Comportamiento Ético del Hombre y la Virtud Resumen



Comportamiento Ético del Hombre y la Virtud
Resumen

El comportamiento ético es saber desenvolvernos ante los demás en cuanto a valores y buenas acciones. Es el acto de reflexionar acerca de las consecuencias que podrían tener nuestros actos sobre las personas o sistemas.

etica y moral

LA RECTA RAZÓN COMO CRITERIO OBJETIVO DEL COMPORTAMIENTO ÉTICO DEL HOMBRE: Ya hemos expresados que la ley natural es como una luz interior que nos ilumina en los diversos momentos de la vida, para que nos encaminemos hacia el bien.

Dicho con otras palabras: la conducta moral —o comportamiento ético del hombre— se guía por la recta razón; ésta le proporciona los criterios objetivos, las reglas básicas del obrar. Dichas reglas son cognoscibles porque todos tenemos la posibilidad de conocerlas, de llegar a intuirlas en nuestro interior.

Sin embargo, este conocimiento es variable en las diferentes personas. Resultará más o menos perfecto según el mayor o menor grado de inteligencia, de la evolución cultural de cada uno.

Además, a menudo el espíritu humano se ve ensombrecido por las pasiones, los prejuicios, los malos hábitos arraigados, etc., que le impiden descubrir con claridad los preceptos de la ley natural.

Sus principios elementales —por ejemplo, «hay que obrar el bien y evitar el mal«— son verdades comprensibles por todos, y el no cumplirlas no otorga posibilidad alguna de excusa por ignorancia.

Ningún ser humano dotado de razón puede dejar de aplicar el precepto reproducido más arriba y sacar, entre otras, conclusiones como éstas:

Es una acción condenable causar daño al prójimo por medio de calumnias, nadie tiene el derecho de apoderarse de lo que no le pertenece, etc.

COMPORTAMIENTO ÉTICO DEL HOMBRE Y SUS VIRTUDES:

El comportamiento humano si está en armonía con la ética o moral merece la calificación de bueno; lo contrario, es la conducta inmoral, el predominio de los vicios.



Pero, esa adecuación del comportamiento personal a las reglas éticas, en la mayoría de los casos, no se consigue sin esfuerzo. A pesar de que el hombre es dueño de sí mismo, su voluntad puede ser influida por los hábitos y las pasiones.

El ascenso de una montaña requiere valor; es decir: virtudes físicas y morales especiales (etimológicamente, virtud viene del latín «virtute»: valor).
La disposición de cumplir con las obligaciones legales, las orientaciones de la conciencia y la práctica del bien, se asocian con la idea de virtud.

Podemos definirla como: el hábito o repetición del bien, en la conducta del hombre.

El verdadero progreso personal y el de la civilización, se apoyan un el esfuerzo que hacen cada ser humano y la sociedad, para practicar el bien y evitar el mal.

La virtud, como todo acto moral, requiere por parte del que obra, ol conocimiento de lo que hace. Y además, libertad de conducta.

La idea de virtud también se asocia con la de esfuerzo, porque en mayor o menor grado, cada acto virtuoso es una victoria sobre uno mismo. A veces, la lucha contra el vicio, la vuelta al camino de la virtud, pueden exigir al ser humano decisiones verdaderamente heroicas.

El vicio es, precisamente, falta de energía, ya que el hombre se deja llevar por la pasión.

La virtud, en sentido moral, significa esfuerzo para su adquisición.

Las cualidades intelectuales, por el contrario, son generalmente, innatas; hay personas que por nacimiento tienen facilidad para captar Ideas y efectuar deducciones mediante el raciocinio o gozan de una momoria feliz. No poseen estas virtudes a causa de un esfuerzo personal.

Las virtudes, consideradas especialmente bajo el punto de vista moral, son disposiciones estables para obrarbien, adquiridas como resultado del esfuerzo de la voluntad, a la luz de la razón.



Recalcamos las ideas importantes que configuran el concepto de comportamiento ético:

— se basa en virtudes adquiridas y no en las innatas;
— la luz de la razón debe estar presente en el orden moral;
— las virtudes morales resultan de la acción de la voluntad.

La virtud supone un ejercicio. Un acto aislado, será comienzo de virtud; sólo recibirá auténticamente el nombre de tal, la práctica prolongada y perseverante de obrar el bien.

Por ello, escribió Aristóteles:

«…de los hombres depende ser buenos o malos, y lo prueban las alabanzas y reprensiones de que son objeto las acciones humanas. La alabanza va dirigida a la virtud y la reprensión al vicio; y es claro que ni la una ni la otra podrían aplicarse a actos involuntarios» (En «La gran moral»).

Las conquistas técnicas, los avances científicos deben complementarse con el progreso moral de la humanidad;
sólo así tendrá el hombre garantías de paz y seguridad verdaderas.

LAS VIRTUDES Y LA PERFECCIÓN MORAL PERSONAL

a) Progreso material y moral:

El progreso material se realiza en razón de los descubrimientos científicos y técnicos; cada generación disfruta de los inventos y hallaz-gos de las generaciones anteriores. El progreso moral existe en la medida en que el hombre es educado en el mejor conocimiento de sus obligaciones y en el fiel cumplimiento de las mismas. En este tipo de progreso el factor tiempo no tiene mucha importancia, porque la naturaleza humana es igual en todas la épocas.

En la educación moral es fundamental la influencia que recibe la persona desde su nacimiento. La familia, a pesar de la disgrega-ción que sufre en algunos casos, es el lugar natural para el nacimiento y desarrollo de la vida moral. Igual responsabilidad corresponde a los establecimientos educativos, cuyos cuerpos directivos y docentes deben «modelar el alma» de los alumnos, al mismo tiempo que impar-ten los conocimientos proporcionados a su edad.

También el Estado debe vigilar para que exista un «ambiente moral» s.ano en la sociedad, del mismo modo que cuida la salubridad e higiene de la población; el orden, el respeto a los valores humanos, la pre-sencia ia de la civilización cristiana no pueden ser violados sin que se re-sienta la dignidad del hombre y el progreso social.



b) Las causas de la falta de valores morales:

Las enfermedades tienen sus causas; así también los males mora-les sea cual fuere el nombre que se les dé: vicio, delito, pecado, inmoralidad. Hay causas que están en el mismo individuo (herencia física o psíquica, enfermedades, etc.), otras son sociales (familias mal constituídas, vivienda inadecuada, cine y literatura corruptores, etc.) o de deben al tipo de mentalidad de la gente (ambición desmedida, ¡g norancia, soberbia incontrolada, etc.).

Vamos a referirnos a una de esas causas: la carencia de una formación moral.

Escribe Fernando N. A. Cuevillas, que cuando:

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«…al adolescente no se le brinda norma ni fin en la conducta, mérito ni demérito, premio ni castigo, se llega a un desconcierto ético y psíquico tal, en el cual el ser se mueve sin vivir er profundidad, como una barca sin timón. Cualquier acto es posible entonces. Se le enseñan ejercicios físicos y presuntas obligaciones políticas o cívicas, sin jerarquizar…, como sí por simple respeto humano el hombre quedase obligado, en conciencia, a nc transgredir las leyes que de continuo ve violadas, y más aún, felices y homenajeados a quienes las infringen».

Creemos que no es preciso mayor comentario para entender que debe existir un orden moral superior al cual el hombre se someta voluntariamente y por propia conciencia, en su conducta personal y social, Y que dicho orden debe ser inculcado por el hogar y la escuela.

c) La virtud es una sola:

El hombre tiene deberes para con Dios, para consigo mismo y para con los demás. Dichos deberes se denominan morales y su práctica revela el grado de virtud de la persona.

La moral es una sola, es indivisible; para facilitar su estudio la dividimos en los tres aspectos mencionados.

La conciencia es única en cada hombre, porque ella lo orienta en todos sus actos. Misma afirmación corresponde hacer de la virtud. Por eso, es lógico suponer que quien no tiene frenos morales en su vida privada, tampoco tendrá una orientación moral en lo referente a sus deberes de ciudadano o de funcionario público.

La conducta virtuosa de un ciudadano influye saludablemente en el ambiente público; por el contrario, una sociedad se corrompe cuando sus miembros reemplazan la rectitud moral por costumbres viciosas.

— Virtudes privadas

Son las que se ponen de manifiesto en el hogar, en las múl tiples relaciones de la vida diaria (trabajo, escuela, actividades comerciales, etc.). La falta de estas virtudes si bien puede hacer criticables a las personas o afectar su buen nombre, muchas veces, no altera mayormente el orden social ni ofende la moral pública. Escapan al control del Estado según lo establece el artículo 19 de la Constitución Nacional, salvo en los casos en que dicha falla constituya un verdadero delito.

Como ya lo señalamos, la moral pública se fundamenta en la moral individual. En medio de una sociedad donde las personas hayan olvidado los valores morales, no pueden surgir muchos políticos honrados, gobernantes verdaderamente patriotas y abnegados, funcionarios íespetuosos de la ley.

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— Virtudes públicas

La vida en sociedad exige además de las virtudes privadas, el ejercicio constante de la virtud pública para hacer posible la convivencia y la consecución del bien común.

Montesquieu en «El Espíritu de las Leyes» (libro V) dice:

«La virtud en una república es algo muy sencillo: es el amor a la república; es un sentimiento, y no una serie de conocimientos; el último hombre del Estado puede tener este sentimiento… Es raro que la corr’ioción comience en él (en el pueblo). De la mediocridad de sus conocimientos muchas veces ha conseguido una fuerte adhesión a las leyes vigentes. El amor a la Patria lleva a las buenas costumbres, y las buenas costumbres son la causa del amor a la patria. En la medida que menos satisfacción demos a nuestras propias pasiones, tanto más nos entregaremos a los ideales comunes…».

En forma general, podemos decir que son virtudes públicas las que el hombre ejercita fuera de su vida privada, por ejemplo, en sus relaciones con el gobierno, o cuando tiene que desempeñar cargos públicos.

EL DOMINIO DE SÍ PROPIO Y LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER
a) El dominio de sí propio

Generalidades: Acabamos de señalar que todo progreso moral supone esfuerzos arduos , supone la práctica de virtudes.

Además, en los dos Cursos anteriores, al tocar temas relativos a la voluntad y libertad, se explicó el papel de las decisiones personales en la vida del hombre, como motores del perfeccionamiento individual y social.

El tema del dominio personal vuelve sobre la misma cuestión. En efecto; dominarse a sí mismo significa tener autocontrol, asumir plenamente los propios actos y sus consecuencias, tanto en cosas fáciles como en aquéllas circunstancias en las que se debe luchar contra dificultades.

La existencia del hombre, en general, está constituida por las pequeñas luchas diarias; ellas nos obligan a contrariar las pasiones personales, no siempre orientadas al bien.

— Vencerse a sí mismo

De poco vale la conquista que el hombre realiza de lo que está fuera de él, si no logra dominarse a sí mismo.
El vencimiento propio es la base del engrandecimiento mora! del ser humano.

Nuestra voluntad no se orienta permanentemente por la recta razón; hay muchos factores internos y externos (deseos, comodidades, distracciones, compañías, etc.) que influyen para que nos apartemos del camino recto. En esas circunstancias debemos someter nuestra voluntad con verdadera fuerza y doblegarla para que no se rebele ante la clara voz de la conciencia.

La psicología y la pedagogía reconocen en el campo de la perfección humana, las ventajas que se derivan del dominio de sí propio.

Los padres y los maestros saben que el peor sistema educativo es el de consentir todos los deseos y gustos de los chicos.

El niño caprichoso que hoy tiraniza a la familia, si no es corregido a tiempo, se convertirá en un muchacho indisciplinado y sin energías morales para cumplir con el deber. ¿Qué podrá espejar de él, en el futuro, la sociedad? Probablemente, será más adelante un ciudadano que no sabrá usar adecuadamente de su libertad y de conducta desenfrenada.

Es importante que se indiquen al niño y al joven los motivos por los cuales se les dan órdenes o se les imponen privaciones. Pero, ya adultos deben, ellos mismos, conseguir el vencimiento propio por los motivos que ya tienen aprendidos y asimilados.

En ese dominio consiste, precisamente, el ejercicio de una vo luntad entrenada en la práctica del bien y en la lucha contra las ma las inclinaciones.

Sobre el mismo escribe Daniel J. Ruiz:

«El vencimiento libre es el que tiene importancia especial en la formación de la voluntad. El vencimiento necesario posee también su valor: desde luego, es meritorio, puesto que se lleva a cabo por cumplir con el deber; además, cada vez que uno se vence en esta forma, afirma más su voluntad de permanecer fiel a sus obligaciones.

El vencimiento libre es en muchos casos un excelente medio para corregir algún defecto. A una muchacha muy golosa se’ le puede aconsejar que de vez en cuando se prive de comprar bombones y dulces, o que los compre en pequeñas cantidades, o que en caso de ser convidada se sirva un solo bombón… Si oye el consejo y lo lleva a la práctica durante un tiempo más o menos largo, se convencerá de que no es una cosa del otro mundo ser moderado en comer golosinas; adquirirá la persuasión de que de hecho puede dominar su exagerada inclinación a las golosinas, si es que se lo propone.

Un vencimiento de esta índole es provechoso, porque está motivado; el individuo se vence porque tiene la firme voluntad de eliminar de su proceder un determinado defecto o vicio, o simplemente una ocasión de faltar a su deber» (En «Motivación y dinámica de la voluntad»).

b) La Formación del Carácter

— Temperamento y carácter

En primer lugar, distinguiremos estos dos conceptos, a fin de en-inndor mejor cuál es la tarea personal de formar el carácter.

• Temperamento: La psicología define al temperamento como al conjunto de dis-poniciones orgánicas que constituyen a la persona, en su parte física. En virtud de la recíproca influencia del cuerpo y el alma, las condiciones  orgánicas y fisiológicas individuales, influyen en las reacciones en la conducta, en el carácter.

Por ejemplo, hay personas de las que decimos que son «un manojo de nervios» porque en su temperamento tiene marcada influencia el sistema nervioso; de alli, sus movimientos, su inquietud, su forma de contestar cuando se las contraría, etc.

• Carácter: El carácter, por su parte, es el conjunto de disposiciones psíquicas y la suma de los comportamientos habituales de una persona. Ese conjunto de disposiciones psíquicas —aptitudes, tendencias, mayor o menor predominio de una facultad sobre las demás, etc.—constituye una especie de fisonomía moral, un modo particular de sei o carácter.

Realmente es un elogio referirnos a alguien, como a un hombre de carácter.

— Una tarea de gran importancia

De acuerdo a lo explicado, no se puede justificar la falta de energía para llevar una vida virtuosa, atribuyendo dicha carencia a la naturaleza orgánica de cada uno. Es erróneo afirmar que la virtud depende del temperamento.

El ser humano tiene la posibilidad de luchar contra las malas inclinaciones que se agitan dentro de él, así como la de cultivar los sentimientos sanos y nobles aspiraciones que como raíz, están en los repliegues del alma. Todo depende, fundamentalmente, de la educación.

Así lo entendió Licurgo y lo quiso imprimir indeleblemente en la mente de los espartanos.

Estando un día en la plaza pública, reunido con sus conciudadanos, hizo llevar dos perros; luego de poner a su alcance una liebre viva y un plato de carne, los dejó en libertad. Uno de los perros se lanzó tras la liebre; el otro se precipitó vorazmente sobre la carne.

Como los espartanos se mirasen unos a otros, entre risueños y extrañados, Licurgo les dijo:

«Estos animales son hijos del mismo padre y de la misma madre; pero como les he dado distinta educación, uno ha resultado un cazador incansable y, el otro, un voraz y nunca satisfecho comedor. Lo mismo sucederá con los hijos de ustedes: serán buenos o malos, según la educación que les den».

El ser humano no nace con el carácter formado; tampoco éste aparece repentinamente cuando se llega a determinada edad.

Venimos al mundo con los gérmenes de nuestro carácter futuro; a nosotros corresponde la tarea —muchas veces, difícil— de desarrollarlos. Pero no estamos solos en este trabajo fundamental; contamos con la colaboración de nuestros padres y educadores, con la ayuda de los amigos verdaderos.

Debemos ser los artistas de nuestro carácter. Esa es la mejor obra que podemos realizar en este mundo para demostrar un ordenado amor a nosotros mismos.

Ha escrito E. Quinet:

«En cada uno de nosotros alienta un Fidias. Cada hombre es un escultor que debe corregir el mármol o el limo de que se halla formado, hasta conseguir que de la masa confusa de nuestros groseros instintos surja una personalidad inteligente y libre».

LA UNIDAD DE LA VIDA VIRTUOSA:

Hemos  afirmamos que la virtud es una sola; la división se se hace de la misma es únicamente para facilitar su estudio. Según hemos explicado, la virtud, en general, es el ejercicio de la voluntad para dominar las pasiones.

Por medio de ella tratamos de encuadrar la conducta en la ley natural y en los preceptos de la ley positiva.

Si al ejercicio de las virtudes propias de la conducta se une el cultivo de la inteligencia, el hombre se acercará a la meta de su perfeccionamiento. Las virtudes morales —las virtudes del comportamiento humano— son el mejor complemento de una inteligencia cultivada.

Ya en épocas remotas los antiguos redujeron las virtudes morales a cuatro principales, a saber: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Leemos, por ejemplo, en la Biblia:

«…la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza, son las virtudes más provechosas para los hombres en la vida» (Sabiduría, 8).

Santo Tomás de Aquino expresa que todas las facultades que concurren para realizar el bien moral tienen necesidad de ser fortalecidas por las virtudes.

La razón es perfeccionada por la prudencia; la voluntad, por la justicia; la sensibilidad, en cuanto es deseo, por la templanza, y en cuanto es temor, por la fortaleza.

El ejercicio, por lo tanto, de las virtudes morales y de las demás virtudes da sentido de unidad a la vida del hombre porque encamina todas sus facultades y pasiones hacia un ideal de superación humana; en esta ordenación no está ausente la recta razón para indicar la debida jerarquía de los valores.

Ver: Virtudes Para La Vida en Democracia

Fuente Consultada:
Formación Moral y Cívica 8 – Capítulo I – El Hombre y sus Acciones Virtuosas – Roberto N. Kechichián – Ciclo Básico y Técnicas Editorial Stella –

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