Los Intereses Economicos En El Desarrollo de los Paises Capitalistas



Los Intereses Economicos Para El Desarrollo de los Paises del Siglo XIX

IMPORTANCIA DE LOS INTERESES ECONÓMICOS: Ningún país civilizado vive exclusivamente de sus productos sin comprar ni vender nada fuera.

A medida que la industria se ha desarrollado y los transportes se han hecho más rápidos y frecuentes, los cambios internacionales han aumentado y la división del trabajo ha venido a ser cada vez más acentuada entre las naciones.

Cada una se ha especializado en una clase de industria, o en una rama de la agricultura.

Ningún gobernante ha pretendido que su país pudiera prescindir de comerciar con el extranjero, pero muchos han sostenido que el interés de una nación está en comprar lo menos posible y vender lo más posible al extranjero, que hay que fomentar las exportaciones y disminuir las importaciones, que hacen la competencia a los productos nacionales, y han propuesto contener las importaciones valiéndose de tarifas aduaneras.

Los Intereses Economicos Para El Desarrollo de los Paises del Siglo XIX

Es el proteccionismo. A veces un país ha intentado impedir totalmente la competencia extranjera, valiéndose de tarifas prohibitivas.

Hasta el siglo XVIII, todos los gobiernos consideraban la rivalidad comercial como una verdadera guerra en que los procedimientos más violentos estaban permitidos.

En la Edad Media, varias ciudades mercantiles habían destruido a sus rivales.

En el XVII y el XVIII, cada gobierno prohibía a los extranjeros el comercio con sus colonias, y, cuando podía hacerlo, con el Oriente y el Extremo Oriente.

Pero cuando Holanda, Francia e Inglaterra produjeron más de lo que necesitaban en el interior, sus negociantes pidieron a su gobierno que obtuviese fuera atenuada la prohibición en los Estados extranjeros.

Los ministros comprendieron que el desarrollo económico aumentaba la riqueza del país y trabajaron para que se incluyeran en los tratados cláusulas económicas.



Desde entonces, la mayor parte de los tratados entre las naciones comprendieron estipulaciones en favor de la industria y del comercio.

En el siglo XVIII, los economistas sostuvieron que la libre competencia era indispensable para el desarrollo de la industria y del comercio. Pidieron por primera vez, la libertad del comercio internacional, la rebaja de las tarifas de aduanas y aun el librecambio, es decir, la abolición de los derechos.

El tratado de 1786 entre Francia e Inglaterra, que rebajó ciertos derechos en los dos países, fue el primer acto oficial de la libertad de comercio. Durante las guerras de la revolución y del imperio, Francia e Inglaterra volvieron a la prohibición.

Durante el período de desairollo industrial que siguió a la paz de 1815, los particarios del librecambio hicieron una propaganda que decidió a Inglaterra a abandonar las tarifas protectoras (1840-1846).

Querían hacer la vida menos costosa a los obreros y permitir la baja de los salarios dejando entrar libremente el trigo extranjero, querían ayudar al desarrollo de la industria haciendo posible la firma de tratados de comercio que abrieran a los productos manufacturados ingleses el resto del mundo.

Desde 1846, la vida económica inglesa está basada en la importación de alimentos y materias primas, en la exportación de hulla, de tejidos de algodón, de hierro fundido y de acero.

En Francia, los propietarios agrícolas y los fabricantes de hierros y de tejidos, que temían la competencia inglesa, pedían el mantenimiento de tarifas elevadas.

A pesar de ellos. Napoleón III, partidario de la libertad de comercio, hizo en 1860 con Inglaterra y Francia hicieron tratados análogos con la mayor parte de los gobiernos.

Eran entonces, con Bélgica, las únicas naciones industriales, y se repartían la clientela de los demás países.
En el último tercio del siglo XIX, otras potencias, sobre todo Alemania y los Estados Unidos, se hicieron industriales.

Los capitalistas de estos países, que establecían nuevas fábricas, se unieron a los propietarios agrícolas para pedir la vuelta al proteccionismo, a fin de asegurarse el mercado local.



Además de los antiguos argumentos, los proteccionistas hacían valer un motivo tomado de la paz armada en que Europa vive desde 1871.

Se decía que la guerra era posible en todo momento y que cada país debía ponerse en disposición de producir todo lo necesario para su consumo, a fin de poder vivir cuando fuera atacado.

Alemania elevó sus tarifas después de 1878, y las hizo casi prohibitivas en 1902. Francia volvió a hacerse proteccionista en 1892.

El movimiento proteccionista ganó casi todos los demás Estados, Rusia, los Estados Unidos, las colonias inglesas de Australia, establecieron sobre ciertos productos industriales tarifas que se pueden llamar prohibitivas.

Sólo inglaterra y Bélgica, que viven del comercio exterior, han permanecido fieles a la libertad comercial, y todavía hay en ellas un fuerte sentido proteccionista.

La competencia de los Industriales y de los productores agrícolas mantienen el antagonismo entre las naciones.

Los intereses económicos ocupan un lugar cada vez mayor en las relaciones internacionales.

Sin embargo, las naciones no han podido cerrarse por completo al comercio extranjero. El régimen proteccionista causa inquietud a los industriales que producen para la exportación, porque los expone a verse arruinados por tarifas de represalia.

Descontenta a los negociantes y a los armadores de los puertos, porque disminuye el tráfico exterior.

Los amenazados de este modo han reclamado la intervención de su gobierno. Los Estados proteccionistas han tenido que concederse así unos a otros reducciones de tarifas equivalentes mediante tratados de comercio, temporales, pero renovables.



En general tienen dos tarifas: la máxima se aplica a los productos de los países que no tienen el beneficio de un tratado de comercio, lo cual es caso excepcional; la mínima es aplicada a los demás, es decir, a casi todos.

Ciertos tratados de comercio establecen aún una tarifa inferior a la mínima.

El régimen actual del tráfico entre naciones es, pues, en general, el proteccionismo mitigado por tratados de comercio. El interes que tienen los comerciantes en facilitar las relaciones internacionales compensa la tendencia de los productores a restringirlas.

EL IMPERIALISMO

El mercado nacional, aun cuando protegido por tarifas de aduanas, no basta para la gran industria.

Los gobiernos de los países industriales tienen por tanto que buscar mercados que puedan reservar a sus nacionales; el desarrollo de la industria en grande escala ha conducido así a un gran movimiento de expansión colonial.

Al mismo tiempo, los armamentos formidables hechos desde 1871 predisponían a las potencias a las expediciones guerreras.

A partir de 1871, casi todas las tierras que habían permanecido independientes de las naciones occidentales, sobre todo en África, han sido repartidas entre los Estados europeos.

Inglaterra, que había llegado a ser la primera potencia colonial del mundo, ha conservado su puesto.

Su dominio es hoy el mas extenso y más poblado del mundo (400 millones de habitantes).

No ha cesado nunca de ensancharlo, pero no siempre con la misma rapidez.

El gabinete liberal, presidido por Gladstone, inauguró una política de economía y de paz.

Hizo pocas expediciones militares y llamó a una parte de las tropas estacionadas en las colonias.

El partido conservador, organizado y dirigido por Disraeli, protestó contra la detención de la expansión colonial. Llamó a los gladstonianos little Englanders, partidarios de la «pequeña Inglaterra».

El se servía gustoso de la palabra Imperio para designar el conjunto de las posesiones británicas.

Disraeli hizo que se añadiera al título de rey de Inglaterra el de emperador de la India, que había usado en otro tiempo el Gran Mogol.

Se tomó la costumbre de llamar imperialismo al deseo de expansión colonial, e imperialistas a los partidarios de esta política.

En 1887, con ocasión del jubileo de la reina, el ministerio conservador Salisbury reunió en Londres a los primeros ministros de las colonias autónomas y les hizo algunas proposiciones para la organización de una defensa común.

Se empezó desde entonces a hablar de una Federación que reuniría las diferentes partes del Imperio.

Desde que las colonias habían obtenido un gobierno autónomo, el único lazo entre Inglaterra y ellas era el gobernador enviado a cada una por Inglaterra.

Se empezó a hablar de la creación de un consejo de defensa común, o incluso un parlamento imperial; en una palabra, de hacer para el conjunto del Imperio Británico lo que se hizo con el Canadá en 1867, con Australia en 1901.

Muchos imperialistas se hicieron partidarios de la Federación al mismo tiempo que de la expansión colonial.

El más influyente fue Mr. Chamberlain, ministro de las Colonias en el gabinete conservador desde 1895 a 1905.

El ministro de las Colonias reunió a los primeros ministros coloniales en Londres en ocasión del jubileo de diamante de la reina (1897), más tarde cuando la coronación del rey Eduardo VII (1902).

No pudo convencerlos de su proyecto de federación porque el primer ministro canadiense y, después de él, el australiano, manifestaron que no querían entrar en el militarismo a la europea y que se limitarían a defender su país.

Entonces Mr. Chamberlain propuso una unión aduanera imperial. Las colonias son proteccionistas, protegen sus industrias contra Inglaterra tanto como contra los demás países. Inglaterra, por el contrario, vive en el régimen de la libertad de comercio. Mr. Chamberlain pedía que las colonias concediesen una tarifa de favor a los productos ingleses, e Inglaterra en cambio establecería tarifas protectoras contra los Estados extranjeros y dejaría entrar los productos de sus colonias.

Los adversarios de este proyecto decían que Inglaterra enviaba ya las siete décimas partes de sus expediciones a sus colonias, y que casi no podría enviar más con tarifas de favor, y en cambio no recibía de las colonias sino dos octavas partes de sus importaciones, y que los derechos elevados, indisponiéndola con sus proveedores extranjeros, perturbarían su comercio y su industria.

De esta suerte, el proyecto de imperialismo económico es enérgicamente combatido, no sólo por los liberales, sino por una fracción del partido conservador. El deseo de expansión colonial, por el contrario, es compartido hoy por casi todos los conservadores y por gran parte de los liberales.

El partido liberal-radical, que volvió al poder a fines de 1905, parece, sin embargo, principalmente preocupado de poner en condiciones de explotación las colonias y posesiones actuales.

Sus elementos radicales y los diputados obreros que le sostienen son partidarios de la paz.

El gobierno inglés actual es el único que ha tomado la iniciativa de proponer a los otros una reducción simultánea de los armamentos, que no ha sido bien acogida.

La palabra imperialismo ha pasado recientemente a los Estados Unidos, se emplea para designar a los partidarios de las adquisiciones coloniales.

Fuente Consultada: Historia Universal Ilustrada de Charles Seignobos Tomo IV Editorial Publinter Bs.As.

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