Reformas Neoliberales en el Gobierno de Menem



Reformas Neoliberales en el Gobierno de Menem

Carlos Saúl Menem provenía del justicialismo, al que él mismo definió alguna vez como una corriente política nacionalista, populista y cristiana. Durante la década en que fue presidente, entre 1989 y 1999, reconvirtió al movimiento nacional y popular peronista en una fuerza política neoliberal en lo económico y conservadora en lo político.

Este alejamiento ideológico de las bases doctrinarias peronistas le permitió forjar una alianza electoral que lo llevó dos veces a la presidencia. Esa coalición estuvo formada por las clases sociales populares (en particular, los trabajadores) que tradicionalmente apoyaron al justicialismo, y también por sus tradicionales enemigos: los productores rurales, los financistas internacionales, los grandes industriales y las clases sociales altas, en general.

El neoliberalismo: Durante la campaña presidencial, Menem había prometido una revolución productiva que comenzaría con un salariazo, al parecer, en la línea del viejo populismo. La política económica que implemento contradijo esos postulados. Por el contrario, adhirió a los principios de la economía de libre mercado; es decir, un modelo que considera que todas las actividades económicas dependen únicamente de la libre iniciativa de las personas, salvo aquellas que son inevitablemente inherentes al Estado, como la defensa nacional y el mantenimiento del orden público. En los hechos, la adopción de esta ideología implicó el abandono de la concepción del Estado de Bienestar, propia del peronismo tradicional.

 Carlos Menem

Carlos Menem, Presidente de Argentina (1989-1999)

La economía de libre mercado tomó fuerza particularmente desde principios de 1991 cuando, después de un nuevo estallido hiperinfla-cionario, se puso en marcha el llamado Plan de Convertibilidad.

El economista Pablo Gerchunoff caracterizó al Plan de Convertibilidad como una estrategia de auto atamiento; es decir, el Estado se comprometió a no intervenir en la economía, como si se hubiera atado las manos.

Lo hizo en dos planos.

1. En materia cambiaría, una ley fijó, estable y perdurablemente (solo otra ley podía modificarlo), un tipo de cambio en el cual un peso es igual a un dólar.
2. En materia monetaria, el Banco Central solo podía emitir un peso si disponía de un dólar en sus reservas.

Como cinco años antes, la clave era el tamaño del Estado. Se inició, entonces, una serie de apresuradas privatizaciones con reglas poco claras. Los teléfonos, por ejemplo, fueron entregados en condiciones oligopólicas (un reducido número de oferentes podía controlar el mercado) y, previamente, el Estado debió hacerse cargo de las deudas de la empresa estatal. Se demoró, asimismo, la creación de entes reguladores que controlaran el poder de mercado, a menudo monopólico, de las nuevas compañías privadas.



La reforma del Estado: privatizaciones, descentralización y reformas administrativa y tributaria:

En esta reforma se buscaba devolver al Estado la difícil tarea de establecer normas precisas y aceptables para el gran capital nacional, el capital extranjero y la banca acreedora. Desde el gobierno se implementaron las medidas tendientes a satisfacer las demandas de todos esos sectores, que casi nunca se llevaban bien entre sí. De esa forma, se aseguró la estabilidad económica y la paridad cambiaría. Las principales políticas económicas que se implementaron desde el gobierno en relación con la reforma del Estado fueron las siguientes:

a. Privatizaciones
Apuntaban a «achicar al Estado». Para eso se vendieron al capital privado, nacional y extranjero, las empresas que manejaba el Estado. Canales de televisión, radios, ferrocarriles, transporte marítimo, transporte aéreo de pasajeros, teléfonos, gas, electricidad, servicio de agua potable y la empresa nacional de explotación de petróleo, entre otras, fueron vendidas en pocos años.

El Estado se comprometió a controlar las nuevas empresas privatizadas con los llamados «entes reguladores», que no en todos los casos fueron exitosos y muchas veces intervinieron en favor de los nuevos propietarios y no de los usuarios-clientes.

b. Descentralización
Esta reforma apuntó a transferir actividades o funciones del Estado Nacional, como la salud y la educación, a las provincias. En algunas, a su vez. se descentralizaron y delegaron funciones a los municipios. En muchos casos, provincias con una base económica débil no pudieron hacerse cargo en forma eficiente de las nuevas tareas.

c. Reforma administrativa
En algunas áreas, como el Ministerio de Economía, se buscó la profesionalización de sus trabajadores y el reemplazo de algunos de baja calificación por otros de un mejor nivel técnico. En general, esta reforma estuvo supeditada a ahorrar gastos, de forma tal que se implementaron los llamados «retiros voluntarios». El Estado pagaba una cifra de dinero para que el trabajador renunciara y se comprometiera a no volver a trabajar en la administración pública.

d. Reforma tributaria
Decidió atacar la evasión impositiva, pero no hubo muy buenos resultados porque se persiguió a los pequeños contribuyentes (comerciantes y profesionales independientes). Por otra parte, los grandes empresarios que pagaban eran siempre los mismos y a ellos les creaban nuevos impuestos en vez de evitar la evasión de los demás. Además, la Dirección General Impositiva (DGI) no se modernizó lo suficiente, lo que tornaba muy complicados los trámites vinculados al pago de impuestos.

La desregulación económica
Con este término se alude al cambio en la forma de control que realiza el Estado a las empresas. El Estado pasa a controlar o regular «menos» y de una manera más «libre», es decir, dejando que los empresarios se guíen de acuerdo con los beneficios económicos que recibirán al producir bienes y servicios. Algunos de los elementos que se aplicaron para posibilitar la desregulación son los siguientes:

• Eliminación de algunos subsidios o beneficios económicos a algunas empresas. Las que se vieron más afectadas fueron las chicas y medianas.
• Eliminación de antiguos «entes reguladores», como la Junta Nacional de Granos que imponía algunas restricciones a los empresarios.
• Menor atención a los problemas ambientales y a la calidad de los productos que se consumen.

La flexibilización laboral
Si bien no se pudo establecer una ley que flexibilice el trabajo, dicha flexibilización ya funciona en muchos lugares. Disminución de salarios, desaparición del aguinaldo, imposibilidad del trabajador de elegir la fecha de sus vacaciones, duración de la jornada de trabajo de más de diez horas y ser despedido sin cobrar indemnización fueron algunos de los cambios que se produjeron en la forma de contratación de los trabajadores.

El gobierno sostiene que la flexibilización es necesaria para que aumenten los puestos de trabajo, ya que contratar trabajadores en estas condiciones es más «fácil». No obstante, la desocupación aumentó mucho. Lo que casi nadie pone en duda es que la flexibilización laboral beneficia económicamente a los empresarios porque reduce los costos.



La renegociación de la deuda externa: el Plan Brady
Este acuerdo, que se realizó con la banca acreedora, consistió en la disminución de un porcentaje pequeño de la deuda externa y en una reducción de la tasa de interés a cambio del compromiso de la Argentina de pagar puntualmente las «cuotas» de la deuda. La reducción de la deuda no fue significativa y en poco tiempo los intereses acumulados superaron largamente ese descuento.

Gran parte de lo obtenido por la privatización de las empresas estatales fue destinado al pago de la deuda externa y aún así esta siguió aumentando. A mediados de 1997, la deuda externa argentina ascendía a 98 mil millones de dólares. Cuando no se puede pagar la «cuota», el FMI vuelve a prestar dinero a cambio de implementar políticas económicas destinadas a la reforma estructural que esa institución quiere que se aplique en la Argentina.

Fuente Consultada:
Sociedad Espacio y Cultura Siglo XX La Argentina en América y en Mundo
Tobio-Pipkin-Scaltritti – Kapeluz

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tena publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Mario Rapoport, economista e historiador.

Desde el punto de vista ideológico el neoliberalismo (una doctrina economica que declara el predominio absoluto de la economía de mercado) juega un rol importante a través de las reglas que brinda el llamado «Consenso de Washington». Este recomienda políticas económicas cuyos ejes centrales son el control del gasto público y la discilplina fiscal, la liberalización del comercio y del sistema financiero, el fomento de la inversión extranjera, la privatización de las empresas públicas y la desregulación y reforma del Estado. Los gobiernos deben limitarse a fijar el marco que permita el libre juego de las fuerzas del mercado; sólo éste puede repartir de la mejor manera posible los recursos productivos, las inversiones y el trabajo.

Esas ideas coincidieron en la Argentina con la feroz crisis hiperinflacionaria, producto de la herencia del endeudamiento externo de la dictadura militar y del fracaso de las políticas implementadas por el gobierno de Alfonsín para superarlo, y favorecida por intereses empresariales. Se esperaba que la llegada de otro presidente justicialista, Carlos Menem, pudiera revertir la situación. Pero si en 1945 se produjo la confluencia entre un líder histórico como Perón, y vastos sectores obreros y populares, que dio impulso a la industrialización y sustanciales mejoras a los trabajadores, el año pasado se verificó un escenario diferente.

Menem ganó las elecciones presidenciales con el apoyo de una gran mayoría popular que aspiraba a un cambio de rumbo, creyendo en sus promesas de «salariazo» y «revolución productiva». Pocos sabían que ya había establecido antes de llegar al poder una alianza con el establishment y la derecha neoliberal y estaba dispuesto a realizar políticas de signo contrario a las proclamadas. La derecha en la Argentina nunca tuvo un partido fuerte como para poder triunfar electoralmente y desde la década de 1930 llegó al gobierno gracias a golpes de Estado militares. Ahora, impuso sus ideas y, sobre todo, sus intereses al nuevo liderazgo justicialista, el llamado menemismo.

Se desplegó allí la etapa más importante del neoliberalismo en la Argentina. Se dictó una ley de convertibilidad que llevó al abandono de toda política monetaria y a la sobrevaluación del peso; se dio lugar a una apertura irrestricta de la economía; se liberalizaron los movimientos de capitales externos y el sector financiero; se apoyó la flexibilización laboral y el ajuste salarial, y se realizó la privatización de las principales empresas y activos públicos, cuyo resultado más lamentable fue la venta de la compañía petrolera estatal YPF, perdiendo el Estado un recurso estratégico clave para la economía nacional.

Muchas de esas privatizaciones, así como otras políticas del Gobierno, se realizaron por medio de actos de corrupción. Se incluyó también en este proceso la privatización de la previsión social, una de las causas principales del déficit fiscal en la Argentina. El predominio de las finanzas sobre el aparato productivo afectó singularmente al sector industrial cuya participación en el PBI podría caer más de diez puntos en la próxima década (del actual 27 por ciento a alrededor del 15 para 2002).

La clave del sistema resulta, sin duda, la convertibilidad de la moneda con un tipo de cambio fijo (un dólar igual a un peso), que funciona como el patn in oro del siglo XIX y contradice todas las otras med idas de liberalización.



En un sistema así, con apertura irrestricta de los mercados, la única forma de controlar el déficit externo y el déficit fiscal es aplicando políticas necesivas y de ajuste a la espera de un milagroso finjo de caí átales externos que compense la situación.

La falencia le ese proceso podrá observarse una vez agotadas las privatizaciones, que significan una importante pérdida del patrimonio nacional y que, junto a la venta de empresas privadas nacionales, dio lugar a una extranjerización sin precedentes de la economía sin que se ampliara su capacidad productiva. Sólo se benefician grandes grupos económicos extranjeros y nacionales, hasta que se produzca la caída final del modeló.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Mario Rapoport, economista e historiador.

Las dos caras de la moneda:
Por el Historiador Luis Alberto Romero
Cuadernillo de Historia Argentina El Bicentenario-Clarín

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Otros países latinoamericanos adoptaron el giro neoliberal: Brasil, con Cardoso; Chile, con los presidentes de la Concertación, y Perú, con Fujimori. La guerra civil se acalló en El Salvador y la nueva guerrilla, que surgió en Chiapas, se adecuó al nuevo ambiente democrático.

El mismo optimismo imperaba entonces en Europa Occidental, que emprendió la ruta de la Unión Europea y el euro, y sobre todo en Alemania, que en 1990 se reunificó. En cambio, el bloque soviético se disgregó de manera conflictiva. De la URSS surgieron Rusia y muchas otras repúblicas; Checoslovaquia se partió en dos y Yugoslavia se dividió y entró en una guerra sangrienta, sólo aplacada por la intervención de la OTAN. La conciliación llegó a Sudáfrica, donde Mándela fue liberado y electo presidente, y también a Palestina, pero la guerra civil se ensañó en Somalia y en Sudán.

En los Estados Unidos comenzó la era Clinton y también un período recesivo de la economía. El flujo fácil de dólares se interrumpió y, en la Argentina, emergió la otra cara de la fiesta.

Las privatizaciones dejaron un tendal de desocupados, en momentos en que el Estado descuidaba la educación, la salud y la seguridad. Emergió un mundo de pobreza que se manifestó con protestas exasperadas, como los cortes de rutas. Por otra parte, la corrupción del gran cambio se hizo pública: hubo escándalos, como la venta de armas; crímenes, como el de María Soledad y Cabezas; atentados, como los de la AMIA y Río Tercero, y en todos los casos quedaba como secuela la sospecha de la connivencia y el encubrimiento, a veces revelados por la implacable cámara oculta.

Por entonces, la jefatura de Menem comenzó a ser cuestionada: dentro del justicialismo, por quienes se consideraban sus sucesores; por fuera, la oposición comenzó a tomar forma, en torno del radicalismo y del Frepaso, nueva fuerza de centro-izquierda. Unidas desde 1997 en la Alianza, ambas fuerzas ofrecieron una alternativa centrada en la honestidad y el respeto de las instituciones.

No cuestionaron, en cambio, la convertibilidad, considerada por todos la clave de la estabilidad. Pero la convertibilidad tambaleaba, y la protesta social crecía: tal la herencia de la Alianza, que en 1999 derrotó al justicialismo y ganó la presidencia.

 

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