El Primer Libro de Historia Argentina Ruy Diaz Guzman Historia



El Primer Libro de Historia Argentina Por: Ruy Diaz Guzman 

El primer libro de historia argentina escrito por argentinos

La historia argentina, escrita por argentinos, comienza con Ruy Díaz de Guzmán. Tipo perfecto de mestizo paraguayo, nació en la Asunción entre 1558 y 1560, hijo de Alonso Riquelme de Guzmán y de doña Ursula de Irala (…)

La obra de Ruy Díaz no tiene parangón en la literatura histórica del Nuevo Mundo. Puede ser clasificada en el género de las crónicas; pero no es una crónica. Su lectura tiene un encanto a cosa añeja y vivida que no se encuentra en otros libros de los primeros años de la conquista. Debemos decir por qué. Los otros libros, casi sin excepciones, han sido escritos por autores españoles o que se formaron espiritualmente en España.

Ruy Díaz, en cambio, no salió del Perú, el Paraguay, el Tucumán y el Río de la Plata. En estas tierras aprendió a hablar español y a escribir Su libro refleja el pensamiento de un mestizo que ha aprendido todo lo que sabe entre indios y en selvas y desiertos.

Y esto, precisamente, revela lo maravilloso, por no decir milagroso, que hay en la conquista hecha por España. Entre estos indios y en estas tierras semidesiertas y semisalvajes, donde silbaban las flechas, había indios antropófagos y las ciudades no tenían medio siglo de fundadas, era posible adquirir la mentalidad perfecta de un español o europeo de gran cultura, pensar como un lector de la universidad de París y escribir un perfecto castellano y una crónica histórica como lo habría hecho un escritor de méritos muy bien reconocidos.

Lo Argentino contiene un buen número de errores históricos. Estos errores no son tantos como para desechar esta obra y considerarla un conjunto de páginas poco menos que inútiles. Paul Groussac los ha señalado en una edición crítica famosa. Nosotros hemos hecho otra edición con nuevas correcciones a Ruy Díaz y no pocas modificaciones a Groussac. Los errores de Ruy Díaz son principalmente anacronismos. No olvidemos que escribía con los informes espigados en los recuerdos de innumerables conquistadores.

A menudo utilizaba y glosaba documentos; pero su fuente casi exclusiva era la oral. Ahí estaban los protagonistas de mil aventuras y expediciones y hombres que habían recogido la emoción de antiguos compañeros de Caboto. Nada faltaba en las bocas de aquellos españoles desde los tiempos más primitivos hasta el instante en que él mismo actuaba.

Los lapsus, los olvidos, son humanos y no faltaban en aquellos hombres. Por ello los encontramos también en Ruy Díaz. No han elogiado, en cambio, los instantes de emoción, las descripciones, las figuras y los hechos salvados del olvido, que han llegado hasta nosotros, como a través de un narrador mágico, en estas páginas elevadas, sobrias, con vocablos hoy en desuso que reflejan el alma de unos seres extraordinarios. Lo Argentino fue desdeñada cuando la manía del documento inédito entró a trastornar los cerebros de nuestros jóvenes investigadores.

Paul Groussac (1848-1929)

Paul GroussatEn junio de 1929 Paul Groussac, ciego y enfermo, seguía trabajando en la Biblioteca Nacional con el mismo entusiasmo de su juventud en la tarea de la investigación.



La Biblioteca Nacional (cuya dirección se le confió el 19 de enero de 1885) era para él una especie de gruta de Fahner, un refugio seguro en el que había enclaustrado su espíritu, conmovido por los principios esquivos de su vida.

Allí, entre los libros y los códices que él mismo había frecuentado anteriormente para concederse solaz, podía repasar las vicisitudes de su larga y tenaz lucha, iniciada en la Escuela Naval de Brest, proseguida en París y luego en la Argentina.

Llegó a tiempo para conocer a los protagonistas de los grandes momentos que había vivido y seguía viviendo la nación; pasó a San Antonio de Areco y estudió detenidamente a los gauchos. Muy pronto iba a participar en acontecimientos memorables. En 1870 se lo nombró profesor de matemáticas en el Colegio Nacional, donde conoció a José Manuel Estrada y a Pedro Goyena, cuya «Revista Argentina» lo aceptó y publicó su primer trabajo: un estudio sobre Espronceda.

Nicolás Avellaneda lo designó profesor en Tucumán, en 1871. Desde allá Groussac enviaba escritos que eran publicados en «La Tribuna». En 1872 volvió a Buenos Aires para intervenir en un congreso pedagógico y en esos días publicó su «Ensayo histórico sobre el Tucumán». Desde entonces alternó su tarea con viajes a Europa, continuó enseñando desde la cátedra, publicó artículos sobre Leconte de Lisie, Bacó, Flaubert, Labiche, Pérez Galdós y Daudet.

Ni los cargos públicos, ni los honores, ni las mezquinas pasiones pudieron torcer su modestia. Llegó a nuestra patria como un inmigrante intelectual y aquí dio su batalla, para ganarla sin más armas que las de su voluntad, su competencia y su espíritu de concordia. Groussac nació en Toulouse (Francia) el 15 de febrero de 1848 y murió en Buenos Aires el 27 de junio de 1929.

Enrique de Gandía
Noticia preliminar a La Argentina, de Ruy Díaz de Guzmán

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