Historia del Rescate de Nordenskjold en la Antartida



HISTORIA DEL RESCATE DE NORDENSKJÓLD

A fines de 1901 echó amarras en Buenos Aires el buque de bandera sueca Antarctic, que conducía una expedición científica comandada por el doctor Otto Nordenskjóld. Sus integrantes se aprovisionaron para la larga campaña antártica, y durante su estadía se incorporó al contingente el alférez de la marina argentina José María Sobral, que poco después de partir escribió que no recordaba «haber leído la descripción de una salida tan triste, tan sin despedidas, tan sin adioses como la nuestra; ninguna mano que agitase un pañuelo, ninguna voz de ‘buen viaje’ «.

Una vez en la Antártida, los expedicionarios realizaron diversas investigaciones y construyeron un refugio en la isla Snow Hill, donde quedaron Nordenskjóld y otros científicos mientras el buque se dirigía a Ushuaia para reabastecerse.

Adolf Erik Nordenskjöld

Adolf Erik Nordenskjöld (1832-1901), explorador sueco, geógrafo y geólogo. Condujo la primera navegación con éxito por el paso del Noreste. A mediados del siglo XIX hizo varias expediciones a la isla de Spitsbergen, en las costas de Noruega, en las que recopiló valiosos datos geológicos.

Así lo hizo, y antes de regresar a los hielos el capitán convino con las autoridades argentinas que, si para abril de 1903 la expedición no había regresado, debía enviarse cuanto antes una misión de auxilio.

Como el plazo expiró sin que se tuvieran noticias, en octubre zarpó la corbeta Uruguay, de la Armada Argentina, al mando del teniente Julián Irízar. Cuando los marinos arribaron a la estación de Snow Hill estalló, incontenible, la alegría entre los científicos: el Antarctic había sido triturado por la irresistible presión de los hielos, y los miembros de la expedición habían quedado prisioneros del infierno blanco, sobreviviendo a duras penas, expuestos a toda clase de sufrimientos.

La noticia del rescate electrizó al mundo entero, que elogió calurosamente la hazaña argentina. Buenos Aires, por su parte, reservó a náufragos y auxiliadores un recibimiento que en nada se parecía a la despedida descripta por Sobral.

El 2 de diciembre de 1903 Otto Nordenskjóld escribió en su diario: «Conforme avanza el buque (hacia su atracadero), contemplamos vapores grandes y pequeños, todos adornados y repletos de pasajeros, que nos saludan dando vivas y agitando pañuelos, en tanto las bandas de música se oyen tocar aquí y allá y los vapores hacen sonar sin interrupción sus sirenas».

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril



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