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LA FORMACIÓN DE LA OPINIÓN PUBLICA: PUBLICIDAD Y PROPAGANDA

Una encuesta de opinión
Una opinión es una creencia o juicio que sostiene una persona o un grupo y que generalmente mantienen durante un tiempo más o menos prolongado. Estas opiniones no se apoyan en ningún estudio serio y se acepta que hay otras distintas sobre un mismo tema.

El deseo de valorar las opiniones, de saber quiénes las sostienen y con qué firmeza, explica la finalidad de las encuestas de opinión pública. Una encuesta es un interrogatorio que se realiza a un grupo de individuos con el fin de obtener información acerca de actitudes, comportamientos, ideas, creencias o características sociales de un conjunto de personas. Cuando la población que queremos encuestar es muy grande, se escoge una muestra a la que se le hace la encuesta.

Una muestra es una porción pequeña de dicha población, a la que se considera representativa; es decir, se espera que las opiniones de los integrantes de la muestra sea similar a la mayoría de la población. Si hacemos una encuesta con alumnos y alumnas de cuarto año de nuestro colegio, pensamos que los respuestas serán similares a las que pudieran dar estudiantes del mismo nivel de otras escuelas. Para llevar a cabo una encuesta es necesario también hacer una correcta apreciación de los encuestados, como por ejemplo, el porcentaje de mujeres y varones, la edad, la profesión o el tipo de trabajo.

Es lo que se denomina la ficha técnica de la encuesta. Todos estos datos son muy importantes porque pueden afectar las conclusiones de la investigación. Probablemente sobre una misma pregunta, no darán la misma respuesta un empresario y un obrero.

Los medios de comunicación y la sociedad
Los medios masivos de comunicación son instrumentos de los cuales se vale el hombre para transmitir mensajes. En sí no son ni buenos ni malos; es el hombre quien al usarlos puede hacer buen o mal uso de ellos. Esos mensajes difundidos a través de medios masivos llegan a todos los rincones del país, a todas las personas.

La opinión pública Concepto de opinión pública
Se dice opinión pública a una línea que toma el público en favor o en contra de alguna cuestión. Es la forma bajo la cual se concreta en el momento el sentir o actitud colectiva. La opinión pública supone cierta comunidad de personas.
No es la opinión de todos, ni de la mayoría, es un producto colectivo, originado por la atracción o repulsión que experimentan los integrantes de la sociedad que se compenetran y que se influyen mutuamente con sus estados de conciencia, con sus actitudes.

Estabilidad y cambio de la opinión pública
Son dos aspectos opuestos. La estabilidad supone que la opinión pública se mantiene igual y durante mucho tiempo, hay resistencia al cambio. Sin embargo, (os cambios de la opinión pública se producen. En los regímenes democráticos se halla en constante renovación, en los regímenes dictatoriales actúa de tal manera que produce un modo uniforme y artificial de opinión pública.

EL ATAQUE A IRAK DE EE.UU.
Según Noan Chosky en “Ambiciones Imperiales”

“La gente tiene miedo de Irak solo en Estados Unidos. Esto es un auténtico logro propagandístico. Resulta interesante comprobar que Estados Unidos es tan susceptible a la propaganda. Pero lo cierto es que, por la razón que sea, Estados Unidos es un país muy asustado en comparación con otros. Aquí el grado de temor sobre casi cualquier tema (la delincuencia, la inmigración, o el que más rabia te dé) se sale del rango normal.

Y los de Washington lo saben muy bien. Muchos de ellos son los mismos que gobernaban el país en los años de Reagan y de la primera Administración Bush. Y no están más que repitiendo el mismo guión. En aquel entonces aplicaron unos programas nacionales muy retrógrados que perjudicaron a la población y que resultaron muy impopulares, y se las ingeniaron para permanecer en el poder simplemente apretando año tras año el botón del pánico. Ahora lo están haciendo otra vez. Es algo que en Estados Unidos no es difícil hacer.”

La campaña sobre Irak comenzó en septiembre de 2002. Es tan evidente que hasta trata en las publicaciones de tipo más general. El jefe del análisis políticos de United Pres Intenational, Martín Sieff tiene un largo artículo que describe como se hizo. El redoble de los tambores de la propaganda bélica empezó en septiembre, coincidiendo con el inicio de la campaña electoral del Congreso, de mitad de la legislatura. Había dos temas que se repetían constantemente. Uno era que Irak suponía una amenaza inminente para la seguridad de Estados Unidos. Tenemos que pararlos ahora, o nos destruirán mañana.

El segundo tema era que Irak estaba detrás de los atentados del 11 de septiembre. Nadie lo decía expresamente, pero todos insinuaban que Irak era el responsable. Entonces dijeron que Irak estaba planeando cometer nuevas atrocidades. Estamos en peligro, de verdad; por eso, hay que pararlos ya.



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Mira las encuestas de opinión. Reflejaban la propaganda de una forma muy directa. Justo después del u de septiembre el porcentaje de ciudadanos estadounidenses que pensaba que Irak tenía algo que ver era, creo, el 3 por 100. Hoy casi la mitad de la población, tal vez más, cree que Irak fue el responsable de los atentados del n-S. Desde septiembre de 2002, aproximadamente el 6o por 100 de la población cree que Irak representa una amenaza para nuestra seguridad. Estas actitudes guardan una estrecha relación con el apoyo a la guerra. Si crees que Irak es una amenaza inminente para tu seguridad y que fue responsable de las atrocidades cometidas aquel 11 de septiembre y que está planeando cometer más, entonces tiene su lógica decir que deberíamos ir a la guerra para pararle los pies.

En el resto del mundo nadie cree nada semejante. Ningún otro país ve que Irak sea una amenaza para su seguridad. Kuwait e Irán, ambos invadidos en su día por Irak, no lo ven como una amenaza para su seguridad. Es absurdo. Como consecuencia de las sanciones, que han matado a cientos de miles de personas, el país tiene la economía y la fuerza militar más débiles de toda la región. Su gasto militar es menos de la mitad del de Kuwait, cuya población equivale al 10 por 100 de la iraquí, y está muy por debajo del gasto militar de otros países de Oriente Medio. Y, por supuesto, en la región todo el mundo sabe que allí cerca tienen a una superpotencia (que en realidad es una base militar estadounidense en el exterior) dotada de cientos de armas nucleares y unas fuerzas armadas enormes: Israel. De hecho, después de que Estados Unidos se apodere de Irak, es muy probable que incremente las fuerzas militares iraquíes y puede que hasta desarrolle las armas de destrucción masiva del país, con el único objeto de crear un contrapeso frente a otros Estados de la zona.

La opinión pública y los medios de comunicación
No es posible distinguir con claridad todos los factores que actúan en la creación de la opinión pública. La prensa, la radio y la televisión influyen difundiéndolas noticias a las que a veces en su redacción se les da una determinada interpretación o se pone el acento en ciertos aspectos para influir en la opinión. Los mismos medios de comunicación ofrecen también declaraciones e ideas de hombres públicos, de escritores, de predicadores, etc., que también influyen.

Para comunicar su propio pensamiento cada creatura humana posee el don de la palabra que, una vez puesta por escrito, puede llegar a los lugares más lejanos y conservarse largo tiempo.

Naturalmente, este procedimiento de transmisión del pensamiento no tuvo nunca el grado de integridad que se consiguió hace aproximadamente un siglo, cuando la palabra pudo ser recibida directamente a distancia, gracias al descubrimiento de los fenómenos de la electricidad y del magnetismo. Después de haber permanecido durante cierto tiempo sometida a los conductores metálicos, ha podido más tarde ser difundida libremente por todos los lugares de la tierra, llevada por las ondas electromagnéticas.

El espacio y el tiempo habían sido vencidos de esta forma; pero la palabra no tenía aún su verdadera perfección, porque la fisonomía del interlocutor continuaba siendo invisible, y he ahí la maravilla Confiada ella también a las ondas electromagnéticas, la imagen llega juntamente con la palabra, y la transmisión del pensamiento resulta de este modo directa o inmediata con plena eficacia. Ya se obtienen nuevos progresos, y de la imagen en blanco y negro se pasa a la televisión en colores, que añade otro nuevo elemento a la perfección y eficacia de las comunicaciones a distancia entre los seres humanos.

La televisión penetra por doquiera y penetrará cada vez más en los establecimientos públicos lo mismo que en la intimidad del hogar, de tal forma que a todos es posible gozar de ella. El bien y el mal que ahora o más tarde pueden derivarse de las transmisiones de televisión son incalculables e imprevisibles. Por consiguiente, evitad a toda costa el que sirva para difundir el error y el mal, y haced de ella, por el contrario, un instrumento de información, de formación y de transformación.
Ante todo la televisión puede ser de ayuda para las escuelas haciendo más eficaz la enseñanza y convirtiéndose en elemento complementario para la formación de los alumnos. Naturalmente, no se trata de reemplazar la palabra directa del maestro, al cual corresponde no solamente el deber de enseñar, sino también el de recoger las impresiones del alumno, de escuchar sus dificultades, de seguir su progreso, de evitar o corregir sus errores. (…)

Aparte de esta influencia en la enseñanza de las escuelas, hay que considerar que la televisión puede llegar a ser un medio eficaz para facilitar la unión de la familia alrededor del hogar doméstico. No es que sea capaz, ni mucho menos, de reemplazar otros medios indispensables de carácter espiritual y moral susceptibles de crear y fortalecer los lazos de amor y de fidelidad entre los miembros de la sociedad doméstica.

Pues bien, el espectáculo ofrecido por la televisión puede contribuir a ese efecto al reunir a toda la familia alrededor de un aparato; mas para que esa agrupación inesperada se traduzca en sentido constructivo, es necesario que los redactores de los programas se preocupen cada vez más de su nivel artístico, teniendo en cuenta el respeto que es debido a los justos criterios de la moral humana y cristiana. (…)

Existe otra gran familia, la comunidad de los pueblos, cuya realidad se dibuja cada vez más netamente en el derecho, aun cuando todavía se halla seriamente comprometida por oposiciones de ideologías y de intereses particulares. Todo esfuerzo que tienda a hacer reinar en los espíritus la luz de la verdad, en los corazones la adhesión al bien y en las obras la acción coherente, contribuye a eliminar los obstáculos que se oponen a la coexistencia pacífica deseada entre los diversos grupos de la comunidad de los pueblos.

Pío XII Discurso a los miembros de la Unión Europea de Radio Difusión, 1955

Características de la “difusión” a través de las técnicas audiovisuales Entre las diversas técnicas de difusión ocupan un puesto de particular importancia las técnicas llamadas audiovisuales, que permiten comunicar un mensaje en grandes proporciones a través de la imagen y del sonido.

Tal forma de transmisión de los valores espirituales es perfectamente conforme con la naturaleza del hombre. Es natural para el hombre llegar por lo sensible a lo inteligible; porque todo conocimiento nuestro comienza por los sentidos. Más aún, el sentido visivo, siendo el más noble, más digno que los otros sentidos, conduce más fácilmente al conocimiento de la realidad espiritual.

Las tres principales técnicas audiovisuales de la difusión: el cine, la radio y la televisión., no son simples medios de recreación y de entretenimiento (aunque gran parte de los auditores y de los espectadores los consideren preferentemente bajo este aspecto) sino de verdadera y propia transmisión de los valores humanos, sobre todo espirituales; por tanto, pueden constituir una forma nueva y eficaz de promover la cultura en el seno de la sociedad moderna.

Pío XII Encíclica sobre el cine, la radio y la televisión

EL CONTROL DE LAS NOTICIAS EN LA GUERRA FRÍA: En el conjunto del mundo no comunista, centenares de millones de hombres leen todos los días, en su lengua materna, diarios impresos en su propio país pero, con frecuencia, redactados según las noticias que emiten las agencias de prensa norteamericanas.

Esta invasión de los medios informativos sigue estando contenida en Europa occidental, gracias a la existencia de agencias de prensa europeas. Pero muy distinto es lo que ocurre en regiones como América Latina, a pesar del tímido intento de crear una agencia en Chile y a los esfuerzos de una agencia cubana, cuyo equipo técnico y de distribución son limitados. Además, los periódicos latinoamericanos reciben la oferta —a tarifas que desafían toda competencia— de un voluminoso servicio de artículos traducidos del inglés al español y al portugués: editoriales de los “columnistas” americanos, artículos varios, historietas y reportajes.

De este modo, las informaciones y comentarios llegan directamente desde los Estados Unidos, con una óptica norteamericana y presentan a los lectores una determinada visión de la guerra de Vietnam, de las crisis en Oriente medio, de las convulsiones en África, de la situación de la URSS o China, etc. Poco a poco, una concepción americana del mundo se va imponiendo de manera subrepticia a millones de lectores que no tienen ningún motivo para compartir los análisis hechos por norteamericanos, pero que no disponen de ninguna base de comparación ni de ninguna otra fuente de información. A esta influencia, que se ejerce por medio de periódicos aparentemente “nacionales”,se añaden otras influencias más directas.

En América Latina, pero también en Europa, hay capitales invertidos en empresas periodísticas. Revistas como Visión y Visáo (en portugués, para Brasil) no declaran ser publicaciones directamente controladas por sociedades norteamericanas. Sin embargo, el lector no halla jamás en ellas textos o documentos fotográficos que puedan sugerirle enojosas tendencias políticas. La edición castellana de Life no ejerce menos influencia, a pesar de que no disimula su origen. Aun así, determinados artículos de la edición americana de Life nunca se traducen para la edición española.

El récord corresponde, sin duda alguna, al Readers’ Digest, cuyas “selecciones”, en diversos idiomas, pasean por todo el mundo la imagen de una Norte América de recto ideario, generosa, pictórica de buenos sentimientos y de virtudes humanas; una imagen tanto más creíble por cuanto corresponde a un aspecto real de Norte América, pero a un solo aspecto, puesto que en el cuadro, las sombras aparecen difusas o borradas, y la guerra de Vietnam, por ejemplo, se convierte en una heroica cruzada en la que unos simpáticos soldados negros distribuyen chicle a los niños vietnamitas que son atendidos por médicos militares americanos.

Consenso y poder
Las modernas sociedades industrializadas no podrían subsistir sin los medios de comunicación de masas. Todas sus instituciones —el Estado centralizado, el sistema económico basado en el intercambio comercial y la extrema subdivisión del trabajo— serían imposibles, sin la existencia de estos “aparatos” destinados a transmitir información a grandes distancias y de manera prácticamente instantánea. Los funcionarios del gobierno central requieren datos acerca del estado económico y social de las regiones más alejadas de la Capital, los campesinos regulan sus actividades según !as noticias de las cotizaciones en la Bolsa de Cereales que dan los diarios y radios.

Por estas razones, los sistemas políticos modernos dependen del control más o menos directo que puedan ejercer sobre los medios. Ningún gobierno puede apoyarse exclusivamente en la fuerza física o en la coacción económica permanente: necesita contar con un mínimo de colaboración por parte de su población y que ésta acepte o, por lo menos, no ataque de manera sistemática y organizada, los valores defendidos por el Estado.

Esta colaboración o aceptación es, en realidad, una unidad de criterios o, como suele denominarlo la sociología, un “consenso” que garantiza la estabilidad del poder. Quien domina los medios de comunicación de masas puede controlar, aunque no de manera absoluta, la naturaleza del consenso social. Dichos medios pueden servir a un equipo gobernante (una élite, una clase) para difundir su ideología, atacar !a de la oposición, mostrar aquellos hechos que fortalecen su posición y ocultar los que puedan desmerecerla, amenazar a los desviados o “reprobos”, y aún para premiar a quienes acepten sus dictados. Más sencillamente: con los medios se puede hacer propaganda en favor de determinada ideología y, al mismo tiempo, tratar de neutralizar o ahogar la difusión de ideologías contrarias.

En síntesis: Ya sea para mantener el statu quo, o para modificarlo en una dirección determinada, todas las organizaciones políticas de una sociedad determinada (un partido, dentro o fuera del poder, un grupo de presión, etc.), deben asegurarse que un segmento cuantitativamente importante o bien muy influyente de la población, participe de sus valores e ideales. Esto implica una tarea de difusión ideológica y, por ende, el control de los medios de comunicación de masas. Por eso no es extraño que la lucha por el control de los medios de comunicación de masas sea un componente siempre presente en los debates y conflictos políticos de nuestra época.

DE LO MEDIÁTICO A LA MEDIATIZACIÓN: Cuando los medios son usados para objetivos más o menos precisos -como comunicarse o entretenerse-, es posible hablar de una sociedad mediática’, en cambio, cuando muchos de los valores morales, los significados compartidos y las formas de organización de una sociedad se definen en los medios o los atraviesan, se dice que la sociedad está mediatizada. Éste parece ser e! caso de las sociedades actuales. Los medios han dejado de ser instrumentos para llegar a ser lugares donde se desarrolla parte de la actividad social.

Un claro ejemplo del fenómeno de la mediatización es el de la llamada telepolítica o videopolítica. La expansión y el consumo masivo de la televisión en las últimas décadas han convertido a este medio en uno de los lugares privilegiados de la actividad de los partidos políticos, los candidatos y los funcionarios públicos. En consecuencia, la televisión ha contribuido a la vida pública, pero, al mismo tiempo, ha incorporado componentes no deseados -como el espectáculo y el lenguaje publicitario- en la política. Por ejemplo, en los últimos años, las mismas empresas que se ocupan de la publicidad comercial se encargan de elaborar campañas electorales y planificar las formas de aparición y los mensajes de políticos y funcionarios. El riesgo de este cruce entre lenguajes es que el debate de ideas sea cubierto por el Impacto de Imágenes espectaculares o la retórica Impuesta por el estilo publicitario.

La sociedad mediatizada se enfrenta con graves problemas que debe resolver: el aumento de la diferencia entre los sectores sociales en cuanto al acceso a las tecnologías de Información y comunicación -la llamada brecha tecnológica-, la tendencia a la comercialización y a la concentración multi-mediátlca; las Incógnitas sobre una posible estandarización de los lenguajes y modos de vida; nuevas formas de control y vigilancia que violan la vida privada. Sin embargo, también existen ventajas: la inmediatez y la velocidad de las comunicaciones; la existencia de formas de memoria y almacenamiento de datos en proporciones inimaginables hasta hace algunas décadas; la democratización en el acceso a la Información y a la opinión; nuevas formas de participación locales y globales; el desarrollo del periodismo Independiente y de medios alternativos; la diversificación de las formas de entretenimiento, educación, divulgación de ideas y creación artística.

Los medios masivos de comunicación y las nuevas tecnologías ya no sólo ocupan un lugar en la esfera pública, sino que son un requisito para su funcionamiento efectivo y democrático. En este sentido, el acceso libre a la tecnología de la comunicación se vuelve un derecho tan Indispensable para la vida en comunidad como la libertad de expresión y el acceso a la información.(Fuente;Formación Ética y Ciudadana Ética, Ley y Derechos Humanos 3° EGB )

Fuente: Claude Julien, El Imperio Americano, cap. VIII; El Imperio Cultural, pág. 322-323, Ediciones Grijalbo – Barcelona. México, 1969.

Fuente Consultada:
Educación Cívica 2 Zuretti-Auza
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1




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