HEROINA consumo, efectos y origen Historia Formas de Aplicación


HEROINA Consumo, Efectos y Origen

CAMPAÑA NO A LAS DROGAS

HISTORIA DE LA HEROÍNA: ORIGEN Y EVOLUCIÓN

LA HEROÍNA: A finales del siglo XIX y mientras la morfina hacía estragos en toda Europa, una de las industrias farmacéuticas más prestigiosas, la Bayer, encargaba a su departamento de investigación de opiáceos la misión de obtener una droga con las ventajas de la morfina, pero que no crease adicción. Así fue como Dreser descubrió la heroína en 1874.

Los primeros ensayos con el producto se llevaron a cabo en 1898, en la clínica de la Universidad de Berlín. Los resultados fueron tan espectaculares, que en un principio se teorizó la posibilidad de haber conseguido un medicamento que ayudase a curar definitivamente la tuberculosis.

Poco después se intentaría atajar la morfinomanía administrando a los pacientes dosis de heroína, y los primeros resultados parecieron esperanzadores; la «enérgica» fue anunciada como la mejor terapia de deshabituación para opiáceos y remedio definitivo contra la tuberculosis.

La realidad sería bien diferente. Los pacientes abandonaban en efecto el uso de la morfina, pero para caer en las redes del pretendido remedio, de la heroína, otra droga más contundente, más tóxica y a la que cuesta muy poco acostumbrarse.

Pocas autoridades médicas se atrevieron a enfrentarse a la intoxicación informativa de tan prestigiosos laboratorios. Fue necesario que pasasen casi cuatro años para que algunas voces modestas comenzasen a denunciar los peligros del fármaco, y más de diez años para que se llegase al acuerdo de denunciar la heroína como una droga más peligrosa que la morfina y, evidentemente, contraindicada en la curación de la tuberculosis.

Esta reacción tardía, así como la perspicacia de los traficantes, que adivinaron pronto el saneado y fácil negocio, hizo que el tráfico de morfina se eclipsase paulatinamente, conforme el de heroína se extendía con rapidez inusitada.

China, gran productor de opio después de la citada penetración anglo-francesa, aprendió con rapidez el proceso de síntesis de la heroína y pagó a El mito del placer personal en la inyección de la dosis es un elemento importante en el ritual que adorna el submundo de las drogas. Las opiniones de los protagonistas varían según su grado de adicción: desde la negación de tal placer, hasta su defensa como el más maravilloso de los goces.

Occidente con la misma moneda: de 1910 a 1930 Europa se vio inundada de píldoras de heroína procedentes de China y comercializadas con nombres sugestivos como Dragón de oro, Tigre mágico o Caballo veloz. África, que por su aislamiento y condiciones culturales se había librado de la «epidemia» de morfina, tampoco pudo resistir la marea de la heroína. Llegarían a producirse casos extremos, como el de Egipto, donde algunos patronos pagaban el salario semanal con dosis de la droga.

Años más tarde, otra guerra, la de Vietnam, con su fuerte repercusión en la juventud norteamericana y su posterior influencia en Europa, haría surgir de nuevo, y con más virulencia en todo el mundo occidental industrializado, el protagonismo de esa droga que algunos han llamado «caballo» y otros «jinete del Apocalipsis».

El yonki, el toxicómano de heroína, compra el producto en forma de polvo blanco, rebajado o adulterado por su proveedor habitual —el camello— con otras sustancias más o menos peligrosas (azúcar molido, talco, etc.), a fin de autofinanciarse así sus propias dosis.

La administración más habitual suele ser en inyección endovenosa, y más raramente por aspiración nasal (snifar) o fumada. La heroína es disuelta en agua e inyectada en la vena cefálica, a nivel del pliegue del codo, mediante jeringuillas con aguja hipodérmica; secundariamente, cuando la «zona privilegiada» no admite ya más pinchazos, el yonki recurrirá a venas de las extremidades inferiores e incluso a las zonas inguinal y sublingual.

La toxicidad de los adulterantes, unida a la no esterilización de las agujas empleadas para inyectarse, supone ya un primer factor de riesgo de enfermedades (hepatitis*, septicemias*, etc.), para el adicto. El segundo, sería la propia toxicidad intrínseca de la droga. La heroína inhalada o fumada provoca unos efectos sedantes muy parecidos a los de la morfina.

La endovenosa es más contundente. Despliega su acción sobre el sistema nervioso central en tres fases consecutivas, que decrecen en duración e intensidad conforme la adicción aumenta. Las primeras sensaciones –flash– son de placer intenso, semejante a un orgasmo sexual; después. ras pocos segundos, aparece la etapa de total sedación y cierta euforia, con ausencia absoluta de cualquier tipo de impulso o necesidad fisiológica, o de molestia física, dolor o ansiedad.

Durante dos o tres horas el heroinómano permanece «colgado», indiferente, porque todo lo que le rodea le parece, perfecto, hasta que los efectos van desapareciendo –la bajada– y de nuevo toma contacto con la cruda realidad y con la necesidad de una nueva dosis para recuperar el paraíso perdido. Naturalmente, este tipo de proceso tan nítido solo se produce durante los primeros contactos -luna de miel-con la droga.

Conforme el nivel de intoxicación del individuo avance sus perfiles irán difuminándose y abreviándose sus plazos; la nostalgia de la carencia junto con el intenso grado de tolerancia que crea esta droga, acabará en una dolorosa necesidad del producto, y la inyección de heroína será ya el medio de evitar el sufrimiento del mono, el síndrome de abstinencia con lo cual la droga para el heroinómano deja de constituir una fuente de placer para llegar a convertirse trágicamente en una necesidad vital.

Predisposición a las Adicciones a Drogas

Biliografía y Fuentes Consultadas:
Alianza para una Venezuela sin Drogas. Tomado del URL:

www.alianzasindrogas.org.ve
Comité Nacional contra el Consumo Ílicito de Drogas CONACUID.
Tomado del URL : www.conacuid.com

Trabajo a cargo de:
Arturo Cuevas
Neyla Rodríguez
Almir Peraza
Raúl Pérez
Alberto Valdivieso