Defensor de los Indios en America Fray Bartolome de las Casas






Defensor de los Indios en América: Fray Bartolome de las Casas

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS   (1470-1566)
El emperador Carlos V, siempre dispuesto a descubrir los errores y a remediarlos, llamó a sus sabios a Valladolid y les expuso sus serías preocupaciones con respecto al manejo de las Indias.

Las leyes dictadas hasta entonces eran ecuánimes y se ajustaban a las necesidades de la conquista y la colonización. Sin embargo, el emperador estaba preocupado, porque un sacerdote había escrito cierto libro en el cual afir, maba que España, por intermedio de sus encomenderos, destruía las vidas de los indígenas. Ese sacerdote se llamaba Bartolomé de las Casas y, gracias a él, se intensificó la vigilancia de la corona sobre los posibles excesos de sus representantes en América.

Fray Bartolomé nació en Sevilla, pasó a Indias en 1502 y residió en Santo Domingo y en Cuba. Ordenado sacerdote, se dedicó a trabajar con ardor en favor de los indios, protestando contra “los repartimientos”. En 1520 fundó en Cumaná una colonia, pretendiendo, con la ayuda de los dominicos, hacer de los naturales, pacíficos labradores y buenos cristianos.

El ensayo fracasó. Las Casas se hizo dominico; fue nombrado (1544) obispo de Chiapa, México, y volvió a España en 1547. Compuso una “Historia de las Indias” que abarcaba desde Colón hasta 1520, impresa en 1875, pero utilizada ya por Herrera. Realizó doce viajes entre la península e Indias. Imploró ante Fernando el Católico y ante Carlos Y, sin mayor éxito, por la suerte de los indígenas. Nombrado protector general de todas las Indias, tampoco obtuvo éxito en este cargo y, desengañado y enfermo, se aisló en un convento de Valladolid, donde murió en 1566.

HISTORIA: Desde un comienzo, la conquista militar de América estuvo acompañada por la “conquista espiritual”, que consistió en la conversión de los nativos al catolicismo. La Corona española, vinculada con la Iglesia Católica, consideraba que era justo luchar contra los que no eran cristianos. Durante muchos años habían estado en guerra contra los árabes, de religión islámica, que ocupaban el sur de la península Ibérica.

A su regreso de América, Colón propuso a los reyes que los indígenas caribeños que llevó a España fueran vendidos como esclavos. Este hecho desató un debate entre los teólogos, considerados los sabios de la época, sobre si los indígenas eran o no personas y sobre cómo debían ser considerados por las leyes.

Algunos teólogos, reunidos en la ciudad de Burgos, en 1512, se opusieron a la esclavización de los indígenas. Consideraban que éstos no habían rechazado el cristianismo, sino que habían vivido hasta ese momento en la “ignorancia”. La Corona española adoptó esta interpretación y declaró a los indígenas “libres y no sujetos a servidumbre”, considerándolos sus subditos y obligándolos, de este modo, a pagar tributo.

Pero aunque se aceptó que los indígenas eran personas, las leyes españolas los consideraron menores de edad y, como tales, fueron puestos bajo la tutela de un funcionarlo español.

A pesar de todo, hasta mediados del siglo XVI los aborígenes que rechazaban el cristianismo pudieron ser esclavizados. Como los españoles pensaban que los indígenas eran seres Inferiores, sostenían que luchaban una “guerra justa” para dominarlos y convertirlos a la que en su país era considerada “la verdadera religión”.

En 1510 llegaron a las colonias los frailes de la orden religiosa de Santo Domingo (dominicos); cuando vieron el maltrato que se daba a los nativos, comenzaron a denunciarlo y a defenderlos. El padre Antonio de Montesinos fue quien comenzó las denuncias y las acciones, negándose a dar la comunión a los encargados de cobrar los tributos en la isla de La Española. Otro religioso, fray Bartolomé de las Casas, continuó con esa obra, dedicando su vida a la defensa de los pueblos autóctonos.

La Iglesia Católica continuó con su propósito de evangelizar a los indígenas americanos. Sin embargo, aunque muchos indígenas se convirtieron realmente al cristianismo, otros siguieron adorando en secreto a sus antiguos dioses. La posición de los religiosos que rechazaban los malos tratos que sufrían los indígenas fue debilitándose a partir del último tercio del siglo XVI.

(Fuente Consultada: “Pensar la Historia” Moglia-Sisián-Alabart)

EL FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Bartolomé de las CasasAlgunos sacerdotes enviados por la corona española para evangelizar a los aborígenes, y en especial fray Bartolomé de Las Casas, llamado el “apóstol de los indios”, fue quien defendió en América y en España la idea de una colonización pacífica y denunció ante la Corona española las atrocidades que se cometían en nombre de Dios: “El fin que en las Indias y de las Indias (..) deben pretender los reyes de España, como cristianísimos, es la predicación de la fe para que aquellas gentes se salven.

Y los medios para efecto de esto no son robar, escandalizar, cautivar, despedazar hombres y despoblar reinos y hacer heder y abominar la fe y religión cristiana entre los infieles pacíficos, que es propio de crueles tiranos enemigos de Dios”.

El caso de Las Casas presentará un flanco poco divulgado, que pondrá en cuestión su tan promocionado humanitarismo: fue un activo propulsor del tráfico de esclavos, acusándolo algunos historiadores de haber sido su iniciador y su justificador, ya que el fraile proponía la sustitución de indios por negros en minas y encomiendas.


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Fray Bartolomé no rechazaba la esclavitud, siempre y cuando fuera “legítima”, es decir, africanos aprisionados en “buena guerra” o adquiridos por compra a sus “legítimos dueños”. Estos fueron en Europa los principios que justificaban la trata de esclavos, a la cual se dedicaba principalmente Portugal por detentar las fuentes de “materia prima”: sus colonias en África.

Las Casas propugnaba el tráfico de esclavos en América para así aliviar la suerte de sus queridos indios. Para proporcionar a los colonos de las Antillas la necesaria mano de obra, había incluido en sus propuestas de 1516 y 1518 la importación de cupos de negros. Todavía en 1531 pedía que se trajesen de 500 a 600 esclavos a cada una de las islas antillanas y que el rey concediese créditos a los colonos para su adquisición.

En el ocaso de su vida fray de Las Casas, que fue servido personalmente por esclavos, consciente del error cometido, vivió atormentado y convencido de que su esclavismo merecería la condena eterna.

Pacho O’Donnell – Los Héroes Malditos

Fray Bartolome de las Casas Defensor de la Explotacion Indigena en America

Su Obra: Brevísima relación de la destrucción de las Indias

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FRAGMENTO DE “SOBRE LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS”
Muy alto y poderoso señor: Yo soy de los mas antiguos que a, las Indias pasaron, y ha muchos años que estoy allá, y he visto iodo lo que ha pasado en ellas. Y uno de los que han excedido ha sido mi mismo padre, que ya no es vivo. Viendo esto, yo me moví, no porque fuese mejor cristiano que otro, sino por una natural y lastimosa compasión; y asi, vine a estos reinos a dar noticia dello al Rey Católico.

Hallé a Su Alteza en Plasencia; oyóme con benignidad. Remitióme para poner remedio en Sevilla. Murió en el camino; y así, ni mi suplicación ni su real propósito tuvieron efecto. Después de su muerte hice relación a los gobernadores, que eran el cardenal de España fray Francisco Giménez de Cisneros y el cardenal de Tortosa, los cuales proveyeron muy bien todo lo que convenía. Y después que vuestra “majestad vino, se lo he dado a entender, y estuviera remediado, si el gran canciller no muriera en Zaragoza. Trabajo de nuevo en los mismos, y no faltan ministros del enemigo de toda la virtud y bien, que muerqn porque no se remedie.

Va tanto a vuestra majestad en entender esto y en mandarlo remediar, que dejado a lo que toca su real conciencia ninguno de los reinos que posee, ni todos juntos, se igualan con la mínima parte de los estados y bienes de todo aquel Orbe. Y en avisar de ello a vuestra majestad, sé que le hago de los mayores servicios que hombre vaisaMo hizo a su príncipe ni señor del mundo’. Y no porque quiera por ello merced ni galardón alguno; porque no lo hago por servir a vuestra majestad, porque es cierto, hablando con todo el acatamiento y reverencia que se debe a tan alto rey y señor, que de aquí a aquel rincón no me mudase por servir a vuestra majestad, salva la fidelidad que como subdito debo, si no pensase y creyese de hacer en ello a Dios gran sacrificio.

Pero es Dios tan celoso y granjero de su honor, que, como a él se deba sólo el honor y gloria de toda criatura, no puedo dar un paso en estos negocios, que por solo él tomo a cuestas de mis hombros, que de allí no se causen y procedan inestimables bienes y servicios de vuestra majestad. Y para ratificación de lo que He referido, digo y afirmo que renuncio cualquier merced y galardón temporal que me  quiera y pueda hacer.

Y si en algún tiempo yo, u otro por mí, merced alguna quisiere, yo sea tenido por falso y ¡engañador de mi rey y señotr. Allende de esto, señor muy poderoso, aquellas gentes de aquel mundo nuevo, que está lleno y hierve, son capacísimas de la fe cristiana, y de toda virtud y buenas costumbres, por razón y doctrina traíbíes. Y de su natura son libres y tienen sus reyes señores naturales, que gobiernan sus policios.

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