Mision San Ignacio Mini en Misiones Historia de Guaranies y Jesuitas



Misión de San Ignacio Mini en Misiones –
Historia de Guaranies y Jesuítas

LAS MISIONES JESUÍTICAS

Las Misiones Jesuíticas, una experiencia única en materia de vida comunal.

Las reducciones de indios, establecidas por los jesuitas en tiempos coloniales, constituyen una experiencia única en materia de vida comunal. Entre los años 1609 o 1610 estos religiosos instalaron sus primeras misiones entre los indios guaraníes, al nordeste de Asunción en la región Guayrá, que actualmente pertenece al Brasil.

Pese a la animosidad de los colonos blancos hacia los jesuitas, las misiones florecieron, pues los pacíficos guaraníes constituían un elemento promisor para la conversión. Una de estas misiones, que estaba situada cerca de la confluencia de los ríos Paranapanema y Pirapo, recibió el nombre del fundador de la Compañía de Jesús y se le llamó San Ignacio Miní (Miní significa menor). De esta manera se distinguía de otra población, llamada San Ignacio Guazú (Guazú significa grande). Los jefes de estas misiones fueron hombres de recia envergadura moral y mental.

El padre Antonio Ruiz de Montoya era limeño, hijo de un capitán del ejército español quien, después de una adolescencia disipada, ingresó en la Orden Jesuita en 1606, cuando contaba 21 años. Se especializó en la flora y la fauna de Guayrá, escribió una monografía sobre la yerba mate, compiló un diccionario y una gramática de la lengua guaraní, y, además, fue un excelente cartógrafo. También tuvieron un papel destacado dos sacerdotes de origen italiano: José Cataldino y Simón Mazeta.

LA REDUCCIÓN DE SAN IGNACIO

En Misiones, esa estrecha franja de territorio argentino entre el Paraguay y Brasil, figura San Ignacio Mini, la última y mejor conservada de las treinta poblaciones de los jesuitas. Fueron llamadas también reducciones o doctrinas, que florecieron entre los indios guaraníes durante los siglos XVII y XVIII.

En las ruinas de San Ignacio se puede apreciar todavía la plaza de unos cien metros cuadrados, cubierta de hierba, flanqueada en sus costados por unos treinta bloques de paralelos edificios de piedra.

Estos grupos, a su vez, representan unas diez pequeñas viviendas de una sola habitación. Los techos han desaparecido, pero los muros, de casi un metro de espesor, se encuentran todavía intactos, y también se pueden distinguir los restos de una arcada ininterrumpida a lo largo del frente de cada bloque.

Al sur de la plaza se ubican los edificios administrativos, con trabajos de mampostería que alcanzan hasta nueve metros de altura. En el centro de este conglomerado se ven los restos de una gran iglesia que fue concluida hacia 1724, y mide 54 m de largo por 23 m de frente. A la derecha, el cementerio; a la izquierda, la escuela y el claustro de los sacerdotes. Más allá, los talleres, bodegas, refectorio, etc.

Como argamasa, para unir las piedras, se utilizó una especie de barro mezclado con arena. El material de los edificios es una piedra arenisca roja o amarilla, extraída del lecho del río Paraná. Muchos muros están adornados con bajorrelieves cuyos temas fueron estilizados dibujos florales.

El área construida comprende un diámetro de unos quinientos metros. Detrás de los edificios administrativos se extendía un huerto con frutas cítricas, y más allá, fosos defensivos marcaban el perímetro de la reducción.



Los cuidadosos censos anuales que realizaban los jesuitas, dan a San Ignacio Mini en el año 1731 una población de 4356 habitantes. Una epidemia los redujo a menos de dos mil, en cinco años. Veinte años después, en 1756, tenía 3222 habitantes.

Con la expulsión de los jesuitas decretada por el rey de España en 1767, en todos sus territorios comenzó la decadencia de esta reducción, lo mismo que en las otras. Finalizando el siglo XVIII, cuando San Ignacio se encontraba en un lamentable estado de abandono, todavía existían varios representantes de los dominicos, y algunos indios en la comunidad.

En 1817 el dictador paraguayo Francia ordenó la evacuación de todas las reducciones a fin de evitar que sus enemigos sacaran venta/as de ellas. Las crónicas de la época dicen que San Ignacio fue incendiado, y el hecho de que no exista madera/e de ninguna especie y hayan desaparecido los techos, puede ser la confirmación de ese aserto.

Durante 80 años San Ignacio quedó en el olvido; al parecer; nadie vivía en las proximidades, y la naturaleza asoló despiadadamente las ruinas. Un árbol llamado ibanoi prendió allí, y destruyó con sus fuertes raíces los cimientos de las construcciones.

En 1897 el agrónomo Juan Oueirei llegó al lugar, hizo un estudio, e informó sobre las ruinas recomendando su reconstrucción.

Hasta 1943 no se había hecho nada, y es en ese año que la División de Monumentos Históricos del Directorio de Arquitectos Argentinos tomó en asunto en sus manos y comenzó su restauración.

CRONOLOGÍA DE SAN IGNACIO MINI:

1607 El General de la Compañía de Jesús, P. Claudio Acquaviva, crea la Provincia Jesuítica del Paraguay y pone a su frente al P. Diego de Torres.

1609 El Provincial acuerda con el Gobernador Hernandarias el inicio de las Misiones de Guaraníes.

1610 Fundación de San Ignacio Miní y Loreto en el Guayrá (hoy, estado brasileño de Paraná). Los PP. José Cataldino y Simón Masseta edifican estos dos primeros pueblos en las proximidades del río Paranapanema y, posteriormente, desde ellos se lanzan nuevas fundaciones.

1631 Ante el ataque de los «bandeirantes» paulistas, que buscan a los Guaraníes para esclavizarlos, el P. Antonio Ruiz de Montoya emprende un éxodo para salvar a los sobrevivientes. Tras un muy penoso viaje, los peregrinos se instalan en las márgenes del Yabebirí, afluente del Paraná, actual provincia de Misiones, Argentina.



1695/6 Por las deficientes condiciones del lugar, buscan una tercera ubicación. Allí se hallan localizadas hoy las ruinas de San Ignacio Miní.

1724 La construcción de la iglesia de piedra ya está muy adelantada. El Hno. José Brasanelli, experto arquitecto, se traslada para concluirla. Las dos torres que posee deben ser demolidas en 1749, porque no ofrecen suficiente seguridad.

1767 Mediante la firma de una Real Pragmática, Carlos III expulsa a la Compañía de Jesús de España y sus dominios. Con esa decisión adhiere a la política impulsada por Portugal y Francia.

1768 La expulsión se hace efectiva en el Río de la Plata. Los Jesuitas de las Reducciones son apresados y deportados. No oponen la resistencia temida por los funcionarios. Los pueblo de Guaraníes quedan a cargo de administradores Españoles y criollos, y la atención religiosa, bajo la responsabilidad de Sacerdotes Franciscanos, Dominicos y Mercedarios, poco familiarizados con la idiosincrasia guaraní.

1816 El Gral. José de Artigas organiza sus ejércitos y pone a Andrés Guacurarí, indígena guaraní conocido como Andresito, al frente de uno de ellos. Como cinco Reducciones del Paraná han sido ocupadas por los ejércitos paraguayos del Dr. Francia, Andresito, con sus huestes guaraníes, logra recuperarlas. El Dr. Francia reinicia el ataque y determina la destrucción total de los pueblos.

Fuente Consultada: Historia Argentina CLASA Fasc. N°12

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