Los Celos Personalidad y Actitudes del Celoso en la Pareja






La Relación del Celoso con su Pareja – Personalidad y Actitudes

Cuanto aquí anoto puede ser corroborado por cualquiera en a vida cotidiana; es, pues, una guía. Los celos transcurren y se producen en cualquier pareja conyugal o no; madre-hijo, amigo-amigo; hijo-madre, hermano-hermano … Los caracteres y el proceso son idénticos pero surgen de modo más neto en la pareja varón-mujer. Los celos son un continuo, no una actitud ocasional.

los celos y los celosos

La o el celoso lo son siempre y en todo momento, con una tensión pasional que impregna todo su ser. No hay, pues, modo de calmarlo; la reacción resurgirá siempre. Tratándose de una pasión continua, el resultado es conocido por todos: hacen la vida imposible; de ahí surge la primera medida profiláctica: si se reconoce durante el noviazgo la reacción celosa como una característica no debe dudarse en romper la relación; el matrimonio no hará sino empeorar las cosas y es preferible romper un noviazgo que romper un matrimonio.

Los celos se parecen a la envidia y hay sin duda en ellos un componente envidioso; se ha dicho que los celos son la envidia del amor; no es exacto del todo pero hay que meditarlo: una diferencia proporciona ayuda, en la envidia hay dos y en los celos hay tres, aunque suceda que ese tercero sea imaginario.

Los celos participan del delirio, en cuanto actúan por su propia mecánica desprendida de la realidad real, creando una segunda realidad sobreimpuesta a la realidad concreta. Así la celosa cree y sostiene que toda mujer que hable con su marido, así sea de negocios, está indefectiblemente recibiendo de éste proposiciones amorosas; subrayo lo de toda mujer, porque el celoso niega de plano a los demás la posibilidad de ser dignos y fieles, los celos actúan fuera del tiempo; el celoso revive y reaviva toda situación del pasado dotándola de una potencia reivindicatoría inextinguible.

Si acaso se apoya en un hecho real, aun cuando simule haberlo superado lo hace combustible y comburente de un reproche continuo; el lema del celoso es perdonar no es olvidar.

celoso con su parejaLos celos constituyen un estado completo en sí mismo y forman una definida voluntad de conflicto; a pesar de las horribles calificaciones que le merece cada vez el o la cónyuge y de la batalla cotidiana que emprende con él o ella y de la reiterada declaración de que así no puede seguir, el celoso o la celosa no sólo no se decide a terminar con la situación sino que ni siquiera piensa en ello; un celoso puede ser dejado pero nunca deja él, porque los celos constituyen ün sistema de posesión.

No cabe duda de que en los celos se siente herido el sentido de la propiedad.

El celoso piensa (y dentro de sí lo piensa leal y totalmente) que el otro es de su propiedad y, al celarlo, entiende que está defendiendo lo que es suyo; por eso es que nunca partirá de él la decisión de la rotura que significa la pérdida total;celares unmodo de tener y al mismo tiempo un continuo modo de perder.

De este doble juego nace el que la personalidad del celoso es fundamentalmente la de un ser inseguro que cree esencialmente que no merece ser amado y, en consecuencia, no disfruta del amor como un don recibido como tal sino que, sintiéndose en el fondo indigno de él, busca recobrarlo merced a una conducta pugnétil permanente.

El estudio de la personalidad del celoso, de todo celoso, obliga a concluir que el núcleo del proceso es, precisamente, su inseguridad básica; por eso en el episodio querelloso siempre se expresa la lista de sus virtudes. Yo no le he faltado nunca.

Yo, que jamás he mirado a otra. Yo, que lo cuido y atiendo. Yo, que soy incapaz de la menor infidelidad”. Esta aserción, la de que los celos reposan en una básica inseguridad, es exacta y puede comprenderlo todo aquel que sea capaz de examinarse en los episodios de celos fisiológicos que todos experimentamos alguna vez de modo ocasional y pasajero.

Cuando de pronto y, repito, episódicamente, sentimos celos del honor o del regalo conferido a un amigo, lo que en verdad surge en nosotros es la idea de que es muy poco probable que alguien se hubiese fijado en nosotros para conferirnos el mismo honor o parecido regalo. “Yo lo merezco, pero ellos (los otorgantes) no han sido capaces de fijarse en mí… porque mis méritos no están expuestos a sus ojos. Yo no me promuevo”.

A primera vista parece envidia, pero la introducción en el juego de terceros (los otros) identifica la reacción como celos. Un lema de psicología primaria ayuda a tomar una posición útil ante el celoso, lema que, por lo demás, halla practiquísima aplicación en la vida cotidiana y que, colocado como poster en el cuarto de estar o de dormir nos libraría de muchas complicaciones y en especial de los múltiples peligros de la murmuración. Lo que dice Juan de Pedro dice mucho más de Juan que de Pedro. Esto es lo que los psicólogos llaman proyección, sin que la palabra ayude demasiado a comprender el sentido último del mecanismo.

En la práctica el celoso atribuye al celado todas las conductas que, en el último fondo de sus sentimientos, quisiera cumplir por su cuenta; vale decir que, en postrera instancia, tiene envidia de lo que piensa que el otro hace y se atreve a hacer, que es lo que al fin de cuentas haría él mismo si pudiese sobrepasar su profunda inseguridad. En esta trama interna, los celos adoptan de modo invariable tres dinámicas reaccionales: el control, el reproche y el martirologio.

El o la celosa sienten que deben vigilar su propiedad tal cual el dueño del tesoro debe precaverlo de los ladrones y, además, siente que está en un mundo de ladrones: intenta así conocer cada uno de los momentos, situaciones, reacciones, contactos y aun pensamientos del objeto celado; si tal objeto cae en la trampa (y casi siempre cae) se somete a presentar un estado de cuentas continuo y cotidiano, con lo que pierde de modo lamentable su libertad interior; una esclavitud moral remacha cada día la cadena de las relaciones; por eso la reacción celosa es una reacción envilecedora.


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La menor falla en el control desata la reacción siguiente: el reproche delirante que adquiere tal fuerza que aparece como una evidencia contra toda evidencia y es invulnerable a la explicación y sordo a la negación. Ante la inutilidad lógica del plantee surge la tercera modalidad: el martirio; el celoso o la celosa no pueden vivir más, lloran y procuran confidencias consoladoras, amenazan con suicidarse y lo intentan pero nunca en serio porque, de hacerlo, perderían la presa.

No puede sufrir mas y, para que no sufra, la pareja se convierte en una cárcel. Porque los celos terminan por ser un problema de quienes viven en la más triste de las situaciones: la que se nutre del miedo a la libertad.

Fuente Consultada
Nota del Dr. Florencio Escardó Para Revista Ciencia Joven Fasc. N°31





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