mirar un paisaje ve la mano del hombre como transformador de la naturaleza. Crea un mundo social y cultural que, además, modifica a lo largo de la evolución histórica.

En esa interacción o intercambio, las acciones del hombre se manifiesta como una búsqueda de equilibrio entre sus necesidades y las posibilidades que le brinda el medio. El equilibrio que logra es dinámico; una vez logrado, se rompe, restableciéndose luego a través de nuevas acciones.

¿QUÉ ES LA CONDUCTA? Las conductas son las acciones del hombre en relación con el medio, manifestándose como una búsqueda de equilibrio; por ellas se integran nuestras necesidades con las posibilidades que nos presenta el medio. Dichas acciones no son siempre visibles desde el exterior sino que se manifiestan de dos dimensiones: la exterior y la interior.

La dimensión exterior se refiere a las conductas observables, tales como, ana expresión de júbilo. La interior, a las conductas que no se ven, pero que acontecen, tales como las de un sujeto que permanece quieto pero que piensa. La conducta, a la vez, se manifiestaa en tres áreas:



—en la de las expresiones del cuerpo
—en la de las relaciones sociales
—en la de las expresiones mentales

En realidad la conducta se manifiesta en las tres, pero, según las circunstancias, predomina la manifestación en alguna de ellas.

La conducta es el vínculo entre los seres. Desde que nacemos no dejamos de conducirnos. Surge una necesidad y con ella una conducta que busca satisfacerla a través del vínculo con los demás. La forma en que logremos vincularnos dependerá de lo que los demás nos posibiliten y de nuestra capacidad de acción.A lo largo de su vida, cada ser humano va desarrollando una forma peculiar de conducirse, de vincularse con el medio, fruto de la interacción entre ambos. La experiencia que adquiera no se líjenle sino que se incorpora a él influyendo en sus conductas posteriores.

La conducta se manifiesta en tres áreas la intelectual, la social y la corporal. Aunque determinada conducta puede abarcar más de un área, siempre hay preponderancia de alguna de ellas.

De esta manera se irá conformando un estilo propio de conducirse o vincularse, resultado de esa experiencia previa. El término personalidad designa, precisamente, esa forma particular de vínculo con los otros seres. Cada persona estructura su persona a través de las conductas.

CONDUCTA Y HOMEOSTASIS: Los demás seres de la naturaleza —las plantas, los animales— también establecen una relación de equilibrio dinámico con el medio ambiente físico.

En el plano biológico, la homeostasis expresa ese equilibrio que se da en forma de una regulación automática. Por ejemplo, si la temperatura del medio exterior baja, se produce en el organismo la vasoconstricción, que impide la pérdida de calor del cuerpo y produce un aumento del metabolismo interno.

Los ejemplos en este plano serían numerosísimos. De hecho,  todo organismo vivo está en proceso de intercambio con el medio, tendiendo a lograr con éste un equilibrio, para poder llegar a una mejor adaptación.

Del mismo modo, en el plano psicológico la conducta cumple ni reguladora que la homeostasis a nivel biológico.

La conducta no solo  implica aquellas acciones observables exteriormente, sino también todos los procesos internos, que no son directamente captados desde el exterior.

La conducta es una forma de adaptación. Por la conducta el hombre procura una adecuada adaptación al medio.

Adaptación no significa aceptación pasiva de las limitaciones, por el contrario, por su naturaleza de proceso dinámico, implica la respuesta activa del sujeto para canalizar sus necesidad es según las posibilidades que el medio pueda brindarle y, aún, la necesaria modificación de este último para satisfacerlas.
Como el intercambio es continuo, cada conducta es una nueva adaptación o, mejor dicho, una readaptación.

CONDUCTA Y PERSONALIDAD: Las conductas no están aisladas e inconexas respecto del sujeto que las realiza, sino que están unidas a él, se hallan referidas al marco de su “persona”. Dicho de otro modo, las conductas no son ciegas ni se dan por azar, sino que representan acciones típicas de un sujeto, son expresión peculiar de él. Podemos reconocer que determinadas conductas son propias de tal o cual sujeto: son sus modos de resolver una determinada situación.

Por lo tanto, las conductas son una manifestación de la persona, de un “yo” particular, o sea, expresan su personalidad.

La personalidad no es visible, sino explicable a través del estudio de las conductas, y sobre todo, del estudio evolutivo de éstas, de la historia personal del sujeto.

Las conductas son lo observable, lo visible de la personalidad, cuya estructura o conformación subyace a las conductas.

Conducta y personalidad, como términos indisolublemente unidos, marcan el campo de estudio de la psicología.

La conducta, al ser observable, puede ser analizada, controlada, e incluso puede experimentarse sobre ella.
En cambio, la personalidad, al ser inferida a partir del análisis de la conducta, puede ser explicada a través de teorías.

CARACTERES BÁSICOS DE LA CONDUCTA
La psicología pretende estudiar la conducta, no como cosa aislada de la persona que la manifiesta ni del marco social en que se desarrolla; para analizarla tiene en cuenta las siguientes características básicas:

a) La conducta sólo puede comprenderse en función del medio en que se manifiesta. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta la situación en que dicha conducta aparece para poder interpretarla.

b) La conducta implica conflicto. Toda conducta surge por una necesidad que se genera en el sujeto. Esa necesidad representa un desequilibrio entre él y su situación. Veamos dos ejemplos:

1. La necesidad de aprobación social motiva al sujeto a actuar de determinado modo, ya sea cumpliendo los dictados de la moda comportándose como un buen estudiante, etc.

2. El hambre provoca la necesidad de conseguir alimento.El sujeto deberá, entonces, movilizarse para obtenerlo. En el ejemplo 1 se presenta un conflicto entre el sujeto y el medio social. En el ejemplo 2 el conflicto se produce entre el sujeto y su organismo, (medio natural o físico).

c) La conducta es una acción readaptadora. Las conductas del hombre tienden a restablecer el equilibrio roto. En los ejemplos anteriores, las acciones que el sujeto realice le devuelven, ya en lo biológico como en lo social, la adaptación al medio.

d) La conducta es un intercambio funcional entre el hombre v su ambiente. Hasta ahora vimos que la conducta representa un intercambio entre el hombre y su ambiente. Estos intercambios pueden ser de dos tipos:

1. materiales
2. funcionales

1) Los materiales implican intercambios de sustancias físicas o químicas; por ejemplo, en la alimentación se produce un “traspaso” de sustancias entre el organismo y los alimentos (medio natural).

2) Los funcionales implican cambios o transformaciones que no ocupan un lugar en el espacio, como las conductas humanas. En la evolución de éstas se va logrando una mayor independencia respecto de lo material para llegar al manejo de los símbolos abstractos. A este tipo de intercambios, más liberados de lo concreto, se los denomina funcionales.

e) La conducta tiende a preservar un estado de integración o consistencia interna de la persona. A través de la conducta el sujeto procura preservar la integración de su personalidad Al existir conflicto, la estructura del “yo” buscará resolver!: sin lesionarse a sí mismo, sin desintegrarse o entrar en franca contradicción entre lo que aspira hacer y lo que hace. Por le tanto, el sujeto tiende a fortalecer su personalidad a través de sus conducías.

NUESTRAS CONDUCTAS Y LOS PROCESOS INCONCIENTES: Es común creer que somos totalmente dueños de nuestros actos. De este modo nos auto convencemos de nuestra racionalidad, lo que nos hace sentir más seguros y efectivos en nuestras relaciones con el mundo. Sin embargo, sin que el sujeto lo perciba, impulsan su conducta factores para él desconocidos: éstos son de origen inconsciente.

Un ejemplo de ellos son los arios fallidos. Perder un objeto una vez puede deberse a una simple distracción, pero la frecuente pérdida de dicho objeto no puede deberse a una falta de atención. Olvidar el nombre de una persona puede acontecer por azar, pero olvidarlo sistemáticamente no es producto de la casualidad.

Los errores que comete el oficinista en su trabajo suelen adjudicarse a la fatiga o cansancio: sin embargo, si en condiciones normales se equivoca constantemente, debernos suponer que el origen se encuentra en el otro aspecto.

Llamamos actos fallidos a las acciones que ejecuta el sujeto a pesar de haber querido actuar de otra manera. Pueden manifestarse a través de errores al hablar o escribir u olvidos o pérdidas involuntarias. Para que los actos fallidos sean verdadera expresión de la actividad inconsciente, deben ser reiterados o significativos, es decir, deben repetirse o por lo menos ‘deben tener un sentido en sí mismos.

Resulta gráfico al respecto recordar el ejemplo del empleado que en el discurso de despedida a su jefe que había sido ascendido le dice: “Tenemos el placer de despedirlo. . .” en lugar de decir: “Tenemos el deber de despedirlo. . .”

Los actos fallidos ponen de manifiesto las verdaderas intenciones del sujeto. Es el caso, por ejemplo, del empleado que al despedir a su jefe, en lugar de decir: “tenemos el deber de despedirlo”; dice: “tenemos el placer de despedirlo”.

No sólo apreciamos la influencia del inconsciente en los actos fallidos. Muchas de nuestras conductas también tienen su origen en situaciones vividas en la: infancia y que, sin embargo, no recordamos; mejor dicho, creemos haberlas olvidado pero están presentes en nuestra vida psíquica e influyen directamente en. nuestra vida actual. Veremos cómo funciona la dinámica de la vida psíquica para aclarar este importante aspecto del análisis de las conductas.

LO CONSCIENTE Y LO INCONSCIENTE: Un joven vendedor de productos eléctricos debe viajar a otra ciudad para promover en ella dichos productos. Con ese motivo, se dirige a la estación de trenes y compra un boleto. Al subir al tren observa a los demás pasajeros que viajan con él, al guarda y a las demás características de la estación.

Escucha el silbato que indica la iniciación del viaje. En ese momento, una sensación de angustia y temor se apodera de él. Se siente muy incómodo por esta situación y trata de sobreponerse, pero le resulta muy difícil: cada vez que se inicia un viaje le ocurre lo mismo y, lo peor, es que no puede explicarse el porqué ni puede remediarlo.

En el ejemplo anterior, podemos marcar dos tipos de procesos: los conscientes y los inconscientes.

a) El joven sabía cuál era el objeto de su viaje, tuvo una clara imagen de la estación de ferrocarril, percibió sin problemas a los pasajeros, al guarda, a la estación, en fin todo lo que conformaba la situación real que estaba viviendo. Fueron éstos, en él, procesos conscientes: Incluso él es consciente de su intranquilidad.

b) El mismo joven se siente desasosegado al iniciar el viaje y esta desagradable situación es común que se repita cada vez que inicia uno. Sin poder determinar la causa, ésta se halla en procesos inconscientes.
Son conscientes las imágenes que se obtienen de la realidad, del infundo exterior.

Son inconscientes las imágenes de situaciones vividas anteriormente y que el sujeto cree haber “olvidado”. En realidad no los ha olvidado sino que están presentes en la vida psíquica en lumia latente, pero influyendo en la vida actual.

EL ESTUDIO DE LO INCONSCIENTE: Las investigaciones del psiquiatra austríaco Sigmund Freud descubrieron la existencia de lo inconsciente en el psiquismo humano y dieron lugar a un método para estudiarlo: el psicoanalítico.

Esto abrió un enorme campo de estudio a la psicología, pues hasta comienzos del siglo XX se estudiaban Solamente los  procesos conscientes, desconociendo los de carácter inconsciente y la influencia de los mismos en la conducta.

En realidad, los procesos conscientes son sólo una parte o fracción de la vida psíquica total. Incluso pueden faltar, como acontece al dormir o en los estados de hipnosis, donde la conciencia desaparece y, sin embargo, la vida psíquica continúa.

Luego de sus intensos estudios, Sigmund Freud llegó a numerosas conclusiones respecto del inconsciente; comenzaremos mencionando las siguientes:

1) El hombre, al nacer, trae tendencias instintivas que podrían calificarse como impulsos de búsqueda de placer. Dichas tendencias exigen satisfacción.

2) hombre es un ser social, y para poder vivir en sociedad  e integrarse a ella se ve obligado a sacrificar, en mayor o menor grado, dichas tendencias de búsqueda del placer. El primer grupo social al que el hombre pertenece es la familia que, por el proceso de la educación, irá modelando su conducta según las normas de conducta del grupo. Así, los padres apelarán frecuentemente a premios para consolidar ciertas conductas en los niños, y a castigos para eliminar otras.

3) Por lo mencionado en los puntos 1 y 2, el sujeto quitará de MI conciencia ciertos recuerdos o experiencias que le resultan molestas y perturbadoras para su adaptación al grupo. Le resultará ventajoso “olvidarlas”. En realidad, no las olvida ni las destruye, sino que continuarán presentes con carácter de inconscientes.

Este “”olvido” no es voluntario, sino que es un mecanismo inconsciente de autodefensa de la conducta.

4) Estas experiencias no se “borraron” sino que continúan actuando fuerte y eficazmente, determinando muchas de nuestras conductas presentes e incluso, originando trastornos mentales.

El proceso de represión. Existen experiencias —acciones, pensamientos, imágenes, etc.— que aportan al sujeto satisfacción de su impulso de placer, pero que impiden su adaptación al grupo social, ya que éste las considera indeseables.

¿Cuál será el destino de dichas experiencias? Será necesario reprimirlas. Se denomina represión al proceso por el cual se rechaza de la conciencia o se mantiene en el inconsciente a las experiencias que representan un peligro para la adaptación del sujeto al grupo social. Dichas experiencias permanecerán en el inconsciente por un mecanismo de autodefensa, como ya ha sido señalado.

El proceso de sublimación. Pero las tendencias instintivas no satisfechas y reprimidas en el inconsciente siguen actuando, en busca de su satisfacción. Son, en sí mismas, fuerzas vitales; como todo lo que es vivo, tienden a crecer, manifestarse, producir. Estando, entonces, reprimidas, buscarán surgir de algún modo. Una de las maneras de hacerlo será el proceso de sublimación. por el cual se aplicarán como energía creativa a las actividades del hombre.

Por la sublimación se derivará la energía vital hacia fines socialmente valorados. De esta manera, el sujeto logrará desarrollar conductas aceptadas por el grupo social y, por lo tanto, el reconocimiento por parte del mismo. Dicha energía podría encaminarse hacia el trabajo, la investigación científica o la actividad artística, haciendo sentir al sujeto socialmente útil.

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EXPERIMENTOS PSICOLOGICOS PARA ESTUDIAR LA CONDUCTA HUMANA:

Experimento 1-Sobre el estar cuerdo en lugares destinados a locos

En un experimento descrito posteriormente bajo el título «Sobre el estar cuerdo en lugares destinados a locos», D. L. Rosenhan, de laStanford University, y ocho colaboradores suyos (tres mujeres y cinco hombres) ingresaron voluntariamente en doce instituciones para enfermos mentales. Argumentaron al personal médico que oían voces, que definieron como «huecas», «vacías» o «sordas».

No hablaron de otros síntomas. Se eligió a los «pacientes» que debían someterse al experimento entre gente normal y corriente, dedicada a un amplio campo de ocupaciones, desde amas de casa a artistas y pediatras. Una vez ingresados en el hospital, los pseudo-pacientes comunicaron al personal que habían desaparecido sus síntomas y, a partir de aquel momento, se comportaron normalmente.

En las pruebas realizadas en doce hospitales diferentes, los pseudo-pacientes tardaron entre siete y cincuenta y dos días en ser dados de alta.

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En casi todos los casos salieron de las instituciones con el diagnóstico de «esquizofrenia en fase de remisión»; no hubo ni un solo caso que mereciera la calificación de cordura.

Al leer hechos tan sorprendentes, cabría pensar que estos experimentos fueron realizados en hospitales elegidos por la incompetencia del personal que los llevaba o por la excesiva acumulación de enfermos. Pero éste no era el caso.

La mayoría de los hospitales sometidos a prueba estaban subvencionados con dinero del Gobierno federal, estatal o local, y algunos de ellos eran considerados excelentes. Variaban en cuanto a su modernidad y al número de personas que integraban el personal, a pesar de que el experimento incluyó también un hospital caro y moderno, dotado de personal competente. Pero en él los resultados tampoco fueron diferentes.

Ya en los sanatorios mentales, los pseudo-pacientes observaron diversos hechos reveladores con respecto a lo que ocurre a una persona cuando los demás le consideran demente.

Advirtieron que los pacientes eran considerados menos que seres humanos y tratados como si fueran invisibles. Era frecuente que se dirigieran al personal con preguntas sencillas, como por ejemplo para inquirir cuándo vendría un determinado médico, preguntas que eran completamente ignoradas al tiempo que el personal pasaba por su lado sin verlos o haciéndoles objeto de una observación lacónica a modo de respuesta: «¡Hola!, ¿qué tal estás hoy?».

A los pacientes se les permitía escasísima intimidad y muy poca actividad, pero cuando aparecían trastornos como resultado de circunstancias tan embrutecedoras se atribuían sistemáticamente a la «enfermedad» que aquejaba al paciente.

Muchos pseudo-pacientes tomaron nota de cuanto observaron, primero en secreto, pero después abiertamente al darse cuenta de que nadie los tenía en cuenta. Una de las enfermeras, comentando la «psicosis» que padecía su paciente, hizo referencia a su «insistencia en tomar notas». Otro de los pseudo-pacientes oyó a un psiquiatra quejarse de la «avidez oral» de los enfermos, alineados en el comedor media hora antes de la comida. 21 buen doctor pasaba por alto el hecho de que en aquel hospital no había otra cosa que hacer.

El tratamiento era mínimo. La medicación suplía el tiempo que hubiera debido dedicar el médico. A nuestros pseudo-pacientes les fueron recetadas en conjunto dos mil cien pildoras que ellos, al igual que muchos enfermos reales, no tomaron.

Una faceta secundaria interesante del experimento fue el hecho de que, pese a que ningún psiquiatra, enfermera ni asistenta tuvo ninguna sospecha del fraude, treinta y cinco de los ciento dieciocho internos de las salas recelaron el embuste: «Tú no estás loco, tú eres un periodista (o un profesor) que ha venido a averiguar cómo nos tratan», escucharon los falsos enfermos una y otra vez.

Para comprobar tan perturbadores resultados, los investigadores notificaron a un importante hospital que, dentro de un período de tres meses, solicitarían el ingreso en su hospital uno o dos supuestos enfermos.

l personal del hospital acogió bien el experimento. De los ciento noventa y tres pacientes ingresados durante el período de tres meses, hubo cuarenta y uno considerados pseudo-pacientes por el personal técnico, abarcando entre dichos pacientes a veintitrés que fueron catalogados tales por los mejores psiquiatras. No obstante, la verdad era que en dicho período no se presentó ningún enfermo imaginario.

El Dr. Rosenhan se vio obligado a admitir que la locura es un trastorno muy mal definido y que la etiqueta de locura, una vez aplicada, es mucho menos resultado de la conducta de una persona, que del contexto en que dicha persona se halla inmersa.

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Experimento 2-La Prisión Falsa

Un segundo experimento, realizado por el Dr. Philip G. Zimbardo, de la Universidad de Stanford, de California, verificó un aspecto algo diferente de las situaciones humanas y de su efecto en la conducta de la gente.

En su experimento, contrariamente a lo que ocurría en el de Rosenhan, no se engañaba a nadie. Todos los participantes estaban plenamente informados tanto de la naturaleza como de los detalles del experimento.

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A pesar de ello, los resultados fueron tan extremos que hubo que dar por terminado el experimento una vez transcurridos seis de los catorce días programados para llevarlo a efecto.

El experimento «Zimbardo» consistía en crear una prisión de mentirijillas y en seleccionar voluntarios para que hicieran de prisioneros o de guardianes. La cárcel fue establecida en el edificio destinado a psicología de la Universidad de Stanford.

Los voluntarios fueron seleccionados entre los estudiantes varones de la zona de Palo Alto, una vez estudiados cuidadosamente para descartar cualquiera de los que pudieran padecer un problema psicológico o físico. Se asignaron al azar las funciones de prisioneros o de guardianes. El propio Zimbardo hacía las veces de superintendente.

Los prisioneros estaban sometidos a una disciplina estricta. En cuanto entraban en la falsa prisión, les eran retiradas sus pertenencias personales, se les obligaba a vestirse con un guardapolvo holgado y eran encerrados en celdas vacías. Para simular las cabezas rapadas de los prisioneros reales, se les cubría el cabello con un gorro hecho con una media.

Tenían que pedir permiso para escribir cartas, fumar e ir al retrete y carecían de ducha y de ventanas, además de no estar autorizados a practicar ningún ejercicio al aire libre.

Los designados como guardianes también fueron sometidos a una despersonalización. Llevaban uniformes de color kaki idénticos y gafas reflectoras plateadas. Su única misión consistía en hacer observar la ley y el orden y, para conseguirlo, estaban equipados con porras, pitos y esposas.

La segunda mañana los prisioneros simularon un motín. Los guardianes respondieron regándolos con dióxido de carbono helado y despojándolos de todas sus ropas. Los guardianes, además, idearon la «celda del buen prisionero», dotada de privilegios especiales, para sembrar la cizaña y la confusión entre los reclusos.

A medida que transcurría el tiempo, los guardianes se volvían más dominadores y abusivos, comenzando a imaginar tareas degradantes y aburridas para los prisioneros. Éstos reaccionaron con la sumisión y la pasividad después de su acto inicial de rebeldía. Dejaron de solidarizarse y, en las entrevistas posteriores al experimento, se mostraron marcadamente desdeñosos con los demás compañeros.

Pese a que los participantes sabían que se trataba simplemente de una ficción experimental, todos ellos se tomaron sus papeles muy en serio. Los guardianes se incitaban mutuamente a usar la fuerza para reprimir a los prisioneros, llegando a menudo a extremos de crueldad.

El guardián que en ocasiones se mostraba amable era juzgado afeminado por sus compañeros y ni una sola vez en el curso del experimento hubo un guardián amable que tratase de frenar ni tan siquiera al más sádico de sus colegas, ni, menos aún, recordarle que aquello no era sino un experimento.

Los prisioneros también se tomaron muy en serio sus papeles. Uno tuvo que ser puesto en libertad al tercer día, afectado de depresión aguda; otro tuvo una erupción psicosomática que invadió gran parte de su cuerpo.

El sexto día habían sido puestos en libertad un total de cinco prisioneros, fecha en la que se dio por terminado el experimento como consecuencia de las reacciones de los participantes.

Al principio Zimbardo había pensado que dos semanas podía ser muy poco tiempo para simular una prisión real y comprobó que seis días eran más que suficientes. Bastó poco tiempo para demostrar lo vulnerable que es la gente a los papeles que se le asignan y a actuar como se espera que actúe, incluso en conflicto directo con lo que siente en su interior.

Corroboró igualmente ciertas sospechas que abrigaba con respecto al sistema carcelario americano. El experimento nos lleva a considerar las consecuencias más sutiles de papeles asumidos menos conscientemente y desempeñados durante períodos de tiempo más largos. Zimbardo denuncia igualmente de manera explícita las «prisiones» de racismo y sexualidad en que todos estamos inmersos.

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Experimento 3-Las esperanzas del maestro y la asimilación del alumno

Los dos primeros experimentos demostraron de qué manera encaja la gente y hace encajar a los demás en unos papeles concebidos de antemano.

En el curso de otro experimento, Robert Rosenthal y Leonore Jacobson exploraron hasta qué punto unos seres inocentes se ven afectados por los objetivos que otros seres se fijan con respecto a ellos y de qué manera dichos objetivos cambian la relación establecida entre dos personas. Seleccionaron para su estudio una escuela elemental, innominada, de la región de San Francisco.

Todo el alumnado de la misma pasó una prueba de inteligencia. Se comunicó a las maestras que la prueba revelaría cuáles eran los alumnos que darían fruto, es decir, aquellos que aprenderían. Sin embargo, los niños que posteriormente debían ser fructíferos fueron en realidad seleccionados al azar, entre todos los niveles de inteligencia.

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Las maestras no variaron sus métodos ni el material docente para instruir a estos alumnos excepcionales y, sin embargo, al final de curso, cuando volvió a pasarse el test, los alumnos de primer y segundo grado elegidos en tiempos de la primera prueba habían ganado el doble de puntos de CI que los demás niños.

En los grados tercero a sexto la diferencia de progreso en el CI fue mucho menos espectacular. Los experimentadores suponen que los más pequeños eran más maleables y al mismo tiempo gozabande una reputación menos sólida, lo cual hacía que las maestras asimilaran nuevas ideas en relación con su capacidad.

Sin embargo, ¿cómo se explica la gran diferencia de progresos logrados en el CI entre el grupo seleccionado y sus compañeros?.

Los experimentadores citan otro experimento para el cual se catalogó a dos grupos idénticos de ratas como rápidas y lentas en aprender, pasándolas a continuación a unos ayudantes de laboratorio para que las hicieran trabajar en un laberinto.

Las ratas que los ayudantes de laboratorio suponían que iban a desempeñarse mejor, lo hicieron efectivamente. Tales resultados parecen a primera vista increíbles, dado que las ratas eran verdaderamente idénticas en cuanto a inteligencia. Sin embargo, al interrogar a los que trabajaban en el laboratorio, resultó que se habían mostrado más pacientes con las que aprendían «más aprisa», las habían sometido a mayor número de pruebas y las habían tratado con más habilidad.

Este mismo fenómeno se dio con los alumnos que habían sido seleccionados. Rindieron más porque se les prestó más atención.

Las maestras les exigían más porque esperaban más de ellos, y apoyaron de manera positiva cada uno de sus aciertos. La conducta y el rendimiento de una persona pueden verse realmente afectados por las esperanzas que otra deposita en ella.

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Experimento 4-La euforia, la ira y la química corporal

Muchos psicólogos sostienen que, aun cuando el ambiente y los colaboradores que uno tenga constituyen influencias importantes en la propia conducta, la química del cuerpo es en realidad el factor aislado más importante de la misma. Stanley Schachter y Jerome E. Singer, de la Universidad de Columbia y de la Universidad Estatal de Pennsylvania, resolvieron averiguar hasta qué punto es posible modificar la conducta modificando la química corporal de un ser humano.

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Los sujetos sometidos a la prueba fueron enterados de que iban a participar en un experimento que pondría a prueba los efectos sobre la visión de un producto químico üamado epinefrina.

Dichos sujetos recibieron una inyección de epinefrina, que en realidad es otro nombre para designar la adrenalina. Algunos de los sujetos recibieron, en realidad, una inyección de un placebo para así poder formar un grupo de control que permitiera la comparación.

Se les dijo a todos que el medicamento tardaría unos quince minutos en llegar al torrente sanguíneo y que entonces se harían las pruebas de visión.

Entretanto se dispuso la situación que pondría a prueba su receptividad frente a dos emociones: la euforia y la ira.

En la situación de euforia, un actor, presentado como un sujeto más, permaneció en la sala junto con el primer sujeto.

Se puso a disposición de ambos una cantidad de papel, lápices y gomas elásticas y se les comunicó que podían hacer garabatos y entretenerse hasta que el medicamento comenzara a hacer efecto. El actor comenzó a jugar con el papel y las gomas, fabricando aviones de papel, haciendo que jugaba a basket con pelotas de papel, etc.

El actor invitó a su compañero a unirse al juego y comenzó a calificarse a este último de acuerdo con su respuesta a esta sugerencia.

En el segundo experimento, o experimento de la ira, se pidió tanto al sujeto como al actor que rellenaran un largo cuestionario, personal y a veces embarazoso, mientras aguardaban a que el medicamento hiciera efecto.

El actor comenzó quejándose de las primeras preguntas y, finalmente, se enfureció con las últimas por lo embarazosas. Se puntuó a los sujetos de acuerdo con lo que se indignaban, primero, al observar al actor y, después, teniendo que contestar a las mismas preguntas.

Hubo un factor más a tener en cuenta. Un tercio de los sujetos del primer experimento fueron enterados de que el medicamento les provocaría un ritmo cardíaco y un pulso más rápidos, efectos secundarios reales de la adrenalina.

Se comunicó a otro tercio del grupo que se producirían en ellos efectos secundarios tales como entumecimiento y prurito, síntomas que en realidad no aparecen con la adrenalina. Al tercer grupo no se le hizo ningún comentario.

En el experimento de la euforia, los sujetos que habían sido mal informados fueron los que exteriorizaron mayor reacción, seguidos por aquellos a quienes nada se les había comentado en relación con los efectos secundarios. Finalmente seguían los que habían sido correctamente informados sobre lo que cabía esperar como reacción y aquellos a quienes se había administrado un placebo.

En el experimento que ponía a prueba la ira no se dio información errónea a ninguno de los sujetos, pero a los que nada se les dijo sobre los efectos secundarios se indignaron mucho más que aquellos a quienes se había explicado qué cabía esperar o que aquellos a los que se había administrado un placebo.

Los experimentadores llegaron a la conclusión de que, cuando en una persona se da una manifestación fisiológica inexplicable, dicha persona experimenta una reacción mayor ante el ambiente que la rodea. Cuando cuenta con la explicación correcta de la manifestación que ha de producirse, es improbable que el individuo responda con igual energía a los estímulos externos. Una persona se sentirá más «centrada».

La persona que se encuentra en posesión de unos datosfalsos con respecto a una determinada manifestación responde de manera aproximadamente igual a la persona que carece de información, dado que lo que espera son otros síntomas diferentes. Finalmente, a iguales estímulos externos, una persona reaccionará tanto más ante ellos cuanto más se haya manifestado desde un punto de vista fisiológico.

A partir de este experimento se observa que los factores fisiológicos tienen importancia para determinar hasta qué punto es susceptible una persona al ambiente que la rodea (abarcando en éste las presiones sociales), aunque el experimento no intenta explicar por qué determinadas personas descargan espontáneamente adrenalina en ciertas situaciones y otras no.

Nos quedamos frente a la misma pregunta: ¿Qué hace que ciertos individuos sean más sensibles que otros a determinadas funciones y objetivos sociales? El experimento final que se analiza a continuación se ocupa de esta pregunta.

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5-La obediencia a la autoridad:

El quinto experimento es el notable trabajo realizado por Stanley Milgram en torno a la obediencia a la autoridad. Una parte del mismo fue llevado a cabo en la Universidad de Yale y otra en un almacén de Bridgeport, Conn. Posteriormente hubo que repetir el experimento en cincuenta lugares distintos debido a que nadie quería creerlo.

Este experimento se ocupa de la situación específicamente conflictiva entre las instrucciones dadas por un experimentador y la conciencia de un sujeto. Al igual que todos los experimentos discutidos hasta aquí, trata de saber hasta qué punto un individuo está dispuesto u obligado por algún aspecto de su constitución interna a someterse a una definición arbitraria y ajena a lo que él es realmente.

experimento obediencia humana

El experimento fue realizado a la manera de una prueba de aprendizaje. Dos sujetos entraban juntos en el laboratorio.

En realidad, uno de ellos era actor. Se les decía que iban a tomar parte en un test de memoria de acuerdo con el cual uno de ellos haría las veces de maestro y el otro de alumno. La situación estaba preparada de manera que el actor hiciera siempre el papel de alumno, mientras que el sujeto real se convertía en maestro.

El experimentador a continuación les explicaba el procedimiento. El maestro leería pares de palabras y el alumno debía memorizarlas. Después el maestro repetía la primera palabra del par y presentaba diferentes alternativas para la segunda. Cuando el alumno no contestaba correctamente, el maestro le propinaba una sacudida eléctrica. La suma de equivocaciones hacía que aumentase el voltaje de la sacudida.

Aunque los niveles superiores de la sacudida eran dolorosos, el experimentador explicó con todo tipo de detalles que no producían lesión permanente en los tejidos.

El propósito aparente del experimento era determinar el efecto del castigo sobre la memoria y la asimilación.

Se puso en marcha el experimento.

En los niveles inferior y bajo el actor profirió manifestaciones de dolor y pidió que se le dispensase del resto del experimento. En muchas pruebas, el actor dijo que tenía miedo de participar porque estaba algo delicado del corazón; en los niveles medios de la sacudida se quejó de que el corazón comenzaba a molestarlo.

En los niveles superiores de la sacudida el actor profirió quejidos de dolor y, finalmente, en los máximos niveles, enmudeció. Como el actor no se encontraba en sitio visible sino en la sala contigua, hubo muchos sujetos que pensaron que había muerto.

La mayoría de «maestros» protestaron y discutieron con el experimentador sobre el hecho de inferir dolor a otra persona, aunque la mayor parte también siguió dispensando sacudidas eléctricas cuando el experimentador se negó a variar su postura alegando que «el experimento debe proseguir» y «el experimento exige que ustedes prosigan».

Hubo un 65 % de los maestros que siguieron administrando un nivel máximo de sacudida a pesar de las protestas de dolor del actor-víctima. Ni siquiera el hecho de considerar que la víctima podía padecer complicaciones cardíacas modificó la firme obediencia de los maestros.

A lo largo de variaciones del mismo experimento, Milgram comprobó que, cuanto más cerca se encontraba la víctima del maestro en el sentido físico, mayor era el número de maestros que desobedecían. Cuando la administración de la sacudida exigía tomar la mano del alumno para ponerla en contacto con la plancha emisora de las sacudidas, sólo obedecía un 30 % de los maestros (lo cual seguía representando una cifra sorprendente).

Aparte de esto, la mayoría de maestros «hacían trampas» cuando podían; por ejemplo cuando el experimentador salía de la sala, momento que aprovechaban para administrar una sacudida mínima al actor.

Este hecho parecía indicar que los maestros participantes de estas pruebas no eran realmente crueles sino simplemente obedientes. Además, en una de las variaciones en que el experimentador era objeto de las sacudidas, no hubo ni un solo sujeto que insistiese en seguir adelante después de las protestas y requerimientos por parte del experimentador conminando a dar por terminado el experimento, a pesar de que al iniciarse el mismo se había, acordado que se seguiría hasta el final.

Está claroque aquello a lo cual se prestaba obediencia era a la figura de la autoridad más que a un tipo de exigencia de carácter científico.

Las implicaciones del trabajo de Milgram son sobrecogedoras. Pocos son los seres capaces de defender algo que reconocen como ético incluso cuando se ven desafiados por una autoridad auto-elegida y sin dotes de mando. Pocos son los que sopesan las palabras de otra persona que consideran de su mismo nivel con la misma escala de valores con que sopesan las de aquella a quien tienen por «superior».

La mayoría de seres humanos ignoran los dictados de su propia conciencia cuando se ven acuciados por la opinión de alguien que está «por encima» de ellos y que se ha formado una determinada idea con respecto a su reacción o a su conducta.

Milgram observa que la mayor parte de sujetos obedientes se caracterizan por la tensión a que se encuentran sometidos, manifestada a través del rubor, el sudor, el aumento de las palpitaciones y demás signos propios de la alteración fisiológica.

Los más resueltos a no administrar las sacudidas eran los que se mostraban más tranquilos. Estos individuos eran gente «centrada», al igual que aquellos que recibieron explicaciones exactas con respecto a los efectos secundarios de la epinefrina en el trabajo de Schachter.

Experimentaban escasa tensión y sus cuerpos reflejaban su equilibrio emotivo. ¿Por qué aparecían tan centrados estos individuos cuando eran tantos los que revelaban el agobiante conflicto en que se hallaban sumidos?.

Milgram atribuye la obediencia a la estructura jerárquica existente en la sangre de la raza humana, a la tendencia a pasar la responsabilidad de un determinado acto por parte de la persona que lo lleva a efecto, al miembro más alto de una jerarquía involucrada en el mismo, así como a las influencias sociales que fomentan en uno la tendencia a amoldarse a las circunstancias. No explica por qué un 35 % de los sujetos se mostraron capaces de superar todos estos factores y de pronunciar un no.

Pocos hubieran predicho los resultados de este experimento. Y menos todavía hubieran predicho que ellos militarían en las filas de la mayoría obediente, pese a que dicho experimento se ha repetido en muchas ocasiones y siempre con los mismos resultados.

Todos hemos de sopesar estos resultados y observar en qué situaciones eludimos la responsabilidad personal en los actos que realizamos.

Muchos de los obedientes de Milgram, como muchos de los criminales nazis de guerra juzgados en Nuremberg o de los que tomaron parte en la matanza de My Lai, afirmaron que eran inocentes, alegando: «No hice sino cumplir órdenes».

La respuesta a la pregunta: ¿dónde se situaría al entrar en conflicto la autoridad v la conciencia? se revéla trágica y pasa inadvertida en nuestra conducta normal y cotidiana.

Fuente Consultada: Psicología General Davini – Gellon de Salluizzi – Rossi

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