Gobierno de Duhalde Eduardo Resumen Economía y Política



GOBIERNO DE EDUARDO DUHALDE

A comienzos de diciembre la mayoría de los argentinos estaba de acuerdo en que el 2001 había sido un año para olvidar. La recesión económica se profundizó y la pobreza ensanchó sus márgenes. Todo indicaba que la Navidad no iba ser muy feliz, y sin embargo era difícil que alguien imaginara que ese mes sería lo que finalmente fue: una interminable temporada en el infierno.

Decenas de supermercados saqueados, más de veinte muertos por la represión policial, la renuncia de un ministro que había llegado como un salvador y se iba entre amenazas de linchamiento, y de un presidente, elegido y luego repudiado por el pueblo. La sucesión presidencial grotesca, con cuatro mandatarios en diez días, fue el corolario de un drama que no encontraba su culminación.

No obstante, entre el ruido de las cacerolas y una inquietud desesperada que se respiraba en toda la República, quedaban dos certezas contundentes: el país se encontraba finalmente de cara al abismo y los argentinos se habían cansado de su destino.

ANTECEDENTE: Frente a los hechos que escapaban de su control, De la Rúa intentó formar un gobierno de «concertación nacional», pero los justicialistas y buena parte de los radicales y frepasistas le negaron apoyo. El 21 de diciembre, luego de leer en cadena nacional su renuncia, De la Rúa dejó la Casa Rosada en un helicóptero que lo llevó a la residencia de Olivos.

PuertaEn la ciudad de San Luis, los gobernadores del Partido Justicialista, el nuevo foco de poder en el país, acordaron las condiciones de la sucesión: Ramón Puerta (imagen) , presidente del Senado, asumió la presidencia provisional y convocó el 22 de diciembre a una Asamblea Legislativa que eligió por 169 contra 138 votos a Adolfo Rodríguez Saá como presidente.

Durante los pocos días de su gobierno, Rodríguez Saá declaró al país en cesación de pagos, ante el aplauso de los diputados y senadores.

Las desacertadas decisiones del Presidente, que convocó para su gabinete a figuras repudiadas por la opinión pública, y la falta de apoyo de otros sectores justicialistas terminaron con una nueva manifestación y la renuncia de Rodríguez Saá, el 30 de diciembre.

El cargo quedó momentáneamente en manos del presidente de la cámara de diputados, Eduardo Camaño (imagen abajo derecha), UnaEduardo Camaño segunda Asamblea legislativa eligió el 1° de enero de 2002 al senador Eduardo Duhalde para completar el mandato de De la Rúa.

Ramón Puerta quedó a cargo del Poder Ejecutivo y, el 23 de diciembre, una Asamblea Legislativa designó a Adolfo Rodríguez Saá (gobernador justicialista de San Luis desde 1983) como presidente interino de la Nación.

Rodríguez Saá declaró al país en default o cesación de pagos,rodriguez saa estableció la continuidad de la convertibilidad entre el peso y el dólar, y la creación de una tercera moneda «a fin de inyectar liquidez al consumo popular». A los pocos días el peronismo le quitó su apoyo y el mandatario puntano se vio obligado a renunciar.



El 1 de enero de 2002, Eduardo Duhalde (imagen derecha abajo) fue elegido por el Congreso como presidente provisional. Aunque Duhalde anunció la futura devolución de los depósitos en dólares, no cumplió su promesa. Una de sus primeras medidas consistió en decretar la salida de la Ley de Convertibilidad y la devaluación del peso en un 50 por ciento. Mediante la Ley de Emergencia Económica se «pesificaron» los contratos privados y públicos, los ahorros bancarios y los fondos previsionales.duhalde

Por ese entonces en el país proliferaban las ferias de trueque y circulaba un caos de monedas alternativas, respaldadas por bonos provinciales, como el Patacón bonaerense. Ese año la Argentina atravesó la mayor recesión económica de su historia.

El PBI cayó un 10,7 por ciento, el desempleo subió al 21,5 por ciento en mayo y las reservas del Banco Central se redujeron a menos de diez mil millones en julio. Continuó la fuga de divisas al exterior y el dólar trepó a los cuatro pesos. Más de la mitad de la población argentina se halló debajo del límite de la pobreza y, dentro de ese porcentaje, el 27 por ciento podían considerarse indigentes.

A los pocos meses, el ministro de Economía Jorge Remes Lenicov fue reemplazado porRoberto Lavagna (imagen abajo) y la situación comenzó a estabilizarse.

El dólar se estacionó en poco más de tres pesos. Se organizó una gran distribución de planes sociales para atemperar los efectos de la crisis, y poco a poco la economía volvió a crecer. En junio de 2002 se produjo un enfrentamiento entre la policía bonaerense y un grupo de desocupados que protestaba en el Puente Pueyrredón, que une la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el partido de Avellaneda.lavagna

La represión causó la muerte de dos manifestantes «piqueteros». Ante el riesgo de que otros desbordes sociales culminaran con mayor violencia, el presidente decidió adelantar los comicios presidenciales para abril de 2003.

Como Duhalde -dueño de los decisivos votos de la provincia de Buenos Aires- no contaba con un candidato adecuado, en enero de 2003 optó por apoyar a Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz. Kirchner detentaba ese cargo desde 1991, gracias a las reformas de la Constitución provincial que le habían otorgado la reelección indefinida.

Se trataba de un político casi desconocido a nivel nacional. En su campaña adoptó un discurso socialdemócrata con el propósito de distanciarse de las dos gestiones neoliberales anteriores, que habían conducido al país al derrumbe económico Para aumentar sus posibilidades anunció que conservaría a Lavagna como ministro de Economía y aceptó como vicepresidente a Daniel Scioli, un ex deportista y ex funcionario menemista.menem

La hegemónica estructura duhaldista no bastó para darle el triunfo a Kirchner en los comicios del 27 de abril. El santacruceño, representante del Frente para la Victoria, obtuvo apenas el 22,24 por ciento de los votos. Menem, que había resuelto volver al ruedo como candidato de la Alianza-Frente por la Lealtad-Ucedé, consiguió el 24,45 por ciento de los sufragios. Atrás quedaron Rodríguez Saá (14,11 %) y dos ex radicales de centroderecha y centroizquierda respectivamente: López Murphy (16,37 %) y Elisa «Lilita» Garrió (14,05 %).

Como ningún candidato había obtenido el 45 por ciento de los sufragios en la primera vuelta, los dos más votados debían ir a una segunda ronda o ballotage, que se celebraría el 18 de mayo. En las siguientes semanas, distintas encuestas señalaron que la intención de voto favorecía a Kirchner en casi un 70 por ciento.



La tendencia no respondía a los méritos ni al carisma del gobernador de Santa Cruz, sino que indicaba un profundo rechazo de la ciudadanía a tolerar una tercera administración menemista. Ante este panorama adverso, Menem quiso evitarse una humillante derrota y el 14 de mayo declaró que renunciaba a su candidatura. De esta manera, Néstor Kirchner se convirtió en presidente electo y asumió el Poder Ejecutivo el 25 de mayo.

Respecto a la economía durante el gobierno de Duhalde , el investigador del CONICET Eduardo Novaro explica en su libro «Historia de Argentina 1955-2010«:

«Apenas asumió, Duhalde derogó la Convertibilidad. Y, simultáneamente, amplió el alcance del «corralito» bancario: los plazos fijos fueron congelados, en lo que se conocería como «el corralón», y se extendió el plazo de vigencia de los topes a los retiros de capital de las cuentas bancarias. Duhalde lo hizo para ganar tiempo mientras buscaba una solución simultánea para quienes habían depositado dólares y quienes habían tomado créditos en esa moneda, sin llevar a los bancos a la quiebra ni cargarle todos los costos al estado. Con ello quedaba en evidencia que el final del «uno a uno» no sólo hacía que los compromisos externos fueran imposibles de cumplir: otro tanto ocurría con los contratos entre ahorristas y bancos, entre aportantes y AFJP, entre estado y proveedores de servicios privatizados, entre bancos y acreedores, etc.

Durante sus primeras semanas en funciones, tanto Duhalde como su ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, dejaron ver que no tenían ningún plan para encarar estos asuntos. Y ello los volvía propensos a ceder a las múltiples presiones que recibían. En principio quisieron acotar la devaluación al 40% y desdoblar el mercado cambiado. Pero ante el disgusto que esa decisión, despertó en los exportadores, el rechazo del FMI y el serio riesgo de que las reservas restantes se evaporaran tratando de mantener un dólar a $1,40, optaron por liberarlo del todo. En poco tiempo pasó a cotizar a $2, y en marzo ya superaba los $3.

El Ejecutivo optó entonces, a regañadientes, por una receta ortodoxa similar a la usada en 1990: la contención del gasto, los salarios y las jubilaciones, y la negativa a emitir moneda para financiarse, aun al costo de agravar la recesión (la economía caería durante 2002 más del 10%), de manera que los particulares y las empresas no tuvieran dinero para comprar más dólares, e incluso se vieran obligados a vender los que atesoraban para poder honrar sus compromisos. La estrategia dio sus frutos y la divisa, luego de rozar los $4 en abril, empezó a bajar hasta al canzar una «banda de flotación», recomendada por el FMI para asegurar la competitividad de las exportaciones, en torno a $3. Considerando que la inflación sumó en esos meses poco más del 40%, la ganancia en términos cambiarios fue enorme. Además, dado que el alza de los precios internos había sido relativamente baja y sobre todo breve (en abril volvía a estar dentro de los parámetros «aceptables»: alrededor del 5% anual), podía considerarse que el nuevo equilibrio alcanzado entre los precios internos y los externos sería sustentable en el tiempo.

Hubo más dificultades, en cambio, en el otro gran dilema a resolver: el de los depósitos y los créditos bancarios. La salida que se eligiera, fuera cual fuese, distribuiría perjuicios y beneficios millonarios entre los particulares, los bancos y el estado. No llama la atención que la cuestión, por tanto, generara muchas tensiones. El gobierno anunció, ante todo, que compensaría a los bancos, a los ahorristas y a los endeudados en dólares, aunque debía de saber que no le sería posible satisfacer a todos y que, de intentarlo, el fisco cargaría un peso insoportable, que probablemente conduciría a una hiperinflación y a una nueva crisis política. Tampoco, en las precarias condiciones en que se hallaba, le era fácil fijar límites o atender ciertos reclamos y desoír otros.

La «pesificación asimétrica» intentó afrontar esos dilemas. Consistía, en un principio, en pasar de dólares a pesos los créditos por montos bajos, y en aplicar a los más elevados y a los depósitos una tasa de conversión de 1,4, proveyendo bonos públicos a los bancos para cubrir la diferencia. Se estableció además un cronograma de devolución de los depósitos atrapados en el corralón (que iba de dos meses a cuatro años según los montos), durante el cual regirían muy bajas tasas de interés. Sin embargo, una vez que se liberó el dólar, fue imposible presentar estas medidas como una «solución equitativa».

La presión de los deudores y ahorristas sobre el Congreso, los tribunales y los propios bancos fue masiva y violenta: las protestas desembocaban diariamente en el ataque o la destrucción de sucursales y en agresiones a políticos, funcionarios o empleados bancarios, mientras que en la Justicia se acumulaban miles de amparos de ahorristas y pedidos de quiebra de empresas y particulares. El Ejecutivo decidió entonces elevar el techo por debajo del cual se pesificarían las deudas «1 a 1″ e incorporar un mecanismo de actualización de depósitos según el índice de inflación.»

Este gobierno de emergencia, integrado por un sector del peronismo, liderado por Duhalde,y también respaldado por parte de la UCR y el Frepaso, condujo la transición hasta que en 2003 fue electo un nuevo presidente. Néstor Kirchner, pese a que llegó al poder con un porcentaje de votos aún menor que el de lllia, se beneficiaría tanto de esa política económica en marcha -que permitió un rápido crecimiento y una concentración inédita de los recursos fiscales en el gobierno nacional- como de la fragmentación de los partidos, que le facilitaría sumar aliados de distintas fuerzas y reorientar al grueso del peronismo en rechazo a las políticas de mercado, a tono con el auge de gobiernos de izquierda y populistas radicales en la región.

El desconocido «del sur» tenía su personalidad. Se le escapaba de la custodia y muchas vece se abalanzaba sobre la gente que lo aclamaba. Abrazaba a todo quien lo abrazara. No temía al contacto con las personas, y una vez, en el alboroto, un fotógrafo de Clarín le produjo un corte en la frente con su cámara. Llegó al Congreso luciendo un apósito en la frente. Juró, le entregan el bastón de mando, hizo piruetas con él, como si jugara al billar. Su mujer, Cristina, sonreía alegre, a su lado. El Congreso desbordaba de entusiasmo.



Hizo su primer discurso, y en un momento dijo: … pertenezco a esa generación barbáricamente diezmada. Y digo en alta voz: todos los que fueron diezmados fueron inocentes porque no gozaron de la más elemental justicia por parte del Estado. El Estado, al serlo, tiene obligaciones que no tienen los grupos civiles….pero esto pertence a otra historia, que ocupará doce años del siglo XXI.

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina de Mariana Vicat
Historia de la Argentina 1955-2010 Marcos Novaro Edit. Siglo XXI

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