El Imperio Carolingio Origen Caracteristicas Expansion y Conquistas



El Imperio Carolingio: Origen Caracteristicas, Expansion y Conquistas

Temas Tratados:
1-Antecedentes al Imperio
2-Origen del Imperio
3-Coronación de Carlomagno
4-El Imperio Carolingio y Renacimiento
5-Expansión y Conquistas de Carlomagno
6-Caída del Imperio, Tratado de Verdún
7-Lectura Complementaria

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1-Antecedentes:

Desde la desaparición del Imperio Romano de Occidente (476), no hubo nadie que lograra reunir bajo su poder tanta cantidad de territorios hasta la llegada de Carlomagno, quien reinó del 768 hasta el 814. Carlomagno era hijo de Pipino el Breve, quien se había convertido en rey de los francos tras derrocar a Childerico, acabando así con la dinastía Merovingia.

De Pinino en adelante, los reyes que le sucedieron pertenecieron a la dinastía Carolingia.

El nuevo rey franco recibió el apoyo de la Iglesia no bien ocupó el trono, con el objetivo de defender al papado contra los lombardos, la tribu germana que ocupaba Italia. Carlomagno tomó la ciudad de Pavía, donde se había encerrado el rey lombardo, y se coronó rey.

El papado recibió tierras de parte del conquistador, con las que luego formaría los Estados Pontificios.

El rey franco se reservó el título de Patricio de los Romanos. Carlomagno combatió después, durante largo: años, en la Germania.

Allí estaban los sajones con su rey Widukindo, quien terminó derrotado. Pero no terminaron all sus conquistas: venció a los avaros que se habían hecho fuertes en el Danubio medio, y expulsó a los musulmanes del territorio francés.

La única expedición militar no victoriosa fue la del general Roldán en el norte de España, que estaba ocupada por los musulmanes. Sin embargo, Carlomagno consiguió establecer una marca en el sur.

Los gobernadores de las «marcas» fueron llamados «marqueses». Cariomagno fue coronado emperador por el Papa León III en el año 800.

A su muerte, catorce años más tarde, había conseguido duplicar los territorios que había heredado.



EL IMPERIO DE CARLOMAGNO

El reino de los francos fue el más estable y duradero de los fundados por los pueblos germánicos en Europa. A partir del siglo VIII, una nueva dinastía de reyes, descendientes de la familia de los Heristal, le dio su mayor esplendor, y extendió su poder a todos los países de Occidente, en la misma época en que los árabes consolidaban su dominio en la península ibérica.

rey carlomagno

Carlos Martel quien  detuvo a los árabes en su avance sobre Europa en la memorable batalla de Poitiers (732), tuvo dos hijos:  Carlomán, que profesó como monje, y Pipino, apodado el Breve por su baja estatura, que depuso a Childerico III y se apoderó del trono en el año 751 y reinó hasta el 768, inaugurando la dinastía de los carolingios. 

A su muerte, sus dos hijos, Carlomán y Carlos, fueron elegidos reyes de los francos, pero, como era de prever, no lograron coordinar sus acciones y se enfrentaron entre sí.

La solución de esta difícil situación se vió facilitada por el fallecimiento de Carlomán en el año 771, con lo que quedó Carlos en posesión total de los dominios de su familia, pues los hijos de Carlomán lo eligieron como jefe.

2-ORIGEN DEL IMPERIO

El imperio de Carlomagno, rey de los francos, comenzó como una humilde tribu germana establecida desde hacía tiempo en la antigua provincia romana de las Galias (Francia).

En tiempos de Carlomagno y sus predecesores, los dominios de los francos habían sido ensanchados, hasta abarcar desde la Alemania septentrional hasta Italia central, y desde el Atlántico hasta la Hungría oriental.

Carlomagno, fue un hábil monarca, combinaba la destreza en la guerra con el afán de saber y el apoyo incondicional al cristianismo. Obligaba a sus subditos a la observancia de la religión romana, amenazando con severos castigos a los que no acatasen esta orden.

Su curiosidad intelectual le llevó no solo a apoyar con entusiasmo a los hombres doctos de la Iglesia, sino también a mantener correspondencia amistosa con Haroun al-Raschid, el califa musulmán de Bagdad.



Carlomagno había conquistado el apoyo incondicional de León III por haberle repuesto en el trono papal después de una sublevación. Así, seguro de la fidelidad de Carlomagno a la iglesia, León III se apoyó en él en sus aspiraciones.

En San Pedro, el día de Navidad del año 800, puso sobre la cabeza de Carlomagno la corona imperial, aclamándole como César. León III no dudó de que Carlomagno recibía la corona imperial porque, y solamente porque él, el Papa, lo deseaba así en el nombre de Dios.

Debiso a grandes condiciones personales, Carlos fue conocido como El Grande (Magno), por lo cual fue llamado Carlomagno. Una vez en ejercicio del poder, Carlomagno se dirigió a combatir a los lombardos en Italia, para proteger al papa Adriano IV.

En el año 774 venció a Desiderio, rey de los lombardos, y dos años después deshizo por completo su reino. Desde entonces Italia quedó repartida, entre tres soberanos: el papa, Carlomagno y el emperador bizantino.

Carlomagno se proclamó rey de los longobardos y ciñó la corona de hierro, así llamada porque su aro interior había sido hecho con un clavo utilizado en la crucifixión de Jesucristo.

Poco tiempo más tarde, fue llamado a España (778) por un jefe árabe sublevado contra el emir de Córdoba.

En consecuencia, atravesó los Pirineos y venció a los moros, obligándolos a retroceder en el territorio conquistado hasta la línea del río Ebro.

A su regreso la retaguardia de su ejército fue sorprendida por los vascos o gascones y derrotada en el paso de Roncesvalles, donde murió su sobrino Rolando o Roldán, episodio que dio lugar a una famosa composición en verso.

Con posterioridad, los francos organizaron seis expediciones, con resultado de las cuales Carlomagno fundó dos marcas o provincias fronterizas, la de Barcelona y la de Gascuna.

Carlomagno culminó luego una larga guerra (772-785) contra los sajones, eficazmente conducidos por Widukindo, los que, a pesar de una enconada resistencia, fueron finalmente vencidos y sometidos, convirtiéndose al cristianismo.



Estos triunfos le permitieron extender sus dominios hasta el río Oder. Los bávaros fueron también vencidos y la misma suerte corrieron los ávaros, descendiente de los hunos (788-796), establecidos sobre las costas  del Danubio.

Finalizada esta campaña, Carlomagno creó la marca del Este (Ostereich), que más tarde constituyó el reino de Austria.

3-SU CORONACION:

Carlomagno había añadido al antiguo reino de Francia toda la Alemania del norte hasta el Elba, la Italia del Norte y la parte septentrional de España.

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Ningún reino bárbaro había sido tan grande. Se empezó a pensar que el título de rey no era bastante para un príncipe tan poderoso. Hacía más de trescientos años (476) que no había emperador en Occidente, pero quedaba un emperador romano en Constantinopla.

coronacion de carlomagno

Ocurrió que el emperador de Constantinopla fue destronado por su madre Irene, que se hizo llamar emperatriz. Nadie ostentaba ya el título de emperador y pensaron las gentes dárselo a Carlomagno.

Hubo entonces una rebelión en Roma y el Papa estuvo a punto de ser muerto. Carlomagno fue a Roma para restablecer el orden. Allí el Papa y los francos se pusieron de acuerdo.

El día de Navidad del año 800, Carlos asistía a la fiesta en la iglesia de San Pedro y se había arrodillado para orar en la tumba del santo. Cuando se alzó, el Papa le puso en la cabeza una corona y todo el pueblo gritó: «A Carlos Augusto, coronado grande y pacífico Emperador de los Romanos, vida y victoria». Luego el Papa se prosternó ante él, según la antigua costumbre, y le llamó Emperador y Augusto.

Desde aquel momento Carlomagno tomó el título romano de emperador. La emperatriz Irene envió a ofrecérsele como esposa. Fue pronto destronada; pero el emperador que la sucedió en Constantinopla reconoció el nuevo título tomado por Carlos.

El califa de Bagdad, Harund-al-Raschid, envió a Carlomagno un embajador con presentes, perfumes, drogas, especias, monos, una tienda de seda, un reloj de agua figurando un edificio con doce puertas, en el que se abrían a cada hora tantas puertas como campanadas daba el reloj y salían figuras que daban vueltas al aparato. También traían un elefante llamado Abul-Abbas, que murió el año 810.

4-EL IMPERIO CAROLINGIO

Una vez Finalizadas estas campañas, las posesiones de Carlomagno comprendían la Galia, Italia, Germania y una parte de España, con lo cual quedó restablecido el antiguo Imperio romano de Occidente.

Fue en estas circunstancias que el 25 de diciembre del año 800, mientras Carlomagno oraba en la basílica de los apóstoles San Pedro y San Pablo, en Roma, el papa León III ciñó su cabeza con la corona imperial, a semejanza de lo que ocurría con los emperadores de Bizancio.

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De esta manera se consolidó la unión de la Iglesia y el estado.

Para mejorar la administración de su vasto imperio, Carlomagno acrecentó el número de duques y condes, cuyos subalternos fueron los vicarios y los centenarios.

La labor de éstos se complementaba con la de otros funcionarios de confianza llamados missi dominici (enviados del señor), que recorrían el territorio en cada estación, de dos en dos un conde y un obispo—, para verificar el buen desempeño de sus súbditos.

Dos veces al año se celebraban las asambleas nacionales en las que participaban solamente los obispos, los duques y los condes. Durante su transcurso Carlomagno publicaba sus ordenanzas conocidas con el  nombre de capitulares, por estar enunciadas en capítulos, que no siempre tenían el carácter de leyes.

En ocasiones se trataba de normas o preceptos morales. Carlomagno prestó principal atención a la organización militar, a cuyo efecto las provincias fronterizas, llamadas marcas, estuvieron a cargo de jefes que recibieron el nombre de Margraves en Alemania y marqueses en los países latinos.

El ejército se componía de hombres libres, que debían aportar sus elementos de combate, cuya cantidad y calidad variaba de acuerdo con el patrimonio de cada combatiente. 

También tuvo especial preocupación por la organización eclesiástica, de la cual se sentía responsable.

Con tal objeto creó nuevos obispados y obligó al pago del diezmo, que consistía en el aporte de la décima parte de las cosechas, para el mantenimiento de la Iglesia.

Durante el reinado de Carlomagno se llevaron a cabo numerosas obras públicas, entre las que sobresalieron los puentes de madera levantados sobre el Rin y el Danubio; el comienzo de la construcción de un canal entre ambos ríos y la edificación de palacios.

mapa del imperio carolingio en europa

El Imperio Carolingio

El Renacimiento Carolingio:

En materia cultural, Carlomagno procuro estimular el desarrollo de las letras y de las ciencias, decaídas por efecto de las luchas, a través de su propio ejemplo.

A tal efecto, aprendió el latín y estudió la lengua germánica. Fundó escuelas y se rodeó de sabios, entre los cuales sobresalieron el teólogo Alcuino, nacido en Inglaterra, el lombardo Diácono y el germano Eginardo.

conquistas de carlomagno

Carlomagno asistió a la escuela que funcionó en su propio palacio de Aquisgrán, que mas bien tenía el carácter de una academia, donde se trataban y discutían temas de carácter científico y literario, basados en el estudio de las denominadas artes liberales, que comprendían el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadriuium (geometría, aritmética, astrología y música), según el método de lectura y comentario de textos. Paralelamente funcionaba una escuela para niños, que visitaba con frecuencia.

Hasta entonces eran pocos los que tenían una cultura clásica. Entre ellos sobresalían los monjes benedictinos, quienes fueron los más celosos custodios de esa valiosa herencia.  Este resurgimiento cultural ha sido llamado el renacimiento carolingio.

5-CONQUISTAS DE CARLOMAGNO

CONQUISTA DEL REINO DE LOS LOMBARDOS: El primer país conquistado fue el reino de los lombardos. La viuda de Carlomán se había refugiado en él. Carlos bajó a Italia con un ejército de caballeros cubiertos con cotas de mallas.

El rey de los lombardos, Desiderio, no había tenido nunca más que un ejército muy reducido de jinetes. No pudo impedir que los francos pasasen los Alpes y se encerró en su capital, Pavía.

He aquí cómo se contaba más tarde la llegada del ejército franco delante de Pavía:
Desiderio tenía en su corte un guerrero franco, Oger, que había escapado a Italia huyendo de la cólera de Carlomagno. Ambos subieron a una torre muy alta para ver venir al ejército. Primero aparecieron los carros y los bagajes». «—¿Viene Carlos con ellos?». «Cuando veas una cosecha de hierro alzarse en los campos e inundar los muros de la ciudad, entonces podrás decir que Carlos llega», contestó Oger.

En seguida se vio a Occidente una nube tan espesa, que oscurecía el sol. Luego a medida que Carlos se acercaba, el resplandor de sus armas hizo brillar un día más sombrío que la noche.

Por último, Carlos apareció como un hombre de hierro: la cabeza cubierta con casco de hierro, los brazos cubiertos con manga de hierro en el pecho y los hombros una coraza de hierro, en la mano izquierda una lanza de hierro y sobre su escudo no se veía más que hierro.

Delante de él, a su lado, detrás, sus guerreros tenían armaduras semejantes. La llanura estaba cubierta de hierro; las puntas de hierro reflejaban los rayos del sol. Se oyó entonces gritar por la ciudad: » ¡Cuanto hierro, ay, cuanto hierro! » — Oger vio todo aquello y dijo a Desiderio: «He aquí al que esperas», Y cayó desvanecido.

El ejército franco sitió a Pavía, la cual, cuando la guarnición no tenía nada que comer, se rindió. Desiderio cayó prisionero con toda su familia y los lombardos se sometieron. Carlos les dejó sus costumbres y tomó el título de rey de los lombardos (774).

SUMISION DE LOS SAJONES

Los sajones ocupaban todo el territorio septentrional de Alemania, desde el Rhin hasta el Báltico. Habían permanecido igual que los antiguos germanos, No tenían ninguna ciudad.

Combatían aún casi todos a pie, sin casco y sin cota de mallas. No tenían rey y estaban divididos en pequeños pueblos, cada uno gobernado por una familia de grandes propietarios. Seguían adorando a los antiguos dioses: Wotan, Donnar (el- Trueno) y Saxnot (dios de la espada). Habían degollado a los misioneros cristianos que intentaban convertirlos.

El año 772 quemaron una iglesia y pasaron a cuchillo a los cristianos que allí había. Carlos comenzó la guerra para convertirlos y para someterlos. Fue con su ejército a atacar su principal santuario.

Cerca del Weser, en un bosque sagrado, se alzaba un poste alto de madera con cabeza y manos, que sostenía un estandarte, el Irminsul (columna de Irmin).

Era el ídolo del dios Irmin, rodeado de objetos de oro y plata donados por los fieles. Carlomagno mandó derribar aquel poste y quemar la madera y distribuyó el tesoro entre sus soldados.

Dos años más tarde, en tanto Carlos estaba ocupado en Italia, los sajones fueron a sitiar una iglesia cristiana que trataron de incendiar. Esta vez Carlos manifestó que combatiría a los sajones y no pararía hasta haberlos convertido o exterminado.

Entonces comenzaron las invasiones y las matanzas, que duraron veinticinco años. Los guerreros sajones no podían resistir el empuje de los caballeros francos y jamás libraron una batalla. Pero cuando el ejército se marchaba se negaban a obedecer.

Carlomagno les ordenó primeramente (777) acudir a una gran asamblea. Allí les hizo jurar que permanecerían fieles al rey y a la religión, so pena de perder bienes y libertad si faltaban a su juramento.

Muchos se dejaron bautizar, pero uno de sus jefes, Witukind, se negó a presentarse y se retiró entre los paganos de Dinamarca.

Cuando Carlos estuvo ocupado haciendo guerra en España, Witukind volvió, hizo que los sajones se sublevasen y llegó hasta el Rhin, saqueando las iglesias y los conventos (778). Carlos hizo cuatro expediciones más.

Esta vez estableció en el país de los sajones condes francos y sacerdotes cristianos. Mandó levantar iglesias y que todos los sajones pagasen a los sacerdotes el diezmo de todas sus cosechas.

Les ordenó bautizar a todos sus hijos y les prohibió bajo pena de muerte, practicar su antigua religión, quemar los cadáveres de los suyos y comer carne en cuaresma.

Semejante régimen exasperó a ios sajones, que se sublevaron y degollaron a varios eclesiásticos. Esta vez Carlos obligó a los sajones a entregar los guerreros que habían combatido contra los francos.

De ellos tomó 4.500 y mandó decapitar a todos (783). Hubo sublevaciones todavía, luego Witukind pidió la paz y se hizo bautizar (785).

No acabaron las cosas, sin embargo. Ocho años más tarde empezó de nuevo la rebelión en el norte, y la guerra duró otros diez años (694-804). Pero entonces Carlos, para someter al país, sacó de él parte de los habitantes, incluso los mujeres y los niños.

Los transportó a otros países de su reino y en su lugar estableció colonos francos. Hizo que le dieran como rehenes muchachos y los envió a conventos donde se les crió como cristianos. Había necesitado treinta y cuatro años para someter a los sajones.

SUMISIÓN DE LOS AVAROS

Del lado del Danubio Carlos hizo varias expediciones contra los avaros, establecidos en las llanuras de Hungría.

Era un pueblo venido de Asia, semejante a los hunos, que como ellos, combatía a caballo y disparando el arco. Habían saqueado todos los países vecinos y reunió un gran tesoro. Seguían siendo paganos.

Los avaros habían irritado a Carlos incitando al duque de los bávaros a sublevarse.

Los ejércitos francos invadieron su país. Los jinetes avaros, ligeramente armados, no resistieron en campo abierto a los caballeros lombardos y francos. Pero se refugiaron en sus fortalezas, recintos redondos hechos con piedras y troncos de árboles, de seis metros de espesor.

Los francos las tomaron por asalto, y en ellas se encontraron mucho oro, plata armas y alhajas. En ninguna de sus guerras hicieron tan rico botín.

CONQUISTAS EN ESPAÑA

Carlomagno hizo varias expediciones a España contra los musulmanes. La primera (778) acabó mal. A la vuelta, cuando el ejército pasó los Pirineos, la retaguardia, que daba escolta a los bagajes, fue sorprendida en la llanura de Roncesvalles.

Los montañeses vascos, que combatían ligeramente vestidos, se lanzaron sobre los caballeros francos a los que dificultaba los movimientos su armadura, pasaron a todos a cuchillo, y se apoderaron de la impedimenta.

Entre los muertos se hallaba el conde Roldan, que más tarde había de hacerse célebre en los poemas de la Edad Media.

En España, los francos no ganaron grandes batallas. Pero acabaron por quitar a los moros la ciudad de Barcelona y todo el territorio situado al norte del Ebro.

Caída y División del Imperio

Rodeado del cariño de su pueblo y de la admiración de los extranjeros, Carlomagno falleció en su palacio de Aquisgrán (Aix-la-Chapelle), el 28 de enero de 814.

A su muerte, los pueblos sometidos trataron de recobrar su independencia y la estructura del imperio se resquebrajó hasta partirse.

Su hijo Luis el Benigno o Ludovico Pío, que le sucedió en el trono, dividió el imperio en el año 817 entre sus tres hijos: Lotario, Pipino y Luis.

Disconforme con este reparto, su sobrino Bernardo, que era el rey de Italia, se sublevó, pero fue vencido.

Posteriormente, Ludovico se casó en segundas nupcias con una hija del rey de Baviera (819) con la que tuvo otro hijo, Carlos, a quien quiso hacer partícipe del reparto y entregarle un reino, pero sus otros hijos se sublevaron y Ludovico fue depuesto, aunque más tarde fue restablecido en el trono por la asamblea de Nimega (830).

Esta resolución dio lugar a que sus hijos se sublevaran nuevamente en el año 833. Abandonado por su ejército, fue degradado públicamente, pero poco después fue restaurado por segunda vez en el trono (834).

Tiempo más tarde, su hijo menor, Luis el Germánico, quitó sus dominios a los hijos de Pipino, rey de Aquitania, que murió en el año 838 y además, convenció a su hermano Lotario que le cediera sus posesiones; con lo cual unificó las fuerzas para luchar contra su padre, que falleció en 840, cuando se dirigía a enfrentar al vástago rebelde.

Con la muerte de Ludovico Pío, sus dos hijos menores , Luis y Carlos, se unieron contra Lotario, que reclamé la 3ucesión de su padre y el título de emperador. El entredicho derivé en un enfrentamiento militar, que tuvo lugar en Fontenoy, el 25 de junio de 841. La batalla se prolongó durante todo un día, hasta que el ejército de Lotario se retiro del campo, sin estar definitivamente derrotado.

En esas circunstancias, Luis y Carlos ratificaron su unión con el famoso juramento de Estrasburgo. prestado en presencia de los dos ejércitos (842).

Tratado de Verdún

Al año siguiente (843), Lotario se avino a firmar un tratado en Verdún, por el cual se llevó a cabo otro reparto, de tal manera que Carlos, apodado el Calvo, se quedó con la Galia, aunque con una superficie más reducida, comprendida por los ríos Escalda, Mosa, Saona, los montes Cevenes y la desembocadura del Ródano.

A este territorio se lo llamó Francia. Luis el Germánico obtuvo la extensión situada al Este del Rin, que se llamó Germania (Alemania). Por último, Lotario recibió Italia y una franja de territorio separada de la Galia. que comprendía parte de Suiza, la Borgoña, Provenza y Austrasia (Alcasia y Lorena). Todo el conjunto recibió el nombre de Lotaringia.

Con esta división, desapareció el imperio de Carlomagno y surgieron tres incipientes estados que, con algunas variantes en su integración territorial, perduraran hasta nuestros días.

No obstante, la desmembración no se contuvo con esta división, sino que cada una de las tres partes continué fraccionándose en pequeños estados.

En Francia, Carlos el Calvo no pudo mantener su autoridad sobre los duques, marqueses y condes, que fueron emancipándose gradualmente.

Estas divisiones fueron favorecidas por el famoso edicto de Mersen (847), del propio Carlos el Calvo, por el cual se establecía que los hombres libres debían reunirse en tomo de un señor, y luego por el edicto de Krersy del Oise (877), que admitió que el título de conde fuera hereditario.

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LECTURA COMPLEMENTARIA:

MUERE EL EMPERADOR, MUERE EL IMPERIO

Cuenta Eginardo que, poco después de la Navidad del año 813, Carlos fue atacado por una fiebre que minó su formidable fortaleza. En enero de 814 la enfermedad lo obligó a suspender toda actividad y a permanecer en el lecho. Naturalmente, no se resignó a permanecer en esa situación.

Los consejos y cuidados médicos le resultaban insoportables. Consideraba que el mal debía ser tratado como si fuera un enemigo, con todo rigor.

Carlos MartelDeclaró entonces la «guerra» a su enfermedad, sometiéndose a un ayuno absoluto. Durante días no tomó alimento alguno, salvo algunos sorbos de agua.

La fiebre lo quema, la pleuresía lo sofoca. Los médicos tratan de convencerlo para que se someta a tratamientos más eficaces. Pero todo es en vano.

La misma voluntad férrea que lo favoreció en tantos triunfos, lo empujaba ahora a la derrota.

Año 814, 28 de enero, 9 de la mañana. Repentinamente, el físico agotado cede, y sobreviene la muerte. En el palacio, junto al dolor y la consternación, cunde la incertidumbre.

Carlos no ha dejado ninguna directiva referente a sus exequias, ni siquiera ha fijado el lugar en que debe ser sepultado: la eventualidad de la muerte no lo preocupó en absoluto. Después que su cadáver es lavado y revestido con las insignias imperiales, los dignatarios de la corte discuten, indecisos, sobre el lugar donde será sepultado.

Finalmente, se deciden por la catedral de Aquisgrán, que el mismo emperador mandó construir.

El siguiente problema es el de la sucesión. De los tres hijos que hacía ocho años Carlomagno había señalado como herederos del trono, sólo uno vive: Luis, rey de Aquitania, príncipe tan religioso que se dio a sí mismo el apelativo de «Piadoso» (Ludovico Pío). Luis se parecía a su padre, pero solamente en el físico.

Era de carácter neurótico, inconstante, pasional. Gobernó mal al imperio, preocupado desde temprano por el problema de su sucesión.

Después de haber resuelto dividir en tres partes los dominios francos para darle una a cada uno de sus tres primeros hijos — Lotario, Pipino y Luis—, reservando al primero el título imperial, resolvió, en el año 829, alterar ese reparto, v dar a su cuarto vastago, Carlos, hijo de su segunda esposa, parte de las tierras prometidas antes a los otros príncipes.

Al morir, en 841, las violentas rivalidades entre los cuatro hermanos dieron lugar al estallido de una guerra generalizada.

En el transcurso de dos años de lucha y convulsión, los últimos vestigios del gran imperio centralizado de Carlomagno desaparecieron del mapa de la Europa occidental.

DESPUÉS DE CARLOS, EUROPA TOMA NUEVOS RUMBOS

«En esta tumba reposan los restos de Carlos, grande y ortodoxo emperador, que acrecentó noblemente el reino de los francos y lo gobernó con felicidad durante 47 años.

Murió a los 71 años, en 814, año del Señor, séptima indicción, el quinto día antes de las calendas (1º. de mes) de febrero». Este epitafio, esculpido en el sepulcro de Aquisgrán, no puede expresar, en su exacta dimensión, la obra de Carlomagno.

Sólo la posteridad la ha valorado can justicia. El imperio, en cuanto organización administrativa y unidad territorial, fue efímero. Perduró algo gracias al talento político de su creador. Pero una vez muerto éste, no pudo sobrevivir.

El feudalismo, cuyo advenimiento había preparado y al que dieron fuerza las discordias intestinas y las invasiones normandas, concluyó por desmembrarlo. Sin embargo, la existencia o el recuerdo de ese vasto imperio, por breve que haya sido, tuvo consecuencias decisivas en el desarrollo posterior de la historia de la Europa occidental.

El Imperio Carolingio

Al asumir el control de todo el reino franco en el año 771, Carlomagno continuó la política emprendida por su padre, y revitalizó su alianza con la Iglesia romana.

Entre 773 y 774, conquistó los territorios ocupados por los lombardos, y renovó las donaciones hechas al papado por Pipino, llamándose a sí mismo «rey de los francos y los lombardos».

Estas conquistas fueron tan sólo el comienzo del proceso de expansión de los dominios francos, que se extendieron hasta alcanzar las dimensiones de un imperio continental.

Mientras sostenía la larga guerra de conquista de los territorios de los sajones (entre 772 y 804), otras regiones fueron también anexadas. Los límites del imperio no eran precisos, pero éste creció en forma de abanico hacia el Oriente, donde la penetración más profunda alcanzó las tierras de los avaros.

También los límites occidentales se modificaron: en el extremo oeste quedó establecida la Marca de Bretaña, y en el sudoeste se creó la Marca de España. Todo ese gran imperio, sin embargo, no sobrevivió a su creador.

Los fermentos de la disgregación se manifestaron ya durante el reinado de su hijo Luis el Piadoso.

Cuando éste murió, tuvo lugar una larga disputa entre sus hijos a la que dio fin el Tratado de Verdún, del año 843.

Por este acuerdo el imperio fue dividido en tres reinos: el oeste para Carlos II (la Francia occidental, más tarde Francia), el centro para Lotario I, quien mantuvo el título de emperador, y el este para Luis (la Francia oriental, más tarde Alemania). La unidad formal del imperio fue respetada pero, de hecho, el imperio europeo se extinguió definitivamente.

Ver: Primeras Escuelas en el Imperio de Carlomagno

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