Parlamentarismo y Presidencialismo Diferencias entre los Sistemas Políticos Resumen



Parlamentarismo y Presidencialismo Diferencias entre los Sistemas Políticos

Mientras que un gobernante absoluto, o autócrata, puede hacer lo que quien sin responder ante nadie por las consecuencias, aquellos que son elegidos para gobernar un país siguen siendo responsables de cómo lo hacen; en el peor de los casos, tienen que responder ante su electorado sobre la pertinencia de sus actos.

Bien, pero ¿ante quién, en concreto, deben ser responsables los líderes políticos? . La respuesta a esa pregunta es importante para comprender las diferencias entre los tipos principales de sistemas políticos que encontramos hoy en día en el mundo. Los sistemas democráticos se dividen en parlamentaristas o presidencialistas. Los primeros nacieron en las monarquías, ganando para el Parlamento, paso a paso, mayores competencias, hasta llegar —como en Inglaterra— a que la reina puede reinar pero no gobernar.

Los presidencialismos, por su parte, nacieron con las repúblicas modernas,que no aceptaban las tradicionales monarquías, fue en Estados Unidos en 1776 , cuando se independizó de Inglaterra, formando una confederación apoyandosé en las ideas del liberalismo político, en donde afirma que la soberanía de un país recibe en su pueblo.

El sistema presidencialista

El sistema presidencialista ha sido denominado el sistema del nuevo mundo. Tal calificación no es arbitraria, pues fue creado por los constituyentes norteamericanos y adoptado luego por la mayoría de los países de Latinoamérica. Quienes debieron asumir la responsabilidad de elaborar la Constitución de Norteamérica, se enfrentaron con una disyuntiva.

Querían, por un lado, un Poder Ejecutivo que dependiera del freno de las mayorías. Por otro, era necesario que dicho poder fuera lo suficientemente fuerte como para obrar con plena libertad dentro de su específica esfera de gobierno.

La solución fue ecléctica. Concedieron, sí, amplios poderes al presidente. Tantos, que llamó la atención de los europeos, acostumbrados a la debilidad de los jefes de Estado. Pero le agregaron la estricta fiscalización de los otros dos poderes de gobierno. Y complementaron ambas decisiones con una tercera, que habla a las claras de una nítida visión política de futuro: fueron parcos en la delincación del órgano presidencial, para lograr que respondiera en todo tiempo a las cambiantes necesidades de la Nación.

El presidente debe dar solución directa e inmediata a múltiples problemas que surgen de la administración pública. Por ello, su acción reviste mayor urgencia e ineludibilidad que la de los otros poderes. Su misión es mucho más amplia que la de ser el mero ejecutor de las leyes, tal cual lo define la teoría clásica.

Debe administrar los asuntos públicos en general y, en ese sentido, representa la vida concreta del Estado. Es quien lo representa, no sólo en el plano interno sino también externamente. Esto no puede significar nunca, desde luego, que se halle ubicado en un plano superior al de los otros órganos de gobierno. Pero es innegable que ejerce una dirección y un control generales. Por algo es que, en el habla diaria, se confunden los conceptos de gobierno y Poder Ejecutivo.

Ell presidente ejecuta las políticas del Estado, que la Constitución y las leyes emanadas del Congreso delinean. Maneja los poderes que el pueblo de la República le ha cedido por medio de la Carta Fundamental.

Para muchos, éste parece ser el sistema más adecuado para el gobierno contemporáneo, que exige una condición ejecutiva rápida y vigorosa ante vastos, complejos y cambiantes problemas y situaciones. Claro que siempre controlado, ágil y eficazmente, por el órgano legislativo y por los tribunales judiciales, de forma tal que los derechos de los ciudadanos se encuentren adecuadamente garantizados.

El sistema parlamentario

El sistema parlamentario de gobierno establece un órgano ejecutivo dual. Formalmente mirado, puede hablarse de la existencia de dos ejecutivos. Por un lado, el jefe de Estado, que puede ser un presidente (en el caso de las repúblicas) o un rey (en el caso de las monarquías constitucionales). Por él otro, el Gabinete, que es encabezado por el primer ministro. Las responsabilidades de uno y otro ejecutivo son diferentes. Mientras que el Gabinete es responsable ante el Parlamento, el jefe de Estado es políticamente irresponsable.

Es indespensable que el Gabinete cuente con la confianza del Parlamento. Basta un voto de desconfianza emitido por esta institución, para que el Gabinete deba renunciar. Por su parteA y como contrapartida que restituye el equilibrio de poderes, Ejecutivo puede disolver al Parlamento y convocar a elecciones generales para integrarlo nuevamente. Hay, por lo tanto, una muy íntima relación entre Gabinete y Parlamento. Y no podría ser de otra forma, desde el momento en que los miembros de ese Gabinete se recluían entre los propios componentes del Poder Legislativo.

El sistema parlamentario en Inglaterra

parlamento en inglaterra

El sistema parlamentario es una forma de gobierno característica de Europa. Fue practicado originalmente en Inglaterra y desde allí se trasladó a otros países, que loadoptaron con diversas variantes.

Inglaterra es un ejemplo clásico de las llamadas monarquías parlamentarias y las instituciones británicas son el resultado de una larga evolución. Al principio, el Parlamento fue sólo una reunión de vasallos convocada por el rey, fundamentalmente para solicitarles apoyo de carácter económico. Pero sacando provecho político de esas “ayudas”, la institución avanza.



Cuando la Corona quiere quebrar su poderío, el Parlamento no renuncia pacíficamente a esa incipiente influencia que posee: se enfrenta al soberano y sale fortalecido de esa lucha. En 1714, bajo la dinastía Hannover, es cuando el Consejo Privado del Rey se transforma en Gabinete y se reconoce responsable ante el Parlamento. Al lado de ellos, la figura del monarca pasa a segundo plano. (Ver: origen del parlamento británico)

De ahí en más, el gobierno inglés se basa en la estructura de Gabinete. Este pasa a ser la clave de su buen funcionamiento. El personaje fundamental de todo su andamiaje es el primer ministro, elegido por el rey entre los miembros del partido que cuente con mayoría parlamentaria, su líder generalmente. Ese “premier” es el encargado de proveer las demás plazas del Gabinete, mientras que el rey se limita a suscribir esas designaciones.

Siempre, salvo contadísimas excepciones, los miembros del Gabinete son extraídos del seno de la institución parlamentaria. Normalmente, pertenecen a un mismo partido y un mínimo número de plazas se reserva para representantes de la Cámara de los Lores.

Todos ellos son responsables ante el Parlamento y las decisiones de cada uno obligan a todos por igual: sólo en caso de medidas de carácter muy menor algún ministro puede responsabilizarse en forma individual. Su jefe indiscutido es el primer ministro, que la ley define como “el primero entre sus iguales”. Lo secundan en su tarea varios funcionarios que desarrollan ta: reas técnicas y honorarios (sin carácter político) y, desde luego, el resto de los ministros.

Cabe establecer una diferenciación entre Ministerio y Gabinete, que para nada son la misma cosa. Un Ministerio está compuesto por el correspondiente ministro y quienes lo secundan en su área específica, vale decir los secretarios, subsecretarios y demás funcionarios.

El Gabinete, por su parte, está formado, exclusivamente, por los ministros. Reunido en su famosa sede de 10 Downing Street ejerce sus funciones típicas: la determinación final de la política que se someterá al Parlamento para su aprobación, el control del Ejecutivo de la Nación, la coordinación entre los diferentes departamentos estatales.

Pero quizá su papel fundamental sea otro, que aventaja en importancia a las prerrogativas recién enumeradas: conducir la actividad del Parlamento, siendo el promotor de la mayor parte de las iniciativas de ley.

El Gabinete dirige los gobiernos de Inglaterra. El Parlamento desarrolla una función de control. El Gabinete puede disolver la Cámara de los Comunes. Pero, a su vez, nace y muere en virtud de las decisiones parlamentarias. El equilibrio de poderes, agradecido.

Una diferencia obvia entre un régimen presidencial y uno parlamentario es la naturaleza del jefe de Estado. En un sistema parlamentario, éste suele ser una figura ceremonial (por ejemplo, el monarca en Gran Bretaña o España), mientras que el poder político real queda en manos del primer ministro o presidente del gobierno. Por su parte, en un sistema presidencialista los papeles de jefe de Estado y de jefe de gobierno se combinan en la persona del presidente. Además de estos dos tipos de régimen, existe una tercera organización combinada (híbrida) en la que un presidente, elegido por votación popular para un mandato determinado, ocupa su cargo en paralelo a un primer ministro que es seleccionado por la asamblea legislativa (parlamento) ante la que tiene que responder. El ejemplo más conocido de este sistema denominado «semipresidencial» es Francia. En él, tanto el presidente como el primer ministro desempeñan un papel activo en la administración del Estado, pero hay notables diferencias en la división real de poderes. La política interior, por ejemplo, puede ser la responsabilidad principal del primer ministro, mientras que el presidente se dedica sobre todo a los asuntos exteriores.

El sistema parlamentario en Italia y España

En 1947 se establece definitivamente en Italia el régimen parlamentario de gobierno. Se adopta el sistema de Gabinete, a semejanza del inglés, aunque presenta variantes con repecto a su modelo original.

Por tratarse de una república, un presidente reemplaza al rey. De todas formas, su papel secundario no difiere demasiado del representado por el monarca. Encarna, más que nada, la unidad y continuidad del Estado. Políticamente, es irresponsable; aunque puede, excepto durante los seis últimos meses de su mandato, disolver el Parlamento.

Más allá de esta prerrogativa, el órgano principal de la conducción política escapa de sus manos y está encarnado en el Presidente del Consejo y sus ministros. Ellos son responsables, en forma colectiva o individual (depende de la índole del asunto) ante el Parlamento. Pueden disolver sus Cámaras pero, a su vez, cualquiera de ellas puede censurar al Gabinete y esas censuras significan su caída segura.

Estos mutuos controles favorecen el principio de la división de poderes, es cierto. Pero, por otra parte, en sociedades de un marcado multipartidismo, como la italiana, en la cual los gobiernos deben necesariamente ser el resultado de acuerdos entre varios partidos, es notoria la poca estabilidad de los gabinetes, los cuales deben ser periódicamente reconstituidos, en medio de graves crisis políticas. No obstante, capeando todos esos temporales, y a pesar de ellos, la república sigue en pie.

En España, por su parte, la apertura política que continuó a la liquidación del régimen franquista, posibilitó la instauración de una monarquía constitucional. Los viejos estamentos corporativistas dejaron paso al nuevo parlamentarismo que, más allá de algunos intentos reaccionarios, se robustece día tras día.

El parlamento británico, la asamblea legislativa del Reino Unido, suele considerarse un sistema bicameral (con dos cámaras), pero en realidad tiene tres: el monarca y su consejo de asesores (el Privy Council); la Cámara Alta (la de los Lores Espirituales y Temporales, con obispos, arzobispos y nobles), y la Cámara Baja o de los Comunes. El rey o la reina, tanto ahora como en el pasado, es el jefe de Estado, pero en la actualidad su papel es puramente formal y ceremonial. A lo largo del siglo XX, una serie de reformas alteraron la composición de la Cámara de los Lores (no electos), a la que ahora pertenece sólo un número limitado de nobles hereditarios; la gran mayoría son nobles actuales, nombrados regularmente por la corona entre los «grandes y los buenos», siguiendo el consejo del gobierno del momento. Durante ese periodo de reforma también se han reducido considerablemente los poderes de los Lores, y a día de hoy, la Cámara Alta sólo puede retrasar la aprobación de la legislación. El verdadero poder se concentra en la Cámara de los Comunes, el organismo de miembros del parlamento que son elegidos cada cinco años (o menos) por votación popular.

Formación Política Para La Democracia Tomo I – Presidencialismo y Parlamentarismo – Editorial Redacción –





OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *