Metalúrgia Primitiva Fundicion de Metales Uso del Cobre Hierro Bronce



Historia de Metalúrgia Primitiva – Fundicion de Metales: Cobre, Hierro, Bronce la edad de los metales

Hace unos 7.000 años los seres humanos comenzaron a producir objetos de metal. Los historiadores denominan Edad de los Metales a la última etapa de la Prehistoria, por la importancia que tuvo la invención de la metalurgia.

La metalurgia: El descubrimiento de que se podía extraer metal de la roca supuso un desarrollo tecnológico vital. Los primeros humanos sin duda vieron los depósitos de oro y cobre (conocido  como»cobre nativo») en las rocas, pero extraerlos era más complejo.

Este cobre fue utilizado en diversos lugares del Próximo Oriente para hacer dijes, en los últimos momentos del período neolítico, allá por el año 5000 a. de C. Se daba forma a los dijes mediante el único sistema entonces conocido: golpeando y doblando el metal.

Por esta época se empezaron a trabajar del mismo modo pequeñas piezas de oro. Posteriormente se descubrió que el cobre se volvía quebradizo como resultado de los golpes, pero podía ser templado nuevamente calentándolo hasta ponerlo al rojo vivo.

En Asia, en torno al año 9000 a. C., se usaba cobre para fabricar herramientas, lo cual indica que se había alcanzado ya cierto conocimiento del proceso de fundición.

Este conocimiento permitió trabajar grandes volúmenes de metal con ayuda del martillo y, hacia el año 4000 a. el trabajo con el cobre se había extendido ya al norte de África y Europa.

La extracción de minerales metalíferos superficiales como la malaquita estaba ampliamente difundida en Oriente Próximo, donde se empleó por vez primera de forma eficaz la técnica de la fundición.

El primer metal que se utilizó fue el cobre y lo trabajaban de manera muy sencilla, golpeándolo con piedras. El cobre no era un metal muy resistente y se utilizaba sobre todo para hacer joyas y objetos de adorno. Se desconoce cómo, cuándo y dónde se descubrió que podía extraerse cobre del mineral. Debido a que el proceso exige temperaturas bastante altas, puede suponerse que la fundición evolucionó como un subproducto de la producción de cerámica. El proceso, tal como se conoció en un primer estadio, comprendía el calentar una mezcla de carbón de leña y mena de cobre en una pequeña cavidad practicada en el suelo. Unos hombres, soplando el fuego mediante unas bodoqueras, elevaban la temperatura del conjunto. Este sistema está claramente descrito en una serie de pinturas halladas en tumbas egipcias que datan del 2500 a. de C.

En un principio, esta se aplicó básicamente con fines decorativos. El oro y el cobre se consolidaron como artículos comerciales vitales y contribuyeron al desarrollo de las culturas económicamente fuertes que empezaron a surgir en la época.

Pese a ser minerales preciados, el cobre y el oro eran demasiado blandos para aplicarse a la fabricación de armas.



Sin embargo, la experiencia de trabajar el cobre conllevó una mayor comprensión de las propiedades de los metales en general y, en última instancia, propició la amalgama del cobre con el estaño para producir una aleación más resistente: el bronce.

Más tarde los seres humanos utilizaron otros dos metales: el bronce, una aleación de cobre y estaño, y el hierro. Ambos metales eran muy resistentes y con ellos se podía fabricar todo tipo de utensilios: herramientas de trabajo, armas y armaduras, recipientes, joyas, estatuas. Para fabricar objetos de bronce y hierro los hombres fundían el mineral en hornos cerrados y después colocaban el metal fundido en moldes con la forma del objeto que querían realizar.

Puesto que las existencias de estaño se limitaban a Oriente Próximo, China y el noroeste de Europa, la Edad de Bronce solo se dio en estas zonas.

En el resto del mundo, como en África, América y Australia, la piedra siguió siendo el medio más eficaz para fabricar herramientas hasta la llegada del hierro.

La eficacia del bronce generó un excedente de útiles, armas y objetos ceremoniales, así como artículos de lujo, que llevó la riqueza a determinadas comunidades.

HISTORIA FUNDICION DE METALES:

Con el descubrimiento de la fundición se observó que el cobre se licuaba a altas temperaturas y que, por tanto, podía verterse en moldes preparados previamente.

Esto significaba que las masas informes de fundición podían ser fragmentadas y, colocándolas en crisoles, calentadas de nuevo para obtener copias, por vaciado.

Este proceso básico iba a mantenerse sin cambios sustanciales durante los mil años siguientes.

Sin embargo, poco a poco fue aumentando la capacidad de los hornos al construir una estructura en forma de chimenea con piedras y arcilla, y aparecieron varios tipos simples de fuelles que reemplazaron el trabajo de los pulmones humanos.

Estos fuelles consistían en un saco de piel con dos estrechas aberturas para aspirar y expulsar el aire, que se hacía funcionar manualmente, o en una especie de tambor con una cubierta de piel relajada que podía estirarse y apretarse para crear una corriente de aire. Hasta el 500 a. de C. no aparecieron los verdaderos fuelles.



Poco tiempo después del descubrimiento de la fundición y el moldeado del cobre empezó a extraerse plata, a fundirse oro y a obtenerse reproducciones.

Posiblemente como resultado de mezclar algunos de estos metales en un crisol, se descubrió que las mezclas de metales (aleaciones) resultaban, por lo general, más duras que algunos de los metales, por separado, que intervenían en el proceso. A partir del año 2500 a. de C. se emplearon en joyería diversas aleaciones de plata y cobre, o de oro y plata, sobre todo en Mesopotamia y Egipto.

Aunque abundante, el principal defecto del cobre como material para fabricar herramientas, era su fragilidad.

En teoría, era más resistente si se le añadía oro o plata, tal como se hizo en el Perú precolombino, pero esto resultaba muy costoso.

En vez de ello se buscaron metales menos caros para alearlos con el cobre.

En un principio, se emplearon estaño, antimonio y arsénico, que forman menas muy pesadas y parecidas por su aspecto, para fundirlos con cobre. Pero hacia el 3000 a. de C, el estaño, el más abundante de ellos, fue el que se utilizó con mayor frecuencia; de este modo se formó la aleación que conocemos como bronce.

Junto con la elaboración del bronce, empezó a extraerse el plomo. Este es un metal blando y oscuro, por lo que en un principio no se le vieron muchas aplicaciones.

Pero hacia el 1500 a. de C. se descubrió que mezclando plomo con bronce se obtenía una aleación mucho más manejable. Desde entonces se hizo posible obtener vaciados de mayor volumen y más complejos. Esta aleación de cobre, estaño y plomo todavía se emplea para moldear estatuas.

Los romanos fueron quienes primero se sirvieron de grandes cantidades de plomo para construir sus acueductos y conducciones de agua en general. También fueron quienes introdujeron la aleación de plomo y estaño (peltre), para fabrricar platos y vasijas, como un suce-;áneo barato de la plata. Esta misma aleación se hacía servir como elemento soldador para unir piezas de bronce y cobre.

El estaño nunca fue demasiado abundante, y posiblemente a causa de esto hacia el 500 a. de C. los artesanos oersas empezaron a sustituirlo por el cinc. De este modo crearon la aleación que hoy denominamos latón.



La producción de éste en gran escala empezó una vez que los romanos conquistaron gran oarte de Europa; hacia el año 100 de nuestra era explotaban los depósitos de mena de cinc (calamina) de la Europa Central, por lo que muchos de los ornamentos y monedas romanas se hicieron de latón antes que de bronce. De este modo, el latón se convirtió en la aleación de cobre más común durante la Edad Media, si bien el procedimiento para obtenerla era diferente del actual.

El cinc se vaporiza con mucha facilidad en el horno, por lo que con el’fin de conseguir el latón se arrojaba la mena de cinc al cobre fundido y se removía la masa.

En tiempos primitivos era difícil producir hierro debido a que el punto de fusión de éste es demasiado elevado para las temperaturas que podían alcanzar ¡os simples hornos de entonces.

El metal permanecía en ellos como una masa esponjosa que después había que sacar y golpear con fuerza, hasta formar una barra de metal, a la que sólo se podía dar forma con un posterior calentamiento y martilleo.

Hacia el 2000 a. de C. se conseguía obtener pequeñas cantidades de hierro, pero habrían de transcurrir otros mil años antes de que se dominara por completo su obtención.

Desde entonces, y dada su abundancia, el hierro se convirtió en el metal común con el que se fabrican armas y herramientas, reemplazando al bronce en tales usos.

Debido a que el hierro no se fundía en ninguna de sus etapas, tampoco podía alearse con otros metales, tal como se hacía con el cobre.

Para superar esta dificultad, se calentaban las barras de hierro con carbón vegetal durante mucho tiempo, hasta que absorbían algo de carbón; esto dio origen al acero, hecho que se descubrió en los primeros momentos del período romano.

Cuando César invadió Bretaña se asombró al descubrir que las tribus locales todavía utilizaban espadas de hierro que se torcían durante la batalla; sus propias tropas manejaban armas de acero que eran más resistentes y menos flexibles,

FORMAS DE TRABAJAR EL METAL:

IIIIII
La primera forma de trabajar el metal consistió en golpear el cobre con un martillo de piedra para darle forma. Así se realizaban adornos y herramientas. Más tarde se utilizó el método de forja, es decir, calentar el metal mientras era martilleado, lo que facilitaba el moldeado de los instrumentos.El descubrimiento de la fundición generalizó el uso de los metales. Los metales se calentaban a elevadas temperaturas hasta volverse líquidos y se introducían en moldes con la forma de los instrumentos que se deseaba fabricar.
El fundido permitió mezclar varios metales; este procedimiento se llama aleación. Fue así como se descubrió el bronce, una aleación de cobre y estaño, que era más resistente y más fácil de modelar que el cobre.

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Era necesario armar ejércitos enteros y los yacimientos explotados de la zona comenzaron a resultar insuficientes.

De pronto, un descubrimiento, inicialmente conocido sólo por algunos que lo guardaban como un secreto de Estado, vino a modificar todo el sistema comercial-industrial de la Edad del Bronce.

El descubrimiento del hierro «libera» a las ciudades de los abusivos acaparadores de cobre y estaño. Una nueva edad se inicia con la rápida difusión de este metal, que desplazó en forma total a los utensilios de piedra.

Con el hierro todo se hace más rápido y barato: herramientas de labranza, cascos, corazas, armas, útiles para oficios en general, etc.

Este cambio perjudicó a las regiones antes enriquecidas por el comercio de los metales, nivelando prácticamente a todos los pueblos. Toda Europa Central fue un yacimiento, aprovechándose también la madera de sus bosques como combustible.

Muchas veces en la historia los bosques fueron talados sin piedad, siendo éste uno de los períodos en que el fenómeno se produjo con mayor intensidad. Los príncipes desarrollaron pequeñas unidades de población dedicadas a las actividades ganaderas y metalúrgicas. Así fueron acumulando riquezas importantes.

Al finalizar esta gran edad, en el siglo VII a. de C, surge en Austria y a orillas del río Rin una avanzada cultura llamada civilización de Hallstatt, que mantiene contactos comerciales con Grecia y Asia Menor, donde existían ya los elementos que hacían prever el florecimiento de la clásica Edad Antigua.

El perfeccionamiento en todas las ramas, iniciado en el II milenio a. de C. por los pueblos orientales de la Mesopotamia, sus vecinos los guerreros hititas y, especialmente, por los egipcios en el valle del Nilo, se expandió durante la Edad del Hierro -que fue también el comienzo de la Historia- gracias a los fenicios, los cartagineses y los griegos.

Los dos primeros formaron un «puente de navegación» entre Oriente y Occidente; los griegos asimilaron conocimientos y, dándoles forma actualizada, los proyectaron hacia el mundo conocido. Ya antes del siglo 30 a. de C. comenzó a hacerse carne en algunos pueblos del este la idea de comunicarse por medio de otro artificio que no fuera la palabra hablada.

En realidad, ya en el Paleolítico algunos hombres habían alcanzado este objetivo. No se necesita ser un arqueólogo experto para comprender el «mensaje» dejado en las cavernas por el «homo sapiens» primitivo.

Por las pinturas rupestres sabemos cómo eran entonces las expediciones de caza, qué armas se utilizaban y cómo eran las costumbres. Sin embargo, faltaba muchísimo aún para que la escritura permitiese una fiel «traducción» del lenguaje oral.

Y esto se produjo casi al mismo tiempo para los babilonios y los egipcios. Como estas escrituras eran sagradas y a ellas sólo tenían acceso los sacerdotes, se las llamó jeroglíficos (es decir: escritura sagrada).

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes



------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------