Unitarios y Federales Características



Características de los Unitarios y Federales

Desde la declaración de la Independencia, había quedado abierta la discusión acerca de cómo organizar las provincias. Estos desacuerdos no sólo eran políticos, sino que respondían a intereses económicos bastante contrapuestos. A partir de la implantación del libre comercio, se consolidó en Buenos Aires un nuevo grupo de poder integrado por los comerciantes exportadores y los ganaderos. Por otra parte, en el Interior creció el poder de algunos representantes de los intereses locales o provinciales, a los que suele llamarse caudillos.

Cada sector defendía sus intereses particulares y sostenía distintas posiciones en la discusión sobre la forma de organizar políticamente al país. Con el transcurrir del tiempo, esas diferentes posiciones se expresaron en dos tendencias o propuestas distintas para pensar la forma de gobierno: la unitaria y la federal.

Entre 1820 y 1852, diversos grupos sociales con proyectos políticos diferentes se enfrentaron en los intentos por constituir un Estado en las Provincias Unidas del Río de la Plata. La diferencia entre los proyectos enfrentados surgía en primer lugar de la forma de organización política que proponían para el nuevo Estado: unos el centralismo y otros el federalismo. Por esto, es conveniente precisar en qué consistía, jurídicamente, esa diferencia.

La organización política de un Estado puede adoptar, básicamente, dos formas: el centralismo o el federalismo. En el centralismo también llamado unidad de régimen , todos los niveles de gobierno están subordinados al poder central. Además, un régimen centralista generalmente unifica la legislación y la administración en todo el país más allá de particularidades regionales o diversidades culturales. El federalismo, en cambio, se basa en la asociación voluntaria o federación de Estados o poderes regionales, que delegan algunas de sus atribuciones para constituir el Estado o poder central.

Para comprender mejor el período de la historia argentina estudiado, debe descartarse la mal planteada antinomia entre porteños centralistas o unitarios y provinciales federales. Federales y unitarios los hubo tanto en las provincias interiores como en Buenos Aires.

Después de 1810, los pueblos de las provincias interiores mostraron un fuerte localismo en defensa de sus intereses, que entraban en colisión con los intereses de Buenos Aires.

Más tarde, muchos gobiernos provinciales comenzaron a declararse federales cuando advirtieron que la centralización política fortalecía los históricos privilegios de a ciudad puerto de Buenos Aires. La forma unitaria de gobierno fue sostenida no sólo por grupos porteños sino también por os grupos sociales del interior cuyos ingresos dependían de actividades económicas relacionadas con el puerto de Buenos Aires.

Se trató además de una reacción de las más antiguas y poderosas familias que controlaban los gobiernos provinciales frente al creciente poder de los nuevos jefes rurales.

Todos los gobiernos provinciales que se declararon federales también expresaron, unos en forma más explícita que otros, su voluntad de constituir e país. Para ellos, la constitución era un instrumento adecuado para terminar con los privilegios de Buenos Aires. Una constitución federal podía respetar la autonomía provincial de Buenos Aires y, al mismo tiempo, garantizar los derechos de todas las provincias a participar en la distribución de los ingresos del puerto de Buenos Aires, a través de un Estado central.

De acuerdo con los principios doctrinarios, los federales se oponían a un régimen de gobierno unitario en defensa de las autonomías provinciales. Pero en la provincia de Buenos Aires, la defensa de la autonomía provincial se transformó en una justificación para no ceder la ciudad y el puerto de Buenos Aires a un Estado central.

Por esta razón, entre los federales se distinguieron dos grupos: los federales doctrinarios y los autonomistas bonaerenses. Estos últimos se enfrentaron tanto a los unitarios como a los federales doctrinarios.

Desde 1828, el autonomismo de Buenos Aires se fue identificando cada vez más con Juan Manuel de Rosas —representante de los intereses de tos hacendados y terratenientes de la provincia—. Desde su gobierno sostuvo que antes de organizar la federación las provincias debían mejorar sus respectivas administraciones, y evitó nuevos intentos de constitución de un Estado central.

En la práctica, la ciudad y el puerto de Buenos Aires continuaron siendo el centro organizador de la economía y de a sociedad del nuevo país. Y los gobiernos federales de las provincias del Litoral y del interior siguieron reclamando al gobierno federal de Buenos Aires la libre navegación de los ríos y aranceles de aduana que protegieran sus industrias locales.

Fuente: Historia Alonso-Elizalde-Vázquez

El general Juan Lavalle
El general Juan Lavalle. Desde 1820, Rivadavia y los miembros de la Sociedad Literaria lideraban el grupo porteño de los unitarios. En diciembre de 1828, el general Juan Lavalle encabezó un levantamiento militar contra el gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego, y los unitarios porteños lo eligieron gobernador y lo reconocieron como jefe. Algunos de los defensores más activos del unitarismo, después de 1828, fueron Salvador María del Carril, Juan Cruz Varela y Florencio Varela.

Manuel Dorrego



Manuel Dorrego —militar veterano de las luchas contra los realistas— fue un federal convencido que se opuso a la Constitución de 1826, pero no coincidía en todo con los caudillos provinciales. Se lo reconoce como el jefe de los federales doctrinarios porque, para él, el federalismo era una doctrina política de sólidos fundamentos jurídicos (y no la simple autonomía sostenida por la fuerza de un régimen autocrático, como lo entendían los caudillos, según su opinión). Para Dorrego el federalismo era una garantía del régimen republicano y de la libertad, y el mejor camino para estimular la cultura, la población y la riqueza del país.

Juan Manuel de Rosas

El hacendado Juan Manuel de Rosas fué el jefe de los federales bonaerenses que defendían la autonomía de la provincia de Buenos Aires. Formaban parte de este grupo comerciantes con capital como Braulio Costa, y hacendados y terratenientes como Tomás de Anchorena, Juan N. Terrero y José María Rojas.

SINTESIS DE SU CARACTERÍSTICAS

UNITARIOS:

•     Su concepción política: deriva del centralismo. Sus intereses chocaban con las necesidades de las provincias interiores. La forma de gobierno que proponían era un gobierno central, único -unitario- eliminando a las autoridades provinciales y quitando todo poder de decisión a los gobiernos interiores. Una consecuencia directa de esta política, es el desinterés por lo que ocurría en el interior y la tendencia a despreocuparse de los territorios -y las poblaciones- que no servían a sus intereses.

•     En cuanto a sus intereses económicos: pretendían un puerto único -el de Buenos Aires- cuyas recaudaciones aduaneras se utilizaran exclusivamente en beneficio de su ciudad. Son partidarios del librecambio, ya que como grandes comerciantes, se beneficiaban tanto de las exportaciones como de las importaciones.

•     Lo apoyaban: intelectuales, comerciantes y militares. Si bien la defensa del centralismo beneficiaba a Buenos Aires, también existieron unitarios en las provincias. Se trataba de grandes comerciantes e intelectuales liberales, como así también aquellas familias que habían perdido su poder por el ascenso de algún caudillo federal.

•     El principal intento de imponer el modelo unitario correspondió a ia presidencia de Bernardino Rivadavia (1826-1 827)

FEDERALES:

•     Su concepción política: se basaba en la asociación voluntaria de las provincias. Pretendían la formación de un país republicano y federal, manteniendo ¡os gobiernos provinciales y delegando ciertas funciones al gobierno nacional (como por ejemplo, el manejo de las relaciones exteriores con otros países).

•     En cuanto a sus intereses económicos: pretendían la repartición de las ganancias de la Aduana, entre todas ias provincias. También querían la libre navegación de los ríos interiores (río Paraná y río Uruguay), para dar salida directa al exterior de aquellos productos provinciales de exportación. También buscaban una política económica más protectora de las incipientes industrias locales, que no podían competir con los bienes industrializados que se importaban a muy bajo costo.

•     Lo apoyaban: principalmente sectores rurales como los hacendados. Los caudillos federales más representativos: López -en Santa Fe-, Bustos -en Córdoba, Quiroga -en La Rioja.

Unitarios y Federales
¿QUIENES ERAN LOS BÁRBAROS?

Los años de anarquía y guerras fratricidas que se extendieron a lo largo de gran parte del siglo XIX fueron de una extremada crueldad. Unitarios y federales saqueaban, torturaban, degollaban, empalaban. Ambos bandos hicieron una guerra sin prisioneros.

Sin embargo, mientras algunos pasaron a la historia consagrada como “bárbaros”, tal el caso de Facundo Quiroga o Pancho Ramírez, otros no perdieron su condición de “civilizados”, como José María Paz. Pero Domingo Arrieta, que fuera su oficial en la “campaña de la sierra”, cuenta en sus Memorias de un soldado: “Mata aquí, mata allá, mata acullá, mata en todas partes, no había que dejar vivo a ninguno de los que pillásemos y al cabo de dos meses quedó todo sosegado”. Se calcula que fueron 2.500 los muertos y desaparecidos en esta represión “civilizada”.

Tampoco Lavalle dejó fama de sanguinario. Sin embargo es suya la proclama contra Estanislao López: “¡La hora de la venganza ha sonado! ¡Vamos a humillar el orgullo de esos cobardes asesinos! Se engañarían los bárbaros si en su desesperación imploran nuestra clemencia. Es preciso degollarlos a todos. Purguemos .a la sociedad de esos monstruos. Muerte, muerte sin piedad”. También: “Derramad a torrentes la inhumana sangre para que esta raza maldita de Dios y de los hombres no tenga sucesión”.

Quien no puede quedar fuera de esta lista es Domingo Faustino Sarmiento, a quien se parcializa enalteciendo su vocación educativa. En sus instrucciones a Lamadrid escribió en 1840, mimetizado con su biografiado Facundo: “Es preciso emplear el terror para triunfar. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos.

Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin vacilación alguna, imitando a los jacobinos de la época de Robespierre”. También: “A los que no reconozcan a Paz (jefe de la Liga Unitaria) debiera mandarlos ahorcar y no fusilar o degollar. Este es el medio de imponer en los ánimos mayor idea de la autoridad” (1845).
Está claro que la historia fue escrita por los unitarios vencedores.

Fuente: Historias Argentinas – Pacho O´Donnell

Origen del Unitarismo y Federalismo





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