Obras del Virrey Vertiz – Crecimiento De Buenos Aires Colonial



Obras del Virrey Vértiz – Crecimiento De Buenos Aires Colonial

EL CRECIMIENTO DE BUENOS AIRES COLONIAL Y EL VIRREY VÉRTIZ

El crecimiento de Buenos Aires obligó al Cabildo a ocuparse de nuevos problemas, o de problemas viejos agravados ahora. Justicia, policía, hacienda, higiene, alumbrado público, urbanismo, salubridad, obras de caridad, todo caía bajo su jurisdicción.

Una de las principales deficiencias que presentaba la ciudad era el mal estado de las calles, que al anegarse formaban verdaderos pantanos imposibles de vadear por vehículos y peatones. El virrey Vértiz decidió empedrar algunas de las principales calles del centro; otras fueron rellenadas con despojos de ladrillos, cascotes y escombros.

La nivelación de la ciudad mejoró el aspecto de las calles y al prohibirse el paso de carretas excesivamente pesadas se evitó la formación de huellas. También la iluminación fue un paso adelante; al principio empezó por cuenta del vecindario y luego el sistema fue adjudicado al mejor postor; se hacía con velas que debían encenderse todas las noches.

Otra iniciativa que embelleció a la novel corte fue el paseo de la Alameda, una calle que bordeaba el río sobre la que se plantaron sauces y ombúes. Por allí no podían soltarse animales ni las lavanderas debían tender cuerdas para colgar la ropa.

Pero la Alameda se inundaba con facilidad cada vez que crecía el río, aunque en los intervalos fue muy frecuentada por la sociedad porteña, que hizo de ese modesto paseo un centro de reuniones que, junto con las cabalgatas a las quintas cercanas, las tertulias y las charlas en los pocos cafés que empezaron a instalarse, constituía la expresión de sociabilidad de los porteños.

Las obras llevadas a cabo por el virrey Vértiz y el intendente de Córdoba, el Marqués de Sobremonte, en el Virreinato del Río de la Plata son un ejemplo de la acción de virreyes e intendentes emprendedores. Ambos llevaron adelante planes de defensa y poblamiento con el fin de asegurar las rutas comerciales internas de las amenazas indígenas. Para asegurar la línea de frontera, instalaron varios fortines que, más tarde, se convirtieron en centros poblados, en particular en aquellas zonas aptas para tareas agrícolas.

La acción de Vértiz y de Sobremonte se extendió también al ámbito urbano, donde introdujeron importantes mejoras: arreglo y limpieza de calles, provisión de agua, alumbrado público, construcción de edificios y lugares de esparcimiento. Vértiz también prestó especial atención a las actividades de beneficencia y fundó la Casa Cuna -Hospital de Expósitos-, la Casa de Corrección para prostitutas, y el Hospicio de pobres mendigos. Fundó, además, el Real Colegio de San Carlos y proyectó también la creación de una universidad y un seminario, que no pudo concretar. Las obras de beneficencia y las escuelas eran sostenidas por la Junta de Temporalidades, la administradora de las posesiones y bienes que habían pertenecido a los jesuitas.

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