Contactos y cambios en la religiones etnicas



Contactos y cambios en la religiones étnicas

El cambio es inherente a los sistemas sociales y a sus religiones, pero las sociedades preliterarias han visto multiplicado este fenómeno como consecuencia del contacto con civilizaciones más complejas.

Conversión, desaparición y sincretismo

La fragilidad frente al contacto depende de numerosos factores, de tal modo que no por tratarse de una sociedad con un mayor grado de complejidad resiste mejor al reto del contacto. Así a sacralización del monarca y el carácter superior refrendado por la religión de los aristócratas polinesios se disolvieron con extraordinaria rapidez cuando aparecieron los occidentales que ponían en duda todo el armazón ideológico en el que se sustentaba tradicionalmente la desigualdad. (en la imagen un aborigen tupi-guarani).

La conversión o la desaparición de las antiguas creencias, de todos modos, no ha sido la única vía seguida, aunque sí la más frecuente en vista del número de fieles y la expansión territorial de las grandes religiones misioneras (Islam, cristianismo, budismo).

El contacto ha producido respuestas muy diversas que van desde el rechazo en forma de huida, como testifica el caso de los tupí-guaraní, o de reafirmación, como los cultos de cargo melanesios, o muchos movimientos de revitalización norteamericanos de vuelta a las raíces nativas. Por otro lado, también se ocasionan sincretismos diversos, de los que resultan los más conocidos los afro-cristianos, tanto en África como en el Caribe o Brasil.

Cabe considerar que el contacto data de las épocas más remotas y ha sido un factor de mutación religiosa innegable. Muchas sociedades, ante un reto específico, tomaban del exterior creencias y formas religiosas que respondían a esas nuevas necesidades. En otro casos resolvían la situación desde el interior, pero esta mutación cultural no solía poner en peligro el sistema social en sí. La situación es distinta cuando desde el exterior se proyecta presión que intenta modificar la ideología y la religión, y que se inserta dentro de un proyecto más ambicioso de control territorial o de aumento de influencia.

El mesianismo y el milenarismo

La insatisfacción que provoca la destrucción cultural se materializó en actitudes diversas entre las que destacan dos de índole religiosa: el mesianismo y el milenarismo.

El mesianismo es un modo de respuesta testificado en el judaísmo y que se basa en la esperanza de a vuelta de un líder, ungido por Yahvé, que hará retomar el antiguo podes Tiene relación con los movimientos liderados por personajes carismáticos que poseen poderes especiales y que se creen en condiciones de otorgar la salvación espiritual Y material a sus seguidores.

El milenarismo, que en algunos casos está relacionado con el anterior, es una actitud religiosa que toma su nombre del reino milenar prometido en el último libro bíblico cristiano y que tuvo hitos importantes en el movimiento que se produjo a finales del primer milenio en Europa, o en el umbral del ano 2000, cuando muchos visionan05 plantearon la esperanza de a llegada de un mundo perfecto, el reino de Jesucristo, que acabase con el injusto mundo del presente.



El milenarismo tupí-guarani población asentada en extensos territorios de Sudamérica, es ejemplar. El primer gran movimiento del que se tiene constancia se fecha en 1539.

Cultos de cargo

Un caso especialmente bien estudiado de movimiento milenarista de rechazo de los valores ideológicos occidentales aparece en Melanesia y se le ha dado la denominación de «culto de cargo».

P. Worsley demostró la ambigua actitud de los nativos hacia el mundo occidental. Por una parte, admiran profundamente los objetos materiales producidos en occidente, pero por otra parte se dan cuenta de que la aceptación de la religión extraña, y los cambios de costumbres que conlleva, no implica e! disfrute de esos espléndidos bienes.

Esa contradicción no resuelta por las explicaciones occidentales, que no pueden establecer argumentos convincentes para la existencia de la pobreza si no es desde una posición etnocéntrica, potencié el surgimiento de una explicación de índole religiosa, alternativa a la inculcada por las autoridades no nativas, según la cual los productos que disfrutaban los occidentales solamente podían ser producidos de modo sobrenatural. Surgieron profetas, ya desde finales del siglo XIX, que planteaban que eran los antepasados los que generaban la riqueza, y que los blancos, al haber debilitado a los indígenas haciéndoles renunciar a muchos de sus ritos de propiciación de los antepasados, interceptaban esos envíos.

El cargo, regalo de los antepasados, tenía que venir del más allá por un medio adecuado, y como en la ideología funeraria se establecía que los muertos embarcaban hacia la otra vida y tenían que hacer una travesía marítima, era por esa vía por la que se estimaba que deberían llegar de vuelta los objetos que desde allí enviaban.

La aparición de medios de transporte cada vez más inverosímiles para la mentalidad nativa y de algunas distribuciones de carácter propagandístico durante la Segunda Guerra Mundial provocaron la potenciación de las características más aberrantes del culto.

Frente al choque cultural destructivo que provocó la influencia europea, los profetas del cargo proponen volver a los cultos ancestrales, mostrando un desprecio profundo hacia todo lo occidental. Su plasmación más genuina es la desposesiòn religiosa que han ideado acerca de lo que realmente les atrae de occidente, que son los inalcanzables productos materiales.

El animismo en la actualidad: Al sur de las civilizaciones históricas de Egipto y de Etiopía, en la zona central del continente africano, aún viven pueblos que mantienen cultos animistas que han ido adaptando a sus circunstancias actuales. Se trata de creencias basadas en la idea de que cualquier ser vivo está dotado de alma (anima en latín). Esta concepción espiritualista influyó de forma determinante en el arte de pueblos africanos de vida sedentaria y cultura agrícola Las formas artísticas más destacadas son pequeñas esculturas y tallas de madera que eran utilizadas para el culto de los muertos y máscaras de carácter ritual, que hoy constituyen las señas de identidad de cada pueblo.

Fuente Consultada: Enciclopedia del Estudiante (Santillana – La Nación) Tomo 17 Religiones y Cultura.



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