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Desembarco de Normandía, El Día D

Los desembarcos se habían previsto para los días 5, 6 y 7 de junio, en que las mareas serían particularmente apropiadas para las operaciones anfibias. El día 4 se hallaban dispuestos para el desembarco unos 5.000 buques de guerra además de otros navíos, pero Eisenhower aplazó la operación a causa del mal tiempo.

Mas al día siguiente, aunque la situación no mejoraba, decidió poner en marcha la invasión para no arriesgarse a nuevas demoras.

El 6 de junio, poco después de medianoche, los dragaminas limpiaron la zona y delimitaron las rutas de aproximación. La RAF bombardeó objetivos estratégicos a lo largo de la costa francesa.

Entre la una y las dos de la madrugada, tres divisiones de paracaidistas fueron lanzadas tras las líneas enemigas para ocupar los flancos oeste y este de la cabeza de playa.

A las 6 de la mañana los buques de guerra aliados abrieron fuego sobre las fortificaciones costeras. Unos 11.000 aviones cubrieron el cielo del lugar del desembarco para proteger a las tropas contra los bombarderos alemanes.

A las 6,30, las unidades norteamericanas, mandadas por el general Omar N. Bradley, irrumpieron en las playas de Utah y Omaha. A las 7,20, las fuerzas británicas y canadienses, a las órdenes del teniente general sir Miles Dempsey, ocuparon las Gold, Juno y Sword. Con la única excepción de Omaha, donde la mar gruesa y las violentas corrientes dificultaron el desembarco y los soldados hallaron una resistencia superior a la prevista, el número de víctimas fue inferior al previamente calculado. Al anochecer había en tierra francesa 155.000 hombres.

El ataque supuso para los alemanes una total sorpresa, ya que el tiempo inestable y el mar agitado parecían descartar la viabilidad de la operación en aquellos días. Rundstedt no disponía de divisiones acorazadas. Rommel tenía tres de ellas a su mando, pero se hallaba en Alemania cuando los desembarcos tuvieron lugar y no llegó a Normandía hasta la noche del 6 de junio. Hitler conservaba cuatro divisiones blindadas que no podían moverse sin su orden expresa.

Una vez en Normandía, los aliados se encontraron con diferentes grados de resistencia; más o menos dura, según las circunstancias, pero siempre decidida y enérgica. El 11 de junio el frente ya era continuo y unía todas las playas del desembarco. El 17 ya habían saltado a tierra cerca de 600.000 hombres y 100.000 vehículos.

El 2 de julio las fuerzas acumuladas en la costa ascendían ya a un millón de hombres, medio millón de toneladas de material y 177.000 vehículos. A partir de entonces, los aliados comenzaron a extender sus fuerzas hacia Cherburgo y Caen. Los ejércitos quinto y decimonono de Bradley detuvieron el 13 de junio a las tropas alemanas; mientras tanto, el séptimo ejército se internaba hacia Cherburgo.

El 27 de junio se rindió la guarnición alemana de esta ciudad, no sin antes destruir las instalaciones portuarias que los aliados no lograron poner de nuevo en funcionamiento hasta finales de agosto. Después, las fuerzas de Bradley se dirigieron hacia el sur y el 28 de julio atravesaron las líneas alemanas cerca de Coutances. Los germanos habían concentrado la mayoría de sus unidades sobre Caen para detener el ataque de los ejércitos primero y octavo de Dempsey. Las tropas de Dempsey no pudieron romper la línea de Caen hasta el 24 de julio, y a partir de entonces prosiguieron hacia el sur.



El octavo ejército se dirigió al sudoeste para ocupar Bretaña y sus importantes puertos, mientras el grueso de las tropas avanzaba hacia el este, camino de París. El 20 de agosto, 50.000 soldados alemanes fueron hechos prisioneros a unos 30 kilómetros al sur de Falaise. Kluge fue sustituido por el mariscal Walter Model y más tarde se suicidó. Cinco días después, el 25 de agosto, las fuerzas de los Estados Unidos y de la Francia libre hacían su entrada triunfal en París. La primera fase de la operación Overlord se había cumplido. En menos de dos meses, los aliados se apoderaron de Normandía y de la mayor parte de Bretaña, causando 530.000 bajas a los alemanes.

El 15 de agosto, los aliados efectuaron un segundo desembarco, esta vez en la costa francesa del Mediterráneo, entre Cannes y Tolón. Se trataba de tropas norteamericanas y francesas, a las órdenes del teniente general Jacob L. Devers, que inmediatamente iniciaron su avance hacia el norte. Los alemanes retrocedieron rápidamente, al paso que cubrieron su retirada con hábiles acciones para no ser presa de ninguna maniobra envolvente de los aliados. Hitler ordenó a sus fuerzas que se retirasen a los Vosgos. El 11 de septiembre, las fuerzas aliadas del norte y del sur se encontraron en el centro de Francia.

Entre tanto, los ejércitos aliados del norte se internaron en Bélgica, Luxemburgo y Alsacia. Amberes cayó el 4 de septiembre, aunque su puerto —bloqueado por los alemanes desde el estuario del Escalda— no pudo ser utilizado por los aliados hasta el 28 de noviembre.

A mediados de septiembre el frente aliado se extendía desde los Vosgos, a lo largo de la Línea Sigfrido, junto a Alemania, y por la frontera sur de Holanda. A partir de entonces, el avance se frenó debido a problemas logísticos y al endurecimiento de la resistencia alemana. Hitler dedujo con acierto que la gran velocidad de las conquistas aliadas y la obstinada defensa alemana de los puertos franceses y belgas había impedido al enemigo establecer una red eficaz de abastecimiento. Ordenó, pues, a sus hombres que defendieran sus posiciones y, entre tanto, preparó una contraofensiva.

El 5 de septiembre reintegró a Rundstedt en su cargo de jefe de las tropas alemanas de Europa occidental. A mediados de septiembre, los aliados lanzaron una audaz ofensiva —denominada en clave MarketGarden— con paracaidistas y canos blindados, al objeto de apoderarse de los puentes del Mosa, el Waal y los afluentes del bajo Rin en Holanda, y establecerse finalmente en la orilla oriental de este río. Tropezaron, sin embargo, con una durísima oposición alemana y aunque llegaron al Mosa y al Waal no lograron ocupar el bajo Rin. También en otros lugares los aliados se vieron en apuros y a principios de octubre su avance quedó truncado.

A lo largo del otoño de 1944, Hitler reunió sigilosamente todos los recursos de que Alemania disponía para lanzar un contraataque decisivo. El Tercer Reich contaba aún con diez millones de hombres en pie de guerra, y Hitler, al ampliar las edades de reclutamiento y convertir al personal de servicios, de la marina y del aire en tropas de infantería, consiguió crear 25 nuevas divisiones.

A pesar del intenso bombardeo aliado, las industrias alemanas continuaban produciendo armamento. Mientras ingenieros y soldados trabajaban febrilmente en la reconstrucción de la Línea Sigfrido, las divisiones acorazadas alemanas se reforzaban y reagrupaban para el ataque final.

Fuente Consultada:
Grandes Acontecimientos del Siglo XX – Reader’s Digest

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