Retrato de Jose de San Martin según el Historiador Mitre



Retrato de José de San Martín: Según el Historiador Mitre

De “Historia de San Martín” de Bartolomé Mitre

General San Martin Foto Clásica


En los heroicos días de su edad viril, San Martín como la estatua viva de las fuerzas equilibradas, era alto, robusto y bien distribuido en sus miembros, ligados por una poderosa musculatura. Llevaba siempre erguida la cabeza, que era mediana y de una estructura sólida sin pesadez, poblada de una cabellera lacia, espesa y renegrida que usaba siempre corta dando relieve a sus líneas simétricas, sin ocultarlas.

El desarrollo uniforme del contorno craneano, la elevación rígida del frontal, la ligera inclinación de los parietales apenas deprimidos sobre las sienes, la serenidad enigmática de la frente, la ausencia de proyecciones hacia el idealismo, si no caracterizaban la cabeza de un pensador, indicaba que allí se encerraba una mente robusta y sana capaz de concebir ideas netas, incubarlas pacientemente y presidir sus evoluciones hasta darles formas tangibles. Sus facciones vigorosamente modeladas en una carnadura vigorosa y enjuta, revestida de una tez morena y tostada por la intemperie, eran interesantes en su conjunto y cautivaban fuertemente la atención.

Sus grandes ojos, negros y rasgados, incrustados en órbitas dilatadas, y sombreadas por largas pestañas y por anchas cejas —que se juntaban en medio de la frente al encontrarse hacia arriba formando un doble arco tangente— miraban hondamente dejando escapar en su brillo normal el fuego de la pasión condensada, al mismo tiempo que guardaban su secreto. La nariz pronunciada y larga, aguileña y bien perfilada, se proyectaba atrevidamente en líneas regulares, a la manera de un contrafuerte que sustentase el peso de la bóveda saliente del cráneo.

Su boca, pequeña, circunspecta y franca, con labios arcaminados, firmes, carnosos y bien cortados, se animaba a veces con una sonrisa simpática y seria, que dejaba entrever una rica dentadura verticalmente clavada. Los planos de la parte inferior del rostro eran casi verticales, destacándose de ellos horizontalmente la barba (PLC cerraba el óvalo, y lo acentuaba como un signo de la voluntad persistente, sin acusar ningún apetito sensual, rasgo que la edad avanzada puso más de relieve.

La oreja, era regularmente grande… Su voz era ronca, a su talan marcial unía un porte modesto y grave: eran sus ademanes sencillos, dignos y deliberados, y todo en su persona desnuda de aparato teatral, inspiraban naturalmente el respeto sin excluir la simpatía.

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