Estallido Social Diciembre 2001 De La Rua Resumen Gobierno Alianza



Estallido Social: Diciembre 2001 – De La Rúa Resumen – Gobierno y Alianza

Presidente de Argentina De La Rua FernandoANTECEDENTES: En noviembre de 2001, los medios informaban que cada día 2.000 argentinos caían debajo de la línea de la pobreza, En los primeros días de diciembre, la situación se hizo gravemente conflictiva.

El Presidente había perdido su capital político y el ministro de Economía Domingo Cavallo, no encontraba recursos para tranquilizar a la población.

Varios gremios estatales estaban en huelga, mientras que en algunos barrios de la Capital la gente hacia escuchar su descontento golpeando cacerolas y cortando calles, protesta que se conoció con el nombre de «cacerolazos». En todo el país, las protestas cortaban las rutas y las calles: de este modo, el piquete irrumpía en la vida política argentina.

María Seoane (1948), en su libro «Argentina, el siglo del progreso y la oscuridad» explica la caída del gobierno de Fernando de la Rua, de una forma muy didáctica y clara, por lo que sugiero es interesante leerlo y aquí va una muestra de su prosa para explicar los acontecimientos ocurridos en aquella lamentable etapa de nuestra historia argentina.

«… el entorno de De la Rúa compuesto por su familia directa, su amigo banquero y jefe del servicio de espionaje estatal Fernando De Santibañes, y un grupo de publicistas —aficionados a la comida japonesa y que por eso fueron conocidos como el «Grupo Sushi»— amigos de sus hijos, que montaban costosas campañas publicitarias en las que nadie creía.

El colmo de la irritación no fueron sólo los negocios que se conocieron de su amigo el banquero con el poder, sino que el principal consejero y asesor político de De la Rúa era su hijo Antonio —por esa época novio de la cantante colombiana de música pop Shakira— quien se paseaba por el mundo mientras la Argentina entraba aceleradamente en la peor crisis política y económica de su historia.

En este clima, lo que decantó fue el brutal y más absoluto descreimiento de todos los ciudadanos en la política y en las instituciones. No se creía en la Justicia, ni en el Congreso, ni en la policía ni en el gobierno ni en el Presidente. Los sucesivos arreglos con el FMI y los acreedores externos sólo sirvieron para que los capitales más perspicaces de muchos dirigentes se fugaran de la Argentina antes de la inevitable devaluación.

En un manotazo de ahogado, De la Rúa convocó a Cavallo al gobierno. Pocos entendieron cómo un hombre que tenía un caudal propio de votos para aspirar a ser él mismo presidente aceptaba ser ministro de Economía de un gobierno en franca desbandada. La historia explicó que Cavallo aceptó para garantizar en los últimos meses de la debacle aliancista la fuga sostenida de divisas, calculada hacia diciembre de 2001 en más de 40.000 millones de dólares.

El superministro CavalloA los argentinos esto terminó de quedarles claro cuando después de varios intentos de «déficit cero» y «megacanjes» de deuda externa, leyes de poderes omnímodos que pretendían garantizar el pago de esa deuda con los sueldos de los empleados estatales, las magras jubilaciones que ya habían sido rebajadas o con la totalidad de la recaudación impositiva, Cavallo lanzó su último invento: «el corralito» que no era ni más ni menos que la confiscación de los depósitos de los pequeños ahorristas para evitar el quiebre total del sistema financiero, es decir, para salvar a los bancos, sobre todo a los extranjeros que ya funcionaban sin respaldo de sus casas matrices.

El «corralito»: Para evitar la fuga de depósitos bancarios, el 1° de diciembre, Cavallo decretó el estado  de excepción monetaria», Este «golpe» económico, conocido como «el corralito», significaba que todos los depósitos bancarios quedaban inmovilizados durante 90 días. Además, que las extracciones de efectivo tenían un tope de hasta 250 pesos o dólares  por semana. Así, el dinero desapareció de la calle, el consumo se retrajo y la actividad productiva y comercial se paralizó, Masivamente, agrupaciones sociales, partidos políticos y centrales sindicales se opusieron a las medidas y promovieron movilizaciones y paros de protesta.



La Argentina ya no sería conocida en el mundo sólo por Maradona, los desaparecidos, el tango, su particular manera de querer la ley y de violarla, por su carne y su asado, por su autoestima más allá de todo fracaso, sino también por «el corralito».

La consecuencia en la vida cotidiana fue enloquecedora: como nadie podía retirar efectivo de los bancos la economía se paralizó. Y la gente debía pasarse horas en largas colas frente a los bancos realizando complicadas transferencias financieras, por ejemplo, para pagar la luz. A esto se sumó que la economía «en negro» o informal de los desocupados, subocupados y pobres que sobrevivían vendiendo cosas en la calle no podía subsistir sin dinero en efectivo.

protestasAl enojo de la clase media que tenía en los bancos sus ahorros juntados durante años, se sumó la desesperación de quienes no tenían dinero en los bancos y sobrevivían con lo que juntaban día por día. La furia de los argentinos no tuvo límites. Al quiebre político se sumó la sensación de robo realizado por el poder. Como en una pesadilla, volvieron a repetirse con la gran depresión las escenas de la hiperinflación del fin del gobierno de Alfonsín.

En un país donde sobra comida, miles de argentinos se lanzaron a asaltar supermercados para poder comer. El descontrol era absoluto en ese diciembre de 2001. La noche del 19, De la Rúa, como única respuesta política, decretó el estado de sitio que suspendía todos los derechos y garantías constitucionales como la libertad de expresión y de reunión, algo que a los argentinos los remitía a las épocas terribles de la dictadura.

Saqueos y cacerolazos: Entre el 13 y e! 18 de diciembre se iniciaron los saqueos contra los supermercados. Primero en Rosario y luego en la Capital, San Isidro, Munro, El Palomar, Ciudadela, Ramos Mejía, Morón, Moreno, Lanús y La Tablada. Entre el 1 8 y el 20, los saqueos se generalizaron en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, San Juan, Santiago del Estero y Mendoza. Frente a la escalada de violencia, el 19 de diciembre el Presidente decretó el estado de sitio.

El 20, De la Rúa transmitió un discurso por la cadena nacional, El discurso no había terminado cuando en todos los barrios de la ciudad de Buenos Aires comenzaron a escucharse cacerolazos. Una multitud salió a las calles y marchó hacia la Plaza de Mayo, el Congreso, la quinta de Olivos y la casa de Cavallo.
A la medianoche, se dio a conocer la renuncia de Cavallo. Sin embargo, esto no tranquilizaba a los manifestantes, que pedían «que se vayan todos». De la Rúa ordenó la represión que dejó como resultado 32 muertos y cientos de detenidos en todo el país. Pero nada detuvo la movilización.

Pero esta vez la sociedad no acató, apenas terminó el discurso anodino del Presidente, que los argentinos habían escuchado en vilo esperando oír alguna solución a sus infinitos problemas, comenzaron a oírse en la ciudad ruidos de cacerolas, una forma de protesta que se había adoptado en la época de oposición al menemismo.

El detalle no es menor: los argentinos ya unían en la responsabilidad por sus desgracias la década de Menem-Cavallo y los dos años desastrosos de De la Rúa. Cavallo, la figura que se repetía en ambos desastres, debió renunciar esa misma noche, «acorralado» por una pequeña multitud de vecinos que lo insultaban en la puerta de su casa.

cacerolazosDespués de los «cacerolazos», los porteños principalmente, pero también los habitantes de otras ciudades importantes de la Argentina, salieron de sus hogares y comenzaron a marchar por las calles. Había hombres, mujeres, niños, jóvenes y viejos y hasta bebés en brazos de sus padres. En la ciudad de Buenos Aires jamás se había visto semejante reacción masiva de la clase media, en general ciudadanos sin partido.

El destino fue la Plaza de Mayo, centro político neurálgico y testigo de los principales acontecimientos del siglo. Allí, una enorme multitud pidió la renuncia de «todos» y englobaba en ese «todos» literalmente al conjunto de los funcionarios, a los diputados y senadores, al propio Presidente y sus ministros y también a los integrantes de la Corte Suprema donde todavía seguía vigente la famosa «mayoría automática» de Menem, que entre otras cosas lo había liberado del arresto domiciliario por la causa del contrabando de armas.



La multitud, además, consciente de su repentina fortaleza y protagonismo, coreaba que el gobierno podía meterse «en el culo» la declaración del estado de sitio y que esta vez no estaba dispuesta a obedecer ninguna ley que emanara de un poder deslegitimado al que no le reconocía autoridad.

A esa noche de vigilia le siguió una mañana en la que continuaron los saqueos en algunos puntos de la Argentina, los más empobrecidos, y las manifestaciones de la clase media. En la Plaza de Mayo se sumaron a la protesta algunos grupos de izquierda y las Madres, que fueron reprimidas por la policía montada. La foto de los caballos atropellando a las mujeres ya ancianas con sus pañuelos blancos parecía sacada de otra época y no hizo más que aumentar el desconcierto y la indignación.

La agitación popular continuó durante todo el día con características que fueron cambiando con las horas. La gente no se quería ir de la Plaza de Mayo hasta obtener la renuncia de De la Rúa. El último gesto de este político conservador y timorato que no tenía cualidades para manejar la crisis y culpaba de sus males a la oposición peronista a la que le proponía un insólito cogobierno cuando el suyo ya no existía, fue la matanza indiscriminada de ciudadanos. Ese 20 de diciembre, poco antes de su renuncia, en el centro de Buenos Aires murieron acribillados siete jóvenes.

Frente a los hechos que escapaban de su control, De la Rúa intentó formar un gobierno de «concertación nacional», pero los justicialistas y buena parte de los radicales y frepasistas le negaron apoyo. El 21 de diciembre, luego de leer en cadena nacional su renuncia, De la Rúa dejó la Casa Rosada en un helicóptero que lo llevó a la residencia de Olivos.

CIUDADANOS Y POLÍTICA: La experiencia de la Alianza en el gobierno en un proceso de deterioro de la relación de los habitantes con la dirigencia política. Fue una crisis global, en la que confluyeron factores económicos, sociales, políticos y aun culturales, y en la que los políticos aparecieron como los «grandes culpables» del descontento.

Aunque la continuidad democrática, como clave de la legitimidad, no parecía (ni parece) estar en juego, no debe descartarse del todo el riesgo de que la desconfianza frente a la política pueda debilitar el apoyo al régimen democrático.

Los datos que surgen del Latino barómetro 2001 (una encuesta anual aplicada a 17 países de América Latina) indican que los efectos de la crisis económica y el mal desempeño de los gobiernos han impactado fuertemente sobre todos los países latinoamericanos. El Latino barómetro 2001 informa que el apoyo a la democracia cayó 12 puntos en un año: de 60% en 2000 a 48% en 2001. También la satisfacción con la democracia de 37% a Estas cifras difieren de las de otros países que vivieron transiciones a la democracia, como España.

En el caso de la Argentina, a pesar del colapso económico, el apoyo a la democracia se incrementó, aunque esto no debe ser asumido necesariamente como un apoyo a los rasgos de la democracia de partidos. Mientras en octubre de 2001 el 57% de los encuestados declaraba que la democracia era preferible a cualquier otra forma de gobierno, en febrero de 2002, después de la crisis que terminó con el gobierno de De la Rúa, esa cifra había subido a 62%.

Ahora bien, simultáneamente con ese crecimiento de la adhesión a la democracia, decreció la convicción sobre la necesidad de los partidos políticos. Esto sugiere que gran parte de la ciudadanía se halla en la búsqueda de formas democráticas complementarias, más directas y horizontales de asociación y protesta, en sustitución de la oferta brindada por los partidos.

Fuente Consultada:  «Argentina, el siglo del progreso y la oscuridad» de María Seoane



 

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------