Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers Castelli



Primera Expedición al Alto Perú
Fusilamiento de Liniers

La guerra en el Noroeste Desde 1810 hasta 1815 nuestros primeros gobiernos patrios enviaron tres expediciones militares al Alto Perú (hoy Bolivia). Pero, hasta 1822, se mantuvo una constante actitud bélica en todo nuestro actual Noroeste, en especial en las provincias de Jujuy y de Salta.

La primera expedición al Alto Perú el 3 de junio de 1810 partió de Buenos Aires la primera expedición auxiliadora rumbo al Noroeste. Su jefe era un militar nacido en La Rioja: don Francisco Ortiz de Ocampo. El coronel Antonio González Balcarce era el segundo jefe.

La integraron mil ciento cincuenta hombres medianamente equipados, pero llenos de entusiasmo, que en su mayoría no estaban preparados para la guerra. Su misión era aplastar cualquier intento contrarrevolucionario en el camino hacia el Alto Perú, y lograr la adhesión de las ciudades y pueblos del interior a la causa revolucionaria.

Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers CastelliAl llegar a Córdoba la expedición tuvo que vencer el primer obstáculo que se oponía a la revolución: la resistencia organizada por Santiago de Liniers (imagen izq.) y apoyada por el gobernador Gutiérrez de la Concha y otros funcionarios coloniales. Liniers era en ese momento la figura militar de más prestigio en el Virreinato.

Los patriotas, con justos motivos, veían en él armas peligroso enemigo de la revolución.

Liniers y sus compañeros pretendieron resistir a la expedición auxiliadora, pero carente de tropas suficientes y de apoyo popular, debieron huir hacia el Norte para procurar el encuentro con las tropas realistas del Alto Perú. Fueron apresados en la posta de Piedritas (en la actual provincia de Santiago del Estero), por una fuerza a cargo del coronel Antonio González Balcarce.

De allí fueron llevados primero a Córdoba y después enviados bajo custodia hacia Buenos Aires, ya que Ortiz de Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers CastelliOcampo dudó en hacer cumplir la orden de la Junta Provisional de Gobierno de ejecutar a los complotados «allí donde se los hallase».

Al llegar el contingente con los prisioneros al lugar llamado Monte de los Papagayos, situado cerca de la posta de Cabeza de Tigre (en Córdoba y muy cerca del límite actual con Santa Fe), fueron fusilados por las tropas que dirigía el vocal de la Junta porteña, Juan José Castelli, (imagen izq.)quien se dirigía desde Buenos Aires rumbo al Noroeste para hacerse cargo de la expedición.

Por haberse opuesto a ejecutar a Liniers y a sus compañeros fue relevado del mando militar de la expedición don Francisco Ortiz de Ocampo y nombrado en su lugar Antonio González Balcarce. Pero, el mando político y real de la campaña estaría a cargo de Castelli.

La misión de Castelli Juan José Castelli había partido de Buenos Aires en un momento en que la Junta Provisional de Gobierno —inspirada por su secretario Mariano Moreno—, decidió endurecer su posición frente a las tentativas realistas de alterar el nuevo orden revolucionario.



Una buena muestra de ello son las instrucciones secretas que lleva Castelli, como delegado de la Junta en el ejército auxiliador del Alto Perú:

«1. Confirmar a los habitantes de las provincias en su confianza hacia el gobierno.

2. Acordar un plan con los gobernadores para hallar un respaldo en caso desgraciado.

3. Procurar que el ejército posea un efectivo de 2.200 hombres por lo menos.

4. Hacer acopiar víveres en Jujuy y Salta.

5. Establecer una rigurosa disciplina entre la tropa.

6. No aventurar combate (…) y en la primera victoria que lograse dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

7. Agregar a la expedición los soldados patriotas que se encuentran en Chuquisaca, conducidos en 1809 por Nieto desde Buenos Aires con el objeto de reprimir la Revolución altoperuana. (…)

9. Entablar negociaciones secretas con Goyeneche (jefe de las fuerzas realistas del Alto Perú). (…)

11. Pesquisar en cada ciudad la conducta de los principales vecinos; proceder con la más eficaz perfidia contra el enemigo y engañarlo cuanto se pueda.



12. El presidente Nieto y el gobernador Sanz, el obispo de La Paz y Goyeneche deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean habidos y a todo hombre que haya sido principal director de la expedición. (…)

14. Toda la administración pública debe ser puesta en manos patriotas y seguras.

15. Conquistar la voluntad de los indios, enviándoles emisarios para hacerles saber que la expedición marchaba en su ayuda.

16. Hacer nombramientos militares y civiles en calidad de interinos(..)»

Balcarce: la vanguardia rumbo al Alto Perú Mientras Juan José Castelli avanzaba con una pequeña partida hacia el grueso del ejército, Antonio González Balcarce abandonó Córdoba el 4 de octubre de 1810. En un rápido avance, el 9 llegó a Santiago del Estero; el 14 a San Miguel-de Tucumán; e!19 a Salta; y el 27 a San Salvador de Jujuy. Mucho más al norte, las tropas realistas estaban muy preocupadas.

El presidente de la Audiencia de Chuquisaca, Vicente Nieto, optó por acantonarse con sus tropas en Potosí, a la espera de los refuerzos que le podía enviar el virrey del Perú, Fernando de Abascal. Sin embargo, un suceso interrumpió este plan: las tropas peruanas destinadas a ser enviadas al Alto Perú, debieron trasladarse a Quito (en el actual Ecuador), donde también estalló un movimiento revolucionario. Asimismo, otra nefasta noticia le llegó a Nieto en su acantonamiento de Potosí: toda la provincia cochabambina se había levantado en armas.

Las columnas porteñas continuaban avanzando engrosando su número. El jefe de la revolución cochabambina, teniente coronel Francisco del Rivera, fue nombrado por la Junta porteña como gobernador-intendente de ese territorio, encomendándosele la fortificación de la plaza a la espera de las tropas porteñas.

De esta manera, el ejército realista de Nieto está aislado. Por el sur, avanzaban las columnas de González Balcarce. Por el norte, los rebeldes de Del Rivera.

El ejército cruzó el límite jujeño y atacó Cotagaita, posición situada en el Alto Perú, fuertemente defendida por los españoles al mando del general José de Córdova y Rojas, el 28 de octubre de 1810.

Luego de cuatro horas de encarnizada lucha, nuestro ejército, rechazado en ese primer intento, retrocedió hasta el río Suipacha, donde recibió refuerzos.



LA MISIÓN DE CASTELLI: Juan José Castelli había partido de Buenos Aires en un momento en que la Junta Provisional de Gobierno —inspirada por su secretario Mariano Moreno—, decidió endurecer su posición frente a las tentativas realistas de alterar el nuevo orden revolucionario. Una buena muestra de ello son las instrucciones secretas que lleva Castelli, como delegado de la Junta en el ejército auxiliador del Alto Perú:

1. Confirmar a los habitantes de las provincias en su confianza hacia el gobierno.

2. Acordar un plan con los gobernadores para hallar un respaldo en caso desgraciado.

3. Procurar que el ejercito posea un efectivo de 2.200 hombres por lo menos.

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4. Hacer acopiar víveres en Jujuy y Salta.

5. Establecer una rigurosa disciplina entre la tropa.

6. No aventurar combate (…) y en la primera victoria que lograse dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

7. Agregar a la expedición los soldados patriotas que se encuentran en Chuquisaca, conducidos en 1809 por Nieto desde Buenos Aires con el objeto de reprimir la Revolución altoperuana. (…)

9. Entablar negociaciones secretas con Goyeneche (jefe de las fuerzas realistas del Alto Perú). (…)

11. Pesquisar en cada ciudad la conducta de los principales vecinos; proceder con la más eficaz perfidia contra el enemigo y engañarlo cuanto se pueda.

12. El presidente Nieto y el gobernador Sanz, el obispo de La Paz y Goyeneche deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean habidos y a todo hombre que haya sido principal director de la expedición. (…)

14. Toda la administración pública debe ser puesta en manos patriotas y seguras.

15. Conquistar la voluntad de los indios, enviándoles emisarios para hacerles saber que la expedición marchaba en su ayuda.

16. Hacer nombramientos militares y civiles en calidad de interinos

Fuente Consultada: Nuestra Historia Argentina – Las Campañas Militares – Fascículo 5 – Colección CosmiK

PARA SABER MAS…
Al llegar a Córdoba las noticias de la revolución de Buenos Aires, se constituyó en aquella estratégica ciudad un peligroso foco de resistencia encabezado por el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha y por el ex virrey Santiago de Liniers.

En carta a su suegro -que Intentaba disuadirlo-, escribió el último de ellos: «¿Pretende Vd. […] que un militar, que durante treinta y seis años ha dado pruebas reiteradas de su amor y fidelidad al Soberano, lo abandonase en la última época de su vida? ¿No dejaría a mis hijos un nombre marcado con el estigma de la traición?!,..] Haga Vd. conocer estos propósitos a los que le pregunten por mí, pues no los renunciaría aunque tuviese el cuchillo sobre la garganta».

Sus esfuerzos por reunir un contingente de tropas fracasaron. Los líderes de la frustrada Intentona trataron de huir pero fueron capturados; Liniers, Gutiérrez y otros tres cabecillas fueron remitidos con escolta a Buenos Aires. En la capital, los hombres de la Junta consideraron que debía darse un terrible ejemplo que disuadiera a otros potenciales enemigos y fulminaron sentencia de muerte. Una comisión al mando de Juan José Castelli interceptó a los prisioneros y su escolta en las inmediaciones de un paraje llamado Cabeza de Tigre, cerca de Cruz Alta, y se dispuso el cumplimiento de la pena.

Un contemporáneo escribió: «Todos, según cuentan, murieron al golpe y sólo Liniers padeció algo, pues las balas pasaron sin darle ninguna en el pecho ni en la cabeza. […] No siendo extraño que los [soldados], no le hubieran acertado, pues dicen, que les temblaban las manos al dispararle…]…] viendo French esto y que padecía, fue Inmediatamente y lo acabó dándole un pistoletazo…» (El supuesto autor de la implacable piedad del tiro de gracia era el mismo que hemos visto agitando a la gente en la plaza.) Como señaló Paul Groussac, Llniers y sus cuatro compañeros «murieron por ser fieles a su nación y a su rey»; paradojalmente, la Junta que los mandó ejecutar invocaba como principio la lealtad al cautivo Fernando VII.

Manuel Moreno en su Vida y memorias de Mariano Moreno, escribió: «Los caudillos de Córdoba no se contentaron con oprimir su provincia. […] Fomentaron una abominable conspiración en todos los pueblos […] se empeñaron en establecer el funesto dilema, que obró por fin su ruina. Nuestra muerte o la de ellos era inevitable…».

(En los días previos a la Revolución de Mayo, el mismo Liniers había escrito a Cisneros denunciando a los rebeldes y aconsejándole proceder sin vacilar y aplicando la pena capital.) «La providencia, que vela sobre el castigo de los delitos y principalmente de los cometidos contra los pueblos -proseguía Moreno- quiso que Liniers pagase al fin los suyos, por mano de los mismos que tanto había ofendido, aunque lo habían amado tanto.»

Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829

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