Origen de los Whigs y Tories en Gran Bretaña Conservadores y Laboristas





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De  tiempo en tiempo, las elecciones inglesas atraen la atención de todo el mundo sobre el enfrentamiento de conservadores y laboristas (con los liberales actuando de tercero en discordia), que representa uno de los aspectos más típicos e interesa de la estructura política de los países de lengua inglesa. Conservadores y laboristas son, realmente, los protagonistas modernos del antagonismo secular entre dos grupos políticos que, precisamente en Inglaterra, dio origen al “juego parlamentario” entre la mayoría y la oposición, que constituye la base de toda democracia occidental.

“WHIGS” Y “TORIES”
Hacia 1679, en el Parlamento inglés surgieron dos fracciones durante un encarnizado debate político. Se discutía una ley que pretendía excluir de la sucesión al trono al católico duque de York, hermano de Carlos II Estuardo, quien luego reinó con el nombre de Jacobo II. Inglaterra atravesaba un período de reorganización: después del paréntesis de Oliver Cromwell, se había restaurado la monarquía (1660); las diferencias religiosas entre católicos y protestantes avivaban la lucha política.

Parte del Parlamento se alineó a favor del duque de York, y parte, en contra. Ambas fracciones, siguiendo una tradición universal, se cruzaban apelativos, poco honorables. Los que apoyaban al católico Jacobo eran “gratificados” con el calificativo de tories, término despreciativo irlandés con que se indicaba los “papistas”, fuera de la ley, que aún no se habían plegado al cisma de la Iglesia de Inglaterra.

Sus adversarios, es decir, los que deseaban excluir de la sucesión al duque de York, recibieron el apelativo de whigs, palabra escocesa para designar a los ladrones de ganado, aplicada posteriormente a los presbiterianos escoceses (que tenían fama de contumaces rebeldes) y que se convirtió en sinónimo de rebelde contra el poder del rey. 

Las dos tracciones dieron lugar a una extraña costumbre, que luego encontró imitadores en la historia (recordemos a los “gueux”, es decir, andrajosos, como llamaron a los rebeldes de los Países Bajos y a los “sans-culottes” de la Revolución Francesa): tomaron el insulto y lo convirtieron en una denominación oficial. Así nacieron el partido “tory” y el “whig“. El primero fue, en líneas generales, el partido de los aristócratas apegados a la tradición, mientras que el “whig” agrupó a ciertos propietarios de tierra, a los comerciantes, etc.; en una palabra, a los burgueses.

En el curso de los siglos los partidos evolucionaron, inclusive en su elemento social, y ambos han dado al pueblo inglés políticos de gran valor, como, por ejemplo, William Pitt el Joven, Robert Peel y Benjamín Disraeli, del partido “tory“; Lord John Rusell, W. E. Gladstone, Lord Palmerston y Lord Beveridge, del partido “whig“.

En el siglo XIX, mientras que el término “tories” continuó designando a los conservadores, el apelativo “whigs” cayó en desuso; esto sucedió, en parte, porque el partido “whig” fue sustituido, poco a poco, por el liberal, que se convirtió en su heredero directo.

Sin embargo, los liberales empezaron a declinar rápidamente, a principios de nuestro siglo, al tiempo que alcanzaba cada vez mayor fuerza el nuevo partido laborista (“labourist“). Este partido se convirtió en el antagonista de los conservadores.

whigs tories

CÓMO SON ACTUALMENTE LOS PARTIDOS POLÍTICOS INGLESES
Para muchos países, habituados al sistema pluripartidista, cada partido político representa una idea abstracta (la veces, demasiado abstracta!) y muy precisa. En otras palabras, cada partido es la expresión de una teoría. En este sentido, los republicanos son los partidarios de la república; los liberales representan las ideas del liberalismo, etc. Usando la misma medida, nos inclinaríamos a creer que los conservadores ingleses son retrógrados reaccionarios y que los laboristas son inflamados revolucionarios.

Estos juicios no corresponden, en absoluto, a la realidad. Ante todo, los partidos políticos ingleses, como los de los otros países anglosajones, rechazan las utópicas teorías, las posiciones dogmáticas, “de principio”. Presentan a sus electores soluciones prácticas de los problemas del momento, es decir que enuncian (y no sólo a modo de propaganda electoral) la forma en que retenden afrontar las cuestiones que se plantearán al futuro gobierno, en el caso de que llegaran »poder.

Los conservadores son partidarios de soluciones liberales, de la libre competencia, del respeto a las leyes económicas tradicionales, de una política exterior cauta; los laboristas tienden a posiciones más avanzadas en lo económico, lo social y lo político; ven con buenos ojos las nacionalizaciones, las intervenciones estatales, etc. No hay, pues, que pensar en Ion conservadores como “reaccionarios”. Si Inglaterra está, hoy, entre las naciones social» mente más progresistas, el mérito es también de los conservadores. Y no hay que suponer que los laboristas estén dispuesto! a abandonar el conjunto secular de tradiciones y costumbres que enorgullecen a Ion ingleses; todas las revoluciones inglesas han realizado sin estridencias y por ION cauces de las tradiciones y las costumbres.


CUÁLES SON
Los partidos que, en la actualidad, Nh reparten el electorado inglés, son los siguientes:

El partido conservador (Conservative-Party). Se trata del viejo partido tory, y aún se le llama así en el lenguaje corriente, a pesar de que, desde 1830, ha asumido la denominación de “conservador”. Este antiguo grupo político ha alcanzado en nuestro siglo una notable expansión, obteniendo las simpatías de muchos electores. En enero de 1957, Harold Macmillan ocupó el puesto de Anthony Edén y llevó al partido al re sonante triunfo de las elecciones genérales  de 1959, en las que no sólo consigue la tercera victoria consecutiva, sino que obtuvo un incremento de la mayoría, con 365 escaños sobre 630, superioridad sin precedente,1; en la historia de la política inglesa. En 19CÜ le sucedió Sir Alee Douglas-Home.



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El partido laborista (Labour Party). Fundado en 1900, como una asociación de ligas socialistas, sindicatos (las famosas Trade Unions), consejos obreros y organizaciones electorales locales de tendencia socialista. Su objetivo fue dar una representación parlamentaría al mundo del trabajo (Labour Party significa, precisamente, “partido del trabajo”). En el período siguiente a la primera guerra mundial, la decadencia de los liberales produjo el auge de los laboristas, que sustituyeron a aquéllos como alternativa frente a los conservadores.

Los laboristas llegaron al poder, solos, en 1924, con J. Ramsay MacDonald, y, luego, en 1929-31, con el mismo líder. Tras el paréntesis de los años de guerra (en los períodos bélicos, Inglaterra es gobernada por una coalición de ministros, tanto de la mayoría como de la oposición), el partido laborista volvió al poder con Clement Atlee, desde 1945 a 1951.

Con las elecciones generales de 1959, su fuerza parlamentaria se restringió a 258 escaños, sobre un total de 630, y en 1964 volvieron otra vez al poder, con Harold Wilson a la cabeza del partido. Es obvio que los laboristas, aunque se declaran socialistas, no aceptan los principios marxistas de la lucha de clases.

El partido liberal (Liberal Party). Los liberales son los herederos directos de los whigs, y han tenido siempre de 5a 10 parlamentarios, contra los 300, aproximadamente, de cada uno de los otros dos partidos.

LAS VENTAJAS DEL SISTEMA BIPARTIDISTA
Como vemos, pese a la presencia de los liberales, el sistema inglés es, sustancial-mente, bipartidista, esto es, fundado sobre dos grupos políticos: uno, en el gobierno, y otro, en la oposición. ¿Qué ventajas ofrece este sistema?

1) El Parlamento es más homogéneo, al no estar fraccionado en muchos grupos.

2) En consecuencia, el Gobierno es apoyado sólidamente por el partido que ha obtenido la mayoría, sin necesidad de recurrir a coaliciones con otros partidos. En otras palabras, el Gobierno es más estable y se evitan las repetidas crisis que ha sufrido, por ejemplo, Francia en la postguerra, y, aunque en menor medida, Italia.

3) Los dos partidos en pugna se dirigen a todas las clases sociales (es decir, son “interclasistas”) y por eso no tutelan sólo los intereses de una clase, sino que tratan de conciliar las exigencias de sus electores; por este motivo, la lucha política es menos violenta y menos dramática que en otros países.

4) Ambos partidos intentan ponerse de acuerdo con el mayor número de grupos políticos, asociaciones, ligas, clubes, etc. Quien lo consigue más ampliamente, se asegura el mayor número de votos. Es evidente, pues, que los acuerdos, las coaliciones, el propio programa del Gobierno, se forman en el partido y antes de la consulta electoral. Después de las elecciones, todo está ya discutido y preparado, y la vida del Gobierno no tendrá sorpresas ni crisis.

5) El hecho de que ambos partidos deban atraerse a todas las clases —más aún, a las mismas clases— los hace muy semejantes entre sí, y no hay que excluir la posibilidad de que, para ciertos problemas, propongan a los electores la misma solución. El alternarse de los dos partidos en el poder no provoca, pues, desequilibrios notables en la conducta política del Gobierno y, en consecuencia, en la vida de la nación.

6) Lo que podría llamarse “pendularidad” es una de las características de los electores anglosajones. Éstos no se “encariñan” con un partido, tal como ocurre en otras democracias occidentales; es decir, no siguen siempre al partido que más les gusta, aunque cometa errores.

Los electores anglosajones juzgan objetivamente la obra de los dos partidos, y votan, indistintamente, por uno o por otro: votan al partido que presenta mejor programa, o cuyo programa parece mejor al elector. Evidentemente, esto compromete a los partidos a “hilar muy fino”, porque cada error significa la pérdida de muchos electores o, inclusive, la pérdida de la elección.

POR QUÉ EN OTROS PAÍSES RIGE EL SISTEMA PLURIPARTIDISTA
En Francia, Alemania, Italia, Argentina y otras naciones, los electores están divididos entre numerosos partidos, y por ello se habla de sistema pluripartidista. Este sistema tiene el inconveniente de que fracciona en exceso al Parlamento, pero, con respecto al bipartidismo, tiene la ventaja de que la lucha política es más clara.

De hecho, en el sistema basado en dos únicos partidos, la necesidad de conciliar las tendencias de los electores, de llegar a compromisos, entendimientos y acuerdos electorales, acaba, a veces, volviendo confusa la vida política de la nación.

De todas formas, hay que tener presente que la adopción de uno u otro sistema no depende de los gobernantes: uno y otro son fruto de distintas tradiciones, diversas mentalidades y diferentes condiciones sociales.

En los Estados Unidos, el sistema bipartidista “puro” está casi impuesto por el hecho de que ningún pequeño partido podría obtener los votos suficientes para hacer llegar a la presidencia a un candidato propio.

En Francia y en Italia, juega en favor del pluripartidismo el hecho de que existe un gran espíritu individualista, poca disciplina de partido, demasiadas diferencias entre las clases sociales y entre unas regiones y otras, y que la lucha de clases es encarnizada.

Todas estas circunstancias hacen inadecuado un sistema bipartidista. Con todo, en un sistema u otro, lo esencial es que en todos los países exista una verdadera democracia y que los intereses del pueblo sean respetados siempre.

Fuente Consultada: Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°48




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