Crisis Social y Economica de Argentina en 2001 Datos de la Pobreza



Crisis Social y Económica de Argentina en 2001 Datos de la Pobreza

RESUMEN FIN DEL GOBIERNO DE LA ALIANZA, !QUE SE VALLAN TODOS¡

INTRODUCCIÓN: RELATO DE LA ÉPOCA: En las semanas que siguieron al infierno político y social [de diciembre de 2001], con el radicalismo desaparecido de escena, el peronismo se hizo cargo de la crisis. Cuando Eduardo Duhalde asumió como Presidente en enero de 2002, la Argentina logró batir un nuevo récord continental: había tenido cinco presidentes en apenas doce días.

El más recordado de esos efímeros funcionarios fue el entonces gobernador de la provincia de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, quien en un gesto de populismo ramplón y ante la Asamblea Legislativa que lo aplaudió de pie declaró el default más grande de la historia del capitalismo moderno: la Argentina debía a los organismos internacionales 132.000 millones de dólares. Los presidentes interinos durante esas horas dramáticas huyeron en dominó.

eduardo duhaldeEl Congreso eligió finalmente a Eduardo Duhalde como presidente interino, repitiendo en su elección el viejo pacto peronista-radical. Duhalde debía decretar el fin de la convertibilidad y la devaluación del peso y la pesificación de la economía, lo que incluía las tarifas dolarizadas de los servicios públicos privatizados.

El escenario de devaluación no era como los anteriores, incluso en un país acostumbrado a las corridas financieras y a la inestabilidad económica. Había estallado una crisis inédita, caracterizada por la bancarrota financiera del Estado, la quiebra del sistema financiero, el default de las empresas privadas, la confiscación de los ahorros de millones de argentinos, la desaparición de la moneda como reserva de valor y una depresión económica sin antecedentes.

Todo esto generaba un proceso de descomposición de las relaciones de producción capitalista pero, además, el cuadro de crisis comenzaba a extenderse al resto del Mercosur —el acuerdo de asociación económica de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— y a afectar a buena parte de las empresas y la banca mundial. Ésta fue la consecuencia o destino final de un modelo económico conocido como neoliberal, que fue la receta impuesta y monitoreada por el FMI y el resto de los organismos de crédito internacionales que exigían cobrar como si no hubieran sido corresponsables de la catástrofe.

Los argentinos entraban al Tercer Milenio siendo más de 36 millones, con una deuda pública y privada cercana a los 260.000 millones de dólares. A fines de 2002, cada argentino debía cerca de 7.200 dólares, esto significaba, considerando el salario promedio mensual en 200 dólares, que para pagarla debía trabajar por lo menos tres años sin gastar un solo centavo. De allí que no hubiera ninguna posibilidad de pagar la deuda sin pasar previamente por una política de recuperación del desarrollo industrial que la Argentina tenía treinta años antes de que el huracán conservador comenzara con una dictadura criminal. (Fuente Consultada Argentina El Siglo del progreso y la Oscuridad de María Seoane)

LA CRISIS: Cuando las oportunidades de participación no están aseguradas por el trabajo, la calidad de la educación recibida y un nivel de vida considerado decente, se debilitan los lazos que hacen posible que la gente elija y decida acerca del presente y el futuro colectivos. Los desocupados, por ejemplo, al no formar parte del sistema laboral, carecen de medios para participar organizadamente en la vida política y hacer oír sus reclamos.

Sin embargo, ante la crisis actual la sociedad argentina ha demostrado tener deseo y capacidad para participar, organizarse, deliberar y responder a la situación planteada. De este modo, se han puesto de manifiesto formas de organización de los pobres, de los desempleados, de los más afectados directamente por la crisis, que recuperan un pasado con significativas experiencias de asociación, como la del cooperativismo.

Pueden identificarse diversos aspectos de la problemática de la pobreza en los orígenes de las nuevas formas de organización.



» El crecimiento de la desocupación y la precarización laboral durante el segundo lustro de los ’90, conformaron las bases sociales de los “cartoneros” y “piqueteros” y de los trabajadores de “empresas recuperadas”, afectadas por la desindustrialización.

» Los efectos destructivos de los procesos recién mencionados alcanzaron a las clases medias. Los “nuevos pobres” surgidos de éstas iniciaron el intercambio de bienes y servicios en las redes de trueque.

De este modo, la crisis económica impulsó a vastos sectores sociales a incorporarse a variados mecanismos de subsistencia preexistentes: los piquetes para acceder a alimentos o subsidios, la recolección de residuos, las redes de trueque. Por otro lado, el abandono de empresas por parte de sus dueños fomentó las iniciativas obreras de recuperación de fábricas que se transformaron en cooperativas o en emprendimientos mixtos entre el Estado y los trabajadores.

EL mapa social de La Argentina cambió y La amenaza que se cierne es la de una nueva generación que habrá de crecer sin la experiencia de un país dinámico y de integración social. Esta caída provoca desesperanza, desencanto, escepticismo. Produce, además del malestar y sufrimiento presentes, la sensación de que no hay rumbo, de que no hay perspectiva de futuro.

La caída del ingreso y el porcentaje de hogares con necesidades básicas insatisfechas se ven reflejados en datos como Los siguientes:

• Más de la mitad de la población no alcanza a comprar los alimentos indispensables para su nutrición adecuada.

• Siete de cada diez niños y adolescentes son pobres. La mitad es indigente.

• Seis de cada diez hogares con niños y adolescentes no cuentan con ingresos suficientes para afrontar la compra de: alimentos básicos o acceder a servicios como la salud o la educación.

• En el noroeste del país, ocho de cada diez niños y adolescentes son pobres, La mitad de ellos, en hogares con ingresos insuficientes para alimentarse adecuadamente.

• La tasa de desocupación se cuadruplicó durante la última década. En octubre de 2001 alcanzó al 18,3%. Entre los sectores de menores ingresos, una de cada cuatro personas económicamente activas se encuentra desocupada.



De acuerdo con estimaciones realizadas durante el período comprendido entre octubre de 2001 y junio de 2002, un promedio de 15.000 personas cayeron diariamente bajo la línea de pobreza. Uno de cada tres fue menor de 18
años.

MEDICIÓN DE LA POBREZA: Para lograr una mejor aproximación al problema dentro de los límites de las estadísticas disponibles, y captar de este modo los contrastes que existen entre regiones y provincias de la Argentina, el análisis de las necesidades básicas se debe complementar con el de la pobreza y la indigencia.

• La línea de indigencia establece si los hogares cuentan con los ingresos suficientes como para cubrir una canasta de alimentos capaz de satisfacer un umbral mínimo de necesidades energéticas y proteicas.

• La línea de pobreza establece, a partir de los ingresos de los hogares, si éstos tienen la capacidad de satisfacer, por medio de la compra de bienes y servicios, un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales.

GRUPOS VULNERABLES: La falta de acceso a la educación, la salud, la vivienda y el desarrollo de las propias capacidades delinea el perfil de los grupos vulnerables; es decir, los niños, jóvenes y ancianos que dependen de los hogares con más bajos ingresos. La siguiente información (correspondiente a mayo de 2002) procura situar la presencia de los grupos vulnerables en el sector del 20% de los hogares de más bajos ingresos y la distinta gravedad de este problema en las provincias.

Mientras que en el total del país el 25% de los hogares registra niños de 5 años y menos, en el sector más pobre de la población ese porcentaje alcanza al 45% y, en algunas provincias, llega a más del 60%.

• Los niños de 6 a 12 años representan un 28,3% de los hogares de todo el país, pero ascienden a un 50,4% en los de más bajos ingresos per cápita del país; en las provincias de Jujuy, Misiones y San Luis llegan a porcentajes mayores del 65%.

• Los jóvenes de 15 a 24 años que no estudian, no trabajan, ni son amas de casa, representan un 8,7% del total del país. En los hogares de más bajos ingresos, este grupo vulnerable constituye el 18,3% y llega a ser más del 20% en el Gran Buenos Aires y en las provincias de Catamarca, Córdoba, La Pampa, La Rioja, San Luis, Santa Fe y Santiago del Estero.

• La población de personas mayores de 60 años plantea características especiales. En el total del país representa el 34,3% de los hogares y disminuye al 20,6% en el sector de más bajos ingresos. La Ciudad de Buenos Aires tiene el más alto porcentaje de ancianos en el total de hogares (40,3%); por eso, también es en esta jurisdicción donde éstos, como grupo vulnerable, llegan al mayor porcentaje, con una presencia del 36,5% en el sector de más bajos ingresos.

FUENTE: INSTANTÁNEAS. BOLETÍN ESTADÍSTICO DE UNICEF- OFICINA DE ARGENTINA. AGOSTO 2002. AÑO 1. NÚMERO 1. CIUDAD DE BUENOS AIRES. INDEC/ UNICEF.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Ricardo Forsterd, Filósofo.

Ver:Organizaciones Sociales Frente a la crisis de 2001

!QUE SE VALLAN TODOS¡

El ruido que hacen las cacerolas en el barrio es ensordecedor mientras el calor del día deja paso a una noche veraniega y extrañamente desolada y festiva. La voz se multiplica con una consigna sencilla: ¡vamos todos a la Plaza! La mezcla resulta inverosímil, y no hay recuerdo que ayude a confrontarla con otro momento de la historia:

elogios importantes para la mujer

por las calles de una Buenos Aires tórrida y crujiente se cruzan y se saludan, como si fueran parte de una misma cofradía, el piquetero con el pequeño ahorrista, la elegante señora de Barrio Norte con el obrero de Pompeya, el empleado bancario con la exaltada ama de casa de Saavedra, el cartonero con el gerente de empresa y el jubilado al que le recortaron sus ingresos con el almacenero.

Algunos gritan contra Cavallo y su corralito, que les encerró sus dólares; otros se la agarran con el inútil de De la Rúa, que con la insolencia del bravucón incapacitado, acaba de decretar el estado de sitio. Todos pies se mueve el piso de un país demudado y que parece caer en un abismo insondable. Hay miedo y bronca. Gritos, reclamos, puños cerrados, jóvenes rockeros y antiguos militantes que han salido del freezer se lanzan en una alucinada marcha hacia el centro neurálgico de una ciudad convertida en un gran aquelarre.

La Argentina tambalea mientras con el correr de los días ya no sólo se escuchan los ruidos de los cacerolazos sino que, también, se escuchan balas, corridas, cuerpos caídos, manifestantes que amenazan con tomar la casa de gobierno, y un presidente bizarro que huye en helicóptero mientras una insólita multitud festeja su abandono de la Casa Rosada. Son horas de incertidumbre, de miles y miles que no dejan las calles, que se reúnen en las plazas para discutir los últimos sucesos y para enfrascarse en polémicas que parecían definitivamente ausentes de la vida nacional.

Es el fin estrepitoso de los años noventa, de su gigantesca ficción primermundista que concluyó en catástrofe social, en desguace del Estado y en desocupación exorbitante. La fiesta impúdica del menemismo ha terminado aunque las noches de un fin de año inolvidable tienen algo de una alquimia carnavalesca mientras todo se cae a pedazos. Confusión y vértigo.

Preguntas que no tienen respuesta porque no hay político ni institución que se sostenga en medio del movimiento sísmico que conmueve al país. ¿Qué ha quedado de la República después de una década que, para muchos, se ha convertido en “infame”, como aquella otra y lejana de los años treinta? ¿Qué quedó de la promesa de la revolución productiva, del salariazo y, con la Alianza, del saneamiento moral de la República? ¡Que se vayan todos! Se repite y se repite mientras en una sucesión alucinada, con apenas algunos días de diferencia se van intercambiando los presidentes como quien intercambia figuritas.

De la Rúa ya es un fantasma que ni siquiera causa la sorna de la población, sus días tinellistas han concluido en tragedia, en más de 30 asesinados por una policía que parece responder a sus propias necesidades, agazapada como siempre para defender intereses poderosos y bajo la complicidad de un gobierno impresentable que no puede hacerse cargo de nada, apenas de dejar que se asesine a quienes protestan.

Los saqueos han quedado atrás, son el recuerdo de un país desfondado y quebrado aunque para muchos son la evidencia de alguna mano negra que ayudó a que De la Rua apurara su salida en helicóptero. Ramón Puerta, un oscuro y hasta ese momento desconocido misionero, presidente o algo así de un devaluado Congreso, toma por un par de días la brasa ardiente hasta transferírsela, con gran alivio, a un sonriente y acicalado Adolfo Rodríguez Saa. Sigue la fiesta aunque no queda claro qué se festeja mientras el cacique puntano decreta, para algarabía de diputados y senadores, la cesación de pagos y el default.

Gritos patrióticos de muchos de aquellos que avalaron con otros gritos el endeudamiento y la entrega del patrimonio nacional, que festejaron el reinado del mercado y que se vistieron con las ropas del neoliberalismo como gran ideología salvadora de la patria devorada por la bestia estatista. Locura de unos días en los que no se sabe que sucederá mañana a la mañana. Mientras tanto las plazas de la ciudad se llenan de puestitos improvisados en los que se vende de todo, a veces por el poco dinero que circula, otras a través del ancestral sistema de trueque.

En la plaza de mi barrio una vecina puso una mesita con tortas caseras para vender mientras uno de sus hijos ofrece sus muñequitos de la infancia. Esa imagen se repite por cientos. Todos están ahí, desconcertados, atemorizados por un futuro que se les ha borrado, sin saber cómo sigue este tiempo alucinante en el que se siguen sucediendo los presidentes sin que alcancemos a retener sus nombres. Rodríguez Saa ya no está, su renuncia no la hizo desde la Casa Rosada sino que prefirió la seguridad de su San Luis natal.

Llega otro desconocido para el gran público, Eduardo Camaño, apenas un peón sacrificable en el juego que finalmente lleva a Eduardo Duhalde al poder. ¿Fin de la partida? Un diciembre imposible, alucinante y extraído de un relato entre terrorífico y cómico se ha cerrado en un país, el nuestro, que ha conocido en un lapso brevísimo a cinco presidentes. Percepción de oscuridad insondable mientras de a miles los jóvenes siguen haciendo colas en las puertas de las embajadas para conseguir alguna visa que los saque del infierno en el que nos hemos convertido. Seguramente la historia, esa vieja dama algo ajada, continuará. ¿Hacia dónde? No lo sabemos aunque sospechamos que esto todavía no termina.